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RESCATE DESDE EL ORION – LA ESPERANZA DE LA SEGUNDA VENIDA DE CRISTO-parte 15-

SEÑALES DE LA SEGUNDA VENIDA-parte 11-

¿PARA QUE VENDRÁ JESÚS?-parte 4-

4. JESÚS VIENE PARA REUNIRNOS NUEVAMENTE CON NUESTRO PADRE

La mayor parte de nuestra vida la pasamos esperando algo: Que llegue la hora de irnos al trabajo, que nos llegue el turno en el consultorio, esperamos la llegada del día de la boda o el nacimiento de una criatura. Esperamos eventos buenos y malos.

A veces lo que hemos esperado con ahínco durante mucho tiempo nos desilusiona.  Otras veces el evento esperado se torna en una desgracia o una tragedia.  Vivimos frustrados, incapaces de cambiar nuestro destino de dolor y sufrimiento. Pero seguimos esperando.  La Biblia nos asegura que esa espera será contestada: no la espera por lo trivial o pasajero, sino esa esperanza trascendente que nos hace aferrarnos a la vida y soñar con la redención.

Dios siempre nos ha amado.  Ese poderoso monarca del universo estrellado y de las galaxias inconmensurables siente un afecto infinito por los habitantes de este planeta desde que un día formó la figura de Adán y le impartió vida. Lo probó en forma inequívoca en la encarnación.

“Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros” (Juan 1:14). Emanuel, “Dios con nosotros”. Un planeta rebelde y solitario recibió la visita del Altísimo. Y aquí – en un país del Cercano Oriente- vivió el Hijo de Dios. El Dios que dejó que lo abrazáramos.  Y Jesús aprendió a usar los procesos mentales de los hombre, a hablar formando palabras  y oraciones.  Caminó,  aprendió a cansarse y a tener sed. Ensució sus sandalias con el polvo de esta tierra mientras sanaba a enfermos, enseñaba los principios de su reino, y libraba a los cautivos del pecado y la maldad.

La última vez que lo vieron –otros que no fuesen sus discípulos- estaba clavado en una cruz, entre dos malhechores.  Luego sus discípulos aseguraron verlo varias veces por un período de 40 días, y quedaron convencidos de que algún día regresaría en gloria.  Esa esperanza ha inspirado a la humanidad desde entonces.

Un joven universitario a quien se le preguntó acerca de sus planes después de la graduación respondió sorprendentemente “Quiero encontrar a mi padre”. Su padre lo había abandonado hacia ya varios años y este joven -aunque abrumado por el sufrimiento de la injusta separación- deseaba encontrarlo más que ninguna otra cosa.

Todos los seres humanos tenemos un problema espiritual similar. Tenemos sed de un Padre.  Vivimos en un planeta pródigo, que abandonó a su  Creador y colocó su lealtad en un extraño. Pero Dios no nos abandonó.  Desde el espacio nos envió mensajes de amor.  Hombres, profetas, han escuchado la voz del Todopoderoso.

“Con amor eterno te he amado-nos susurra desde las páginas de la Biblia-; por tanto te prolongué mi misericordia” (Jeremías 31:3).  “Somos hijos de Dios.  Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo” (Romanos 8: 16-17).

Podemos creer en sus promesas. “Este mismo Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo” (Hechos 1:11), dijeron los ángeles. “Vendré otra vez” (Juan 14:3) prometió el mismo Jesús. Es a ese Jesús a quien esperamos.

No sabemos cuando venga Jesús: cuando el cielo se llene de ángeles y suene la trompeta de Dios. Pero  los seres humanos habremos de separarnos en dos grandes grupos: los fieles y los infieles, y que según a que grupo pertenezcamos, reaccionaremos con alegría o con tristeza ante el evento.

Aunque no lo querramos o ni siquiera lo creamos, el Señor vendrá.  Todo lo que está sucediendo a nuestro alrededor lo confirma. Recuerde lo que hemos expuesto en esta serie: las señales, la manera en que vendrá el Señor y el propósito de su venida; pero más importante aún es prepararnos para encontrarnos con El. Conozcamos a Jesús por medio de su Palabra y la oración.  Contemplémoslo, busquémoslo. Aceptémoslo como nuestro Salvador.

