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Posts Tagged ‘de la mano’

LAS PROMESAS DE LA BIBLIA-parte 25-

GUÍA

Entonces tus oídos oirán a tus espaldas palabra que diga: Este es el camino, andad por él; y no echéis a la mano derecha, ni tampoco torzáis a la mano izquierda.  (Isaías 30:21)

Porque este Dios es Dios nuestro eternamente y para siempre; El nos guiará aún más allá de la muerte.  (Salmo 48:14)

El corazón del hombre piensa su camino; Más Jehová endereza sus pasos.  (Proverbios 16:9)

Por Jehová son ordenados los pasos del hombre, Y él aprueba su camino.  (Salmo 37:23)

Porque su Dios le instruye, y le enseña lo recto.  (Isaías 28:26)

La justicia del perfecto enderezará su camino; Más el impío por su impiedad caerá.  (Proverbios 11:5)

Reconócelo en todos tus caminos, Y él enderezará tus veredas.  (Proverbios 3:6)

Y guiaré a los ciegos por camino que no sabían, les haré andar por sendas que no habían conocido; delante de ellos cambiaré las tinieblas en luz, y lo escabroso en llanura. Estas cosas les haré, y no los desampararé. (Isaías 42:16)

…yo siempre estuve contigo; Me tomaste de la mano derecha. Me has guiado según tu consejo, Y después me recibirás en gloria.  (Salmo 73:23, 24)

Te haré entender, y te enseñaré el camino en que debes andar; Sobre ti fijaré mis ojos.  (Salmo 32:8)

HONRADEZ

No hurtaréis, y no engañaréis ni mentiréis el uno al otro.  (Levítico 19:11)

¿Hay aún en casa del impío tesoros de impiedad, y medida escasa que es detestable?   ¿Daré por inocente al que tiene balanza falsa y bolsa de pesas engañosas?  Sus ricos se colmaron de rapiña, y sus moradores hablaron mentira, y su lengua es engañosa en su boca.  (Miqueas 6:10-12)

No hagáis injusticia en juicio, en medida de tierra, en peso ni en otra medida.  (Levítico 19:35)

El peso falso es abominación a Jehová; Más la pesa cabal le agrada.  (Proverbios 11:1)

Pesa exacta y justa tendrás; efa cabal y justo tendrás, para que tus días sean prolongados sobre la tierra que Jehová tu Dios te da.  Porque abominación es a Jehová tu Dios cualquiera que hace ésto, y cualquiera que hace injusticia.  (Deuteronomio 25:15, 16)

Que ninguno agravie ni engañe en nada a su hermano; porque el Señor es vengador de todo ésto, como ya os hemos dicho y testificado.  Pues no nos ha llamado Dios a inmundicia, sino a santificación.  (1 Tesalonicenses 4:6, 7)

No mintáis los unos a los otros, habiéndoos despojado del viejo hombre con sus hechos y revestido del nuevo, el cual conforme a la imagen del que lo creó se va renovando hasta el conocimiento pleno.  (Colosenses 3:9, 10)

El impío toma prestado, y no paga; Más el justo tiene misericordia, y da.  (Salmo 37:21)

No te niegues a hacer el bien a quien es debido, Cuando tuvieres poder para hacerlo.  (Proverbios 3:27)

Y cuando vendiereis algo a vuestro prójimo, o comprareis de mano de vuestro prójimo, no engañe ninguno a su hermano.  (Levítico 25:14)

Y no engañe ninguno a su prójimo, sino temed a vuestro Dios; porque yo soy Jehová vuestro Dios.  (Levítico 25:17)

Mejor es lo poco con justicia Que la muchedumbre de frutos sin derecho.  (Proverbios 16:8)

El que camina en justicia y habla lo recto; el que aborrece la ganancia de violencias, el que sacude sus manos para no recibir cohecho, el que tapa sus oídos para no oír propuestas sanguinarias; el que cierra sus ojos para no ver cosa mala; éste habitará en las alturas; fortaleza de rocas será su lugar de refugio; se le dará su pan, y sus aguas serán seguras.  (Isaías 33:15, 16)

