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Posts Tagged ‘el maestro’

MEDITACIONES-REFLEJEMOS A JESÚS-parte 2-

UN MAESTRO ENVIADO DE DIOS

“Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo…para que redimiese a los que estaban bajo la ley, a fin de que recibiésemos la adopción de hijos”. (Gálatas 4:4, 5)

En ocasión de la primera venida de Cristo, tinieblas cubrían la tierra y oscuridad las naciones. La verdad miraba desde los cielos y ninguna parte podía discernir el reflejo de su imagen. La oscuridad espiritual había cubierto el mundo religioso, y esta oscuridad era casi universal y completa.

Todo proclamaba la urgente necesidad que tenía la tierra de un Maestro enviado de Dios, un Maestro en quien se hubieran unido la divinidad y la humanidad. Era esencial que Cristo apareciera en forma humana, y estuviera a la cabeza de la raza humana, para elevar a los caídos seres humanos.

Cristo se ofreció para poner a un lado su manto real y su corona regia, y venir a esta tierra para mostrar a los seres humanos lo que pueden llegar a ser si cooperan con Dios. Vino para brillar en medio de la oscuridad, para disipar las tinieblas con el resplandor de su presencia.

En consulta, el Padre y el Hijo decidieron que Cristo debía venir al mundo como un niño, y vivir la vida de los seres humanos desde la niñez hasta la madurez, soportar las pruebas que ellos deben soportar, y al mismo tiempo vivir una vida sin pecado, como para que los hombres pudieran ver en El un ejemplo de lo que podrían llegar a ser, y para que El supiera por experiencia como ayudarles en sus luchas con el pecado. Fue probado como es probado el hombre, tentado como es tentado el hombre. La vida que vivió en este mundo la pueden vivir los hombres por medio de su poder y bajo sus instrucciones.

Los patriarcas y los profetas habían predicho la venida de un distinguido Maestro, cuyas palabras estarían revestidas con poder y autoridad invencibles. Habría de predicar el Evangelio a los pobres, y proclamar el año aceptable del Señor. Habría de traer juicio a la tierra; las costas debían esperar su ley; las naciones andarían a su luz, y los reyes al resplandor de su nacimiento. El era el “ángel del pacto” y el “Sol de justicia”.

Y “cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo”. El Maestro celestial había venido. ¿Quién era? Nada menos que el Hijo de Dios mismo. Apareció como Dios y al mismo tiempo como el Hermano mayor de la raza humana. (Signs of the Times)

Practicaba lo que enseñaba. El era lo que enseñaba. Sus palabras no sólo eran la expresión de la experiencia de su propia vida, sino de su propio carácter. No sólo enseñó la verdad; El era la verdad. Eso fue lo que dio poder a su enseñanza.   (La Educación)

 

 

 

 

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 AMPARO Y FORTALEZA –parte 36-

EL SECRETO DE LA FELICIDAD Y LA VICTORIA-parte 5-

¿COMO PERMANECER CON CRISTO?-parte 2-

ESTUDIO DE LA PALABRA: La Biblia fue escrita para gente común. Las grandes verdades necesarias para la salvación están presentadas  con tanta claridad como la luz del mediodía.

Tengamos nuestras Biblias a mano. Leámosla cuando tengamos oportunidad; fijemos los textos en nuestra memoria.  No podemos obtener sabiduría sin una atención verdadera y un estudio con oración.  Nunca se deben estudiar las Sagradas Escrituras sin oración.  Antes de abrir sus páginas debemos pedir iluminación del Espíritu Santo, y ésta nos será dada.  Los ángeles del mundo de luz acompañarán a los que busquen con humildad de corazón la dirección divina. ¡Cuánto no  estimará Dios a la raza humana, siendo que dio a su Hijo para que muriese por ella, y manda su Espíritu para que sea de continuo el Maestro y Guía del hombre!

ORACIÓN: Orar es el acto de abrir nuestro corazón a Dios como a un amigo.  No es que se necesite ésto para que Dios sepa lo que somos, sino a fin de capacitarnos para recibirle.  La oración no baja a Dios hacia nosotros, antes bien nos eleva a El.

Nuestro Padre celestial está esperando derramar sobre nosotros la plenitud de sus bendiciones. ¡Cuán extraño es que oremos tan poco! Dios está pronto y dispuesto a oír la oración de sus hijos.  Las tinieblas del malo cercan a aquellos que descuidan la oración.  Las tentaciones secretas del enemigo los incitan al pecado; y todo porque ellos no se valen del privilegio de orar, cuando la oración es la llave en la mano de la fe para abrir el almacén del cielo, donde están atesorados los recursos infinitos de la Omnipotencia.