Y sigamos mirando al cielo, más allá del Orión.  Un día, quizá a la medianoche, se abrirá un extraño espacio entre las estrellas, y lo que parecerá una nueva constelación con destellos multicolores comenzará un vertiginoso viaje hacia la Tierra.  El firmamento se llenará de ángeles que rodearán la figura majestuosa de Cristo el Rey. Sonará la trompeta y resucitarán los muertos. Voces agradecidas darán la bienvenida al Señor. Nuestra espera habrá concluido.

“CIERTAMENTE VENGO EN BREVE. AMÉN; SI, VEN, SEÑOR JESÚS” (APOC.22: 20).

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RESCATE DESDE EL ORION – LA ESPERANZA DE LA SEGUNDA VENIDA DE CRISTO-parte 14-

SEÑALES DE LA SEGUNDA VENIDA-parte 10-

¿PARA QUE VENDRÁ JESÚS?-parte 3-

3. JESUS VENDRÁ PARA REINAR

El resultado más glorioso de la segunda venida es que tendrá efectos permanentes.  Jesús viene para quedarse. La Biblia abunda en pasajes sobre el reinado del Mesías. El Apocalipsis anuncia proféticamente el momento de la toma de posesión: “El séptimo ángel tocó la trompeta, y hubo grandes voces en el cielo, que decían: Los reinos del mundo han venido a ser de nuestro Señor y de su Cristo; y él reinará por los siglos de los siglos” (Apocalipsis 11:15).

En el capítulo segundo de Daniel se nos presenta una antigua profecía que se refiere a la historia del mundo europeo desde los tiempos del Imperio Babilónico hasta el establecimiento del reino mesiánico.  Nabucodonosor, el monarca de Babilonia, tuvo un sueño en el cual se le reveló lo que “sucederá al fin de los días”. En su sueño, el rey vio una estatua que estaba dividida en cuatro partes (cabeza, pecho y brazos, vientre y muslos, y piernas), hechas respectivamente de un metal diferente (oro, plata, bronce, hierro), y una quinta parte (pies, dedos) hecha de una mezcla de hierro y barro cocido. 

Dios le mostró a Daniel que esta imagen representaba la sucesión de cuatro imperios que dominarían en su tiempo al mundo conocido.  La cabeza de oro representaba a Nabucodonosor y a su Imperio Babilónico.  El pecho y los brazos de plata simbolizaban al Imperio Medopersa que conquistó Babilonia en el 539 a.C.  En el año 331 a. C., Alejandro Magno y los griegos derrotaron a los medopersas y fundaron el Imperio Greco- Macedónico,  simbolizado por el vientre de bronce.  Roma, el cuarto imperio según la profecía de la estatua, adquirió su poderío en 168 a.C. y duró hasta el siglo IV de nuestra era.  Los pies y los dedos de la estatua simbolizaban a las naciones de la Europa moderna que ocupan los territorios del Imperio Romano y que surgieron debido a su desmembramiento.

Pero aún no concluye la profecía de Daniel.  Mientras Nabucodonosor observaba la estatua en su sueño, “una piedra fue cortada, no con mano, e hirió a la imagen en sus pies de hierro y barro cocido, y los desmenuzó”.

La estatua cayó.  “Entonces fueron desmenuzados el hierro, el barro cocido, el bronce, la plata y el oro, y fueron como tamo de las eras del verano, y se los llevó el viento sin que de ellos quedara rastro alguno.  Más la piedra que hirió la imagen fue hecha un gran monte que llenó toda la tierra” (Daniel 2:34-35).

¿Qué significa todo ésto?nabucodonosor 001

La interpretación posterior que se ofrece en el mismo capítulo es la siguiente: “En los días de estos reyes (los países representados por los pies y los dedos de los pies) el Dios del cielo levantará un reino que no será jamás destruido, ni será el reino dejado a otro pueblo; desmenuzará y consumirá a todos estos reinos, pero él permanecerá para siempre” (Daniel 2:44).

