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AMPARO Y FORTALEZA –parte 33-

EL SECRETO DE LA FELICIDAD Y LA VICTORIA-parte 2-

LA CONFESIÓN

El que encubre sus pecados, no prosperará; Más el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia” (Proverbios 28:13).

Las condiciones indicadas para obtener la misericordia de Dios son sencillas, justas y razonables. Confesad vuestros pecados a Dios, el único que puede perdonarlos, y vuestras faltas unos a otros.  Los que no han humillado su alma delante de Dios reconociendo su culpa, no han cumplido todavía la primera condición de la aceptación. Debemos tener la voluntad de humillar nuestros corazones y cumplir con las condiciones de la Palabra de verdad. 

La confesión que brota de lo íntimo del alma sube al Dios de piedad infinita.  La verdadera confesión es siempre de un carácter específico y reconoce pecados particulares. Pero toda confesión debe hacerse definida y directa.  Está escrito:

Si confesamos nuestros pecados, el es fiel y justo para perdonarnos nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad” (1 Juan 1:9).

TU NO PUEDES EXPIAR TUS PECADOS PASADOS, NO PUEDES CAMBIAR TU CORAZÓN Y HACERTE SANTO.  MAS DIOS PROMETE HACER TODO ESTO POR  TI MEDIANTE CRISTO.

CONSAGRACIÓN-parte 1-

La promesa de Dios es:

“y me buscaréis y me hallaréis porque me buscaréis de todo vuestro corazón” (Jeremías 29:13)

Debemos dar a Dios todo el corazón, o no se realizará el cambio que se ha de efectuar en nosotros, por lo cual hemos de ser transformados conforme a la semejanza divina.  La guerra contra nosotros mismos es la batalla más grande que jamás se haya reñido.  El rendirse a sí mismo, entregando todo a la voluntad de Dios, requiere una lucha; para que el alma sea renovada en santidad, debe someterse antes a Dios.  (Ver Santiago 4:7)

Al consagrarnos a Dios, debemos necesariamente abandonar todo aquello que nos separaría de El. Hay quienes profesan servir a Dios a la vez que confían en sus propios esfuerzos para obedecer su Ley, desarrollar un carácter recto y asegurarse la salvación. Sus corazones no son movidos por algún sentimiento profundo del amor de Cristo, sino que procuran cumplir los deberes de la vida cristiana como algo que Dios les exige para ganar el cielo. Una religión tal no tiene valor alguno.

Cuando Cristo mora en el corazón, el alma rebosa de tal manera de su amor y del gozo de su comunión, que se aferra a El; y contemplándole se olvida de sí mismo. El amor a Cristo es el móvil de sus acciones.

Los que sienten el amor constreñidor  de Dios no preguntan cuánto es lo menos que pueden darle para satisfacer lo que El requiere; no preguntan cuál es la norma más baja que acepta, sino que aspiran a una vida de completa conformidad con la voluntad de su Redentor.

¿Creen que es un sacrificio demasiado grande darlo todo a Cristo? Preguntemos: ¿Qué dio Cristo por mí? El Hijo de Dios dio todo para redimirnos: vida, amor y sufrimientos.  ¿Es posible que nosotros, seres indignos de tan grande amor, rehusemos entregarle nuestro corazón?

¿Y que abandonamos cuando lo damos todo? Un corazón manchado de pecado, para que el Señor Jesús lo purifique y lo limpie, para que lo salve con su incomparable amor. ¡Y sin embargo, los hombres hallan difícil renunciar a todo! Dios no nos pide que renunciemos a cosa alguna cuya retención contribuiría a nuestro mayor provecho. En todo lo que  hace, tiene presente el bienestar de sus hijos.

