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FE Y OBRAS–parte 26-

“SIN FE ES IMPOSIBLE AGRADAR A DIOS”(Heb.11:6)-“LA FE SIN OBRAS ES MUERTA” (Sant.2:20)

LA CALIDAD DE NUESTRA FE

LA SENCILLEZ DE LA SALVACIÓN-parte 2-

Entonces, ¿cómo puede el corazón natural despertar al arrepentimiento cuando no tiene poder para hacerlo? ¿Qué es lo que induce al hombre al arrepentimiento? Es Cristo Jesús. ¿Cómo induce al hombre al arrepentimiento?  Hay mil maneras en que puede hacerlo.

El Dios del cielo está obrando sobre las mentes humanas todo el tiempo. En la Palabra de Dios se formula una invitación, y no sólo se formula allí, sino también por medio de todos los que creen en Jesucristo y revelan a Cristo en sus caracteres.  Tal vez no se acerquen directamente a una persona para hablarle respecto a su condición de impenitencia, sin embargo, tal persona percibe, cuando entra en relación con algún discípulo de Jesucristo, que allí hay algo que ella no posee. 

Los fariseos advirtieron que en los discípulos de Jesús había algo que ellos no podían entender. Percibieron algo maravilloso, y en sus mentes quedó claro que los discípulos habían estado escuchando a Jesús y que habían aprendido de El sus lecciones.

Hay impresiones que se producen todo el tiempo.  Hay una atmósfera que rodea al alma humana, y esa atmósfera es una atmósfera celestial o una atmósfera infernal.  No hay sino dos líneas diferentes. O estamos en esta materia del lado de Cristo o estamos del lado del enemigo.  Y si continuamente extraemos rayos de la divina luz de gloria, los ángeles de Dios están a nuestro alrededor y hay una atmósfera que rodea al alma humana. 

Nuestra actitud, nuestras palabras, dan testimonio de una conversión genuina a todos los que entran en la esfera de nuestra influencia. “Y el Espíritu y la Esposa dicen: Ven y el que oye, diga: Ven. Y el que tiene sed, venga”.

Ahora que somos ramas de la Vid viviente seremos nutridos por la sabia que fluye de la Vid.  Fluye a todas las ramas todo el tiempo, y cada rama llevará fruto para la gloria de Dios. “A vuestro Padre le ha placido”  “que llevéis mucho fruto”.  Bien, entonces, ¿Cuál es nuestra actitud? Debe ser una actitud de fe viva.

NO PUEDE SER DEMOSTRADO POR EL RAZONAMIENTO-parte 1-

“Yo quiero -dice alguien- razonar este asunto”.  Bien, razónalo si puedes. “El viento sopla de donde quiere”, y tu oyes su sonido, pero no puedes explicarlo.  Y tampoco puedes explicar cómo obra Dios en el corazón humano. 

No puedes explicar esta fe que se aferra firmemente a los méritos de la sangre de un Salvador crucificado y resucitado para introducir la justicia de Cristo en tu vida. Cubierto con la justicia de Cristo y no con tu propia justicia, no dependerás de lo que puedes hacer o de lo que harás. ¿No sabes que nada puedes hacer sin Cristo? “Separados de mí –dice El- nada podéis hacer?  (Juan 15:5)

Cuando te sientas a la mesa, el alimento que comes es una expresión del amor de Cristo.  Y al escuchar o leer la verdad de las palabras de Dios, recibimos un mensaje que se envía a fin de proclamar para nosotros las palabras de vida.

¿Has estado asimilando las preciosas verdades punto tras punto? ¿O has estado pensando en seguir tus propias ideas y opiniones, y lees y juzgas la Palabra de Dios por tus opiniones y teorías? ¿O cotejarás tus ideas y teorías con la Palabra de Dios permitiendo que te revele donde están las deficiencias y los defectos en tus ideas y teorías?   

Continúa en parte 27

 

 

FE Y OBRAS–parte 25-

“SIN FE ES IMPOSIBLE AGRADAR A DIOS”(Heb.11:6)-“LA FE SIN OBRAS ES MUERTA” (Sant.2:20)

LA CALIDAD DE NUESTRA FE

Leer JUAN 3:1-16

Si no hubiera nada más en todas las Escrituras que señalase definidamente el camino al cielo, lo tenemos aquí en estas palabras. Nos dicen qué es la conversión. Nos indican qué debemos hacer para ser salvos.  Y ésto golpea directamente en la raíz de la obra superficial en el mundo religioso. Choca directamente con la idea de que uno puede llegar a ser un hijo de Dios sin experimentar ningún cambio especial. 