¿Cuál es este reino simbolizado por una piedra que durará eternamente? Indudablemente se trata del reino eterno del Mesías, que será establecido en ocasión de la segunda venida de Cristo.  Según la profecía, estamos viviendo en la etapa final de la historia.

4. JESÚS VIENE PARA REUNIRNOS NUEVAMENTE CON NUESTRO PADRE

Continúa en parte  15

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RESCATE DESDE EL ORION – LA ESPERANZA DE LA SEGUNDA VENIDA DE CRISTO-parte 13-

SEÑALES DE LA SEGUNDA VENIDA-parte 9-

¿PARA QUE VENDRÁ JESÚS?-parte2-

2.     JESÚS VENDRÁ PARA LIBRARNOS DE LA INJUSTICIA Y EL PECADO

El plan de salvación, del cual Cristo es ejecutor, tiene el propósito de neutralizar por completo todas las consecuencias del pecado.  Desde la muerte del justo Abel, el hombre ha tenido que soportar la injusticia.  A menudo se ha escuchado el clamor de hombres y mujeres que exclaman: ¡Hasta cuándo, Señor!

¿Hasta cuándo continuarán rodando las lágrimas de las víctimas de este mundo? ¿Hasta cuándo continuará la angustia de los pobres y los oprimidos?

Millones de personas en África, Medio oriente, el sur de Asia y Latinoamérica son refugiados que necesitan protección y ayuda. Millones de personas pasan hambre, no obstante, dentro de esos países azotados por el hambre, algunos ciudadanos comen caviar y viven una vida de lujos.

El pecado, ese virus de rebeldía y egoísmo que fue transmitido a Adán, es la razón de toda la injusticia. Por eso sólo Jesús puede darnos la fortaleza para vencer la maldad y enfrentar la injusticia, y sólo su segunda venida provee la esperanza de un mundo mejor.

La certeza de que terminará la injusticia reposa en la verdad concerniente al juicio de Dios en ocasión de la segunda venida.  Son muchos los pasajes concernientes al tema.  Leamos un par:

“Cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria, y todos los santos ángeles con él, entonces se sentará en su trono de gloria, y serán reunidas delante de él todas las naciones; y apartará los unos de los otros, como aparta el pastor las ovejas de los cabritos” (Mateo 25:31-32; lea hasta el versículo 46).

El apóstol Pablo instó a Timoteo con las palabras: “Te encarezco delante de Dios y del Señor Jesucristo, que juzgará a los vivos y a los muertos en su manifestación y en su reino” (2 Timoteo 4:1). Nadie dejará de ser juzgado: “Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo” (2 Corintios 5:10).

La verdadera justicia es muy difícil de encontrar en este mundo por causa del pecado que contamina nuestras mejores intenciones.  “No hay justo, ni aún uno” dice Romanos 3:10.  Hasta que el pecado sea extirpado por completo de lo más profundo de nuestra naturaleza, continuarán los problemas de la injusticia, la desigualdad y el egoísmo.  Hablando de resurrección de los muertos Pablo nos dice: “Se siembra en corrupción, resucitará en incorrupción. Se siembra en deshonra, resucitará en gloria; se siembra en debilidad, resucitará en poder” (1 Corintios 15:42-43).

Todo el universo debe llegar a comprender los verdaderos resultados de la rebelión satánica.  La tierra y sus habitantes han sido objeto de los terribles efectos del pecado durante largos siglos,  pero pronto, todo este sufrimiento quedará atrás. El planeta será renovado y todos aquellos que lo deseen podrán entrar en comunión con Dios y disfrutar del gozo de la eternidad. El pecado eliminado y no volverá a manifestarse.