Continúa en parte 3

 

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AMPARO Y FORTALEZA–parte 32-

EL SECRETO DE LA FELICIDAD Y LA VICTORIA-parte 1-

LA NATURALEZA y la revelación a una dan testimonio del amor de Dios. La transgresión de la Ley de Dios, de la ley de amor, fue lo que trajo consigo dolor y muerte. Sin embargo, en medio del sufrimiento resultante del pecado se manifiesta el amor de Dios. “DIOS ES AMOR” está escrito en cada capullo de flor que se abre, en cada tallo de la naciente hierba.

El Señor Jesús vino a vivir entre los hombres, a manifestar al mundo el amor infinito de Dios.  Su corazón rebosaba de tierna simpatía por los hijos de los hombres.  Se revistió de la naturaleza del hombre para poder simpatizar con sus necesidades. Los más pobres y humildes no tenían temor de allegársele.  Tal fue el carácter que Cristo reveló en su vida.  Tal es el carácter de Dios. 

Porque del tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito para que todo aquel que en El crea no se pierda más tenga vida eterna” (Juan 3:16)

El hombre, originalmente, fue dotado de facultades nobles y de un entendimiento bien equilibrado. Era perfecto y estaba en armonía con Dios. Sus pensamientos eran puros, sus designios santos. Pero por la desobediencia, sus facultades se pervirtieron y el egoísmo reemplazo al amor. Su naturaleza quedó tan debilitada por la transgresión que ya no pudo, por su propia fuerza, resistir el poder del mal.

Es imposible que escapemos por nosotros mismos del hoyo del pecado en el que estamos sumidos.  Nuestro corazón es malo y no lo podemos cambiar.  Debe haber un poder que obre desde el interior, una vida nueva de lo alto, antes que el hombre pueda convertirse del pecado a la santidad. ESE PODER ES CRISTO. Únicamente su gracia puede vivificar las facultades muertas del alma y atraer ésta a Dios, a la santidad. 

Para todos ellos hay una sola contestación: “¡He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo!” (Juan 1:29). Aprovechemos los medios que nos han sido provistos para que seamos transformados conforme a su semejanza y restituidos a la comunión de los ángeles ministradores, a la armonía y comunión del Padre y del Hijo.

EL ARREPENTIMIENTO

¿Cómo se justificará el hombre con Dios? ¿Cómo se hará justo el pecador? Sólo por intermedio de Cristo podemos ser puestos en armonía con Dios y con la santidad; pero ¿cómo debemos ir a Cristo?  El arrepentimiento comprende tristeza por el pecado y abandono del mismo.  No renunciamos al pecado a menos que veamos su pecaminosidad.  Mientras no lo repudiemos de corazón, no habrá cambio real en nuestra vida.

Pero cuando el corazón cede a la influencia del Espíritu de Dios, la conciencia se vivifica y el pecador discierne algo de la profundidad y santidad de la sagrada Ley de Dios, fundamento de su gobierno en los cielos y en la tierra.  La convicción se posesiona de la mente y el corazón.

La oración de David después de su caída ilustra la naturaleza del verdadero dolor por el pecado. Su arrepentimiento fue sincero y profundo.  No se esforzó él por atenuar su culpa y su oración no fue inspirada por el deseo de escapar al juicio que le amenazaba.  David veía la enormidad de su transgresión y la contaminación de su alma; aborrecía su pecado. 

No sólo pidió perdón, sino también que su corazón fuese purificado.  Anhelaba el gozo de la santidad y ser restituido a la armonía y comunión con Dios.  Sentir un arrepentimiento como éste es algo que supera nuestro propio poder; se lo obtiene únicamente de Cristo.

Cristo está listo para libertarnos del pecado, pero no fuerza la voluntad. Si rehusamos ¿qué más puede hacer El?

Estudiemos la Palabra de Dios con oración. Cuando veamos la enormidad del pecado, cuando nos veamos cómo somos en realidad, no nos entreguemos a la desesperación, pues a los pecadores es a quienes Cristo vino a salvar.  Cuando Satanás acude a decirte que eres un gran pecador, alza los ojos a tu Redentor y habla de sus méritos.  Reconoce tu pecado, pero di al enemigo que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores” y que puedes ser salvo (1 Timoteo 1:15).

