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Archive for the ‘1.08-MANSEDUMBRE.’ Category

FRUTOS DEL ESPÍRITU

MANSEDUMBRE

 

“Con toda humildad y mansedumbre, soportándonos con paciencia los unos a los otros en amor” (Efesios 4:2)

Contemplemos al Hombre del Calvario, al que pusieron en su cabeza una corona de espinas,  que cargó sobre sí la vergonzosa cruz y que paso a paso descendió por la senda de la humillación.  Miremos al varón de dolores, experimentado en quebranto, despreciado y desechado entre los hombres.  “Ciertamente llevó El nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores”. “Más El herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre El, y por su llaga fuimos nosotros curados” (Isaías 53:4, 5).  Contemplemos el calvario hasta que nuestro corazón se ablande con el maravilloso amor del Hijo de Dios.  El no dejó nada sin hacer para que el hombre caído pudiera ser elevado y purificado.

¿Por qué no confesar su nombre? ¿La religión de Cristo degradará al que la abraza? NO. De modo alguno ¿será una deshonra seguir los pasos del Hombre del Calvario? Cada día sentémonos a los pies de Cristo para aprender de El, para que en nuestra conducta, conversación, y vestimenta y en todos los asuntos que conciernen a la vida podamos manifestar que Jesús reina y gobierna nuestro ser.  Dios nos llama para que los redimidos del Señor sigamos sus pisadas y no las del mundo. Hemos de consagrar todo a Dios y confesar su nombre ante los demás.

“Y cualquiera que me niegue delante de los hombres, YO también lo negaré delante de mi Padre que está en los cielos” (Mateo 10:33). ¿Qué derecho tenemos de profesar que somos cristianos, mientras que con la vida y los hechos negamos al Señor? “El que no toma su cruz y sigue en pos de mí, no es digno de mí. El que halla su vida la perderá; y el que pierde su vida por causa de mí, la hallará” (Mateo 10:38. 39). Cada día debemos hacer morir al yo para levantar la cruz y seguir las pisadas del Maestro.

 De este modo, cada día nos asemejaremos más a la imagen de Cristo. Por la continua paciencia en el bienhacer es como buscamos la gloria, el honor y, al final, recibiremos el don de la inmortalidad.  (Review and Herald)

 

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