3. JESUS VENDRÁ PARA REINAR

Continúa en parte 14

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RESCATE DESDE EL ORION – LA ESPERANZA DE LA SEGUNDA VENIDA DE CRISTO-parte 12-

SEÑALES DE LA SEGUNDA VENIDA-parte 8-

¿PARA QUE VENDRÁ JESÚS?-parte 1-

1.       JESÚS VENDRÁ A LIBRARNOS DE LA MUERTE  

Cristo obtuvo la victoria decisiva en el Calvario; su muerte y su resurrección hicieron posible que todo ser humano que desee, pueda escapar de las garras del pecado y de Satanás.  Nadie puede cerrar la puerta de la salvación que el abrió.  Pero el conflicto no concluirá hasta que Satanás y la muerte sean eliminados por completo.

La muerte es la peor intrusa en la experiencia humana. Arrebata a seres amados, trastoca hermosos planes, concluye amistades, convierte a niños felices en huérfanos y a cónyuges en viudos y viudas desconsolados.  La segunda venida de Cristo cambiará todo ésto.

Leamos como lo explica Pablo:

“Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados. Pero cada uno en su debido orden: Cristo, las primicias; luego los que son de Cristo, en su venida.  Luego el fin, cuando entregue el reino al Dios y Padre, cuando haya suprimido todo dominio, toda autoridad y potencia.  Porque preciso es que él reine hasta que haya puesto a todos sus enemigos debajo de sus pies. Y el postrer enemigo que será destruido es la muerte…” (1 Corintios 15:22-26).

El apóstol continúa describiendo la segunda venida: “En un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados” (vers. 52).

La segunda venida será la celebración más gloriosa de la vida que jamás se haya visto. “Y cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte en victoria” (vers. 54).

Pero el problema de la muerte también incluye las reacciones equivocadas y las creencias erróneas que giran en torno al tema.  La doctrina de la segunda venida aclara que la vida es un don de Dios. El hombre no tiene vida en sí mismo.  Dios es el “único que tiene inmortalidad” (1 Timoteo 6:16), y sólo el que “tiene al Hijo, tiene la vida” (1 Juan 5:12).

Los que mueren no van ni a la gloria ni al infierno en el momento de su muerte.  Solo duermen hasta el momento cuando la trompeta de Dios los despierte en ocasión de la segunda venida.  Lea sobre el estado de los muertos en Eclesiastés 9:5-6, 10 y en Job 14:10-15.  La resurrección de los muertos destruye así una serie de falsos esquemas que se basan en la inmortalidad del alma.  El espiritismo y la santería se revelan como lo que son: engaños de aquel que dijo la primera mentira: “No moriréis” (Génesis 3:4).  No hay muertos ni espíritus a quienes consultar: sólo demonios.

La única esperanza de vida después de la muerte se encuentra en la victoria de Jesús y en la resurrección que se efectuará cuando EL venga.

2.       JESÚS VENDRÁ PARA LIBRARNOS DE LA INJUSTICIA Y EL PECADO

Continúa en parte 13

 

 

 

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RESCATE DESDE EL ORION – LA ESPERANZA DE LA SEGUNDA VENIDA DE CRISTO-parte 11-

SEÑALES DE LA SEGUNDA VENIDA-parte 7-

COMO VENDRÁ JESÚS -parte 5-

UNA GUERRA UNIVERSAL-parte 3-

Una de las historias famosas del Antiguo Testamento ilustra en forma precisa la batalla entre Cristo y Satanás.  Uno de sus protagonistas fue un filisteo de unos tres metros (9 pies) de altura. Este se paró en medio del valle de Ela y lanzó un desafío al ejército de Dios. “Escoged de entre vosotros –dijo el temible guerrero- un hombre que venga contra mí. Si el pudiere pelear conmigo, y me venciere, nosotros seremos vuestros siervos; y si yo pudiere más que él, y lo venciere, vosotros seréis nuestros siervos” (1 Samuel 17:8-9). Ya conocemos el resto del relato.  ¿Recuerda a David y su victoria sobre Goliat? ¿Cómo el resultado de su encuentro decidió la batalla entre los dos ejércitos?

Algo similar sucedió en el Calvario.  Allí se enfrentaron los campeones del bien y del mal.  El gigante del pecado lanzó un desafío al universo y a Dios. No hay uno a quien yo no pueda vencer, no hay un hombre a quien yo no haga pecar.  La raza caída permanecerá caída.  En este planeta, yo soy el príncipe.