Si la verdad de Dios halla cabida en nuestros corazones, se produce en nosotros un cambio decidido, porque tiene un poder santificador sobre la vida y el carácter.  Cuando veamos los frutos de la justificación en los que manifiestan poseer la verdad avanzada, como nosotros manifestamos tenerla, entonces habrá un curso de acción que dará testimonio de que hemos aprendido de Cristo.

Cuando Cristo, la Esperanza de Israel, fue clavado en la cruz y levantado como le dijo a Nicodemo que lo sería, la esperanza de los discípulos murió con Jesús. Ellos no podían explicar la cuestión.  No podían entender todo lo que Cristo les había dicho al respecto con anticipación.

Pero después de la Resurrección, resucitaron su esperanza y su fe, y salieron a proclamar a Cristo y a Este crucificado.  Contaron como el Señor de vida y gloria había sido tomado y crucificado por manos impías, y como había resucitado. Y así hablaron con gran denuedo las palabras de vida ante las cuales la gente se admiraba sobremanera.

Los fariseos y los que oyeron a los discípulos proclamar osadamente a Jesús como el Mesías, entendieron que ellos habían estado con Jesús y habían aprendido de El. Hablaban tal como Jesús habló. Esto dejó en claro en las mentes de aquellos, que los discípulos habían aprendido de Jesús.  ¿Cómo ha sucedido con sus discípulos en todas las edades del mundo? Ciertamente, han aprendido de Jesús; han estado en su escuela; han sido sus alumnos y han aprendido las lecciones de Cristo respecto a la conexión viviente que el alma tiene con Dios. 

Esa fe viviente es esencial para nuestra salvación a fin de que nos aferremos de los méritos de la sangre del Salvador crucificado y resucitado – de Cristo nuestra justicia. Parecería haber una atmósfera nubosa que se ha acumulado en torno del alma del hombre y que ha cerrado su mente.  Es casi imposible abrirse paso a través de esta atmósfera de duda e incredulidad.  Es casi imposible despertar sus intereses vitales a fin de que pueda comprender lo que necesita hacer para ser salvo.

LA SENCILLEZ DE LA SALVACIÓN –parte 1-

El que se aferre a la justicia de Cristo no ha de esperar ni por un momento que él mismo podrá borrar sus propios pecados.  No necesita aguardar hasta haber experimentado un arrepentimiento satisfactorio antes de poder apropiarse de la justicia de Cristo.  No entendemos el tema de la salvación.  Es tan sencillo como el ABC. Pero no lo entendemos.

Ahora bien, ¿cómo es que se arrepiente el ser humano? ¿Es algo que proviene de sí mismo? NO; porque el corazón natural está en enemistad con Dios.  Entonces, ¿cómo  puede el corazón natural despertar al arrepentimiento cuando no tiene poder para hacerlo?   

Continúa en parte 26

 

 

FE Y OBRAS–parte 24-

“SIN FE ES IMPOSIBLE AGRADAR A DIOS”(Heb.11:6)-“LA FE SIN OBRAS ES MUERTA” (Sant.2:20)

 EL PUEBLO QUE GUARDA LOS MANDAMIENTOS-parte 2-

Además hemos hablado de la oscuridad que el diablo ha arrojado sobre nosotros, y nos hemos lamentado por nuestra situación; y al hacerlo, tan sólo hemos extendido la sombra a otras almas, de manera que eso que nos dañó a nosotros fue también un daño para ellos.  Al pronunciar nuestras palabras de incredulidad, otros han sido envueltos en tinieblas y duda.

No podemos permitirnos hacer esta obra.  De ese modo ponemos a nuestro bondadoso Padre celestial en una luz falsa.  Todo esto debe cambiar.  Debemos recoger los rayos de verdad divina y permitir que nuestra luz ilumine el oscuro sendero de otros. La luz del cielo brilla para los que siguen a Cristo, la luz del mundo.