LA CONFESIÓN

Continúa en parte 2

 

 

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PREPARACION PARA LA LLUVIA TARDIA-Poderoso Instrumento de Divulgación para el Pueblo de Dios que se está preparando para la Venida de Jesús-parte 13-

ENOC Y JUAN EL BAUTISTA –parte 2-

ENOC-parte 2-

PP-72: “Su corazón estaba en armonía con la voluntad de Dios.  Enoc poseía una mente poderosa, bien cultivada, y profundos conocimientos.  Dios le había honrado con revelaciones especiales; sin embargo por el hecho de que estaba en continua comunión con el cielo, y reconocía constantemente la grandeza y perfección divinas, fue uno de los hombres más humildes.  Cuanto más intima era su unión con Dios, tanto más profundo era el sentido de su propia debilidad e imperfección”.

Una comunión constante con Dios, proporcionó a Enoc grandes porciones del poder divino, y llenó su alma de humildad.

 L.D. Moody dijo: “El principio de la grandeza es llegar a ser pequeño, el crecimiento de la grandeza es ser cada vez menor, y la perfección de la grandeza es llegar a ser nada”.

Elena G. de White escribió: “La única grandeza es la grandeza de la humildad” (DTG-605).

PP-73/4/5: “Así esperaba ante el Señor, buscando el conocimiento más claro de su voluntad a fin de cumplirla.  Para él la oración era el aliento del alma. Vivía en la misma atmósfera del cielo”.

“Manteniéndose así en comunión con Dios, Enoc llegó a reflejar más y más la imagen divina.  Tenía el rostro radiante de una santa luz, semejante a la que resplandece del rostro de Jesús.  Cuando regresaba de estar en comunión con Dios, hasta los impíos miraban con reverencia ese sello del cielo en su semblante”.

“La experiencia de Enoc…representa lo que debería ser nuestra experiencia” (Testimonies)

“Si crucificamos nuestro yo diariamente, y nos rendimos sin reservas al servicio de Dios, si oramos constantemente por la unción diaria del Espíritu Santo, nuestros rostros brillarán con una santa luz, y los demás podrán ver el sello del cielo en nuestro semblante.

Un programa de vida como éste nos ayudará a satisfacer  nuestra gran necesidad, y el Espíritu Santo nos empleará como instrumentos, para satisfacer la gran necesidad del mundo. Entonces la obra de Dios será terminada, en un tiempo muy corto.

¿No diremos todos unánimemente. “Por la gracia de Dios y el poder del Espíritu Santo, la experiencia de Enoc representará la nuestra, hasta que el oriente resplandezca con la venida del Hijo del Hombre?”

PP-77: “El piadoso carácter de este profeta representa el estado de santidad que deben alcanzar todos los que serán ‘comprados de entre los de la tierra’…Pero, así como Enoc, el pueblo de Dios buscará la pureza de corazón y la conformidad con la voluntad del Señor, hasta que refleje la imagen de Cristo.  Tal como lo hizo Enoc, anunciarán al mundo la Segunda Venida del Señor…Así como Enoc fue trasladado al cielo antes de la destrucción del mundo por el diluvio, así también los justos vivos serán traspuestos de la tierra antes de la destrucción por el fuego”.

PP-75: “Durante trescientos años Enoc buscó la pureza del alma para estar en armonía con el cielo. Por tres siglos anduvo con Dios. Día tras día  anheló una unión más íntima: esa comunión se hizo más y más estrecha, hasta que Dios lo llevó consigo. Había llegado al umbral del mundo eterno, a un paso de la tierra de los bienaventurados; se le abrieron los portales, y continuando su andar con Dios tanto tiempo proseguido en la tierra, entró por las puertas de la santa ciudad. Fue el primero de los hombres que llegó allí”.

