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DIOS EL PADRE -primera parte-

Dios el Padre Eterno, es el Creador, Origen, Sustentador y Soberano de toda la creación. Es Justo, Santo, Misericordioso y Clemente, tardo para la ira y abundante en amor y fidelidad.  Las cualidades y las facultades del Padre se manifiestan también en el Hijo y el Espíritu Santo.

 Comienza el gran día del juicio. Tronos ardientes con ruedas de fuego son colocados en sus lugares. El Anciano de Días ocupa su lugar. De majestuosa apariencia, preside sobre la corte. Delante de El hay una multitud de testigos. El juicio está preparado; los libros se abren, y comienza el examen del registro de las vidas humanas (Daniel 7:9, 10).

 El universo entero ha estado esperando este momento. Dios el Padre ejecutará su justicia contra toda maldad. Se pronuncia la sentencia: “Se dio el juicio a los santos del Altísimo; y……….recibieron el reino” (Dan.7:22). Por todo el cielo resuenan gozosas alabanzas y acciones de gracias.  El carácter de Dios es percibido en toda su gloria, y su maravilloso nombre vindicado por todo el universo.

 DIOS EL PADRE EN EL ANTIGUO TESTAMENTO:   La unidad del Antiguo y Nuevo Testamento, y de su plan común de redención, se revela por el hecho de que  el mismo Dios habla y actúa en ambos Testamentos para la salvación de su pueblo. “Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quién asimismo hizo el universo”  (Hebreos1:1,2) 

 DIOS DE MISERICORDIA: La misericordia no perdona ciegamente, sino que se deja guiar por la justicia. Los que rechazan la misericordia divina, cosechan el castigo de su iniquidad. En el Sinaí, Dios expresó su deseo de ser el amigo de Israel, y de estar con su pueblo. Por eso le dijo a Moisés: “Y harán un santuario para mí, y habitaré en medio de ellos” (Exodo25:8). Por cuanto el santuario era la morada de Dios en la tierra, se convirtió en el punto focal de la experiencia de Israel.

 DIOS REDENTOR:   En el Éxodo, Dios guió milagrosamente a una nación de esclavos a la libertad. Este gran acto redentor constituye el telón de fondo de todo el Antiguo Testamento, y provee un ejemplo del anhelo que Dios siente de ser nuestro Redentor. Los Salmos fueron inspirados por la profundidad del envolvimiento amoroso de Dios: “Cuando veo tus cielos, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que tu formaste, digo: ¿Qué es el hombre para que tengas de el memoria, y el hijo del hombre para que lo visites”? (Sal.8:3,4). » Te amo, oh Jehová, fortaleza mía. Jehová, roca mía y castillo mío, y mi libertador; Dios mío, fortaleza mía, en El confiaré, mi escudo, y la fuerza de mi salvación, mi alto refugio» (Sal.18: 1,2).

DIOS DEL PACTO: Ansioso de establecer  relaciones perdurables, Dios estableció pactos solemnes con personajes como Noé, y  Abrahán.  Estos pactos revelan un Dios personal y amoroso que se interesa en las situaciones por las que pasa su pueblo.

DIOS PERDONADOR: …..”Como el padre se compadece de sus hijos, se compadece Jehová de los que le temen. Porque El conoce nuestra condición;  se acuerda de que somos polvo” (Sal.103:11-14).

LA DEIDAD -cuarta parte-

¿Existe un solo Dios?  ¿Que sucede con Cristo, y  con el Espíritu Santo?

 La Unidad de Dios:   En contraste con los paganos de las naciones circundantes, Israel creía en la existencia de un solo  Dios.  El Nuevo Testamento coloca el mismo énfasis en la unidad de Dios.  Este énfasis monoteísta no contradice el concepto cristiano del Dios triuno o Trinidad: Padre, Hijo y Espiritu Santo; más bien afirma que no existe un panteón de diversas divinidades.  En ciertas ocasiones Dios emplea plurales como: “Hagamos al hombre a nuestra imagen”  (Gen.1:26); “He aquí el hombre es como uno de nosotros” (Gen.3:22);  Ahora, pues, «descendamos” (Gen.11:7).  A veces, la expresión “Angel del Señor “esta identificada con Dios.  Cuando le apareció a Moises, el Angel de Señor dijo: “Yo soy el Dios de tu padre, Dios de Abrahan, Dios de Isaac, y Dios de Jacob” (Exo. 3:6)  En diversas referencias se hace una distinción entre Dios y su Espiritu: “El Espiritu de Dios se movia sobre la faz de las aguas” (Gen. 1:2) Algunos textos incluyen a una tercera persona en la obra de la redención:  “Ahora me envió (habla el Hijo) Jehová el Señor(el Padre), y el Espíritu (Espíritu Santo) “(Isa. 48:16); He aquí mi siervo (habla el Padre)…he puesto sobre él (el Hijo) mi Espíritu; el traerá justicia a las naciones”(Isa.42:1)