Yo soy la luz del mundo, el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida”  (Juan 8:12).

¿Qué clase de recomendación de la religión de Cristo damos al mundo si andamos quejándonos y lamentándonos, llenos de pesar? Los que guardan los mandamientos de Dios (Éxodo 20:3-17) deberían hacer manifiesto que la verdad está santificando el alma, refinando y purificando los pensamientos, y elevando el carácter y la vida. Cristo murió para que la imagen moral de Dios pudiera ser restaurada en nuestras almas y pudiese reflejarse ante quienes nos rodean.

Necesitamos beber más y más profundamente de la fuente de vida.  Que ni un alma se sienta satisfecha sin hacer una obra completa para la eternidad, y que pueda verse, a la vez por precepto y por ejemplo, que seamos representantes de Cristo. El Señor está listo para impartir bendiciones aún mayores.

El permitió que toda su benevolencia se manifestara delante de Moisés; proclamó ante él su carácter como un Dios lleno de misericordia, paciente y benigno –que perdona la iniquidad, la transgresión, y el pecado.  Moisés había de representar este carácter ante el pueblo de Israel, y nosotros hemos de hacer lo mismo.

Debemos proclamar la bondad de Dios y poner de manifiesto su verdadero carácter. Debemos reflejar su gloria. ¿No nos hemos unido a la obra del enemigo de las almas, representando erróneamente a nuestro Padre celestial?  ¿No hemos estado juzgando a nuestros hermanos, criticando sus palabras y acciones? Entonces el amor de Dios no se ha entronizado en nuestras almas.  Hagamos un cambio decidido.   (Elena White).

 

FE Y OBRAS–parte 23-

“SIN FE ES IMPOSIBLE AGRADAR A DIOS”(Heb.11:6)-“LA FE SIN OBRAS ES MUERTA” (Sant.2:20)

 EL PUEBLO QUE GUARDA LOS MANDAMIENTOS-parte 1-

Todo el cielo ha estado observando con intenso interés a los que pretenden constituir el pueblo de Dios que guarda los mandamientos.  He aquí los que deberían estar en condición de reclamar todas las ricas promesas de Dios; los que deberían avanzar de gloria en gloria y de fortaleza en fortaleza: los que deberían estar en situación de dar gloria a Dios por medio de las obras que realizan. 

Jesús ha dicho “Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos” (Mateo 5:16).

Debemos asir más y más los divinos rayos de luz del cielo.  Debemos ponernos justamente donde podamos recibir la luz y reflejarla, con toda su gloria, en el sendero de otros.  Nunca ha habido un tiempo en el cual pudiéramos sentir más ánimo y confianza en el trabajo que el actual. Hay muchos en nuestro mundo que no guardan los mandamientos de Dios ni hacen profesión alguna de guardarlos, y sin embargo reclaman sus bendiciones. 

Están deseosos de aceptar las promesas de Dios y de apropiarse de ellas, sin hacer caso de las condiciones sobre las cuales se basan.  Los tales no tienen derecho a las bendiciones que pretenden.

Pero los que guardan los mandamientos, ¿por qué  no han de aferrarse a las promesas que han sido dadas a los hijos de Dios? Podemos ver la justicia de Cristo en la Ley. En la cruz del Calvario, “la misericordia y la verdad se encontraron; la justicia y la paz se besaron”  (Sal.85:10). 

La verdad y la justicia deben ser presentadas con el amor de Dios como se manifestó en Jesús ¡Cuán necesaria se revelará la purificación de toda contaminación moral! Entonces, cuando ésto sea realizado, cuando contemplen al Redentor, su  misericordia y compasión, la contumacia de la voluntad que ha mantenido a tantos alejados de la luz, se desvanecerá por completo de sus almas.

Cada uno de nosotros debe caer sobre la Roca y ser quebrantado. ¿Habrá alguno que se aferrará a su justificación propia? ¿Habrá alguno que mantendrá su obstinación? ¿Hay un corazón que no se subyugará por el amor de Jesús?