Dios envió a un Hombre, a su Hijo.  “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, más tenga vida eterna” (Juan 3:16).

Satanás con sus terribles armas de siempre: el engaño, el abuso, el desánimo, la muerte.  Jesucristo, consustanciado con la carne humana, físicamente débil, con su única arma: el amor más profundo que el universo ha conocido.  Génesis 3:15 cobró vida.  El gigante, la serpiente antigua, crujió sus dientes y se abalanzó sobre el Hijo de Dios, el Cordero. Lo mordió, lo hizo sufrir con el terrible dolor de la maldición del pecado; pero Jesús confió, amó y venció.

¡Qué batalla aquella! Hasta la naturaleza no pudo ocultar el poder desencadenado en aquella colina de Jerusalén. Se oscureció el sol. Hubo relámpagos y truenos.

En el sepulcro los romanos pusieron una guardia de 100 hombres, Satanás puso una de miles de demonios.  Pero al tercer día tembló la tierra.  Todas las huestes del enemigo no pudieron contener el poder de Aquel que estaba adentro.  En un instante deslumbrador cayeron por el suelo los soldados. Se había levantado el Príncipe de la vida y había cambiado para siempre el destino del hombre.

(leer sobre la resurrección en Mateo 28; Marcos 16; Lucas 24, y Juan 20).

¿PARA QUE VENDRÁ JESÚS?

1.       JESÚS VENDRÁ A LIBRARNOS DE LA MUERTE     

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RESCATE DESDE EL ORION – LA ESPERANZA DE LA SEGUNDA VENIDA DE CRISTO-parte 10-

SEÑALES DE LA SEGUNDA VENIDA-parte 6-

COMO VENDRÁ JESÚS -parte 4-

UNA GUERRA UNIVERSAL-parte 2-

Pero también Adán y Eva recibieron una promesa.  Una segunda y gloriosa oportunidad.  El Creador no los abandonó a la merced del intruso, el enemigo.  La lucha apenas había comenzado. “Ya nos arreglaremos las cuentas”, le dijo Dios a Satanás, y la tierra y la humanidad, sin quererlo, se convirtieron en el campo de batalla del universo.  

La Biblia habla de este gran conflicto en las palabras del apóstol Juan:

“Después hubo una gran batalla en el cielo: Miguel (Jesús) y sus ángeles luchaban contra el dragón; y luchaban el dragón y sus ángeles…la serpiente antigua, que se llama diablo y Satanás, el cual engaña al mundo entero; fue arrojado a la tierra, y sus ángeles fueron arrojados con él” (Apoc.12:7-9).

Como si presentara los actos de un descomunal drama, la Biblia revela el enfrentamiento entre las fuerzas del bien y el mal en la historia de sus personajes. En la vida de Adán, Enoc, Abrahán, Jacob, Moisés, Sansón y David se perciben los fragores de la gran batalla espiritual.  En sus decisiones, sus luchas y sus fracasos aprendemos acerca de un Dios paciente, de una naturaleza humana débil, y de un enemigo artero y persistente.

Pero es en el recuento de la vida y el ministerio del Hijo de Dios, donde leemos sobre el enfrentamiento más recio de todos.  Satanás trato de matarlo cuando era apenas una criatura por medio de Herodes; trato de hacerlo desistir de su ministerio redentor en el desierto de la tentación, y se le enfrentó vez tras vez en la persona de los ángeles caídos que aprisionaban a pobres seres humanos que clamaban por liberación.

Ante Jesucristo huyeron los demonios, legiones de ellos. Uno de ellos preguntó: “¿Qué tienes conmigo, Jesús, Hijo del Dios Altísimo? Te conjuro por Dios que no me atormentes. Porque le decía: Sal de este hombre, espíritu inmundo” (Marcos 5:7-8).  Esta era una evidencia de la batalla invisible, pero no menos real. Un poderoso guerrero ante quien los enemigos tiemblan, ése era y es Jesús. Vino al terreno usurpado por Satanás para rescatar a la raza humana del pecado y sus consecuencias, y tuvo que luchar paso a paso por nuestra redención.