     La relación que existe entre la Personas de la Deidad:   El Evangelio de Juan revela que la Deidad consiste en Dios el Padre, Dios el Hijo, y Dios el Espíritu Santo, una unidad de tres Persona co-eternas, vinculadas por una relación misteriosa y especialísima.

Una relación de amor:   Cuando Cristo exclamó: “Dios mío, Dios mío, Porque me has desamparado? (Mar.15:34), estaba expresando el sufrimiento producido por la separación de su Padre que el  pecado  había causado.  El pecado quebrantó la relación original de la humanidad con Dios (Gen.3:6, Isa.59:2).  En sus ultimas horas, Jesus, el Ser que no conoció pecado, se hizo pecado por nosotros. Al tomar nuestro pecado, al ocupar nuestro lugar, experimentó la separación de Dios que nos correspondería a nosotros, y en consecuencia pereció. Los pecadores nunca comprenderemos lo que significó para la Deidad la muerte de Jesus. Desde la eternidad el Hijo había estado con su Padre y con el Espíritu.  Habian compartido una vida co-eterna, co-existente, en absoluta abnegación y amor mutuos. El hecho de haber podido pasar tanto tiempo juntos, revela el amor perfecto y absoluto que siempre existió en la Deidad.

     Si bien es cierto que la Deidad no es una en personas, Dios es uno en propósito, mente, y carácter.  Esta unidad no destruye las distintas personalidades del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Además, el hecho de que en la Deidad haya personalidades separadas, no destruye la enseñanza monoteísta de la Escritura, según la cual el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son un solo Dios.  El gran propósito de la Trinidad es llevar a todo corazón el conocimiento de Cristo y la presencia de Dios (Juan 17:3), y hacer que la presencia de Jesus sea una realidad.   El punto de contacto entre Dios y la humanidad fue y es siempre a través de Jesucristo el  Dios que se hizo hombre. Si bien los tres miembros de la Trinidad obran unidos para salvarnos, solo Jesus vivió como hombre, murió como hombre y se convirtió en nuestro Salvador.  El es quien ocupa el lugar central en los Evangelios, es las Buenas Nuevas, la Bendita Esperanza que proclamaron los discípulos. El Antiguo Testamento apuntaba hacia su venida futura; el Nuevo Testamento testifica de su primer advenimiento y mira con esperanza hacia su retorno.

FRUTOS DEL ESPÍRITU

BENIGNIDAD

“Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley”. (Gálatas 5:22, 23)

Si Cristo habita en nosotros, debemos ser cristianos tanto el hogar cuanto fuera de él. El que dice ser cristiano expresará palabras bondadosas a sus parientes y a otros con los que también se relaciona. Será bondadoso, cortés, amable y compasivo, y deseará educarse a fin de poder habitar con la familia celestial.  Si es miembro de la realeza, procurará representar bien al reino en todo lugar.  Hablará a los niños con amabilidad, ya que ellos también son herederos de Dios y miembros de las cortes celestiales.  Entre los hijos del reino no hay lugar para las asperezas, porque “el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley” (Gálatas 5:22, 23). En la iglesia se manifestará el espíritu que se cultiva en el hogar.

Debemos educar el carácter para practicar la piedad, la docilidad, la ternura, la compasión y el espíritu perdonador. El abandonar la vanidad, la conversación insensata y las burlas, no nos hará fríos, antipáticos y antisociales.  Debemos mantenernos hablando acerca de la luz, y de Cristo, el Sol de Justicia, hasta que en nosotros se produzca el cambio de gloria en gloria, de un carácter a otro mejor, y de una fortaleza a otra mayor, para reflejar más y más  la preciosa imagen de Jesús. 