Necesitamos acercarnos aún más a Dios… ¿Por qué nuestros corazones han sido tan insensibles al amor de Dios? ¿Por qué hemos pronunciado juicios tan severos acerca de nuestro Padre celestial?  Satanás ha tergiversado a nuestro Dios en toda forma posible.  Ha echado su diabólica sombra a través de nuestro camino, para que no percibamos a nuestro Dios como un Dios de misericordia, compasión y verdad.  Por esto el hierro se ha introducido en nuestras almas.  (Elena White)   

Continúa en parte 24-

FE Y OBRAS–parte 22-

“SIN FE ES IMPOSIBLE AGRADAR A DIOS”(Heb.11:6)-“LA FE SIN OBRAS ES MUERTA” (Sant.2:20)

COMO SABER SI DIOS ESTA GUIANDO

Muchas personas profesan ser santas, perfectas.  Ahora bien, esta doctrina contiene una influencia maléfica.  Tales personas les expondrán maravillosos ejercicios mentales para mostrarles que el Señor los está guiando e instruyendo.  Entonces, ¿cómo podemos saber si el Señor está guiando? Hay una forma de probarlo:

“¡A la ley y al testimonio! Si no dijeren conforme a ésto, es porque no les ha amanecido” (Isa.8:20).

Si se suscita la enemistad del corazón humano cuando se menciona al Señor, el gran Jehová, pueden saber que la persona no tiene comunión con Dios. La gente puede pretender que tiene gran fe en Jesús, y que no hay nada que uno pueda hacer sino que Cristo lo hará por uno.

Cuando Cristo llame a los muertos, dependerá enteramente de nuestro curso de acción si será una resurrección para vida eterna o una resurrección para condenación.  De esta manera ellos mezclan estas verdades completamente con el error, al punto de que no saben que es verdad; y si se les pide que se sienten y escudriñen las Escrituras con uno para ver que dice el Señor, la respuesta es que no tienen necesidad de escudriñar las Escrituras, porque el Señor le ha dicho qué tienen que hacer.

La voz de Dios nos habla por medio de su Palabra, y hay muchas voces que vamos a oír; pero Cristo nos advirtió que debemos cuidarnos de los que nos dijeren: “Aquí está el Cristo, o allí está”.  Entonces ¿cómo sabremos que los tales no tienen la verdad a menos que cotejemos a cada cosa con las Escrituras?  Cristo nos amonestó que estemos alerta de los falsos profetas que vendrán a nosotros en su nombre, diciendo que son el Cristo. 

Si tomamos la posición de que no tiene importancia que entendamos las Escrituras por sí mismas, estaremos en peligro de ser extraviados por estas doctrinas.  Cristo ha dicho que habrá muchos que en el día del juicio dirán: “Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?”  Pero Cristo les responderá: “Apartaos de mi hacedores de maldad”  (Mateo 7:22, 23)

Entendamos que es pecado: es la transgresión de la Ley de Dios. Esta es la única definición que dan las Escrituras. Por consiguiente, vemos que los que pretenden ser guiados por Dios, pero se apartan de El y de su Ley, no escudriñan las Escrituras. 

Pero el Señor conducirá a su pueblo; porque El dice que sus ovejas lo seguirán si oyeren su voz, pero no seguirán a un extraño.  Entonces, nos resulta apropiado comprender cabalmente las Escrituras.  Y no necesitaremos inquirir si otros tienen la verdad, porque se echará de ver en sus caracteres.

SATANÁS OBRARA MILAGROS

Se acerca el tiempo cuando Satanás obrará milagros directamente a la vista de todos, proclamando que él es Cristo; y si nuestros pies no están firmemente establecidos en la verdad de Dios, entonces seremos apartados de su fundamento.

La única seguridad es buscar la verdad como a tesoros escondidos. Es importante que escudriñemos las Escritura continuamente, llenar la mente con la Palabra de Dios, tener los tesoros de la Palabra de Dios guardados en nuestro corazón, y cotejar cada punto con las Escrituras.   (Elena White)

 

FE Y OBRAS–parte 21-

“SIN FE ES IMPOSIBLE AGRADAR A DIOS”(Heb.11:6)-“LA FE SIN OBRAS ES MUERTA” (Sant.2:20)

ADVERTENCIA CONTRA UNA SANTIFICACIÓN ESPURIA

QUE EXIGE DIOS –parte 2-

Y el apóstol Juan declara: “El que dice: Yo le conozco, y no guarda sus mandamientos, el tal es mentiroso, y la verdad no está en él” (1 Juan 2:4).

