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FE Y OBRAS–parte 46-

“SIN FE ES IMPOSIBLE AGRADAR A DIOS”(Heb.11:6)-“LA FE SIN OBRAS ES MUERTA” (Sant.2:20)

ACEPTADOS EN CRISTO

ESTO ES JUSTIFICACIÓN

Es la justicia de Cristo lo que hace que el pecador penitente sea aceptable ante Dios y lo que obra su justificación. No importa cuán pecaminosa haya sido su vida, si cree en Jesús como su Salvador personal, comparece delante de Dios con las vestiduras inmaculadas de la justicia imputada de Cristo.

El pecador que tan recientemente estaba muerto en transgresiones y pecados es vivificado por la fe en Cristo.  Ve, mediante la fe, que Jesús es su Salvador, y, vivo por los siglos de los siglos, puede salvar “perpetuamente a (todos) los que se acercan a Dios”.  En la expiación realizada en su favor el pecador ve tal anchura, longitud, altura y profundidad –ve plenitud de salvación, comprada a un costo tan infinito- que su alma se llena de loor y gratitud. 

Ve como en un espejo la gloria del Señor y es transformado en la misma imagen como por el Espíritu del Señor. Ve el manto de justicia de Cristo, tejido en el telar del cielo, forjado por su obediencia e imputado al alma arrepentida mediante la fe en su nombre. Tenemos un Salvador viviente. No se halla en el sepulcro nuevo de José, resucitó y ascendió al cielo como Sustituto y Garante de cada alma creyente.

“Justificados, pues, por la fe, tenemos paz  para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo” (Rom.5:1)

El pecador es justificado por los méritos de Jesús, y ésto es el reconocimiento de Dios de la perfección del rescate pagado a favor del hombre.  El hecho de que Cristo fue obediente hasta la muerte, y muerte de cruz, es prenda de aceptación del pecador arrepentido por parte del Padre.  Entonces, ¿nos permitiremos tener una experiencia vacilante de dudar y creer, creer y dudar? Jesús es la prenda de nuestra aceptación por parte de Dios.

Tenemos el favor de Dios, no porque haya mérito alguno en nosotros, sino por nuestra fe en “el Señor, nuestra justicia”.

Jesús está en el Lugar Santísimo, para comparecer por nosotros ante la presencia de Dios.  Allí, no cesa de presentar a su pueblo momento tras momento, como completo en El. Pero, por estar así representados delante del Padre, no hemos de imaginar que podemos abusar de su misericordia y volvernos descuidados, indiferentes y licenciosos. Cristo no es el ministro del pecado. Estamos completos en El, aceptados en el Amado, únicamente si permanecemos en El por fe.

Nunca podemos alcanzar la perfección por medio de nuestras propias obras buenas. El alma que contempla a Jesús mediante la fe, repudia su propia justicia.  Se ve a sí misma incompleta, y considera su arrepentimiento como insuficiente, débil su fe más vigorosa, magro su sacrificio más costoso; y se abate con humildad al pie de la cruz.  Pero una voz le habla desde los oráculos de la Palabra de Dios.

“Vosotros estáis completos en El”. Ahora toda está en paz en su alma.  Ya no tiene que luchar más para encontrar algún mérito en sí mismo, algún acto meritorio por medio del cual ganar el favor de Dios.     (Elena White)

 

 

 

FE Y OBRAS–parte 45-

“SIN FE ES IMPOSIBLE AGRADAR A DIOS”(Heb.11:6)-“LA FE SIN OBRAS ES MUERTA” (Sant.2:20)

ACEPTADOS EN CRISTO

“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en El cree, no se pierda, más tenga vida eterna” (Juan 3:16)

Este mensaje es para el mundo, pues “todo aquel” significa que cualquiera y todos los que cumplan con la condición pueden compartir la bendición.  Todos los que contemplen a Jesús, creyendo en El como su Salvador personal, no se perderán, más tendrán vida eterna. Se ha hecho completa provisión para que nosotros podamos tener el galardón eterno.

