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FE Y OBRAS–parte 15-

“SIN FE ES IMPOSIBLE AGRADAR A DIOS”(Heb.11:6)-“LA FE SIN OBRAS ES MUERTA” (Sant.2:20)

LA VERDADERA NORMA DE SANTIDAD-imperdible-

UN ENGAÑO EXITOSO –parte 2-

Necesitamos cada día esclarecimiento divino; deberíamos orar como lo hizo David: “Abre mis ojos, y miraré las maravillas de tu Ley” (Sal.119:18). Dios tendrá un pueblo sobre la tierra que vindicará su honor al respetar todos sus mandamientos; y sus mandamientos no son penosos, no son un yugo de servidumbre.  David oró en sus días: “Tiempo es de actuar, oh Jehová, porque han invalidado tu Ley” (Sal.119:126).

Ninguno de nosotros puede permitirse deshonrar a Dios viviendo en transgresión de su Ley.  Descuidar la Biblia y entregarnos a la consecución de tesoros mundanales constituye una pérdida inestimable.

Sólo la eternidad ha de revelar el gran sacrificio que muchos han realizado para obtener honor mundanal y comodidades terrenales al precio de la pérdida del alma, la pérdida de riquezas eternales.  Pudieron haber tenido esa vida que se mide con la vida de Dios; pues Jesús murió a fin de poner a su alcance las bendiciones y los tesoros del cielo, para que pudieran no ser considerados pobres, desventurados y miserables en la elevada estimación de la eternidad.

NADIE QUE QUEBRANTE LOS MANDAMIENTOS ENTRARA

Nadie que haya recibido la luz de la verdad y quebrante los mandamientos entrará en la ciudad de Dios.  Su Ley constituye el fundamento de su gobierno en la tierra y en el cielo. Los que conscientemente hayan pisoteado y despreciado su Ley en la tierra no serán llevados al cielo para que allí hagan la misma obra; no se producirá un cambio de carácter cuando Cristo venga.

La edificación del carácter ha de proseguir durante las horas de prueba.  Día tras día nuestras acciones son registradas en los libros del cielo, y en el gran día de Dios seremos recompensados según hayan sido nuestras obras.  Entonces se verá quien recibe la bendición. “Bienaventurados los que guardan sus mandamientos, para que su potencia sea en el árbol de la vida, y que entren por las puertas en la ciudad” (Apoc.22:14). Versión Reina-Valera de 1909.

Los que se levantan contra la Ley de Dios están en guerra contra Dios mismo; y muchos que están llenos de la mayor amargura contra el pueblo de Dios que guarda sus mandamientos, hacen la más aparatosa ostentación de vivir vidas santas e inmaculadas.  Esto puede explicarse solamente de una manera: no tienen espejo en el cual mirarse para descubrir la deformidad de sus caracteres.  Ni José, ni Daniel ni ninguno de los apóstoles pretendieron ser impecables. 

Los hombres que han vivido más cerca de Dios, los hombres que habrían sacrificado la vida misma antes que pecar deliberadamente contra El, los hombres a quienes Dios ha honrado con luz y poder divinos, se han reconocido a sí mismos como pecadores, indignos de sus grandes mercedes.  Han sentido su debilidad y, pesarosos por sus pecados, han tratado de imitar al modelo: Cristo Jesús.   (Elena White)

 

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