 

 

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ESPERANZA PARA EL PLANETA TIERRA – EL FUTURO BRILLANTE DE UNA RAZA CAIDA –parte 48-

COMO SOMOS SALVOS –parte 15-

LA FE Y LAS OBRAS –parte 2-

“Porque no son los oidores de la ley los justos ante Dios, sino los hacedores de la ley serán justificados” (Romanos 2:13). El apóstol Pablo declara en repetidas ocasiones que la salvación es por la fe, pero luego dice que seremos juzgados por nuestras obras (Romanos 2:6). Si soy salvo por la fe, ¿no sería lógico que Dios me juzgara también por la fe?

Pero el panorama se complica aún más cuando el apóstol Pablo nos dice que Abrahán fue justificado por la fe (Romanos 4:3) y Santiago declara que fue justificado por las obras (Santiago 2:21), y que “el hombre es justificado por las obras, y no solamente por la fe” (Santiago 2:24).

¿Cómo reconciliamos estas aparentes discrepancias en el testimonio bíblico en cuanto a la fe y las obras? Creo que la respuesta se halla en Efesios 2:8-10, en donde el apóstol Pablo emplea tres palabras claves: gracia, fe y obras.  Citemos los versículos 8-9; “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y ésto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe”.

Muchos cristianos dejan de leer en el versículo 9 y llegan a la conclusión de que Dios no exige buenas obras.  Pero leamos el “Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas”.

La gracia es la mano de Dios que se extiende al hombre y la fe es la mano del hombre que se extiende en respuesta a Dios.   Cuando la mano de la fe se aferra de la mano de la gracia, habrá buenas obras.  Pero éstas han sido preparadas por Dios para que andemos en ellas.  Por haber nacido de nuevo en Cristo, El hace las obras en nosotros.

Pablo y Santiago NO se contradicen, simplemente están luchando contra dos diferentes enemigos del Evangelio.  Pablo les escribe a los judíos, quienes creían que si se portaban bien Dios los tenía que salvar. Las “obras de la ley” que menciona Pablo son malas porque se hacen para ganar méritos ante Dios.  Pablo se enfrentó a aquellos que dicen ¿si guardo la Ley, Dios me va a salvar”.

Pero Santiago se enfrentó a otro enemigo mortal del Evangelio de Cristo. Según parece, algunos cristianos –como sucede también hoy día- habían tergiversado  la teología de Pablo y decían que como eran salvos por fe, las obras no tenían ninguna importancia; decían que tenían fe, pero entraban a la iglesia cuellierguidos e ignoraban las obras de caridad a favor de los necesitados (Ver Santiago 2:14-16). 

Las obras para Santiago son aquellas que vienen como fruto de la salvación. Si Pablo y Santiago vivieran hoy,  Pablo diría: “Por gracia sois salvos por medio de la fe”, Santiago respondería “por una fe que obra”.

Las obras son la evidencia de una fe genuina, son el fruto de la salvación. Las obras no nos salvan, pero si revelan que hemos sido salvos.  La fe sin obras es muerta; una fe viva producirá buenas obras. Por eso es que somos salvos por la fe, pero seremos juzgados por obras.  En el juicio las obras demostrarán si nuestra fe es genuina.

La fe y las obras son como los remos de un bote: se necesitan los dos para avanzar en línea recta en la vida cristiana. La fe es el poder que impulsa nuestra vida espiritual y las obras vienen como resultado. 