El cristiano no debe tener un corazón petrificado, que impida la aproximación de sus semejantes.  Si tenemos un carácter hermoseado por las gracias celestiales, Jesús podrá reflejarse en el comportamiento. La presencia de Dios debe permanecer en nosotros para que podamos llevar la luz a cualquier lugar adonde vayamos.  Entonces los que entren en contacto con nosotros sabrán que la atmósfera del cielo nos rodea.

 

FRUTOS DEL ESPÍRITU

PACIENCIA

“Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos, amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia”. (Colosenses 3:12)

El Capitán de nuestra salvación no reclamó para sí ninguna posición honrosa.  En cambio, tomó la forma de siervo para que la humanidad pudiera relacionarse con la divinidad. El hombre debe representar a Cristo. Para ello, necesita ser paciente con sus congéneres, perdonador y lleno de amor semejante al de Cristo.  El que está verdaderamente convertido manifestará respeto por sus hermanos y estará dispuesto a proceder como el Señor lo ordenó. Jesús dijo: “Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros.  En ésto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros” (Juan 13:34, 35).  El creyente en quien abunda el amor de Dios manifestará tal expresión de ese amor que será comprendido por el mundo.

No todo el que habla de Cristo es uno con El. Los que no tienen el Espíritu y la gracia de Jesús no son suyos, no importa lo que profesen. Por sus frutos los conoceréis.  Las prácticas y costumbres que siguen los dictados del mundo no promueven los principios de la Ley de Dios.  Y por no tener el aliento de su Espíritu, tampoco expresan su carácter. La semejanza a Cristo será revelada únicamente por los que se asemejan a la imagen divina.  Sólo los que son modelados mediante el Espíritu Santo, pueden llegar a ser hacedores de la Palabra.  Esto los pone en condiciones de dar a conocer la mente y la voluntad de Dios.

En el mundo existe una falsificación del cristianismo genuino.  El verdadero espíritu del hombre se da a conocer por el modo como este se relaciona con su prójimo.  Podemos preguntar: ¿Representa el carácter de Cristo en espíritu y en acción, o simplemente es una manifestación natural del carácter egoísta, propio de los que pertenecen al mundo? La simple profesión de fe no significa nada para Dios.  Antes que sea demasiado tarde para rectificar la conducta equivocada, que cada uno se pregunte: ¿Quién soy yo? Depende de nosotros mismos desarrollar el carácter que nos permita integrar la familia celestial, la realeza de Dios.  (Review and Herald)

FRUTOS  DEL ESPÍRITU

PAZ

“Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias.  Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús”. (Filipenses 4: 6, 7)

El Redentor del mundo decidió ofrecerles a sus atribulados discípulos el más poderoso de los consuelos.  De una extensa gama de posibilidades, escogió el tema del Espíritu Santo para que inspirará y vivificará sus corazones.  Sin embargo, aunque Cristo hizo mucho para darlo a conocer, ¡cuán poco habita en medio de las iglesias!  Aunque la divina influencia es esencial para la obra del perfeccionamiento del carácter cristiano, muchas veces son ignorados el nombre y la presencia del Espíritu Santo.

Algunos no están en paz. No tienen descanso, Están en un estado de irritación permanente, permiten que los dominen los impulsos y las pasiones.  Nada saben acerca de experimentar la paz y el descanso en Cristo. Al no tener ancla, son como un barco azotado y arrastrado por el viento.  En cambio, los que permiten que el Espíritu Santo gobierne sus mentes, proceden con mansedumbre y humildad. Por obrar en cooperación con Cristo serán guardados en completa paz.  Los que no se dejan guiar por el Espíritu Santo son como las agitadas aguas del océano.

El Señor nos ha dado la debida orientación para que podamos conocer su voluntad.  Los que tienen su mente centrada en el yo, son autosuficientes.  Piensan que no necesitan estudiar la Biblia, y se sienten muy perturbados cuando otros no tienen sus mismas ideas equivocadas e idéntica visión distorsionada.  En cambio, los que son guiados por el Espíritu Santo afirman el ancla detrás del velo, donde Jesús entró por nosotros. Investigan en las Escrituras con toda seriedad, y buscan la luz y el conocimiento que puedan guiarlos en medio de las perplejidades y peligros que encuentran a cada paso.  Al contrario, los que son impacientes se quejan y murmuran, leen la Biblia sólo con el propósito de vindicar su propio curso de acción, mientras ignoran y pervierten el consejo de Dios.  El que tiene paz es porque puso su voluntad del lado de Dios y quiere seguir la divina orientación.  (Signs of the Times)

 

FRUTOS  DEL ESPÍRITU

GOZO

“Te alabaré, oh Jehová, con todo mi corazón; contaré todas tus maravillas.  Me alegraré y me regocijaré en ti. Cantaré a tu nombre, oh Altísimo” Salmos 9:1, 2.