-Continúa en parte 14-

 

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DOCTRINA DE LOS ACONTECIMIENTOS FINALES

LA TIERRA NUEVA. Vida intelectual en la Tierra Nueva, restauración mental, oportunidades sin límites.-cuarta parte-

VIDA INTELECTUAL EN LA TIERRA NUEVA

RESTAURACIÓN MENTAL.  “Las hojas del árbol [de vida] eran para sanidad de la naciones”  (Apoc.22:2).  La sanidad a que Apocalipsis se refiere implica más que “curar”; significa “restauración”, por cuanto ninguno allí se enfermará (Isa. 33: 24, 20).  Al comer del árbol de la vida, los redimidos alcanzarán la estatura física y mental de que carecieron durante siglos de pecado; serán restaurados a la imagen de Dios.

OPORTUNIDADES SIN LÍMITES.   La eternidad ofrece horizontes intelectuales ilimitados.  En la Tierra Nueva “intelectos inmortales contemplarán con eterno deleite las maravillas del poder creador, los misterios del amor redentor.  Allí no habrá enemigo cruel y engañador para tentar a que se olvide a Dios.  Toda facultad será desarrollada, toda capacidad aumentada.  La adquisición de conocimientos no cansará la inteligencia ni agotará las energías.  Las mayores empresas podrán llevarse a cabo, satisfacer las aspiraciones más sublimes, realizar las más encumbradas ambiciones; y sin embargo surgirán nuevas alturas que superar, nuevas maravillas que admirar, nuevas verdades que comprender, nuevos objetos que agucen las facultades del espíritu, del alma y del cuerpo”.

ACTIVIDADES ESPIRITUALES EN LA TIERRA NUEVA.   A través de la eternidad los redimidos alcanzarán mayor conocimiento de Jesús,  de su vida y obra, más comunión con El, más tiempo para testificar ante los mundos no caídos acerca de su inigualable amor, un carácter que refleje el suyo más estrechamente.  Semana tras semana los salvados se reunirán para la adoración en el sábado: “Y de mes en mes, y de día de reposo en día de reposo, vendrán todos a adorar delante de mí, dijo Jehová” (Isa. 66:23).

NO HABRÁ MÁS.

TODO EL MAL SERÁ ERRADICADO.  Algunas de las promesas más alentadoras acerca de la Tierra Nueva nos recuerdan las cosas que allí no habrá.  “Ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron”  (Apoc.21:4).

Todos estos males desaparecerán para siempre porque Dios erradicará toda forma de pecado, la causa del mal. La Escritura menciona el árbol de la vida como parte de la Tierra Nueva, pero ni una sola vez incluye el árbol del conocimiento del bien y del mal o ninguna otra fuente de tentación.  En esa tierra buena el cristiano nunca tendrá que luchar con el mundo, la carne  o el mal. 

“Desaparece todo rastro de la maldición….Sólo queda un recuerdo; nuestro Redentor llevará siempre las señales de su crucifixión.  En su cabeza herida, en su costado, en sus manos y en sus pies se ven las únicas huellas de la obra cruel efectuada por el pecado.  El profeta, al contemplar a Cristo en su gloria dice: Su resplandor es como el fuego, y salen de su mano rayos de luz; y allí mismo está el escondedero de su poder” (Hab.3:4)… A través de las edades eternas, las llagas del Calvario proclamarán su alabanza y declararán su poder”.

NO SE RECORDARA EL PASADO.  Isaías dice que en la Tierra Nueva “de lo primero no habrá memoria, ni más vendrá al pensamiento” (Isa. 65:17; véase vers. 16). Las dificultades de la vida antigua son las que los redimidos olvidarán, pero  no las cosas buenas que Dios  ha hecho, la gracia abundante por la cuál El los salvó; de lo contrario, toda la lucha contra el pecado sería en vano.  La propia experiencia que los santos han obtenido acerca de los efectos de la gracia salvadora de Cristo es la esencia de su testimonio a través de toda la eternidad. La atmósfera del cielo purifica el dolor de esos terribles recuerdos.  Se nos ha prometido que las memorias de los redimidos no producirán remordimiento, chasco, dolor ni enojo.