Hay ciertas condiciones de acuerdo con las cuales podemos esperar que Dios oiga y conteste nuestras oraciones:

  • Una de las primeras es que sintamos necesidad de la ayuda que El puede dar.  Si toleramos la iniquidad en nuestro corazón, si nos aferramos a algún pecado conocido, el Señor no nos oirá; más la oración del alma arrepentida y contrita será siempre aceptada.  Cuando hayamos confesado con corazón contrito, y reparado en lo posible todos nuestros pecados conocidos, podemos esperar que Dios contestará nuestras oraciones.
  • La oración eficaz tiene otro elemento: la fe.  Cuando nos parezca que nuestras oraciones no son contestadas, debemos aferrarnos a la promesa; porque el tiempo de recibir contestación vendrá seguramente y recibiremos las bendiciones que más necesitamos.  Por supuesto, pretender que nuestras oraciones sean siempre contestadas en la misma forma y según la cosa particular que pidamos es presunción.
  • Cuando vamos a Dios en oración, debemos tener un espíritu de amor y perdón en nuestro propio corazón.
  • La perseverancia en la oración ha sido constituida en condición para recibir.  Debemos orar siempre si queremos crecer en fe y en experiencia. No hay tiempo o lugar en que sea impropio orar a Dios.  En medio de las multitudes de las calles o en medio de una sesión de nuestros negocios, podemos elevar a Dios una oración e implorar la dirección divina.  (Ver Nehemías 2:4)

TESTIMONIO

Continúa en parte 6

 

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ESPERANZA PARA EL PLANETA TIERRA – EL FUTURO BRILLANTE DE UNA RAZA CAIDA –parte 53-

COMO SOMOS SALVOS –parte 20-

EMANUEL PARA SIEMPRE-parte 2-

En esta ocasión no estaba presente Tomás.  Cuando los demás discípulos le dijeron que habían visto al Señor, él se negó a creerles: “Si no viere en sus manos la señal de los clavos, y metiere mi dedo en el lugar de los clavos, y metiere mi mano en su costado, no creeré”. (Juan 20:25).

Ocho días más tarde, Jesús visitó de nuevo a los discípulos estando presente  Tomás. El Maestro le dijo: “Pon aquí tu dedo, y mira mis manos; y acerca tu mano, y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente” (Juan 20:27) ¡Jesús aún poseía carne y huesos después de su resurrección!

He aquí la razón por la cual anhela tanto estar con nosotros. Cuando se encarnó, llegó a ser parte de la familia humana. Al entregar su cetro en manos del Padre y al asumir la humanidad, lo hizo para siempre. Se ha identificado con nosotros y no se avergüenza de llamarnos hermanos (Hebreos 2:11). Somos su familia y quiere estar con nosotros. 

Concerniente a ésto dice Elena White “Al tomar nuestra naturaleza, el Salvador se vinculó con la humanidad por un vínculo que nunca se ha de romper.  A través de las edades eternas, queda ligado con nosotros…Para asegurarnos los beneficios de su inmutable consejo de paz,  Dios dio a su Hijo unigénito para que llegase a ser miembro de la familia humana, y retuviese para siempre la naturaleza humana…En Cristo, la familia de la tierra y la familia del cielo están ligadas. Cristo glorificado es nuestro hermano.  El cielo está incorporado en la humanidad, y la humanidad, envuelta en el seno del Amor Infinito” (El Deseado de todas la gentes-pág.17).

¡Qué increíble! El que nunca tuvo comienzo y nunca tendrá fin; el que creó todo el universo de la nada, y llamó a la existencia a las innumerables galaxias del espacio infinito; el que sustenta todo con la palabra de su potencia, se hizo hombre para salvarnos, y conservara su humanidad por los siglos de los siglos sin fin.  El es la escalera que vio Jacob en su sueño, que estaba asentada en la tierra y cuya cima alcanzaba hasta el más alto cielo (ver Juan 1:51).  Jesús ha vinculado el cielo y la tierra al hacerse hombre, y este vínculo nunca se ha de romper.

Cuando el primer Adán le entregó el dominio del mundo a Satanás, se hizo necesario que viniese un segundo Adán para arrebatarle a Satanás lo que le había quitado al hombre. Jesús es ese segundo Adán (ver Romanos 5:12-21; 1 Corintios 15:45).  Para siempre Cristo será el representante de la raza humana, para siempre será Dios con nosotros.  He aquí la esencia del misterio de la piedad.  El gran Dios llegó a ser carne para siempre.  Su humillación es eterna.  No cabe duda de que lo que Jesús más quiere es estar con su familia. Pero, ¿anhelamos nosotros estar con El tanto como El con nosotros?