Cristo es nuestro sacrificio, nuestro sustituto, nuestro garante, nuestro divino intercesor; El nos ha sido hecho justificación, santificación y redención.

Porque no entró Cristo en el santuario hecho de mano, figura del verdadero, sino en el cielo mismo para presentarse ahora por nosotros ante Dios” (Heb.9:24)

La intercesión de Cristo en nuestro favor consiste en presentar sus méritos divinos en ofrenda de sí mismo al Padre como nuestro sustituto y garante; porque El ascendió al cielo para hacer expiación por nuestras transgresiones. 

“..Si alguno hubiere pecado, abogado tenemos con el Padre, a Jesucristo el justo. Y El es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo” (1 Juan 2: 1,2). “En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que El nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados” (1 Juan 4:10) “..Puede también salvar perpetuamente a los que por El se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos” (Heb.7:25).

Por esto pasajes resulta evidente que no es la voluntad de Dios que seamos cavilosos y torturemos nuestra alma con el temor de que Dios no nos aceptará porque somos pecadores e indignos. 

“Acercaos a Dios, y El se acercará a vosotros” (Sant.4:8)

Presenta tu caso delante de El, invocando los méritos de la sangre derramada por ti en la cruz del Calvario. Jesús vino al mundo para salvar pecadores.

“..La sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado” (1 Juan 1:7). “Si confesamos nuestros pecados, El es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad” (vers.9). 

No hay en mi mérito o bondad por la cual pueda reclamar la salvación, pero presento delante de Dios la sangre totalmente expiatoria del inmaculado Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.  Este es mi único ruego.  El nombre de Jesús me da acceso al Padre.  Su oído, su corazón, están abiertos a mi súplica más débil, y El suple mis necesidades más profundas.  (Elena White)

 

 

FE Y OBRAS–parte 44-

“SIN FE ES IMPOSIBLE AGRADAR A DIOS”(Heb.11:6)-“LA FE SIN OBRAS ES MUERTA” (Sant.2:20)

ESTO ES JUSTIFICACIÓN POR LA FE

Cuando el pecador penitente, contrito delante de Dios, comprende el sacrificio de Cristo en su favor y acepta este sacrificio como su única esperanza en esta vida y en la vida futura, sus pecados son perdonados.  Esto es justificación por la fe. Cada alma creyente debe conformar enteramente su voluntad a la voluntad de Dios y mantenerse en un estado de arrepentimiento y contrición, ejerciendo fe en los méritos expiatorios del Redentor y avanzando de fortaleza en fortaleza, de gloria en gloria.

El perdón y la justificación son una y la misma cosa.  Mediante la fe, el creyente pasa de la posición de un rebelde, un hijo del pecado y de Satanás, a la posición de un leal súbdito de Jesucristo, no en virtud de una bondad inherente, sino porque Cristo lo recibe como hijo suyo por adopción. El pecador recibe el perdón de sus pecados, porque estos pecados son cargados por su Sustituto y Garante. 

El Señor le dice a su Padre celestial: “Este es mi hijo.  Suspendo la sentencia de condenación de muerte que pesa sobre él, dándole mi póliza de seguro de vida- vida eterna- en virtud de que yo he tomado su lugar y he sufrido por sus pecados.  Ciertamente, él es mi hijo amado”.  De esa manera el hombre, perdonado y cubierto con las hermosas vestiduras de la justicia de Cristo, comparece sin tacha delante de Dios.

El pecador puede errar, pero no es desechado sin misericordia.  Su única esperanza, sin embargo, es el arrepentimiento para con Dios y la fe en el Señor Jesucristo.  Es prerrogativa del Padre perdonar nuestras transgresiones y nuestros pecados, porque Cristo ha tomado sobre si nuestra culpa y ha suspendido la sentencia que pendía sobre nosotros, imputándonos su propia justicia.  Su sacrificio satisface plenamente los requerimientos de justicia.