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DOCTRINA DE LOS ACONTECIMIENTOS FINALES

LA MUERTE Y LA RESURRECCION- El espíritu, o el aliento NO es una entidad consciente separada del cuerpo -La base del espiritismo-parte5-

LA NATURALEZA DE LA MUERTE   (continuación)

EL ESPÍRITU VUELVE A DIOS.   Aunque el cuerpo vuelve al polvo, el espíritu vuelve a Dios.  Salomón dijo que en la muerte “el polvo vuelve a la tierra”, como era, y el espíritu vuelve a Dios que lo dio”  (Ecl.12:7).  Esto sucede tanto a justos como malos.

En la Biblia el término espíritu (ruach y  pneuma, en hebreo y en griego respectivamente) NO se refieren a una entidad inteligente capaz de una existencia consciente fuera del cuerpo, más bien estos términos se refieren al aliento”, la chispa de vida esencial para la existencia individual, el principio de la vida que acciona a los animales y a los seres humanos.

No hay indicación de que el espíritu, o el aliento, sea una entidad consciente separada del cuerpo. El ruach o pneuma equivale al “aliento de vida” que Dios sopló al primer ser humano para accionar su cuerpo sin vida (Gen.2:7).

ARMONÍA MEDIANTE LAS ESCRITURAS.  Muchos cristianos sinceros que no han estudiado las enseñanzas completas de la Biblia en cuanto a la muerte, no se dan cuenta que la muerte es un sueño hasta la resurrección.  El estudio cuidadoso revela que la enseñanza insistente de la Biblia es que la muerte causa la cesación de la conciencia.

EL ESPIRITISMO. Si los muertos están completamente inconscientes, entonces ¿con qué o con quién se comunican los médiums espiritistas?

Es evidente que hay un poder sobrenatural ligado con el espiritismo. ¿Qué es lo que enseña la Biblia al respecto?

LA BASE DEL ESPIRITISMO. El espiritismo se originó con la primera mentira de Satanás a Eva –“No moriréis” (Gen.3:4).  Sus palabras fueron el primer sermón sobre la inmortalidad del alma.  En la actualidad, a través de todo el mundo, religiones de todas clases fatuamente repiten el error.  Para muchos, la sentencia divina de “el alma que pecare, esa morirá” (Eze.18:20) ha sido invertida para decir “el alma, aunque peque, vivirá eternamente”.

Esta doctrina errónea de inmortalidad natural ha llevado a creer en el estado consciente de los muertos.  Como hemos visto, estas posiciones contradicen directamente la enseñanza  bíblica sobre este tema.  Fueron incorporadas en la fe cristiana provenientes de la filosofía pagana—particularmente la de Platón— durante la época de la gran apostasía.  Estas creencias llegaron a predominar entre la cristiandad y todavía hoy continúan siendo dominantes.

Creer que los muertos están conscientes ha predispuesto a muchos cristianos a aceptar el espiritismo.  Al promover esta línea de razonamiento, Satanás y sus ángeles (Apoc.12:4, 9) han establecido  un medio de comunicación mediante el cuál pueden llevar a cabo sus engaños.  Usando tales medios como las sesiones espiritistas, se disfrazan de seres queridos que ya han fallecido, y dan supuestamente consuelo y seguridad a los deudos.  A veces predicen sucesos futuros, los cuáles cuando se cumplen, fortalecen su convicción. Luego las herejías peligrosas que proclaman toman el papel de auténticas, AUNQUE CONTRADIGAN LA BIBLIA Y LA LEY DE DIOS.  Habiendo quitado las barreras contra el mal, Satanás tiene libertad de apartar a la gente de Dios y llevarlos a una segura destrucción.

