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FE Y OBRAS–parte 16-

“SIN FE ES IMPOSIBLE AGRADAR A DIOS”(Heb.11:6)-“LA FE SIN OBRAS ES MUERTA” (Sant.2:20)

LA VERDADERA NORMA DE SANTIDAD-imperdible-

SOLO DOS CLASES: OBEDIENTES Y DESOBEDIENTES

Hay sólo dos clases de personas sobre la tierra: los obedientes hijos de Dios y los desobedientes.  En una ocasión Cristo presentó ante sus oyentes la obra del juicio de esta manera “Cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria, y todos los santos ángeles con El, entonces se sentará en su trono de gloria, y serán reunidas delante de El todas las naciones: y apartará los unos de los otros, como aparta el pastor las ovejas de los cabritos.  Y pondrá las ovejas a su derecha, y los cabritos a su izquierda».

“Entonces el Rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo.  Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis; estuve desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí».

“Entonces los justos le responderán diciendo: Señor, ¿Cuándo te vimos hambriento, y te sustentamos, o sediento, y dimos de beber? ¿Y cuándo te vimos forastero, y te recogimos, o desnudo, y te cubrimos? ¿O cuándo te vimos enfermo, o en la cárcel, y vinimos a ti? Y respondiendo el Rey, les dirá: De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de éstos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis”  (Mateo: 25:31-40).

Así Cristo identifica a su interés con el de la humanidad sufriente.  Considera cada atención prodigada a sus criaturas, como realizada personalmente en su favor.  Los que pretenden poseer la moderna santificación se adelantarían jactanciosamente, diciendo:Señor, Señor, ¿no nos conoces?  No profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?”

Las personas aquí descriptas, que formulan estas pretensiosas reclamaciones, aparentemente entrelazando a Jesús en todas sus acciones, representan de manera adecuada a los que alegan poseer la moderna santificación pero están en guerra con la Ley de Dios.  Cristo los llama hacedores de iniquidad porque son engañadores, que tienen el manto de la santidad para ocultar la deformidad de sus caracteres, la perversión interior de sus corazones impuros.

Satanás ha descendido en estos días finales para obrar con todo engaño de impiedad en los que perecen.  Su majestad satánica realiza milagros a la vista de falsos profetas, a la vista de los hombres, pretendiendo ser verdaderamente Cristo mismo. Satanás dota con su poder a los que le ayudan en sus engaños; por consiguiente, los que aseveran tener el gran poder de Dios sólo pueden ser discernidos por el gran detector:

“LA LEY DE JEHOVÁ”.  El Señor nos advierte que si les fuera posible engañarían a los mismos escogidos.  El ropaje de oveja parece tan real, tan genuino, que el lobo puede distinguirse únicamente cuando acudimos a la gran norma moral de Dios y allí descubrimos que son transgresores de la LEY DE JEHOVÁ.

(Elena White)

FE Y OBRAS–parte 15-

“SIN FE ES IMPOSIBLE AGRADAR A DIOS”(Heb.11:6)-“LA FE SIN OBRAS ES MUERTA” (Sant.2:20)

LA VERDADERA NORMA DE SANTIDAD-imperdible-

UN ENGAÑO EXITOSO –parte 2-

Necesitamos cada día esclarecimiento divino; deberíamos orar como lo hizo David: “Abre mis ojos, y miraré las maravillas de tu Ley” (Sal.119:18). Dios tendrá un pueblo sobre la tierra que vindicará su honor al respetar todos sus mandamientos; y sus mandamientos no son penosos, no son un yugo de servidumbre.  David oró en sus días: “Tiempo es de actuar, oh Jehová, porque han invalidado tu Ley” (Sal.119:126).

Ninguno de nosotros puede permitirse deshonrar a Dios viviendo en transgresión de su Ley.  Descuidar la Biblia y entregarnos a la consecución de tesoros mundanales constituye una pérdida inestimable.

Sólo la eternidad ha de revelar el gran sacrificio que muchos han realizado para obtener honor mundanal y comodidades terrenales al precio de la pérdida del alma, la pérdida de riquezas eternales.  Pudieron haber tenido esa vida que se mide con la vida de Dios; pues Jesús murió a fin de poner a su alcance las bendiciones y los tesoros del cielo, para que pudieran no ser considerados pobres, desventurados y miserables en la elevada estimación de la eternidad.

