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Archive for the ‘1.00-La Verdadera Puerta de Misericordia’ Category

¿POR QUE LAS 95 TESIS SACUDIERON AL MUNDO?

 

“Las tesis de Lutero desafiaban a discutir; pero nadie osó aceptar el reto. Las proposiciones hechas por él se esparcieron luego por toda Alemania y en  pocas semanas se difundieron por todos los dominios de la cristiandad.

Muchos devotos romanistas, que habían visto y lamentado las terribles iniquidades que prevalecían en la iglesia, pero que no sabían qué hacer para detener su desarrollo, leyeron las proposiciones de Lutero con profundo regocijo, reconociendo en ellas la voz de Dios.  Les pareció que el Señor extendía su mano misericordiosa para detener el rápido avance de la marejada de corrupción que procedía de la sede de Roma.

Los príncipes y los magistrados se alegraron secretamente de que iba a ponerse un dique al arrogante poder que negaba todo derecho a apelar  de sus decisiones…

Muchos dignatarios de la iglesia y del estado estaban plenamente convencidos de la verdad de las tesis; pero pronto vieron que la aceptación de estas verdades entrañaba grandes cambios.

Dar luz al pueblo y realizar una reforma equivalía a minar la autoridad de Roma y detener en el acto miles de corrientes que ahora iban a parar a las arcas del tesoro, lo que daría por resultado hacer disminuir la magnificencia y el fausto de los eclesiásticos.

Además, enseñar al pueblo a pensar y a obrar como seres responsables mirando sólo a Cristo para obtener la salvación, equivalía a derribar el trono pontificio y destruir por ende su propia autoridad.  Por estos motivos rehusaron aceptar el conocimiento que Dios había puesto a su alcance y se declararon contra Cristo y la verdad, al oponerse a quien El había enviado para que les iluminase.”

El Conflicto de los Siglos pp.139-141.  (Elena White)

 

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LAS 95 TESIS-UN EJEMPLO-(por Martin Lutero, año  1517)

 

  • 1. Cuando nuestro Señor y Maestro Jesucristo dijo: “Arrepentíos” (Mateo 4:17), El requirió que toda la vida de los creyentes fuese una de arrepentimiento.

 

  • 20. Por lo tanto, cuando el Papa usa las palabras “remisión plenaria de todas las penas” no significa realmente “todas las sanciones”, sin sólo las impuestas por él mismo.

 

  • 32. Los que creen que pueden tener la certeza de su salvación porque tienen cartas de indulgencias serán condenados eternamente junto con sus profesores.

 

  • 36. Cualquier cristiano verdaderamente arrepentido tiene derecho a la remisión completa de la pena y la culpa, aún sin cartas de indulgencias.

 

  • 45. Los cristianos deben ser enseñados que el que ve a un hombre necesitado y pasa por su lado, y sin embargo, da su dinero para las indulgencias, no compra indulgencias papales, sino la ira de Dios.

 

  • 51. Los cristianos deben ser enseñados que el Papa desearía y debería dar de su propio dinero, a pesar de que tuviese que vender la basílica de San Pedro, a muchos de aquellos de los que ciertos vendedores de indulgencias engatusan por dinero. 
  • 62. El verdadero tesoro de la iglesia es el evangelio más sagrado de la gloria y de la gracia de Dios.

 

  • 63. Pero este tesoro es, naturalmente, más odioso, porque hace que el primero sea el postrero. (Mateo 20:16)

 

  • 64. Por otra parte, el tesoro de las indulgencias es, naturalmente, más aceptable, porque hace que los postreros sean primeros.

 

  • 66. Los tesoros de las indulgencias son redes con las cuales uno ahora pesca las riquezas de los hombres.

 

  • 86. ¿Por qué no el Papa, cuya riqueza es hoy mayor que la riqueza de los más ricos, construye esta basílica de San Pedro con su propio dinero y no con el dinero de los pobres creyentes?

 

  • 92. Lejos, pues, con todos aquellos profetas que dicen al pueblo de Cristo: “Paz, Paz; y no hay paz” (Jeremías 6:14).

 

  • 95. Y así tener la confianza de entrar en el cielo por medio de muchas tribulaciones en lugar de la falsa seguridad de la paz (Hechos 14:22).

 

EL EVANGELIO ETERNO

 

 

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La Verdad Clavada en las Puertas de Wittenberg-parte 2-

 

La doctrina de las indulgencias había encontrado opositores entre hombres instruidos y piadosos del seno mismo de la iglesia de Roma, y eran muchos los que tenían fe en asertos tan contrarios a la razón y a las Escrituras.