La justificación es lo opuesto a la condenación.  La ilimitada misericordia de Dios se ejerce sobre los que son totalmente indignos.  El perdona transgresiones y pecados por amor a Jesús, quien se ha convertido en la propiciación por nuestros pecados.  Mediante la fe en Cristo, el transgresor culpable entra en el favor de Dios y en la firme esperanza de la vida eterna.

 

 

FE Y OBRAS–parte 43-

“SIN FE ES IMPOSIBLE AGRADAR A DIOS”(Heb.11:6)-“LA FE SIN OBRAS ES MUERTA” (Sant.2:20)

LA EXPERIENCIA DE LA JUSTIFICACIÓN POR LA FE ES DELINEADA

CRISTO. EL CAMINO DE LA VIDA

LA FE, CONDICIÓN DE LA PROMESA

Sin la gracia de Cristo, el pecador está en una condición desvalida.  No puede hacerse nada por él, pero mediante la gracia divina se imparte al hombre poder sobrenatural que obra en la mente, el corazón y el carácter. Mediante la comunicación de la gracia de Cristo, el pecado es discernido en su aborrecible naturaleza y finalmente expulsado del templo del alma.

Mediante la gracia, somos puestos en comunión con Cristo para estar asociados con El en la obra de salvación. La fe es la condición por la cual Dios ha visto conveniente prometer perdón a los pecadores; no porque haya virtud alguna en la fe que haga merecer la salvación, sino porque la fe puede aferrarse a los méritos de Cristo, el remedio provisto para el pecado. 

La fe puede presentar la perfecta obediencia de Cristo en lugar de la transgresión y la apostasía del pecador. Cuando el pecador cree que Cristo es su Salvador personal, entonces, de acuerdo con la promesa infalible de Jesús, Dios le perdona su pecado y lo justifica gratuitamente.  El alma arrepentida comprende que su justificación viene de Cristo que, como su Sustituto y Garante, ha muerto por ella, y es su expiación y justificación.

”Creyó Abrahán a Dios, y le fue contado por justicia.  Pero al que obra, no se le cuenta el salario como gracia, sino como deuda; más al que no obra, sino cree en Aquel que justifica al impío, su fe le es contada por justicia” (Rom.4:3-5).

La justicia es obediencia a la Ley. La Ley demanda justicia, y ante la Ley, el pecador debe ser justo.  Pero es incapaz de serlo.  La única forma en que puede obtener la justicia es mediante la fe.  Por fe puede presentar a Dios los méritos  de Cristo, y el Señor coloca la obediencia de su Hijo en la cuenta del pecador.  La justicia de Cristo es aceptada en lugar del fracaso del hombre, y Dios recibe, perdona y justifica al alma creyente y arrepentida, la trata como si fuera justa, y la ama como ama a su Hijo.  De esta manera, la fe contada como justicia y el alma perdonada avanza de gracia en gracia, de la luz a una luz mayor.  Puede decir con regocijo;

“No por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo, el cual derramó en nosotros abundantemente por Jesucristo nuestro Salvador, para que justificados por su gracia, viniésemos a ser herederos conforme a la esperanza de la vida eterna” (Timoteo 3:5-7).

También está escrito:

”Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, le dio potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios” (Juan 1:12, 13). 

Jesús declaró:

“El que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios” (Juan 3:3). “El que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios” (Juan 3:5). 

No se coloca delante de nosotros una norma baja, pues hemos de llegar a ser los hijos de Dios.  Hemos de ser salvados individualmente y, en el día del examen y de la prueba, podremos ver la diferencia entre el que sirve a Dios y el que no le sirve.  Somos salvados como creyentes individuales en el Señor Jesucristo. Muchos se extravían porque piensan que deben trepar hasta el cielo, que deben hacer algo para merecer el favor de Dios.

Procuran mejorar mediante sus propios esfuerzos, sin ayuda.  Esto nunca lo pueden realizar. Cristo ha abierto el camino al morir como nuestro sacrificio, al vivir como nuestro ejemplo, al llegar a ser nuestro gran Sumo Sacerdote. El declara:

“Yo soy el camino, y la verdad, y la vida”  (Juan 14:6)

Si mediante algún esfuerzo propio pudiéramos avanzar un paso hacia la escalera, las palabras de Cristo no serian verdaderas.  Pero cuando aceptamos a Cristo, aparecerán las buenas obras como fructífera evidencia de que estamos en el camino de la vida, de que Cristo es nuestro camino y de que estamos recorriendo el verdadero sendero que conduce al cielo.