Continúa parte 6

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ESPERANZA PARA EL PLANETA TIERRA – EL FUTURO BRILLANTE DE UNA RAZA CAIDA –parte 45-

COMO SOMOS SALVOS –parte 12-

¿COMO PODEMOS VENCER EL PECADO?-parte 2-

EL ALTAR DE ORO donde se ofrecía el incienso, representa los méritos de Cristo que se mezclan con las oraciones de sus hijos (Apocalipsis 8:3-4-; Salmo 141:2). La oración es el segundo medio por el cual vencemos el pecado y nos asemejamos a Cristo.  Nadie puede venir al Padre sino por medio de Cristo (Juan 14:6).

Debemos orar sin cesar (Efesios 6:18). La oración es el aliento del alma; es la llave en la mano de la fe que abre los tesoros del cielo; es conversar con Dios  como con un amigo.  En la oración debemos pedir perdón, pero también es nuestro deber alabar a Dios por victorias alcanzadas.  El oído omnisciente se deleita en escuchar aún las cosas más insignificantes que turban nuestra alma.

EL CANDELABRO tenía como fin alumbrar el santuario. Así como el sol es la luz física del mundo, Jesucristo es su luz espiritual. El Señor declaró de sí mismo: “Yo soy la luz del mundo” (Juan 8:12), pero también dijo de sus seguidores: “Vosotros sois la luz del mundo” (Mateo 5:14). Jesús es como el sol que tiene luz propia y original. 

Nosotros somos como la luna que reflejamos la luz del sol.  Si estamos conectados con Cristo por medio de la oración y el estudio de su Palabra, entonces podremos reflejar su luz a un mundo que perece en las tinieblas.  Muchos cristianos se deleitan en orar y estudiar la Biblia, pero no reflejan su luz a otros.  Cuando el Señor ha entrado en nuestro corazón será un deleite hablar de El.

El capítulo 5 de Marcos describe como Jesús sanó a un endemoniado en la región de Gadara.  Este hombre habitaba en el cementerio y ni aún con cadenas y grillos lo podían sujetar.  Andaba desnudo y con el cuerpo cortado y herido por las rocas. De día y de noche daba voces en los montes y en los sepulcros.

Cuando Jesús le preguntó al espíritu inmundo su nombre, éste respondió que se llamaba legión porque eran muchos y le rogó al Señor que no lo enviara fuera de esa región (Marcos 5:10), sino a unos puercos que estaban paciendo cerca del lugar.  Cuando Jesús accedió a su petición, los demonios tomaron control de los puercos y los despeñaron al mar y se ahogaron todos.  ¿Por qué no querían los demonios salir de aquella zona? ¿Por qué pidieron entrar en los puercos?

Cuando los dueños de los  puercos se dieron cuenta de su gran pérdida económica se enojaron mucho y le pidieron a Cristo que se fuera de esa región.  Allí esta la razón por la cual los demonios pidieron entrar en los puercos. Sabían que los dueños, al sufrir su  pérdida le iban a pedir a Jesús que abandonara la región.  Pero los demonios no se salieron con la suya. 

Un corto tiempo después el que había estado endemoniado estaba sentado a los pies de Jesús, vestido y en su cabal juicio.  El le rogó a Jesús que le permitiese irse con El, pero Jesús le dijo:

“Vete a tu casa, a los tuyos, y cuéntales cuán grandes cosas el Señor ha hecho contigo, y cómo ha tenido misericordia de ti” (Marcos 5:19). El que había sido librado por la gracia de Cristo, ahora llegó a ser su misionero, su testigo.

DEBEMOS PASAR TIEMPO CON CRISTO

Continúa en parte 46

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FE Y OBRAS–parte 43-

“SIN FE ES IMPOSIBLE AGRADAR A DIOS”(Heb.11:6)-“LA FE SIN OBRAS ES MUERTA” (Sant.2:20)

LA EXPERIENCIA DE LA JUSTIFICACIÓN POR LA FE ES DELINEADA

CRISTO. EL CAMINO DE LA VIDA

LA FE, CONDICIÓN DE LA PROMESA

Sin la gracia de Cristo, el pecador está en una condición desvalida.  No puede hacerse nada por él, pero mediante la gracia divina se imparte al hombre poder sobrenatural que obra en la mente, el corazón y el carácter. Mediante la comunicación de la gracia de Cristo, el pecado es discernido en su aborrecible naturaleza y finalmente expulsado del templo del alma.