Es inseguro confiar en los sentimientos o impresiones; éstos no son guías confiables.  La Ley de Dios es la única norma correcta de santidad.  Por esta Ley será juzgado el carácter.  Si alguien que busca la salvación preguntara: “¿Haciendo que cosa heredaré la vida eterna?”, los modernos maestros de la santificación contestarían”  “Tan sólo cree que  Jesús te salvará”. 

Pero cuando a Cristo se le formuló esta pregunta dijo:  “¿Qué está escrito en la ley? ¿Cómo lees?” Y cuando el que preguntaba replicó: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón… y a tu prójimo como a ti mismo”, Jesús dijo “Bien has respondido; haz ésto, y vivirás” (Lucas 10:25-28).

La verdadera santificación se evidenciará por una consideración concienzuda de todos los mandamientos de Dios (Éxodo 20:3-17), por un desarrollo cuidadoso de cada talento, por una conversación circunspecta, por revelar en cada acto la mansedumbre de Cristo.

UNA SANTIFICACIÓN QUE ALEJA DE LA BIBLIA

¿Qué puede esperarse de los que siguen sus propias imaginaciones en lugar de la Palabra de Dios, sino que serán engañados? Los tales desechan el único detector de errores, y ¿qué impedirá que el gran engañador los lleve cautivos a su voluntad? La santificación espuria directamente aleja de la Biblia.  La religión es reducida a una fábula. Sentimientos e impresiones se erigen en criterio. 

Mientras profesan ser impecables y se vanaglorian de su rectitud, los que presumen de santos enseñan que los hombres están en libertad de transgredir la Ley de Dios y que los que obedecen sus preceptos han sido destituidos de la gracia.  Una presentación de las demandas de la Ley levanta su oposición y excita su ira y desprecio. De ese modo revelan su carácter, por cuanto “Los designios de la carne son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la Ley de Dios, ni tampoco pueden” (Romanos: 8:7).

El verdadero seguidor de Cristo no hará jactanciosas proclamaciones de santidad.  El pecador es convencido de pecado por la Ley de Dios.  Ve su propia pecaminosidad en contraste con la perfecta justicia que la Ley prescribe, y ésto lo lleva a la humildad y el arrepentimiento.  Se reconcilia con Dios por medio de la sangre de Cristo; y al continuar caminando con El, obtendrá una comprensión más nítida de la santidad del carácter de Dios y de la naturaleza trascendente de sus requerimientos.  Verá más claramente sus propios defectos y sentirá la necesidad de un continuo arrepentimiento y una fe constante en la sangre de Cristo.

El que lleva consigo un permanente sentido de la presencia de Cristo no puede entregarse a la confianza en sí mismo o a la justificación propia.  Ninguno de los profetas  o apóstoles formularon orgullosas pretensiones de santidad.  Cuanto más se acercaron a la perfección  del carácter, menos dignos y justos se vieron a sí mismos.  Pero los que tienen la menor comprensión de la perfección de Jesús  cuyos ojos están menos dirigidos a El, son los que pretenden con más vehemencia ser perfectos. (Elena White)

 

FE Y OBRAS–parte 20-

“SIN FE ES IMPOSIBLE AGRADAR A DIOS”(Heb.11:6)-“LA FE SIN OBRAS ES MUERTA” (Sant.2:20)

ADVERTENCIA CONTRA UNA SANTIFICACIÓN ESPURIA

La Ley de Dios es la gran norma de santidad.  La advertencia a la gente es contra la moderna santificación espuria que tiene su origen en la adoración del yo en lugar de la sumisión a la voluntad de Dios. Este error está inundando el mundo rápidamente, y como testigos de Dios seremos llamados a dar un decidido testimonio contra él. Es uno de los engaños específicos de los postreros días y demostrará ser una tentación para todos los que creen en la verdad presente. 

Los que no tienen su fe firmemente establecida en la Palabra de Dios serán extraviados.  Y la parte más triste de todo ésto es que tan pocos de los que son engañados por este error hallan alguna vez el camino de regreso a la luz.

La Biblia es la norma por medio de la cual se ha de probar las pretensiones de todos los que profesan santificación.  Jesús oró pidiendo que sus discípulos fueran santificados en la verdad, y dijo: “Tu Palabra es verdad” (Juan 17:17); mientras el salmista declara: “…Y tu ley (es) la verdad” (Sal.119:142). Todos los que son guiados por Dios manifestarán un elevado respeto por las Escrituras en la cuales se oye su voz. 