NADIE QUE QUEBRANTE LOS MANDAMIENTOS ENTRARA

Nadie que haya recibido la luz de la verdad y quebrante los mandamientos entrará en la ciudad de Dios.  Su Ley constituye el fundamento de su gobierno en la tierra y en el cielo. Los que conscientemente hayan pisoteado y despreciado su Ley en la tierra no serán llevados al cielo para que allí hagan la misma obra; no se producirá un cambio de carácter cuando Cristo venga.

La edificación del carácter ha de proseguir durante las horas de prueba.  Día tras día nuestras acciones son registradas en los libros del cielo, y en el gran día de Dios seremos recompensados según hayan sido nuestras obras.  Entonces se verá quien recibe la bendición. “Bienaventurados los que guardan sus mandamientos, para que su potencia sea en el árbol de la vida, y que entren por las puertas en la ciudad” (Apoc.22:14). Versión Reina-Valera de 1909.

Los que se levantan contra la Ley de Dios están en guerra contra Dios mismo; y muchos que están llenos de la mayor amargura contra el pueblo de Dios que guarda sus mandamientos, hacen la más aparatosa ostentación de vivir vidas santas e inmaculadas.  Esto puede explicarse solamente de una manera: no tienen espejo en el cual mirarse para descubrir la deformidad de sus caracteres.  Ni José, ni Daniel ni ninguno de los apóstoles pretendieron ser impecables. 

Los hombres que han vivido más cerca de Dios, los hombres que habrían sacrificado la vida misma antes que pecar deliberadamente contra El, los hombres a quienes Dios ha honrado con luz y poder divinos, se han reconocido a sí mismos como pecadores, indignos de sus grandes mercedes.  Han sentido su debilidad y, pesarosos por sus pecados, han tratado de imitar al modelo: Cristo Jesús.   (Elena White)

 

FE Y OBRAS–parte 14-

“SIN FE ES IMPOSIBLE AGRADAR A DIOS”(Heb.11:6)-“LA FE SIN OBRAS ES MUERTA” (Sant.2:20)

LA VERDADERA NORMA DE SANTIDAD

¿Están los profesos seguidores de Cristo satisfaciendo las condiciones en relación con las cuales la bendición es pronunciada? ¿Se están separando del mundo en espíritu y en práctica? ¡Cuán difícil es salir y apartarse de hábitos y costumbres mundanales! Más pongamos mucho cuidado para que Satanás no nos seduzca y engañe por medio de falsas representaciones. Aquí están en juego intereses eternos. Las demandas de Dios deberían ocupar el primer lugar; sus requerimientos deberían recibir nuestra principal atención.

Cada descendiente del Adán caído debe, mediante la gracia transformadora de Cristo, llegar a ser obediente a todos los requerimientos de Dios. Muchos cierran sus ojos a las más claras enseñanzas de su Palabra porque la cruz se interpone directamente en el camino.  Si la levantan, van a parecer peculiares ante los ojos del mundo; y vacilan, preguntan y buscan algún pretexto por el cual puedan evitar la cruz.  Satanás esta siempre listo, y presenta razones plausibles por las cuales no sería lo mejor obedecer la Palabra de Dios exactamente como reza.  Las almas son fatalmente engañadas.

UN ENGAÑO EXITOSO -parte 1-

Uno de los engaños más exitosos de Satanás es inducir a los hombres a pretender que están santificados, mientras viven en desobediencia a los Mandamientos de Dios. (Éxodo 20:3-17). Los tales son descriptos por Jesús como los que dirán “Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?»

Aunque los que pretenden están santificados tienen mucho que decir acerca de ser salvados por la sangre de Jesús, su santificación no es por medio de la verdad tal como es en Jesús.  Mientras proclaman creer en El, y aparentemente realizan obras maravillosas en su nombre, ignoran la Ley de su Padre y sirven como agentes del gran adversario de las almas para llevar a cabo la tarea que éste comenzó en el Edén: la de presentar excusas aceptables para NO obedecer a Dios sin reserva.  Su obra de inducir a los hombres a deshonrar a Dios pasando por alto su Ley, un día será expuesta delante de ellos con sus verdaderos resultados.

