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FE Y OBRAS–parte 12-

“SIN FE ES IMPOSIBLE AGRADAR A DIOS”(Heb.11:6)-“LA FE SIN OBRAS ES MUERTA” (Sant.2:20)

 CRISTO, NUESTRA JUSTICIA

 MIREN Y VIVAN

En el desierto, cuando el Señor permitió que serpientes venenosas atacaran a los israelitas rebeldes, se instruyó a Moisés que erigiera una serpiente de bronce y ordenara que todos los heridos la miraran y vivieran. Pero muchos no vieron la utilidad de ese remedio indicado por el Cielo.  Los muertos y moribundos los rodeaban por doquiera, y sabían que sin la ayuda divina su muerte era cierta; más lamentaban sus heridas, sus dolores, su muerte segura, hasta que se les acababan las fuerzas y sus ojos quedaban vidriosos, cuando podrían haber recibido una curación instantánea.

“Como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado, para que todo aquel que en El cree, no se pierda, más tenga vida eterna” (Juan 3:14, 15). Si están conscientes de sus pecados, no dediquen todas sus facultades a lamentarse por ellos, sino miren y vivan.  Jesús es nuestro único Salvador, y aunque millones que necesitan ser curados rechacen su misericordia ofrecida, nadie que confía en sus méritos será abandonado para perecer.

Al paso que reconozcamos nuestra condición impotente sin Cristo, no debemos desanimarnos.  Debemos confiar en un Salvador crucificado y resucitado. Jesús ha empeñado su palabra; salvará a todos los que acuden a El. Vayamos a Jesús, y recibiremos descanso y paz.  Nadie piense que su caso es sin esperanza, pues no es así.  Quizá te parezca que eres pecador y que estás perdido, pero precisamente por eso necesitas un Salvador.

Si tienes pecados que confesar, no pierdas tiempo.  Los momentos son de oro.  “Si confesamos nuestros pecados, El es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad” (1 Juan 1:9). Serán saciados lo que tienen hambre y sed de justicia, pues Jesús lo ha prometido. Sus brazos están abiertos para recibirnos, y su gran corazón de amor espera para bendecirnos.

Algunos parecen sentir que deben ser puestos a prueba y deben demostrar al Señor que se han reformado, antes de poder demandar sus bendiciones.  Sin embargo, esas almas pueden pedir ahora mismo la bendición. Deben tener la gracia de Cristo, el Espíritu de Cristo que les ayude en sus debilidades, o no podrán formar un carácter cristiano.  Jesús anhela que vayamos a El tal como somos: pecadores, impotentes, desvalidos. (Elena White)

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