Nosotros debemos tener más fe.  Creamos en la salvación.  Vayamos a Dios y rindámonos a El con fe, y El nos dará un carácter como el de Cristo. Esto debemos repetirlo a todos una y otra vez.  Al estar unidos a Cristo, podemos darlo a conocer al mundo.  Entonces cesarán todas nuestras vacilaciones y obras hechas por casualidad.

Honramos a Dios mostrando una fe firme y una recta confianza.  Recordemos que el Señor no es glorificado por la exteriorización de un espíritu displicente e infeliz.  Si Dios cuida de las flores y le da perfume y hermosura, ¿cuánto más nos dará la fragancia de un carácter alegre? ¿Será que no quiere o no puede restaurar en nosotros la imagen divina? Tengamos fe en El.  Ahora mismo pongámonos en una situación en la que podamos recibir el Espíritu que El nos ofrece.  De este modo podremos dar a conocer al mundo lo que hace la verdadera religión a favor del hombre y la mujer.  El gozo de la salvación llenará los corazones, y la paz y la confianza nos hará decir: “Yo sé que mi Redentor vive” (Job 19:25).

El Señor ha manifestado con claridad en su Palabra que su pueblo es gente gozosa.  La verdadera fe levanta las manos y las pone sobre Uno que está detrás de las promesas: “Y se multiplicará la paz de tus hijos” (Isa.54:13).  “He aquí que yo extiendo sobre ella paz como un río” (Isa. 66:12). “He aquí que yo traigo a Jerusalén alegría, y a su pueblo gozo” (Isa.65:18). En Dios podemos alegrarnos “con gozo inefable y glorioso” (1 Ped.1:8). “Benditas serán en El todas las naciones.  Lo llamarán bienaventurado” (Sal.72:17).  Esforcémonos para educar a los creyentes a regocijarnos en el Señor. El gozo espiritual es resultado de una fe activa.  El pueblo de Dios ha de estar lleno de fe y del Espíritu Santo.  Entonces podrá ser glorificado en ellos.   (Bible Training School)

FRUTOS  DEL ESPIRITU

AMOR

“Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios; por esto el mundo no nos conoce, porque no le conoció a El” (1 Juan 3:1).

Juan dijo: “Mirad cuál amor nos dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios”. Ningún idioma puede expresarlo. Hasta cierto punto es posible describir en forma muy imperfecta ese amor que sobrepasa todo conocimiento.  Se necesitó el idioma de  lo alto para poder definir ese amor que hizo posible que llegáramos a ser hijos de Dios. Al hacerse cristiano, el hombre no se rebaja. No tiene por qué avergonzarse de estar relacionado con el Dios viviente.

Jesús cargó sobre sí la vergüenza y humillación que le corresponde sufrir a los pecadores. El es la Majestad del cielo, el Rey de gloria, e igual al Padre.  Sin embargo, al vestir su divinidad con la humanidad, su humanidad pudo tocar a la humanidad y su divinidad pudo asirse de la divinidad.  Si hubiera venido como un ángel, no podría haber participado de nuestros sufrimientos, tampoco podría haber sido tentado en todo como nosotros, ni haber sentido nuestras tristezas.  En cambio, al venir vestido de humanidad, como seguro sustituto del hombre, estuvo en condiciones de vencer, en nuestro lugar, al príncipe de las tinieblas, para que podamos ser victoriosos gracias a sus méritos.

Bajo la sombra de la cruz del Calvario, la influencia de su amor llena nuestros corazones.  A menos que no recibamos y dejemos actuar al Espíritu Santo, nuestro corazón no estará en condiciones de ser depositario del amor divino.  Pero mediante una conexión viviente con Cristo, recibimos inspiración que nos imparte amor, celo y buena fe.