Los requisitos para la vida eterna están presentados tan claramente en la Palabra de Dios que nadie necesita errar, a menos que escojan el error en vez de la verdad porque sus almas no santificadas aman las tinieblas más que la luz.

El intérprete de la Ley que fue a Cristo con la pregunta: “Maestro, ¿haciendo qué cosa heredaré la vida eterna?”, pensó atraparlo, pero Jesús devolvió la carga al doctor de la Ley. “Qué está escrito en la Ley?  ¿Cómo lees? Aquél, respondiendo dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con todas tus fuerzas, y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo”. Entonces Cristo dijo “Bien has respondido; haz ésto y vivirás” (Luc.10:25-28).   

Estas palabras convienen a todos los casos individuales.  ¿Estamos dispuestos a cumplir con los requisitos?  ¿Obedeceremos a Dios y guardaremos sus Mandamientos? ¿Seremos hacedores de la Palabra y no meramente oidores? La Ley de Dios es inmutable o inalterable como su carácter.  Cualquier cosa que los hombres puedan decir o hacer para invalidarla, no modifica sus requerimientos ni los exonera de su obligación de obedecer. (Elena White)    

 Continúa en parte 15

FE Y OBRAS–parte 13-

“SIN FE ES IMPOSIBLE AGRADAR A DIOS”(Heb.11:6)-“LA FE SIN OBRAS ES MUERTA” (Sant.2:20)

CRISTO, NUESTRA JUSTICIA

EL ARREPENTIMIENTO ES UN DON DE DIOS

El arrepentimiento, tanto como el perdón, es el don de Dios por medio de Cristo.  Mediante la influencia del Espíritu Santo somos convencidos de pecado y sentimos nuestra necesidad de perdón. Solo los contritos son perdonados, pero es la gracia de Dios la que hace que se arrepienta el corazón. El conoce todas nuestras debilidades y flaquezas, y nos ayudará.

Algunos que acuden a Dios mediante el arrepentimiento y la confesión, y creen que sus pecados han sido perdonados, no recurren, sin embargo a  las promesas de Dios como debieran. No comprenden que Jesús es un Salvador siempre presente y no están listos para confiarle la custodia de su alma, descansando en El para que perfeccione la obra de la gracia comenzada en su corazón. Al paso que piensan que se entregan a Dios, existe mucho de confianza propia. 

Hay almas concienzudas que confían parcialmente en Dios y parcialmente en sí mismas.  No recurren a Dios para ser preservadas por su poder, sino que dependen de su vigilancia contra la tentación y de la realización de ciertos deberes para que Dios las acepte.  No hay victorias en esta  clase de fe. Tales personas se esfuerzan en vano. Sus almas están en un yugo continuo y no hallan descanso hasta que sus cargas son puestas a los pies de Jesús.

Se necesitan vigilancia constante y ferviente y amante devoción. Pero ellas se presentan naturalmente cuando el alma es preservada por el poder de Dios, mediante la fe.  No podemos hacer nada, absolutamente nada para ganar el favor divino.  No debemos confiar en absoluto en nosotros mismos ni en nuestras buenas obras.  Sin embargo, cuando vamos a Cristo como seres falibles y pecaminosos, podemos hallar descanso en su amor. 

Dios acepta a cada uno que acude a El confiando plenamente en los méritos de un Salvador crucificado.  El amor surge en el corazón.  Puede no haber un éxtasis de sentimientos, pero hay una confianza serena y permanente.  Toda carga se hace liviana, pues es fácil el yugo que impone Cristo.  El deber de convierte en una delicia, y el sacrificio en un placer.  La senda que antes parecía envuelta en tinieblas se hace brillante con los rayos del Sol de Justicia.  Esto es caminar en la luz así como Cristo está en la luz.   (Elena White)

 

FE Y OBRAS–parte 12-

“SIN FE ES IMPOSIBLE AGRADAR A DIOS”(Heb.11:6)-“LA FE SIN OBRAS ES MUERTA” (Sant.2:20)