Cristo mira el espíritu, y cuando nos ve llevando nuestra carga con fe, su perfecta santidad hace expiación de nuestras faltas. Cuando hacemos lo mejor que podemos, El llega a ser nuestra justicia.  Se necesita de cada rayo de luz que Dios nos envía, para convertirnos en la luz del mundo.   (Elena White)

 

FE Y OBRAS–parte 42-

“SIN FE ES IMPOSIBLE AGRADAR A DIOS”(Heb.11:6)-“LA FE SIN OBRAS ES MUERTA” (Sant.2:20)

LA EXPERIENCIA DE LA JUSTIFICACIÓN POR LA FE ES DELINEADA

CRISTO, EL CAMINO DE LA VIDA

“Jesús vino a Galilea predicando el Evangelio del reino de Dios, diciendo: El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el Evangelio” (Mar.1:14,15).

El arrepentimiento está relacionado con la fe, y no es presentado con insistencia en el Evangelio como esencial para la salvación. Pablo predicó el arrepentimiento. Dijo:

Nada que fuese útil he rehuido de anunciaros y enseñaros, públicamente y por las casas, testificando a judíos y a gentiles acerca del arrepentimiento para con Dios, y de la fe de nuestro Señor Jesucristo” (Hech.20:20,21).

No hay salvación sin arrepentimiento.  Ningún pecador impenitente puede creer con su corazón para justicia.  El arrepentimiento es descrito por Pablo como un piadoso dolor por el pecado. Este arrepentimiento no tiene en sí ningún mérito por naturaleza, sino que prepara al corazón para la aceptación de Cristo como el único Salvador, la única esperanza del pecador perdido.

Cuando el pecador contempla la Ley, le resulta clara su culpabilidad, y queda expuesta ante su conciencia, y es condenado. Su único consuelo y esperanza se encuentran en acudir a la cruz del Calvario.  Al confiar en las promesas, aceptando lo que dice Dios, recibe alivio y paz en su alma. Su fe se aferra a Cristo, y es justificado delante de Dios.

Pero al paso que Dios  puede ser justo y sin embargo justificar al pecador por los méritos de Cristo, nadie puede cubrir su alma con el manto de justicia de Cristo mientras practique pecados conocidos, o descuide deberes conocidos.  Dios requiere la entrega completa del corazón antes de que pueda efectuarse la justificación, debe haber una obediencia continua mediante una fe activa y viviente que obre por el amor y purifique el alma.

Santiago escribe de Abrahán y dice:

“¿No fue justificado por las obras Abrahán nuestro padre, cuando ofreció a su hijo Isaac sobre el altar? ¿No ves que la fe actuó juntamente con sus obras, y que la fe se perfeccionó por las obras?

Y se cumplió la Escritura que dice:

Abrahán  creyó a Dios, y le fue contado por justicia, y fue llamado amigo de Dios.  Vosotros veis, pues, que el hombre es justificado por las obras, y no solamente por la fe” (Sant.2:21-24).

A fin de que el hombre sea justificado por la fe, la fe debe alcanzar un punto donde domine los afectos e impulsos del corazón; y mediante la obediencia, la fe misma es hecha perfecta.  (Elena White)

 

 

FE Y OBRAS–parte 41-

“SIN FE ES IMPOSIBLE AGRADAR A DIOS”(Heb.11:6)-“LA FE SIN OBRAS ES MUERTA” (Sant.2:20)

LA FE Y LAS OBRAS VAN DE LA MANO

UNA DOCTRINA LLENA DE ENGAÑO

La justificación propia es el peligro de esta era; separa al alma de Cristo.  Los que confían en su propia justicia no pueden entender como la salvación viene por medio de Cristo. Al pecado llaman justicia, y a la justicia, pecado.  No perciben la malignidad de la transgresión, ni comprenden la Ley; porque no respetan la norma moral de Dios. La razón por la cual hay tantas conversiones espurias en estos días es porque hay una estimación muy baja de la Ley de Dios.

