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FE Y OBRAS–parte 11-

“SIN FE ES IMPOSIBLE AGRADAR A DIOS”(Heb.11:6)-“LA FE SIN OBRAS ES MUERTA” (Sant.2:20)

CRISTO, NUESTRA JUSTICIA

“Si confesamos nuestros pecados, El es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad” (1 Juan 1:9).

Dios requiere que confesemos nuestros pecados y humillemos nuestro corazón ante El. Pero al mismo tiempo debiéramos tenerle confianza como a un Padre tierno que no abandonará a los que ponen su confianza en El.  Muchos de nosotros caminamos por vista y no por fe. 

Creemos en las cosas que se ven, pero no apreciamos las preciosas promesas que nos dan en la Palabra de Dios.  Sin embargo, no podemos deshonrar a Dios más decididamente que mostrando que desconfiamos de lo que El dice, y poniendo en duda si el Señor nos habla de verdad o nos está engañando.

Dios no nos abandona por causa de nuestros pecados. Quizás hayamos cometido errores y contristado a su Espíritu, pero cuando nos arrepentimos y acudimos a El con corazón contrito, no nos desdeña. Hay estorbos que deben ser removidos.  Se han fomentado sentimientos equivocados y ha habido orgullo, suficiencia propia, impaciencia y murmuraciones. 

Todo ésto nos separa de Dios.  Deben confesarse los pecados; debe haber una obra más profunda de la gracia en el corazón.  Los que se sienten débiles y desanimados deben llegar a ser hombres fuertes en Dios y deben hacer una noble obra para el Maestro. Pero deben proceder con altura; no deben ser influidos por motivos egoístas.

LOS MERITOS DE CRISTO SON NUESTRA UNICA ESPERANZA

Debemos aprender en la escuela de Cristo.  Sólo su justicia puede darnos derecho a una de las bendiciones del pacto de la gracia.  Durante mucho tiempo hemos deseado y procurado obtener esas bendiciones, pero no la hemos recibido porque hemos fomentado la idea de que podríamos hacer algo para hacernos dignos de ellas. No debemos pensar que nos salvan nuestra propia gracia y nuestros méritos.  La gracia de Cristo es nuestra única esperanza de salvación. 

El Señor promete mediante su profeta: “Deje el impío su camino, y el  hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase a Jehová, el cual tendrá  de él misericordia, y al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar”  (Isaías 55:7). Debemos creer en la promesa en sí, y no aceptar un sentimiento como si fuera fe.  Cuando confiemos plenamente en Dios, cuando descansemos sobre los méritos de Jesús como en un Salvador que perdona los pecados, recibiremos toda la ayuda que podamos desear.

Miramos a nuestro yo como si tuviéramos poder para salvarnos a nosotros mismos, pero Jesús murió por nosotros porque somos impotentes para hacer eso.  En El están nuestra esperanza, nuestra justificación, nuestra justicia.  No debemos desalentarnos y temer que no tenemos Salvador, o que El no tiene pensamientos de misericordia hacia nosotros. 

En este mismo momento está realizando su obra en nuestro favor, invitándonos a acudir a El, en nuestra impotencia y ser salvados.  Lo deshonramos con nuestra incredulidad.  Es asombroso como tratamos a nuestro mejor Amigo, cuán poca confianza depositamos en Aquel que puede salvarnos hasta lo sumo y que nos ha dado toda evidencia de su gran amor.

¿Esperamos que nuestros méritos nos recomienden para recibir el favor de Dios, pensando que debemos ser liberados del pecado antes de que confiemos en su poder de salvar? Si ésta es la lucha que se efectúa en nuestra mente, no obtendremos fortaleza y al final nos desanimaremos.  (Elena White)

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