Para los tales la Biblia será: “Util para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra” (2 Tim.3:16, 17). “Por sus frutos los conoceréis” (Mateo 7:16).

No necesitamos otra evidencia para juzgar la santificación de los hombres; si temen no estar obedeciendo la voluntad de Dios en su integridad, si escuchan diligentemente su voz, confiando en su sabiduría, y haciendo de la Palabra de Dios su consejero, entonces, aunque no hacen alarde de una bondad superior, podemos estar seguros de que están tratando de alcanzar la perfección del carácter cristiano.

Pero si pretenden ser santos hasta insinúan que ya no necesitan escudriñar las Escrituras, podemos declarar sin vacilación que su santificación es espuria.  Se están inclinando ante su propio entendimiento en vez de conformarse a la voluntad de Dios.

QUE EXIGE DIOS –parte 1-

Dios exige en la actualidad exactamente lo que exigió a la santa pareja en el Edén: obediencia perfecta a sus requerimientos. Su Ley permanece inmutable en todas sus edades.  La gran norma de justicia presentada en el Antiguo Testamento no es rebajada en el Nuevo.  No es la función del Evangelio debilitar las demandas de la Santa Ley de Dios, sino elevar a los hombres para que puedan guardar sus preceptos.

La fe en Cristo que salva al alma NO es lo que muchos presentan. “Cree, cree –es su pregón-; sólo cree en Cristo, y serás salvo.  Es lo único que necesitas hacer”. La fe verdadera, a la vez que confía enteramente en Cristo para la  salvación, conducirá a la perfecta conformidad con la Ley de Dios.  La fe se manifiesta en obras.  Y el apóstol Juan declara:

“El que dice: Yo le conozco, y no guarda sus mandamientos, el tal es mentiroso, y la verdad no está en él” (1 Juan 2:4) 

(Elena White)

Continúa en parte 21

 

FE Y OBRAS–parte 19-

“SIN FE ES IMPOSIBLE AGRADAR A DIOS”(Heb.11:6)-“LA FE SIN OBRAS ES MUERTA” (Sant.2:20)

LUCHAR, TRABAJAR Y ESFORZARNOS –parte 2-

Las obras jamás van a salvarnos; son los méritos de Cristo los que contarán en nuestro favor Mediante la fe en El, Cristo hará que todos nuestros imperfectos esfuerzos sean aceptables para Dios. La fe que se requiere que tengamos no es una fe de no hacer nada; fe salvadora es la que obra por amor y purifica el alma.  El que eleve a Dios manos santas sin ira ni duda, caminará inteligentemente en la senda de los mandamientos de Dios.

Si hemos de hallar perdón por nuestros pecados, primero debemos tener conciencia de lo que es el pecado, para que podamos arrepentirnos y producir frutos dignos de arrepentimiento. Debemos tener un fundamento sólido para nuestra fe; debe fundarse en la Palabra de Dios, y sus resultados se manifestarán en obediencia a la voluntad revelada de Dios.  Dice el apóstol: “Seguid….y la santidad, sin la cual nadie vera a Dios” (Heb.12:14).

La fe y las obras nos mantendrán equilibrados y nos darán el éxito en la tarea de perfeccionar el carácter cristiano.  Jesús dice: “No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos” (Mateo 7:21).

Refiriéndose al alimento temporal, el apóstol dijo: “Porque también cuando estábamos con vosotros, os ordenábamos ésto: Si alguno no quiere trabajar, tampoco coma” (2Tes.3:10). La misma regla se aplica a nuestra nutrición espiritual; si alguno ha de tener el pan de vida eterna, que haga esfuerzos para obtenerlo.

Estamos viviendo en un periodo importante e interesante de la historia de la tierra.  Necesitamos más fe que la que hemos tenido hasta ahora; necesitamos un sostén más firme de lo alto.  Satanás está obrando con todo poder para obtener la victoria sobre nosotros, porque sabe que no tiene sino un corto tiempo para trabajar. 