Ningún prelado se atrevía a levantar la voz para condenar el inicuo tráfico, pero los hombres empezaban a turbarse y a  inquietarse, y muchos se preguntaban ansiosamente si Dios no obraría por medio de alguno de sus siervos para purificar la iglesia.

Lutero, aunque seguía adhiriéndose estrictamente al Papa, estaba horrorizado por las blasfemas declaraciones de los traficantes en indulgencias.  Muchos de sus feligreses habían comprado certificados de perdón y no tardaron en acudir a su pastor para confesar sus pecados esperando de él la absolución, no porque fueran penitentes y desearan cambiar de vida, sino por el mérito de las indulgencias.

Lutero les negó la absolución y les advirtió que como no se arrepintiesen y no reformasen su vida morirían en sus pecados.  Llenos de perplejidad recurrieron a Tetzel para quejarse de que su confesor no aceptaba los certificados; y hubo algunos que con toda energía exigieron que les devolviese su dinero.

El fraile se lleno de ira.  Lanzó las más terribles maldiciones, hizo encender hogueras en las plazas públicas y declaró que ‘había recibido del Papa la orden de quemar a los herejes que osaran levantarse contra sus santísimas indulgencias’.

Lutero inicio entonces resueltamente su obra como campeón de la verdad.  Su voz se oyó desde el púlpito en solemne exhortación. Expuso al pueblo el carácter ofensivo del pecado y enseñóle que le es imposible al hombre reducir su culpabilidad o evitar el castigo por sus propias obras.

Solo el arrepentimiento ante Dios y la fe en Cristo podían salvar al pecador.  La gracia de Cristo no podía comprarse, era un don gratuito.  Aconsejaba a sus oyentes que no comprasen indulgencias, sino que tuviesen fe en el Redentor crucificado.

Refería su dolorosa experiencia  personal, diciéndoles que en vano había intentado por medio de la humillación y de las mortificaciones del cuerpo asegurar la salvación, y afirmaba que desde que había dejado de mirarse a sí mismo y había confiado en Cristo, había alcanzado paz y gozo para su corazón.

Viendo que Tetzel seguía con su tráfico y sus impías declaraciones, resolvió Lutero hacer una protesta más enérgica contra semejantes abusos.  Pronto ofreciósele excelente oportunidad. La iglesia del castillo de Wittenberg era dueña de muchas reliquias que se exhibían al pueblo en ciertos días festivos, en ocasión de los cuales se concedía plena remisión de pecados a los que visitasen la iglesia e hiciesen confesión de sus culpas.

De acuerdo  con ésto, el pueblo acudía en masa a aquel lugar. Una de tales oportunidades, y de las más importantes por cierto, se acercaba: la fiesta de ‘todos los santos’. La víspera, Lutero, uniéndose a las muchedumbres que iban a la iglesia, fijó en las puertas del templo un papel que contenía 95 proposiciones contra la doctrina de las indulgencias.

Declaraba además que estaba listo para defender aquellas tesis al día siguiente en la universidad, contra cualquiera que quisiera rebatirlas. Estas proposiciones atrajeron la atención general.  Fueron leídas y vueltas a leer y se repetían por todas partes.  Fue muy intensa la excitación que produjeron en la universidad y en toda la ciudad.

Demostraban que jamás se había otorgado al Papa ni a hombre alguno el poder de perdonar los pecados y de remitir el castigo consiguiente.  Todo ello no era sino una FARSA, un artificio para ganar dinero valiéndose de las supersticiones del pueblo, un invento de Satanás para destruir las almas de todos los que confiasen en tan necias mentiras.

Se probaba además con toda evidencia que el Evangelio de Cristo es el tesoro más valioso de la iglesia, y que la gracia de Dios revelada en El se otorga de balde a los que la buscan por medio del arrepentimiento y la fe.

El Conflicto de los Siglos, pp136-139 (Elena White)

El Heraldo del Evangelio Eterno

 

 

 

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LA VERDAD CLAVADA EN LAS PUERTAS DE WITTENBERG-parte 1-

 

“Con el pretexto de reunir fondos para la construcción de la iglesia de San Pedro en Roma, se ofrecía en venta pública indulgencias por el pecado, con autorización del Papa.

Con el precio de los crímenes se iba a construir un templo para el culto divino, y la piedra angular se echaba sobre cimientos de iniquidad.  Empero los mismos medios que adoptara Roma para engrandecerse fueron los que hicieron caer el golpe mortal que destruyó su poder y su soberbia.