-Continúa en parte 49-

 

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FE Y OBRAS–parte 40-

“SIN FE ES IMPOSIBLE AGRADAR A DIOS”(Heb.11:6)-“LA FE SIN OBRAS ES MUERTA” (Sant.2:20)

COMO APROPIARSE DE LA JUSTICIA DE CRISTO

LA CRUZ DEL CALVARIO –parte 2-

El que está intentando alcanzar el cielo por sus propias obras al guardar la Ley, está intentando un imposible.  El hombre no puede ser salvado sin la obediencia, pero sus obras no deben ser propias. Cristo debe efectuar en él tanto el querer como el hacer la buena voluntad de Dios. Si el hombre pudiera salvarse por sus propias obras, podría tener algo en sí mismo por lo cual regocijarse.

Todo lo que hombre pueda hacer sin Cristo está contaminado con egoísmo y pecado, pero lo que se efectúa mediante la fe es aceptable ante Dios.  El alma hace progresos cuando procuramos ganar el cielo mediante los méritos de Cristo. “Puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de nuestra fe”, podemos proseguir de fortaleza en fortaleza, de victoria en victoria, pues mediante Cristo la gracia de Dios ha obrado nuestra completa salvación.

LA FE Y LAS OBRAS VAN DE LA MANO

¿QUE DEBO HACER PARA HEREDAR LA VIDA ETERNA?

Jesús murió para salvar a su pueblo de sus pecados, y la redención en Cristo significa cesar de transgredir la Ley de Dios y liberarse de todo pecado; ningún corazón que está agitado de enemistad contra la Ley de Dios está en armonía con Cristo, quien sufrió en el Calvario para vindicar y exaltar la Ley delante del universo.

Los que hacen osadas pretensiones de santidad demuestran, por esto mismo, que no se ven a la luz de la Ley; no están espiritualmente esclarecidos, y no aborrecen todo género de egoísmo y orgullo.  De sus labios contaminados por el pecado fluyen las contradictorias declaraciones: “Soy santo, soy impecable, Jesús me enseña que si guardo la Ley estoy destituido de la gracia.  La Ley es un yugo de esclavitud”.

El Señor dice: “Bienaventurados los que guardan sus mandamientos, para que su potencia sea en el árbol de la vida, y que entren por la puertas de la ciudad”. Deberíamos estudiar cuidadosamente la Palabra de Dios a fin de que podamos tomar decisiones correctas, y actuar consecuentemente; porque entonces obedeceremos la Palabra y estaremos en armonía con la santa Ley de Dios.

NO SOMOS SALVADOS POR LA LEY, NI  EN DESOBEDIENCIA

Si bien  debemos estar en armonía con la Ley de Dios, no somos salvados por las obras de la Ley; sin embargo, no podemos ser salvados sin obediencia.

La Ley es la norma por cual se mide el carácter.  Pero no nos es posible guardar los mandamientos de Dios sin la gracia regeneradora de Cristo.  Solo Jesús puede limpiarnos de todo pecado.  El no nos salva mediante la Ley, pero tampoco nos salvará  en desobediencia a la Ley.

Nuestro amor a Cristo será proporcional a la profundidad de nuestra convicción de pecado, y por medio de la Ley es el conocimiento del pecado.  Pero, cuando nos observamos a nosotros mismos, fijemos la mirada en Jesús, quien se dio a sí mismo por nosotros a fin de redimirnos de toda iniquidad.  Mediante la fe apropiémonos de los méritos  de Cristo, y la sangre purificadora del alma será aplicada. 

Cuanto más claramente vemos los males y los peligros a los cuales hemos estado expuestos, más agradecidos hemos de estar por la liberación mediante Cristo.  El Evangelio de Cristo no da a los hombres licencia para transgredir la Ley, porque fue la causa de la transgresión sobre este mundo. 

El pecado es tan maligno hoy como lo era en los días de Adán.  El Evangelio no promete el favor de Dios para nadie que quebrante impenitentemente su Ley. La depravación del corazón humano, la culpabilidad de la transgresión, la ruindad del pecado, todo es puesto de manifiesto por medio de la cruz donde Cristo ha aparejado para nosotros una vía de escape.  (Elena White)

 

 

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