Pablo se esforzó con temor y temblor para obtener su salvación: ¿y no debiéramos temer nosotros? Deberíamos velar en oración, luchando con esfuerzo para entrar por la puerta estrecha.

JESÚS SUPLE NUESTRA DEFICIENCIA

No hay excusa para el pecado o para la indolencia, Jesús ha señalado el camino, y desea que sigamos sus pisadas. El ha sufrido. El se ha sacrificado como ninguno de nosotros puede hacerlo, para poder poner la salvación a nuestro alcance.  No necesitamos desanimarnos.  Jesús vino a nuestro mundo para poner a disposición del hombre el poder divino, a fin de que mediante su gracia pudiéramos ser transformados a su semejanza.

Cuando está en el corazón el propósito de obedecer a Dios, cuando se realizan esfuerzos con ese fin, Jesús acepta esta disposición y esos esfuerzos como el mejor servicio de hombre, y suple la deficiencia con su propio mérito divino. 

Pero no aceptará a los que pretenden tener fe en El y sin embargo son desleales a los mandamientos de su Padre.  Oímos hablar mucho acerca de la fe, pero necesitamos oír mucho más acerca de las obras.  Muchos están engañando a sus propias almas al vivir una religión cómoda, complaciente, sin cruz.  (Elena White)

Pero Jesús dice: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame”. (Mateo 16:24).

 

 

FE Y OBRAS–parte 18-

“SIN FE ES IMPOSIBLE AGRADAR A DIOS”(Heb.11:6)-“LA FE SIN OBRAS ES MUERTA” (Sant.2:20)

FE Y OBRAS 

“Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan”  (Heb.11:6).

Hay muchos en el mundo cristiano que sostienen que todo lo que se necesita para la salvación es tener fe; las obras nada son, lo único esencial es la fe.  Pero la Palabra de Dios nos dice que la fe sola, sin obras, es muerta.  Muchos rehúsan obedecer los mandamientos de Dios, más hacen mucho hincapié en la fe.  Empero la fe debe tener un fundamento.

Todas las promesas de Dios son condicionales. Si hacemos su voluntad, si caminamos en la verdad, entonces podemos pedir lo que queramos, y nos será dado.  Cuando tratamos fervorosamente de ser obedientes. Dios escucha nuestras peticiones; pero El no nos bendecirá si estamos en desobediencia. Si escogemos desobedecer sus mandamientos, podemos gritar “Fe, fe, solamente fe”, y la respuesta vendrá de la segura Palabra de Dios:

“La fe sin obras es muerta” (Sant.2:20). Una fe tal solo será como metal que resuena y címbalo que retiñe.  Para tener los beneficios de la gracia de Dios, debemos hacer nuestra parte; debemos trabajar fielmente y producir frutos dignos de arrepentimiento.

Somos obreros juntamente con Dios.  No hemos de sentarnos con indolencia, a la espera de alguna gran ocasión, para hacer una obra importante por el Maestro.  No hemos de descuidar el deber que está directamente en nuestro camino, sino que hemos de aprovechar las pequeñas oportunidades que se presentan a nuestro alrededor.

LUCHAR, TRABAJAR Y ESFORZARNOS-parte 1-

Debemos hacer todo lo que está de nuestra parte para pelear la buena batalla de la fe.  Debemos luchar, trabajar, esforzarnos para entrar por la puerta estrecha.  Debemos poner al Señor siempre delante de nosotros.  Con manos limpias, con corazones puros, debemos tratar de honrar a Dios en todos nuestros caminos.  Se ha provisto ayuda para nosotros por medio de Aquel que es poderoso para salvar. 

El espíritu de verdad y luz nos vivificará y renovará mediante sus misteriosas operaciones; porque todo nuestro progreso espiritual proviene de Dios, no de nosotros mismos.  El obrero verdadero tendrá el poder divino en su ayuda, pero el indolente no será sostenido por el Espíritu de Dios.

En un sentido somos librados a nuestras propias energías, debemos luchar con ahínco para ser celosos y arrepentirnos, para limpiar nuestras manos y purificar nuestros corazones de toda mancha; debemos alcanzar la norma más elevada, creyendo que Dios nos ayudará en nuestros esfuerzos.  Si hemos de hallar, debemos buscar, y buscar con fe; debemos llamar, para que la puerta pueda abrirse ante nosotros. 