No somos como un trozo de mármol que, aunque puede reflejar la luz del sol, no tiene el don de la vida.  Estamos en condiciones de responder a los brillantes rayos del Sol de Justicia gracias a que Cristo ilumina e imparte luz y vida a todo creyente.  Podemos beber del amor de Cristo del mismo modo como el sarmiento se nutre de la vid.  Si estamos injertados en Cristo, y si cada fibra está unida a la Vid viviente, lo evidenciaremos gracias a los abundantes y ricos racimos que produciremos.  (Review and Herald)

RECIBIREIS PODER- Persona, Presencia y  Obra del Espíritu  Santo- La Venida del Espíritu-parte 50-

FRUCTIFEROS EN  EL ESPÍRITU

DOMINIO PROPIO

“Y Daniel propuso en su corazón no contaminarse con la porción de la comida del rey, ni con el vino que él bebía; pidió, por tanto al jefe de los eunucos que no se le obligue a contaminarse”. (Daniel 1:8)

 

Haríamos bien en ponderar las lecciones que este texto encierra.  Un estricto acatamiento a las exigencias de la Biblia será una bendición para el cuerpo y todo el ser.  El fruto del Espíritu no es solamente amor, gozo paz; también es temperancia. Por ser templos del Espíritu Santo tenemos el desafío de no contaminar nuestros cuerpos.

Los cautivos hebreos fueron hombres con pasiones semejantes a las nuestras; sin embargo, permanecieron firmes en medio de las atractivas influencias de la lujuriosa corte de Babilonia.  La juventud de nuestro tiempo está rodeada por las seducciones de la gratificación propia.  Especialmente en las grandes ciudades, cada expresión de la complacencia sensual se presenta en forma incitante y al alcance de todos.

Los que, como Daniel, rehúsan contaminarse, cosecharán la recompensa de los hábitos temperantes.  Gracias a un mayor vigor físico y su acrecentado poder de resistencia, contarán con una reserva para afrontar situaciones de emergencia.Los buenos hábitos físicos contribuyen a la superioridad mental. El poder intelectual, el vigor físico y las expectativas de vida depende de leyes inmutables. La naturaleza creada por Dios no interfiere para preservar al ser humano de las consecuencias resultantes de la violación de sus exigencias.

El que lucha por la victoria debe ser temperante en todo.  La claridad de pensamiento y firmeza de propósito de Daniel, su poder para adquirir conocimiento y resistir la tentación, en buena medida fueron logrados por la sencillez de la dieta en conexión con su vida de oración. La historia de Daniel y sus valiosos compañeros fue registrada en las páginas de la Palabra divina para beneficio de la juventud de las generaciones posteriores.

Mediante el relato de la fidelidad a los principios de salud, Dios comunica su mensaje a jóvenes  de nuestros días para invitarlos a recoger y exaltar los preciosos rayos de luz que El ha proporcionado en el tema de la temperancia cristiana, y para que se pongan en armonía con las leyes de salud.   (The Youth’s Instructor)

  LA DEIDAD -tercera parte-  

Las actividades de Dios: Los escritores bíblicos pasan mas tiempo describiendo las actividades de Dios que la esencia de su Ser. Lo presentan como Creador, Sustentador del mundo, Redentor y Salvador, que lleva sobre si la responsabilidad del destino final de la humanidad. Hace planes, predicciones y promesas, perdona pecados, y en consecuencia merece nuestra adoracion. Por encima de todas las Escrituras revelan a Dios como Gobernante, Rey de los Siglos, Inmortal, Invisible……. unico y sabio Dios (1Tim.1:17). Sus acciones confirman que es un Dios personal.