Aquellos medios fueron lo que exasperó al más abnegado y afortunado de los enemigos del papado, y le hizo iniciar la lucha que estremeció el trono de los papas e hizo tambalear la triple corona en la cabeza del pontífice”.

El encargado de la venta de indulgencias en Alemania, un monje llamado Tetzel, era reconocido como culpable de haber cometido las más viles ofensas contra la sociedad y contra la Ley de Dios; pero habiendo escapado del castigo que merecían sus crímenes, recibió el encargo de propagar los planes mercantiles y nada escrupulosos del Papa.

Con atroz cinismo divulgaba las mentiras más desvergonzadas y contaba leyendas maravillosas para engañar al pueblo ignorante, crédulo y supersticioso. Si hubiere tenido éste la Biblia no se habría dejado engañar.

Pero para poderlo sujetar bajo el dominio del papado, y para acrecentar el poderío y los tesoros de los ambiciosos jefes de la iglesia, se le había privado de la Escritura.

Cuando entraba Tetzel en una ciudad, iba delante de él un mensajero gritando: ‘La gracia de Dios y la del padre santo están a las puertas de la ciudad’. Y el pueblo recibía al blasfemo usurpador como si hubiera sido el mismo Dios que hubiera descendido del cielo.

El infame tráfico se establecía en la iglesia, y Tetzel ponderaba las indulgencias desde el púlpito como si hubiesen sido el más precioso don de Dios. Declaraba que en virtud de los certificados de perdón que ofrecía, quedábanle perdonados al que  comprara la indulgencias aún aquellos pecados que desease cometer después, y que ‘ni aún el arrepentimiento era necesario’.

Hasta aseguraba a sus oyentes que las indulgencias tenían un poder para salvar no sólo a los vivos sino también a los muertos, y que en el instante en que la monedas resonaran al caer en el fondo de su cofre, el alma por la cual se hacía el pago escaparía de purgatorio y se dirigiría al cielo???

Cuando Simón el Mago intentó comprar a los apóstoles el poder para hacer milagros, Pedro le respondió: ‘Tu dinero perezca contigo, porque has pensado que el don de Dios se obtiene con dinero” (Hechos 8:20).

Pero millares de personas aceptaban ávidamente el ofrecimiento de Tetzel. Sus arcas se llenaban de oro y plata.  Una salvación que podía comprarse con dinero era más fácil de obtener que la que requería arrepentimiento, fe y un diligente esfuerzo para resistir y vencer el mal.

Continúa en parte 2

 

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LA VERDADERA PUERTA DE LA MISERICORDIA ESTA EN EL CIELO

He puesto delante de ti una puerta abierta, la cual nadie puede cerrar” (Apoc. 3:8).

“Y el templo de Dios fue abierto en el cielo, y el arca de su pacto se veía en el templo” (Apoc. 11:19).

“Luego se me mostró…. que los mandamientos de Dios (Exodo 20:3-17) habían de resplandecer en toda su importancia y cuando el pueblo de Dios había de ser probado acerca de la verdad del sábado era cuando se abriese la puerta en el lugar santísimo del santuario celestial…Esta puerta no se abrió hasta que hubo terminado la mediación de Jesús en el lugar santo del santuario en 1844” (Primeros Escritos  -pág.42-).

“Pero si bien era cierto que se había cerrado la puerta de esperanza y de gracia por la cual los hombres habían encontrado durante mil ochocientos años acceso a Dios, otra puerta se les abría, y el perdón de los pecados era ofrecido a los hombres por la intercesión de Cristo en el lugar santísimo.

Una parte de su obra había terminado tan sólo para dar lugar a otra.  Había aún una “puerta abierta” para entrar en el santuario celestial donde Cristo oficiaba a favor del pecador” (El Conflicto de los Siglos).

“Cada vez que seamos tentados, tenemos esta puerta abierta para contemplar.  Ningún poder puede ocultar de nosotros la luz de la gloria que brilla procedente de los umbrales del cielo a lo largo de toda la escalera que debemos subir, pues el Señor nos ha dado fortaleza en su fortaleza, valor en su valor, luz en su luz.

Cuando los poderes de las tinieblas sean vencidos, cuando la luz de la gloria de Dios inunde el mundo, veremos y entenderemos más claramente de lo que lo hacemos hoy. Si sólo comprendiéramos que la gloria de Dios nos rodea, que el cielo está más cerca de la tierra de lo que suponemos, tendríamos un cielo en nuestros hogares mientras nos preparamos para el cielo de lo alto” (Comentario Bíblico Adventista, tomo 7, pág. 972).

El Heraldo del Evangelio Eterno

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