 CRISTO, NUESTRA JUSTICIA

 MIREN Y VIVAN

En el desierto, cuando el Señor permitió que serpientes venenosas atacaran a los israelitas rebeldes, se instruyó a Moisés que erigiera una serpiente de bronce y ordenara que todos los heridos la miraran y vivieran. Pero muchos no vieron la utilidad de ese remedio indicado por el Cielo.  Los muertos y moribundos los rodeaban por doquiera, y sabían que sin la ayuda divina su muerte era cierta; más lamentaban sus heridas, sus dolores, su muerte segura, hasta que se les acababan las fuerzas y sus ojos quedaban vidriosos, cuando podrían haber recibido una curación instantánea.

“Como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado, para que todo aquel que en El cree, no se pierda, más tenga vida eterna” (Juan 3:14, 15). Si están conscientes de sus pecados, no dediquen todas sus facultades a lamentarse por ellos, sino miren y vivan.  Jesús es nuestro único Salvador, y aunque millones que necesitan ser curados rechacen su misericordia ofrecida, nadie que confía en sus méritos será abandonado para perecer.

Al paso que reconozcamos nuestra condición impotente sin Cristo, no debemos desanimarnos.  Debemos confiar en un Salvador crucificado y resucitado. Jesús ha empeñado su palabra; salvará a todos los que acuden a El. Vayamos a Jesús, y recibiremos descanso y paz.  Nadie piense que su caso es sin esperanza, pues no es así.  Quizá te parezca que eres pecador y que estás perdido, pero precisamente por eso necesitas un Salvador.

Si tienes pecados que confesar, no pierdas tiempo.  Los momentos son de oro.  “Si confesamos nuestros pecados, El es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad” (1 Juan 1:9). Serán saciados lo que tienen hambre y sed de justicia, pues Jesús lo ha prometido. Sus brazos están abiertos para recibirnos, y su gran corazón de amor espera para bendecirnos.

Algunos parecen sentir que deben ser puestos a prueba y deben demostrar al Señor que se han reformado, antes de poder demandar sus bendiciones.  Sin embargo, esas almas pueden pedir ahora mismo la bendición. Deben tener la gracia de Cristo, el Espíritu de Cristo que les ayude en sus debilidades, o no podrán formar un carácter cristiano.  Jesús anhela que vayamos a El tal como somos: pecadores, impotentes, desvalidos. (Elena White)

FE Y OBRAS–parte 11-

“SIN FE ES IMPOSIBLE AGRADAR A DIOS”(Heb.11:6)-“LA FE SIN OBRAS ES MUERTA” (Sant.2:20)

CRISTO, NUESTRA JUSTICIA

“Si confesamos nuestros pecados, El es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad” (1 Juan 1:9).

Dios requiere que confesemos nuestros pecados y humillemos nuestro corazón ante El. Pero al mismo tiempo debiéramos tenerle confianza como a un Padre tierno que no abandonará a los que ponen su confianza en El.  Muchos de nosotros caminamos por vista y no por fe. 

Creemos en las cosas que se ven, pero no apreciamos las preciosas promesas que nos dan en la Palabra de Dios.  Sin embargo, no podemos deshonrar a Dios más decididamente que mostrando que desconfiamos de lo que El dice, y poniendo en duda si el Señor nos habla de verdad o nos está engañando.

Dios no nos abandona por causa de nuestros pecados. Quizás hayamos cometido errores y contristado a su Espíritu, pero cuando nos arrepentimos y acudimos a El con corazón contrito, no nos desdeña. Hay estorbos que deben ser removidos.  Se han fomentado sentimientos equivocados y ha habido orgullo, suficiencia propia, impaciencia y murmuraciones. 

Todo ésto nos separa de Dios.  Deben confesarse los pecados; debe haber una obra más profunda de la gracia en el corazón.  Los que se sienten débiles y desanimados deben llegar a ser hombres fuertes en Dios y deben hacer una noble obra para el Maestro. Pero deben proceder con altura; no deben ser influidos por motivos egoístas.