Los atributos de Dios:   los atributos incomunicables de Dios comprenden aspectos de su naturaleza divina que no se han revelado a los seres creados. Dios tiene existencia propia: “El Padre tiene vida en si mismo” (Juan 5:26).  Es independiente, tanto en su voluntad (Efe.1:5) como en su poder (Sal.115:3). Es Omnisciente, conociendo todas las cosas, por cuanto en su calidad de Alfa y Omega conoce el fin desde el principio.  Dios es Omnipresente, por lo cual trasciende toda limitación de espacio. Es Eterno, excede los limites del tiempo, es Todopoderoso, Omnipotente. El hecho de que para El nada es imposible, nos asegura de que puede cumplir  cualquier cosa que se proponga. Es Inmutable o Incambiable, porque es Perfecto. Dice “Yo Jehova no cambio”.  Por cuanto en cierto sentido estos atributos definen a Dios, son incomunicab Los atributos comunicables de Dios fluyen de su amorosa preocupación por la humanidad. Incluyen el Amor (Rom,5:8),    la Gracia (Rom3:24),   la Misericordia (Sal.145:9),   la Paciencia (2Pedro 3:15),  la Santidad (Sal 99:9)   la Justicia (Esdras9:15;  Juan 17:25  Apoc.22:12),  y la Verdad(1Juan5:20).   Estos dones son inseparables del Dador.

 La Soberania de Dios:   Las Escrituras establecen claramente la soberanía de Dios: “El hace según su voluntad…..y no hay quien detenga  su mano” (Dan.4:35).  “Tu creaste  todas las cosas, y por tu voluntad existen y fueron creadas”(Apoc.4:11). “Todo lo que Jehova quiere, lo hace en los cielos y en la tierra”  (Sal.135:6).

 La predestinación y la libertad humana:  La Biblia revela que Dios ejerce pleno control sobre el mundo.  El Creador predestino a los seres humanos para que fuesen hechos conforme a la imagen de su Hijo (Rom. 8:29,30), con el  fin de adoptarlos como hijos, y permitirles obtener una herencia (Efe.1:4,5,11)  La Biblia afirma claramente que Dios “quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad” (1Tim.2:4).  Ademas, “es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento” (2 Pedro 3:9).

 La expresión todo aquel que aparece  en el siguiente texto: “Porque de tal manera amo Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en El cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16), significa que cualquier persona puede ser salva.

 “El hecho de que la voluntad libre del hombre es el factor determinante en su destino personal,  se hace evidente a partir del hecho de que Dios continuamente  presenta los resultados de la obediencia y la desobediencia, y urge al pecador a que escoja la obediencia y la vida” (Deut.30:19;  Jos.24:15;  Isa.1:16,20;  Apoc 22:17).

 

RECIBIREIS PODER- Persona, Presencia y  Obra del Espíritu  Santo- La Venida del Espíritu-parte 49-

FRUCTIFEROS EN  EL ESPÍRITU

TEMPERANCIA

“Si, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios”. (1 Corintios 10:31)

 

Dios exige que todos los hombres presenten en sacrificio sus cuerpos impuros, enfermos y debilitados por los hábitos.  Espera un sacrificio vivo. Dios dice que el cuerpo es el templo del Espíritu Santo, la habitación de su Espíritu y, por lo tanto, requiere que todos los que llevan su imagen cuiden sus cuerpos para su servicio y para su gloria. 

“No sois vuestros, -escribió inspirado el apóstol-, habéis sido comprados por precio” (1 Corintios 6:20)

A fin de lograrlo, a la virtud agregue conocimiento, y al conocimiento temperancia, y a la temperancia paciencia.

Es un deber saber cómo preservar el cuerpo en las mejores condiciones de salud; y es sagrada la responsabilidad de vivir en armonía con la luz que tan generosamente nos ha sido concedida.  Si cerramos los ojos a esa iluminación por temor a ver los errores que no estamos dispuestos a abandonar, nuestros pecados aumentarán en lugar de disminuir.  Si alguno se aleja de la luz, otro seguirá su ejemplo.

Violar las leyes de la salud es tan pecaminoso como quebrantar uno de los 10 mandamientos (Éxodo 20:3-17). Por lo tanto, cualquier transgresión de uno de los diez, igualmente será una violación de toda la ley de Dios.  No podemos amar al Señor con todo nuestro corazón, mente, espíritu y fuerzas, en tanto amemos nuestros apetitos y gustos mucho más que al Señor. 

Mientras El exige toda nuestra fuerza y toda nuestra mente, como resultado de malos hábitos algunos diariamente debilitan su fortaleza para glorificar a Dios, y sin embargo profesan ser seguidores de Cristo que están preparándose para recibir  el toque final de la inmortalidad. Examinemos cuidadosamente nuestro corazón para ver si estamos tratando de imitar al Modelo infalible, y todo nos saldrá bien.  En todo glorifiquemos su nombre. Despojémonos de todo egoísmo y del amor propio.