La Biblia enseña que todo lo referente a nuestra salvación depende de nuestro propio curso de acción.  Si perecemos, la responsabilidad yacerá enteramente en nosotros mismos.  Si se ha hecho provisión, y si aceptamos los términos de Dios, podemos apropiarnos de la vida eterna. Debemos acudir a Cristo con fe, debemos ser diligentes para hacer nuestra vocación y elección seguras.

Se promete el perdón de los pecados al que se arrepiente y cree; la corona de vida será el galardón del que es fiel hasta el fin. Podemos crecer en la gracia desarrollándonos por medio de la gracia que ya tenemos.  Debemos mantenernos sin mancha del mundo si hemos de ser hallados sin culpa en el día de Dios. La fe y las obras van de la mano; actúan armoniosamente en la empresa de alcanzar la victoria. Las obras sin fe son muertas, y la fe sin obras es muerta.   (Elena White) 

Continúa en parte 19

FE Y OBRAS–parte 17-

“SIN FE ES IMPOSIBLE AGRADAR A DIOS”(Heb.11:6)-“LA FE SIN OBRAS ES MUERTA” (Sant.2:20)

LA VERDADERA NORMA DE SANTIDAD

SI ALGUNA VEZ HUBO UN TIEMPO, ES AHORA

Si alguna vez hubo un tiempo cuando necesitamos fe y esclarecimiento espiritual, es ahora.  Los que están velando en oración y escudriñando las Escrituras diariamente con un ferviente deseo de conocer y hacer la voluntad de Dios, no serán desviados por ninguno de los engaños de Satanás.  Solo ellos discernirán el pretexto que hombres arteros adoptan para seducir y entrampar. Se dedica tanto tiempo y atención al mundo, al vestido, a la comida y a la bebida, que no se deja tiempo para la oración  y el estudio de las Escrituras.

Queremos la verdad en cada punto, y debemos buscarla como a tesoros escondidos. Por doquier se nos presentan atrayentes fábulas, y los hombres escogen creer en el error antes que en la verdad, porque la aceptación de la verdad entraña una cruz.  El yo debe ser negado; el yo debe ser crucificado. 

Por eso,  Satanás les presenta un camino más fácil invalidando la Ley de Dios.  Cuando Dios deja al hombre librado a su propio rumbo, es para éste la hora más tenebrosa de su vida.  Porque dejar que una criatura obstinada y desobediente tome su propio sendero, que siga la inclinación de su propia mente y acumule las oscuras nubes del juicio de Dios a su alrededor, es algo terrible.

Pero Satanás tiene sus agentes que son demasiado orgullosos para arrepentirse y que están constantemente en acción para echar por tierra y hollar la causa de Jehová.  ¡Qué día de aflicción y desesperación, cuando tengan que hacer frente a su obra con toda su carga de consecuencias! Almas que podrían haber sido salvadas para Jesucristo, se habrán perdido por sus enseñanzas e influencia.

Cristo murió por ellos, para que pudieran tener vida. Abrió delante de ellos el camino por el cual podrían, mediante los méritos de Jesús, guardar la Ley de Dios.  Dice Cristo: “Yo conozco tus obras; he aquí, he puesto delante de ti una puerta abierta, la cual nadie puede cerrar” (Apoc.3:8). Cuán arduamente tratan los hombres de cerrar esa puerta; pero no pueden.  El testimonio de Juan es “Y el templo de Dios fue abierto en el cielo, y el arca de su pacto se veía en el templo”  (Apoc.11:19).

Debajo del propiciatorio, delante del arca, estaban las dos tablas de piedra que contenían la Ley de Jehová.  Los fieles de Dios veían la luz que emanaba de la Ley, para ser dada al mundo. Y ahora la intensa actividad de Satanás tiene el propósito de cerrar esa puerta de luz; pero Jesús dice que nadie puede cerrarla. Los hombres se apartarán de la luz, la atacarán y despreciarán, pero aún resplandece con rayos claros y nítidos para animar y bendecir a todos los que la contemplan.

Los hijos de Dios tendrán un fiera lucha con el adversario de las almas, y se volverá extremadamente encarnizada a medida que nos acercamos a la culminación del conflicto.  Pero el Señor ayudará  a los que se levanten en defensa de su verdad.  (Elena White)