LOS MERITOS DE CRISTO SON NUESTRA UNICA ESPERANZA

Debemos aprender en la escuela de Cristo.  Sólo su justicia puede darnos derecho a una de las bendiciones del pacto de la gracia.  Durante mucho tiempo hemos deseado y procurado obtener esas bendiciones, pero no la hemos recibido porque hemos fomentado la idea de que podríamos hacer algo para hacernos dignos de ellas. No debemos pensar que nos salvan nuestra propia gracia y nuestros méritos.  La gracia de Cristo es nuestra única esperanza de salvación. 

El Señor promete mediante su profeta: “Deje el impío su camino, y el  hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase a Jehová, el cual tendrá  de él misericordia, y al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar”  (Isaías 55:7). Debemos creer en la promesa en sí, y no aceptar un sentimiento como si fuera fe.  Cuando confiemos plenamente en Dios, cuando descansemos sobre los méritos de Jesús como en un Salvador que perdona los pecados, recibiremos toda la ayuda que podamos desear.

Miramos a nuestro yo como si tuviéramos poder para salvarnos a nosotros mismos, pero Jesús murió por nosotros porque somos impotentes para hacer eso.  En El están nuestra esperanza, nuestra justificación, nuestra justicia.  No debemos desalentarnos y temer que no tenemos Salvador, o que El no tiene pensamientos de misericordia hacia nosotros. 

En este mismo momento está realizando su obra en nuestro favor, invitándonos a acudir a El, en nuestra impotencia y ser salvados.  Lo deshonramos con nuestra incredulidad.  Es asombroso como tratamos a nuestro mejor Amigo, cuán poca confianza depositamos en Aquel que puede salvarnos hasta lo sumo y que nos ha dado toda evidencia de su gran amor.

¿Esperamos que nuestros méritos nos recomienden para recibir el favor de Dios, pensando que debemos ser liberados del pecado antes de que confiemos en su poder de salvar? Si ésta es la lucha que se efectúa en nuestra mente, no obtendremos fortaleza y al final nos desanimaremos.  (Elena White)

FE Y OBRAS–parte 10-

“SIN FE ES IMPOSIBLE AGRADAR A DIOS”(Heb.11:6)-“LA FE SIN OBRAS ES MUERTA” (Sant.2:20)

LA NORMA DE LA VERDADERA SANTIFICACIÓN

CONDENADOS POR LA LUZ QUE RECHAZAN

El mundo entero es culpable ante de la vista de Dios por transgredir su Ley.  El hecho de que la gran mayoría continuará transgrediéndola, y permanecerá así en enemistad con Dios, no es razón para que algunos no se confiesen culpables y se vuelvan obedientes. Para un observador superficial, personas que son naturalmente amables, educadas y refinadas pueden parecer que llevan una vida perfecta. “El hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón” (1 Sam.16:7).

A menos que las verdades vivificantes de la Palabra de Dios, cuando se presentan a la conciencia, sean aceptadas de manera inteligente y entonces cumplidas fielmente en la vida, ningún hombre podrá ver el reino de los cielos.  Para algunos, estas verdades son atractivas por su carácter novedoso, pero no la aceptan como la Palabra de Dios.  Los que no reciben la luz cuando les es presentada, serán condenados por ella.

Hay almas insatisfechas, con hambre y sed de salvación.  De día y noche la carga de sus corazones es: ¿Qué debo hacer para ser salvo? Escuchan anhelosamente discursos populares, con la esperanza de aprender como  pueden ser justificados delante de Dios.  Pero demasiado a menudo sólo oyen una oratoria complaciente, una declamación elocuente. 

Hay corazones tristes y chasqueados. El ministro dice a sus oyentes que no se puede guardar la Ley de Dios. “No es obligatoria para el  hombre de nuestros días –afirma-.  Deben creer en Cristo; El los salvar, solamente crean”.  Así le enseña a hacer de los sentimientos su criterio, y no les proporciona una fe inteligente.  Ese ministro puede profesar que es muy sincero, pero está procurando tranquilizar la conciencia turbada con una falsa esperanza.