En lugar de la norma divina de justicia, los hombres han erigido un patrón de su propia hechura por el cual miden el carácter.  Ven a través de un vidrio, oscuramente, y presentan ante la gente ideas falsas acerca de la santificación, estimulando así el egoismo, el orgullo y la justificación propia. 

La doctrina de la santificación que muchos propugnan está llena de engaño, porque es halagadora del corazón humano; pero lo más bondadoso que se le puede predicar al pecador es la verdad de los requerimientos obligatorios de la Ley de Dios.  La fe y las obras deben ir de la mano; porque la fe sola, sin obras, es muerta.

LA PRUEBA DE TODA DOCTRINA

El profeta declara una verdad por la cual podemos probar toda doctrina.  Dice:

“¡A la Ley y al testimonio! Si no dijeren conforme a ésto, es porque no le ha amanecido” (Isa.8:20).

Aunque el error abunda en el mundo, no hay razón para que los hombres permanezcan en el engaño.  La verdad es clara, y cuando se la compara con el error, se puede discernir su carácter. Todos los súbditos de la gracia de Dios pueden comprender lo que se requiere de ellos. Mediante la fe podemos conformar nuestras vidas a la norma de justicia, porque podemos apropiarnos de la justicia de Cristo.

El honesto buscador de la verdad encontrará en la Palabra de Dios la regla para la santificación genuina. El apóstol dice:

“Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu…Porque lo que era imposible para la Ley, por cuanto era débil por la carne, Dios, enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado y a causa del pecado, condenó al pecado en la carne; para que la justicia de la Ley se cumpliese en nosotros, que no andamos conforme a la carne, sino conforme al Espíritu.

Porque los son de la carne piensan en las cosas de la carne; pero los que son del Espíritu, en las cosas de Espíritu.  Porque el ocuparse de la carne  es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz.  Por cuanto los designios de la carne son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la Ley de Dios, ni tampoco pueden; y los que viven según la carne no pueden agradar a Dios. Más vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros” (Rom.8:1-9).

FE Y OBRAS–parte 40-

“SIN FE ES IMPOSIBLE AGRADAR A DIOS”(Heb.11:6)-“LA FE SIN OBRAS ES MUERTA” (Sant.2:20)

COMO APROPIARSE DE LA JUSTICIA DE CRISTO

LA CRUZ DEL CALVARIO –parte 2-

El que está intentando alcanzar el cielo por sus propias obras al guardar la Ley, está intentando un imposible.  El hombre no puede ser salvado sin la obediencia, pero sus obras no deben ser propias. Cristo debe efectuar en él tanto el querer como el hacer la buena voluntad de Dios. Si el hombre pudiera salvarse por sus propias obras, podría tener algo en sí mismo por lo cual regocijarse.

Todo lo que hombre pueda hacer sin Cristo está contaminado con egoísmo y pecado, pero lo que se efectúa mediante la fe es aceptable ante Dios.  El alma hace progresos cuando procuramos ganar el cielo mediante los méritos de Cristo. “Puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de nuestra fe”, podemos proseguir de fortaleza en fortaleza, de victoria en victoria, pues mediante Cristo la gracia de Dios ha obrado nuestra completa salvación.

LA FE Y LAS OBRAS VAN DE LA MANO

¿QUE DEBO HACER PARA HEREDAR LA VIDA ETERNA?

Jesús murió para salvar a su pueblo de sus pecados, y la redención en Cristo significa cesar de transgredir la Ley de Dios y liberarse de todo pecado; ningún corazón que está agitado de enemistad contra la Ley de Dios está en armonía con Cristo, quien sufrió en el Calvario para vindicar y exaltar la Ley delante del universo.