Este choque entre potencias cósmicas tuvo su desenlace en un monte en las afueras de Jerusalén.  Allí Satanás trató con toda su furia de aniquilar al Salvador.  Logró que muriera, pero no pudo mantenerlo en la tumba.  Es más, la muerte del Señor significó la derrota de Satanás. “Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo, y librar a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre” (Hebreos 2:14-15).

Cristo vino como el segundo Adán para vencer donde nuestros primeros padres fracasaron.  Para arrebatarle al diablo el señorío de este planeta y de la raza humana.  Al venir como hombre, al vivir una vida perfecta, podía entregar su vida en el Calvario como pago suficiente por todos nuestros pecados (Ver Romanos 6:23).  

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RESCATE DESDE EL ORION – LA ESPERANZA DE LA SEGUNDA VENIDA DE CRISTO-parte 9-

SEÑALES DE LA SEGUNDA VENIDA-parte 5-

COMO VENDRÁ JESÚS -parte 3-

3. SERÁ GLORIOSA-parte 2-

Jesús vendrá acompañado de un ejército glorioso.  El libro de Judas cita una antigua profecía de Enoc: “He aquí, vino el Señor con sus santas decenas de millares” (Judas 14) (leer hasta vers.19). Pero no será este ejército el que determinará la derrota completa de Satanás. El poder que creó el universo hará la extraña obra de destrucción.  La misma voz que llamó a la vida a nuestro planeta, con su topografía, fauna y flora, producirá una destrucción que no podría ser imitada por todas las bombas atómicas.  El apóstol Pedro dice, primero refiriéndose a la ocasión y luego a la forma del evento:

“Pero el día del Señor vendrá como ladrón en la noche; en el cual los cielos pasarán con grande estruendo, y los elementos ardiendo serán deshechos, y la tierra y las obras que en ella hay serán quemadas…Esperando y apresurándoos para la venida del día de Dios, en el cual los cielos, encendiéndose, serán deshechos, y los elementos, siendo quemados, se fundirán” (2 Pedro 3:10-12).

UNA GUERRA UNIVERSAL-parte 1-

La venida gloriosa de Cristo representa la culminación victoriosa de una guerra milenaria.  Según la Biblia, el destino hermoso de la humanidad fue malogrado por un enemigo.  Alguien intervino en el hermoso plan de Dios e introdujo un elemento extraño en la mente y el carácter de la primera pareja: el pecado.

En el capítulo 3 de Génesis se encuentra la explicación primaria de todos los males de la humanidad. Allí dos seres majestuosos, felices, creados a la imagen de un Dios benévolo, fueron engañados por un ser rebelde y astuto.  Cuando Adán y Eva comieron del fruto prohibido, poniendo su confianza en el intruso y desplazando su lealtad del Creador  a otra criatura, iniciaron una serie de cambios que afectaron el destino del mundo y la suerte de todo el universe.

Se trastornaron las relaciones entre Adán y Eva, y entre ellos y Dios.  Tuvieron que vestirse porque ya su mente no era limpia, y tuvieron que esconderse porque ahora desconfiaban de Dios mismo.

Con tristeza el Señor anunció las consecuencias de la traición, pero comenzó su terrible proclamación con palabras de esperanza. Se dirigió al verdadero culpable, a Satanás, y le dijo: “Pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú la herirás en el calcañar” (Génesis 3:15).  Luego se refirió a otras consecuencias del pecado. Para la mujer, dolor en el parto, subordinación al hombre.  Para el hombre y también la humanidad, “maldita será la tierra por tu causa; con dolor comerás de ella todos los días de tu vida.  Espinos y cardos te producirá, y comerás plantas del campo.  Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste tomado; pues polvo eres, y al polvo volverás” (Génesis 3:17-19).

Estas fueron las consecuencias del pecado: la separación entre Dios y el hombre; la desconfianza, el egoísmo, la infelicidad; el dolor de luchar en medio de una naturaleza también disminuida por el pecado, y finalmente la muerte.    

Continúa en parte 10

 

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