VENENO ESPIRITUAL DISIMULADO

Muchos son inducidos a pensar que se hallan en el camino al cielo porque profesan creer en Cristo, mientras rechazan la Ley de Dios. Pero al final descubrirán que estaban en el camino que conduce a la perdición y no al cielo.  El veneno espiritual es disimulado por medio de la doctrina de la santificación, y suministrado a la gente. 

Millares lo tragan anhelosamente, sintiendo que si tan sólo son honestos en su creencia han de estar a salvo.  Pero la sinceridad no convertirá el error en verdad.  Un hombre puede tragar veneno pensando que es alimento, pero su sinceridad no lo salvará de los efectos de la dosis.

Dios nos ha dado su Palabra para que sea nuestra guía.  Cristo dijoEscudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mi” (Juan 5:39). EL oró por sus discípulos “Santifícalos en tu verdad; tu Palabra es verdad” (Juan 17:17).

Pablo dice: Yo ciertamente había creído mi deber hacer muchas cosas contra el nombre de Jesús de Nazaret”  (Hechos 26:9). Pero esta creencia no hizo que ese proceder fuera correcto.  Cuando Pablo recibió el Evangelio de Jesucristo, ese Evangelio lo convirtió en una nueva criatura.  Fue transformado; la verdad plantada en su alma le dio tal fe y coraje como seguidor de Cristo que ninguna oposición pudo moverlo, ningún sufrimiento acobardarlo.

Los hombres pueden elaborar cualquier excusa que les plazca para rechazar la Ley de Dios; pero ninguna excusa será aceptada en el día del juicio.  Los que contienden con Dios y endurecen sus almas culpables en la transgresión, muy pronto deberán enfrentar al Gran Legislador en relación con su Ley quebrantada.

El día de la venganza de Dios vendrá –el día del furor de su ira. ¿Quién soportará el día de su venida?  Los hombres han endurecido sus corazones contra el Espíritu de Dios, pero las flechas de su ira penetrarán donde los dardos de la convicción no pudieron.  Antes de mucho Dios se levantará para ocuparse del pecador.  ¿Hallará excusa el que se unió a la multitud en la senda de la desobediencia?   (Elena White)

 

 

FE Y OBRAS–parte 9-

“SIN FE ES IMPOSIBLE AGRADAR A DIOS”(Heb.11:6)-“LA FE SIN OBRAS ES MUERTA” (Sant.2:20)

LA NORMA DE LA VERDADERA SANTIFICACIÓN

LA SOFISTERIA DE SATANÁS

Es sofistería de Satanás la idea de que la muerte de Cristo introdujo la gracia para ocupar el lugar de la Ley. La muerte de Jesús no modificó ni anuló ni menoscabó en menor grado la Ley de los Diez Mandamientos (Éxodo 20:3-17). 

Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la Ley, hasta que todo se haya cumplido” (Mateo 5:18).

Esa preciosa gracia ofrecida a los hombres por medio de la sangre del Salvador, establece la Ley de Dios. Desde la caída del hombre, el gobierno moral de Dios y su gracia son inseparables.  Ambos van de la mano a través de todas las dispensaciones.  “La misericordia y la verdad se encontraron; la justicia y la paz se besaron: (Salmo 85:10).

Jesús, nuestro Sustituto, aceptó cargar por el hombre con la penalidad de la Ley transgredida. Cubrió su divinidad con humanidad y de ese modo llegó a ser el Hijo del Hombre, un Salvador y Redentor. El hecho mismo de la muerte del amado Hijo de Dios a fin de redimir al hombre, muestra la inmutabilidad de la Ley divina. ¡Cuán fácilmente, desde el punto de vista del transgresor, Dios podría haber abolido su Ley, proveyendo así una vía por la cual los hombres pudieran salvarse y Cristo permanecer en el cielo! 