Los que hacen osadas pretensiones de santidad demuestran, por esto mismo, que no se ven a la luz de la Ley; no están espiritualmente esclarecidos, y no aborrecen todo género de egoísmo y orgullo.  De sus labios contaminados por el pecado fluyen las contradictorias declaraciones: “Soy santo, soy impecable, Jesús me enseña que si guardo la Ley estoy destituido de la gracia.  La Ley es un yugo de esclavitud”.

El Señor dice: «Bienaventurados los que guardan sus mandamientos, para que su potencia sea en el árbol de la vida, y que entren por la puertas de la ciudad”. Deberíamos estudiar cuidadosamente la Palabra de Dios a fin de que podamos tomar decisiones correctas, y actuar consecuentemente; porque entonces obedeceremos la Palabra y estaremos en armonía con la santa Ley de Dios.

NO SOMOS SALVADOS POR LA LEY, NI  EN DESOBEDIENCIA

Si bien  debemos estar en armonía con la Ley de Dios, no somos salvados por las obras de la Ley; sin embargo, no podemos ser salvados sin obediencia.

La Ley es la norma por cual se mide el carácter.  Pero no nos es posible guardar los mandamientos de Dios sin la gracia regeneradora de Cristo.  Solo Jesús puede limpiarnos de todo pecado.  El no nos salva mediante la Ley, pero tampoco nos salvará  en desobediencia a la Ley.

Nuestro amor a Cristo será proporcional a la profundidad de nuestra convicción de pecado, y por medio de la Ley es el conocimiento del pecado.  Pero, cuando nos observamos a nosotros mismos, fijemos la mirada en Jesús, quien se dio a sí mismo por nosotros a fin de redimirnos de toda iniquidad.  Mediante la fe apropiémonos de los méritos  de Cristo, y la sangre purificadora del alma será aplicada. 

Cuanto más claramente vemos los males y los peligros a los cuales hemos estado expuestos, más agradecidos hemos de estar por la liberación mediante Cristo.  El Evangelio de Cristo no da a los hombres licencia para transgredir la Ley, porque fue la causa de la transgresión sobre este mundo. 

El pecado es tan maligno hoy como lo era en los días de Adán.  El Evangelio no promete el favor de Dios para nadie que quebrante impenitentemente su Ley. La depravación del corazón humano, la culpabilidad de la transgresión, la ruindad del pecado, todo es puesto de manifiesto por medio de la cruz donde Cristo ha aparejado para nosotros una vía de escape.  (Elena White)

 

 

FE Y OBRAS–parte 39-

“SIN FE ES IMPOSIBLE AGRADAR A DIOS”(Heb.11:6)-“LA FE SIN OBRAS ES MUERTA” (Sant.2:20)

 COMO APROPIARSE DE LA JUSTICIA DE CRISTO

 LLAMADOS A SER MAYORDOMOS FIELES

Dios llama a quienes ha confiado sus bienes a desempeñarse como mayordomos fieles.  El Señor desearía que todas las cosas de interés temporal ocupasen un lugar secundario en nuestro corazón y nuestros pensamientos; pero Satanás quiere que los asuntos terrenales tomen el primer lugar en nuestras vidas.  El Señor quisiera que aprobáramos las cosas que son excelentes. 

El nos muestra el conflicto en el cual tenemos que participar, revela el carácter y el plan de redención. Expone delante de todos los peligros que enfrentaremos, el renunciamiento que se requerirá, y nos insta a medir el costo, asegurándonos que si nos comprometemos celosamente en el conflicto, el poder divino se combinará con el esfuerzo humano. 

La lucha del cristiano no es una lucha contra carne y sangre, sino contra principados, contra potestades, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes.  El cristiano tiene que lidiar con fuerzas sobrenaturales, pero no es dejado solo para enfrentar el conflicto.  El Salvador es el Capitán de su salvación, y con El puede el hombre ser más que vencedor.

El Redentor del mundo no quiere que el hombre ignore los ardides de Satanás.  La vasta confederación del mal está alineada en contra de los que podrían vencer; pero Cristo quiere que dirijamos la mirada hacia las cosas que no se ven, a los ejércitos del cielo que acampan alrededor de los que aman a Dios, para librarlos.  Los ángeles del cielo están interesados en el hombre. 

