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FE Y OBRAS–parte 46-

“SIN FE ES IMPOSIBLE AGRADAR A DIOS”(Heb.11:6)-“LA FE SIN OBRAS ES MUERTA” (Sant.2:20)

ACEPTADOS EN CRISTO

ESTO ES JUSTIFICACIÓN

Es la justicia de Cristo lo que hace que el pecador penitente sea aceptable ante Dios y lo que obra su justificación. No importa cuán pecaminosa haya sido su vida, si cree en Jesús como su Salvador personal, comparece delante de Dios con las vestiduras inmaculadas de la justicia imputada de Cristo.

El pecador que tan recientemente estaba muerto en transgresiones y pecados es vivificado por la fe en Cristo.  Ve, mediante la fe, que Jesús es su Salvador, y, vivo por los siglos de los siglos, puede salvar “perpetuamente a (todos) los que se acercan a Dios”.  En la expiación realizada en su favor el pecador ve tal anchura, longitud, altura y profundidad –ve plenitud de salvación, comprada a un costo tan infinito- que su alma se llena de loor y gratitud. 

Ve como en un espejo la gloria del Señor y es transformado en la misma imagen como por el Espíritu del Señor. Ve el manto de justicia de Cristo, tejido en el telar del cielo, forjado por su obediencia e imputado al alma arrepentida mediante la fe en su nombre. Tenemos un Salvador viviente. No se halla en el sepulcro nuevo de José, resucitó y ascendió al cielo como Sustituto y Garante de cada alma creyente.

“Justificados, pues, por la fe, tenemos paz  para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo” (Rom.5:1)

El pecador es justificado por los méritos de Jesús, y ésto es el reconocimiento de Dios de la perfección del rescate pagado a favor del hombre.  El hecho de que Cristo fue obediente hasta la muerte, y muerte de cruz, es prenda de aceptación del pecador arrepentido por parte del Padre.  Entonces, ¿nos permitiremos tener una experiencia vacilante de dudar y creer, creer y dudar? Jesús es la prenda de nuestra aceptación por parte de Dios.

Tenemos el favor de Dios, no porque haya mérito alguno en nosotros, sino por nuestra fe en “el Señor, nuestra justicia”.

Jesús está en el Lugar Santísimo, para comparecer por nosotros ante la presencia de Dios.  Allí, no cesa de presentar a su pueblo momento tras momento, como completo en El. Pero, por estar así representados delante del Padre, no hemos de imaginar que podemos abusar de su misericordia y volvernos descuidados, indiferentes y licenciosos. Cristo no es el ministro del pecado. Estamos completos en El, aceptados en el Amado, únicamente si permanecemos en El por fe.

Nunca podemos alcanzar la perfección por medio de nuestras propias obras buenas. El alma que contempla a Jesús mediante la fe, repudia su propia justicia.  Se ve a sí misma incompleta, y considera su arrepentimiento como insuficiente, débil su fe más vigorosa, magro su sacrificio más costoso; y se abate con humildad al pie de la cruz.  Pero una voz le habla desde los oráculos de la Palabra de Dios.

“Vosotros estáis completos en El”. Ahora toda está en paz en su alma.  Ya no tiene que luchar más para encontrar algún mérito en sí mismo, algún acto meritorio por medio del cual ganar el favor de Dios.     (Elena White)

 

 

 

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