La doctrina que enseña libertad, mediante la gracia, para quebrantar la Ley, es un engaño fatal. Todo transgresor de la Ley de Dios es un pecador, y nadie puede ser santificado mientras vive conscientemente en pecado,

La condescendencia y la agonía del amado Hijo de Dios no fueron soportadas para concederle al hombre libertad para transgredir la Ley del Padre y no obstante sentarse con Cristo en su trono. Fueron para que mediante los meritos de Jesús, y el ejercicio del arrepentimiento y la fe, hasta el pecador más culpable pudiera recibir el perdón y obtener fortaleza para vivir una vida de obediencia. El pecador no es salvado en sus pecados, sino de sus pecados

QUE ES EL PECADO

El alma debe primeramente se convencida de pecado antes que el pecador sienta el deseo de acudir a Cristo.  “El pecado es infracción de la Ley” (1 Juan 3:4).  “Yo no conocí el pecado sino  por la Ley” (Rom.7:7). Cuando el mandamiento penetró en la conciencia de Saulo, el pecado revivió, y él murió.  Se vio condenado por la Ley de Dios. 

El pecador no puede ser convencido de su culpabilidad a menos que entienda  qué constituye el pecado.  Es imposible para el individuo experimentar la santificación bíblica mientras sostenga que si cree en Cristo da lo mismo que obedezca la Ley de Dios o que la desobedezca.

Los que profesan guardar la Ley de Dios y sin embargo en el corazón se entregan al pecado, son condenados por el Testigo Verdadero.  Pretenden ser ricos en el conocimiento de la verdad; pero no están en armonía con sus principios sagrados.  La verdad no santifica sus vidas.  La Palabra de Dios declara que quien profesa observar los mandamientos, pero cuya vida contradice su fe, es ciego, miserable, pobre y desnudo.

La Ley de Dios es el espejo que presenta una imagen completa del hombre tal cual es, y sostiene delante de él el modelo correcto.  Algunos se alejarán y se olvidarán este cuadro, mientras otros emplearán epítetos injuriosos contra la Ley, como si ésto pudiera remediar sus defectos de carácter.  Pero otros, al verse condenados por la Ley, se arrepentirán de su transgresión y, mediante la fe en los méritos de Cristo, perfeccionarán el carácter cristiano. (Elena White)

FE Y OBRAS–parte 8-

“SIN FE ES IMPOSIBLE AGRADAR A DIOS”(Heb.11:6)-“LA FE SIN OBRAS ES MUERTA” (Sant.2:20)

LA NORMA DE LA VERDADERA SANTIFICACIÓN

“Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo” (1 Tes.5:23).

La santificación se obtiene únicamente en obediencia a la voluntad de Dios. Muchos que deliberadamente pisotean la Ley de Jehová pretenden tener un corazón puro y una vida santificada.  Pero los tales no tienen un conocimiento salvador de Dios o de su Ley.  Se alinean a las filas del gran rebelde. 

El está en guerra contra la Ley de Dios, que es el fundamento del gobierno divino en el cielo y en la tierra.  Estos hombres están realizando el mismo trabajo que su maestro ha hecho al tratar de invalidar la Santa Ley de Dios.  A ningún transgresor de los mandamientos (Éxodo 20:3-17), le será permitido entrar en el cielo; pues aquél que una vez fue un querubín cubridor puro y exaltado, fue arrojado fuera por rebelarse contra el gobierno de Dios.

Para muchos, la santificación es meramente justificación propia.  Y sin embargo estas personas declaran osadamente que Jesús es su Salvador y Santificador.  ¡Qué engaño! ¿Acaso el Hijo de Dios va a santificar al transgresor de la Ley del Padre, esa Ley que Cristo vino a exaltar y honrar? 

EL testifica: “Yo he guardado los mandamientos de mi Padre”. Dios no va a rebajar su Ley para ponerla al nivel de las normas imperfectas del hombre; y el hombre no puede satisfacer los requerimientos de esa Santa Ley sin experimentar arrepentimiento delante de Dios y fe en nuestro Señor Jesucristo.

“Si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo (1 Juan 2:1). Pero Dios no entregó a su Hijo a una vida de sufrimiento e ignominia y a una muerte oprobiosa para exonerar al hombre de la obediencia a la ley divina.  Tan grande es el poder engañoso de Satanás que muchos han sido inducidos a considerar que el sacrificio de Cristo no tiene real valor. Cristo murió porque no había ninguna esperanza para el transgresor.