El poder de la Omnipotencia está al servicio de los que  confían en Dios.  El Padre acepta la justicia de Cristo en favor de sus seguidores, y éstos están rodeados con la luz y la santidad que Satanás no puede penetrar.  La voz del Capitán de nuestra salvación habla a sus seguidores, diciendo:

“Confiad, YO he vencido al mundo. YO soy vuestro amparo; avanzad hacia la victoria”

LA CRUZ DEL CALVARIO –parte 1-

Mediante Cristo, se dan al hombre tanto restauración como reconciliación. El abismo abierto por el pecado ha sido salvado por la cruz del Calvario.  Un rescate pleno y completo ha sido pagado por Jesús en virtud del cual el pecador es perdonado y es mantenida la justicia de la Ley.

Todos los que creen que Cristo es el sacrificio expiatorio pueden ir y recibir el perdón de sus pecados, pues mediante los méritos de Cristo se  ha abierto la comunicación entre Dios y el hombre.  Dios puede aceptarme como su hijo y yo puede tener derecho a El y puedo regocijarme en El como en mi Padre amante.

Debemos centralizar nuestras esperanzas del cielo únicamente en Cristo, pues El es nuestro Sustituto y Garante.  Hemos transgredido la Ley de Dios, y por la obras de la Ley ninguno será justificado. Los mejores esfuerzos que pueda hacer el hombre con su propio poder son inútiles para responder ante la Ley santa y justa que ha transgredido, pero mediante la fe en Cristo puede demandar la justicia del Hijo de Dios como plenamente suficiente.

Cristo satisfizo las demandas de la Ley en su naturaleza humana.  Llevó la maldición de la Ley en lugar del pecador, hizo expiación por él, a fin de que “todo aquel que en El cree, no se pierda mas tenga vida eterna”. La fe genuina se apropia de la justicia de Cristo y el pecador es hecho vencedor con Cristo, pues se lo hace participante de la naturaleza divina, y así se combinan la divinidad y la humanidad. 

Continúa en parte 40

FE Y OBRAS–parte 38-

“SIN FE ES IMPOSIBLE AGRADAR A DIOS”(Heb.11:6)-“LA FE SIN OBRAS ES MUERTA” (Sant.2:20)

 COMO APROPIARSE DE LA JUSTICIA DE CRISTO

 LA DEBILIDAD ESPIRITUAL ES INEXCUSABLE

Los que creen plenamente en la justicia de Cristo, y lo contemplan con una fe viva, conocen al Espíritu de Cristo y son conocidos por Cristo.  La fe sencilla capacita al creyente a considerarse verdaderamente muerto al pecado, pero vivo para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro. Por gracia somos salvos por medio de nuestra fe; y ésto no de nosotros, pues es don de Dios. 

Si tratáramos de exponer estas preciosas promesas a los sabios según el mundo, ellos no harían sino ridiculizarnos, porque “el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y nos las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente” (1Cor.2:14).

Cuando Jesús estaba por ascender al cielo, dijo a sus discípulos: “Yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre; el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros” (Juan 14:16,17).

Dijo además: “El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ama, será amado de mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él” (vers.21).

Hay muchos que encuentran satisfacción en identificarse con falsas doctrinas, para que no haya perturbación o diferencia entre ellos y el mundo; pero los hijos de Dios deben dar testimonio de la verdad, no sólo por medio de la voz, sino mediante el espíritu y el carácter.  Nuestro Salvador declara que el mundo no puede recibir el espíritu de verdad. 

Ellos no pueden discernir la verdad, porque no disciernen a Cristo, el Autor de la verdad.  Discípulos tibios, profesos insensibles, que no están imbuidos  del Espíritu de Cristo, no son capaces de discernir la preciosidad de su justicia, sino que procuran establecer su propia justicia.

