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FE Y OBRAS–parte 40-

“SIN FE ES IMPOSIBLE AGRADAR A DIOS”(Heb.11:6)-“LA FE SIN OBRAS ES MUERTA” (Sant.2:20)

COMO APROPIARSE DE LA JUSTICIA DE CRISTO

LA CRUZ DEL CALVARIO –parte 2-

El que está intentando alcanzar el cielo por sus propias obras al guardar la Ley, está intentando un imposible.  El hombre no puede ser salvado sin la obediencia, pero sus obras no deben ser propias. Cristo debe efectuar en él tanto el querer como el hacer la buena voluntad de Dios. Si el hombre pudiera salvarse por sus propias obras, podría tener algo en sí mismo por lo cual regocijarse.

Todo lo que hombre pueda hacer sin Cristo está contaminado con egoísmo y pecado, pero lo que se efectúa mediante la fe es aceptable ante Dios.  El alma hace progresos cuando procuramos ganar el cielo mediante los méritos de Cristo. “Puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de nuestra fe”, podemos proseguir de fortaleza en fortaleza, de victoria en victoria, pues mediante Cristo la gracia de Dios ha obrado nuestra completa salvación.

LA FE Y LAS OBRAS VAN DE LA MANO

¿QUE DEBO HACER PARA HEREDAR LA VIDA ETERNA?

Jesús murió para salvar a su pueblo de sus pecados, y la redención en Cristo significa cesar de transgredir la Ley de Dios y liberarse de todo pecado; ningún corazón que está agitado de enemistad contra la Ley de Dios está en armonía con Cristo, quien sufrió en el Calvario para vindicar y exaltar la Ley delante del universo.

Los que hacen osadas pretensiones de santidad demuestran, por esto mismo, que no se ven a la luz de la Ley; no están espiritualmente esclarecidos, y no aborrecen todo género de egoísmo y orgullo.  De sus labios contaminados por el pecado fluyen las contradictorias declaraciones: “Soy santo, soy impecable, Jesús me enseña que si guardo la Ley estoy destituido de la gracia.  La Ley es un yugo de esclavitud”.

El Señor dice: “Bienaventurados los que guardan sus mandamientos, para que su potencia sea en el árbol de la vida, y que entren por la puertas de la ciudad”. Deberíamos estudiar cuidadosamente la Palabra de Dios a fin de que podamos tomar decisiones correctas, y actuar consecuentemente; porque entonces obedeceremos la Palabra y estaremos en armonía con la santa Ley de Dios.

NO SOMOS SALVADOS POR LA LEY, NI  EN DESOBEDIENCIA

Si bien  debemos estar en armonía con la Ley de Dios, no somos salvados por las obras de la Ley; sin embargo, no podemos ser salvados sin obediencia.

La Ley es la norma por cual se mide el carácter.  Pero no nos es posible guardar los mandamientos de Dios sin la gracia regeneradora de Cristo.  Solo Jesús puede limpiarnos de todo pecado.  El no nos salva mediante la Ley, pero tampoco nos salvará  en desobediencia a la Ley.

Nuestro amor a Cristo será proporcional a la profundidad de nuestra convicción de pecado, y por medio de la Ley es el conocimiento del pecado.  Pero, cuando nos observamos a nosotros mismos, fijemos la mirada en Jesús, quien se dio a sí mismo por nosotros a fin de redimirnos de toda iniquidad.  Mediante la fe apropiémonos de los méritos  de Cristo, y la sangre purificadora del alma será aplicada. 

Cuanto más claramente vemos los males y los peligros a los cuales hemos estado expuestos, más agradecidos hemos de estar por la liberación mediante Cristo.  El Evangelio de Cristo no da a los hombres licencia para transgredir la Ley, porque fue la causa de la transgresión sobre este mundo. 

El pecado es tan maligno hoy como lo era en los días de Adán.  El Evangelio no promete el favor de Dios para nadie que quebrante impenitentemente su Ley. La depravación del corazón humano, la culpabilidad de la transgresión, la ruindad del pecado, todo es puesto de manifiesto por medio de la cruz donde Cristo ha aparejado para nosotros una vía de escape.  (Elena White)

 

 

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