Este puede tratar de guardar la Ley de Dios en el futuro; pero la deuda en la que ha incurrido en el pasado permanece, y la ley debe condenarlo a muerte. Cristo vino a pagar esa deuda por el pecador, la cual era imposible que este pagara por sí mismo.  Así, mediante el sacrificio expiatorio de Cristo, le fue concedida al hombre pecador otra oportunidad.  (Elena White)

LA SOFISTERIA DE SATANÁS

Continúa en parte 9

FE Y OBRAS–parte 7-

“SIN FE ES IMPOSIBLE AGRADAR A DIOS”(Heb.11:6)-“LA FE SIN OBRAS ES MUERTA” (Sant.2:20)

 DIOS OBRA Y EL HOMBRE OBRA-parte 2-

 “Vosotros sois labranza de Dios” (1 Cor.3:9). El corazón debe ser labrado, mejorado, arado, rastrillado y sembrado a finde producir su fruto para Dios en buenas obras. “Vosotros sois edificio de Dios”.  No podemos edificar por nosotros mismos. Hay un Poder fuera de nosotros, que tiene que edificar poniendo ladrillo sobre ladrillo y cooperando siempre con las facultades y aptitudes dadas por Dios al hombre.  El Redentor debe hallar un hogar en su edificio.  Dios obra y el hombre obra.

Es necesario que continuamente se reciban los dones de Dios, para que pueda haber una entrega de estos dones con la misma liberalidad.  Es un continuo proceso de recibir y devolver.  El Señor ha provisto que el alma reciba alimento de El,  a fin de que sea nuevamente entregado en la realización de sus propósitos. Para que haya sobreabundancia, tiene que haber una recepción de divinidad en la humanidad. “Habitaré y andaré entre ellos” (2 Cor.6:16).

El templo del alma debe ser sagrado, santo, puro e inmaculado.  Debe haber una coparticipación, en la cual todo el poder es de Dios y toda la gloria pertenece a Dios.  La responsabilidad reside en nosotros.  Debemos recibir en pensamientos y en sentimientos, para dar en expresión. La ley de la actividad humana y divina hace del receptor un obrero juntamente con Dios. Lleva al hombre a la posición donde puede, unido con la divinidad, hacer las obras de Dios. La combinación del poder divino y el agente humano será un éxito completo, porque la justicia de Cristo lo realiza todo.

PODER SOBRENATURAL PARA OBRAS SOBRENATURALES

La razón por la cual tantos dejan de ser obreros de éxito es que actúan como si Dios dependiera de ellos, y pretender sugerirle a Dios que debe hacer con ellos, en lugar de depender ellos de Dios.  Ponen a un lado el poder sobrenatural y dejan de hacer la obra sobrenatural.  Dependen todo el tiempo de sus propias facultades humanas. Necesitan elevarse, porque no tienen poder de lo alto.  Dios nos da el cuerpo, la energía mental, el tiempo y la oportunidad de trabajar. Es necesario utilizar todos esos recursos al máximo.  Combinando la humanidad y la divinidad se puede realizar una obra que durará por la eternidad. 

“Por gracia sois salvos por medio de la fe; y ésto no de vosotros, pues es don de Dios” (Efe.2:8).  Aquí hay verdad que desarrollará el tema en tu mente si no la cierras a los rayos de luz.  La vida eterna es un regalo infinito.  Esto la coloca fuera de la posibilidad de que nosotros la ganemos, porque es infinita.  Necesariamente tiene que ser un regalo.  Como regalo, tiene que ser recibida por fe, y a Dios debe ofrecerse la gratitud y la alabanza.  Una fe sólida no conducirá a persona alguna al fanatismo o a actuar como el siervo indolente. 

El poder maléfico de Satanás induce a los hombres a mirarse a sí mismos en lugar de contemplar a Jesús.  La justicia de Cristo debe estar delante de nosotros si la gloria del Señor llega a ser nuestra retaguardia.  Si hacemos la voluntad de Dios podemos recibir grandes bendiciones como un don gratuito del Señor, pero no porque haya mérito alguno en nosotros; éste no tiene valor.  Hagan la obra de Cristo, y ustedes honrarán a Dios y saldrán más que vencedores por medio de Aquél que nos ama y ha dado su vida por nosotros, para que pudiéramos tener vida y salvación en Cristo Jesús.  (Elena White)