El mundo busca las cosas del mundo: negocios, honor mundanal, ostentación, gratificación egoísta.  Cristo trata de romper este hechizo que mantiene a los hombres alejados de El. Trata de llamar  la atención de los hombres al mundo venidero, que Satanás se las ha ingeniado para eclipsar con su propia sombra. 

Cristo pone el mundo eterno al alcance de la vista de los hombres, presenta sus atractivos delante de ellos, les dice que ha de preparar mansiones para ellos, y que vendrá otra vez y los tomará a sí mismo. Es el propósito de Satanás llenar de tal manera la mente con amor desordenado por las cosas sensuales que el amor de Dios y el anhelo del cielo sean expulsados del corazón.  (Elena White)

 

 

 

FE Y OBRAS–parte 37-

“SIN FE ES IMPOSIBLE AGRADAR A DIOS”(Heb.11:6)-“LA FE SIN OBRAS ES MUERTA” (Sant.2:20)

OBEDIENCIA Y SANTIFICACIÓN

NO HAY QUE CONFIAR EN LOS HOMBRES

Nuestra fe no debe apoyarse en la capacidad de los hombres sino en el poder de Dios.  Es peligroso confiar en los hombres, aún cuando puedan haber sido usados por Dios para realizar una obra grande y buena.  Cristo debe ser nuestra fortaleza y nuestro refugio. 

Los mejores hombres pueden desviarse de su rectitud, y la mejor religión, cuando se corrompe, es siempre más peligrosa en su influencia sobre las mentes. La religión pura y viva consiste en la obediencia a toda palabra que sale de la boca de Dios. La justicia exalta a una nación, y la falta de ella degrada y corrompe al hombre.

“CREAN, TAN SOLO CREAN”

Hoy en día se pronuncian desde los púlpitos las siguientes palabras: “Crean, tan sólo crean. Tengan fe en Cristo; no tienen nada que hacer con la antigua Ley; tan sólo confíen en Cristo”. ¡Cuán diferentes son estas palabras de las del apóstol que declara que la fe sin obras en muerta! El dice:

“Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos” (Sant.1:22).

Debemos poseer la fe que obra por amor y purifica el alma.  Muchos procuran sustituir una fe superficial con una vida recta y piensan que por medio de ésto obtendrán la salvación.

El Señor requiere en la actualidad exactamente lo que requirió de Adán en el Edén: la perfecta obediencia a la Ley de Dios.  Debemos poseer una rectitud sin defecto, sin tacha alguna. Dios dio a su Hijo para que muriera por el mundo, pero El no murió para abrogar la Ley que era santa, justa y buena.

El sacrificio de Cristo en el Calvario es un argumento incontestable que muestra inmutabilidad de la Ley.  Su penalidad fue sufrida por el Hijo de Dios a favor del hombre culpable, para que mediante los méritos de Aquel, el pecador pudiera por  la fe  en su nombre obtener la virtud de su carácter inmaculado.

Se le dio al pecador una segunda oportunidad de guardar la Ley de Dios mediante la fortaleza de su divino Redentor. La cruz del Calvario condena para siempre la idea que Satanás ha colocado delante del mundo cristiano que la muerte de Cristo abolió no solamente el sistema típico de sacrificios y ceremonias sino también la inmutable Ley de Dios, el fundamento de su trono, la transcripción de su carácter.

Por medio de todos los artificios posibles Satanás ha procurado invalidar la eficacia del sacrificio del Hijo de Dios, hacer que su expiación sea inútil y su misión un fracaso.  Ha sostenido que la muerte de Cristo hizo innecesaria la obediencia a la Ley y permitió que el pecador obtuviera, sin abandonar el pecado, el favor de un Dios Santo.  Ha declarado que la norma del Antiguo Testamento fue rebajada en el Evangelio y que los hombres pueden acudir a Cristo, no para ser salvados de sus pecados sino en sus pecados.

Pero cuando Juan vio a Jesús, anunció su misión diciendo:

“He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” (Juan 1:29).

Para toda alma arrepentida, el mensaje es:

“Venid luego, dice Jehová, y estemos a cuenta: si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana” (Isa.1:18).