Mediante la gracia, somos puestos en comunión con Cristo para estar asociados con El en la obra de salvación. La fe es la condición por la cual Dios ha visto conveniente prometer perdón a los pecadores; no porque haya virtud alguna en la fe que haga merecer la salvación, sino porque la fe puede aferrarse a los méritos de Cristo, el remedio provisto para el pecado. 

La fe puede presentar la perfecta obediencia de Cristo en lugar de la transgresión y la apostasía del pecador. Cuando el pecador cree que Cristo es su Salvador personal, entonces, de acuerdo con la promesa infalible de Jesús, Dios le perdona su pecado y lo justifica gratuitamente.  El alma arrepentida comprende que su justificación viene de Cristo que, como su Sustituto y Garante, ha muerto por ella, y es su expiación y justificación.

”Creyó Abrahán a Dios, y le fue contado por justicia.  Pero al que obra, no se le cuenta el salario como gracia, sino como deuda; más al que no obra, sino cree en Aquel que justifica al impío, su fe le es contada por justicia” (Rom.4:3-5).

La justicia es obediencia a la Ley. La Ley demanda justicia, y ante la Ley, el pecador debe ser justo.  Pero es incapaz de serlo.  La única forma en que puede obtener la justicia es mediante la fe.  Por fe puede presentar a Dios los méritos  de Cristo, y el Señor coloca la obediencia de su Hijo en la cuenta del pecador.  La justicia de Cristo es aceptada en lugar del fracaso del hombre, y Dios recibe, perdona y justifica al alma creyente y arrepentida, la trata como si fuera justa, y la ama como ama a su Hijo.  De esta manera, la fe contada como justicia y el alma perdonada avanza de gracia en gracia, de la luz a una luz mayor.  Puede decir con regocijo;

“No por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo, el cual derramó en nosotros abundantemente por Jesucristo nuestro Salvador, para que justificados por su gracia, viniésemos a ser herederos conforme a la esperanza de la vida eterna” (Timoteo 3:5-7).

También está escrito:

”Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, le dio potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios” (Juan 1:12, 13). 

Jesús declaró:

“El que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios” (Juan 3:3). “El que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios” (Juan 3:5). 

No se coloca delante de nosotros una norma baja, pues hemos de llegar a ser los hijos de Dios.  Hemos de ser salvados individualmente y, en el día del examen y de la prueba, podremos ver la diferencia entre el que sirve a Dios y el que no le sirve.  Somos salvados como creyentes individuales en el Señor Jesucristo. Muchos se extravían porque piensan que deben trepar hasta el cielo, que deben hacer algo para merecer el favor de Dios.

Procuran mejorar mediante sus propios esfuerzos, sin ayuda.  Esto nunca lo pueden realizar. Cristo ha abierto el camino al morir como nuestro sacrificio, al vivir como nuestro ejemplo, al llegar a ser nuestro gran Sumo Sacerdote. El declara:

“Yo soy el camino, y la verdad, y la vida”  (Juan 14:6)

Si mediante algún esfuerzo propio pudiéramos avanzar un paso hacia la escalera, las palabras de Cristo no serian verdaderas.  Pero cuando aceptamos a Cristo, aparecerán las buenas obras como fructífera evidencia de que estamos en el camino de la vida, de que Cristo es nuestro camino y de que estamos recorriendo el verdadero sendero que conduce al cielo.

Cristo mira el espíritu, y cuando nos ve llevando nuestra carga con fe, su perfecta santidad hace expiación de nuestras faltas. Cuando hacemos lo mejor que podemos, El llega a ser nuestra justicia.  Se necesita de cada rayo de luz que Dios nos envía, para convertirnos en la luz del mundo.   (Elena White)

 

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