Si amamos a Jesús por encima de todas las cosas, estaremos contando los días hasta que El venga.  Estaremos esperando con ansias el momento en que podamos estar en su presencia. El apóstol Pablo conoció personalmente a Jesús en el camino a Damasco y desde ese día trabajó con todas sus fuerzas para esparcir el Evangelio a fin de apresurar la venida de su querido Señor.

Continúa en parte 54

 

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FE Y OBRAS–parte 18-

“SIN FE ES IMPOSIBLE AGRADAR A DIOS”(Heb.11:6)-“LA FE SIN OBRAS ES MUERTA” (Sant.2:20)

FE Y OBRAS 

“Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan”  (Heb.11:6).

Hay muchos en el mundo cristiano que sostienen que todo lo que se necesita para la salvación es tener fe; las obras nada son, lo único esencial es la fe.  Pero la Palabra de Dios nos dice que la fe sola, sin obras, es muerta.  Muchos rehúsan obedecer los mandamientos de Dios, más hacen mucho hincapié en la fe.  Empero la fe debe tener un fundamento.

Todas las promesas de Dios son condicionales. Si hacemos su voluntad, si caminamos en la verdad, entonces podemos pedir lo que queramos, y nos será dado.  Cuando tratamos fervorosamente de ser obedientes. Dios escucha nuestras peticiones; pero El no nos bendecirá si estamos en desobediencia. Si escogemos desobedecer sus mandamientos, podemos gritar “Fe, fe, solamente fe”, y la respuesta vendrá de la segura Palabra de Dios:

“La fe sin obras es muerta” (Sant.2:20). Una fe tal solo será como metal que resuena y címbalo que retiñe.  Para tener los beneficios de la gracia de Dios, debemos hacer nuestra parte; debemos trabajar fielmente y producir frutos dignos de arrepentimiento.

Somos obreros juntamente con Dios.  No hemos de sentarnos con indolencia, a la espera de alguna gran ocasión, para hacer una obra importante por el Maestro.  No hemos de descuidar el deber que está directamente en nuestro camino, sino que hemos de aprovechar las pequeñas oportunidades que se presentan a nuestro alrededor.

LUCHAR, TRABAJAR Y ESFORZARNOS-parte 1-

Debemos hacer todo lo que está de nuestra parte para pelear la buena batalla de la fe.  Debemos luchar, trabajar, esforzarnos para entrar por la puerta estrecha.  Debemos poner al Señor siempre delante de nosotros.  Con manos limpias, con corazones puros, debemos tratar de honrar a Dios en todos nuestros caminos.  Se ha provisto ayuda para nosotros por medio de Aquel que es poderoso para salvar. 

El espíritu de verdad y luz nos vivificará y renovará mediante sus misteriosas operaciones; porque todo nuestro progreso espiritual proviene de Dios, no de nosotros mismos.  El obrero verdadero tendrá el poder divino en su ayuda, pero el indolente no será sostenido por el Espíritu de Dios.

En un sentido somos librados a nuestras propias energías, debemos luchar con ahínco para ser celosos y arrepentirnos, para limpiar nuestras manos y purificar nuestros corazones de toda mancha; debemos alcanzar la norma más elevada, creyendo que Dios nos ayudará en nuestros esfuerzos.  Si hemos de hallar, debemos buscar, y buscar con fe; debemos llamar, para que la puerta pueda abrirse ante nosotros. 

La Biblia enseña que todo lo referente a nuestra salvación depende de nuestro propio curso de acción.  Si perecemos, la responsabilidad yacerá enteramente en nosotros mismos.  Si se ha hecho provisión, y si aceptamos los términos de Dios, podemos apropiarnos de la vida eterna. Debemos acudir a Cristo con fe, debemos ser diligentes para hacer nuestra vocación y elección seguras.

Se promete el perdón de los pecados al que se arrepiente y cree; la corona de vida será el galardón del que es fiel hasta el fin. Podemos crecer en la gracia desarrollándonos por medio de la gracia que ya tenemos.  Debemos mantenernos sin mancha del mundo si hemos de ser hallados sin culpa en el día de Dios. La fe y las obras van de la mano; actúan armoniosamente en la empresa de alcanzar la victoria. Las obras sin fe son muertas, y la fe sin obras es muerta.   (Elena White) 

Continúa en parte 19

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FE Y OBRAS–parte 11-

“SIN FE ES IMPOSIBLE AGRADAR A DIOS”(Heb.11:6)-“LA FE SIN OBRAS ES MUERTA” (Sant.2:20)

CRISTO, NUESTRA JUSTICIA

“Si confesamos nuestros pecados, El es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad” (1 Juan 1:9).

Dios requiere que confesemos nuestros pecados y humillemos nuestro corazón ante El. Pero al mismo tiempo debiéramos tenerle confianza como a un Padre tierno que no abandonará a los que ponen su confianza en El.  Muchos de nosotros caminamos por vista y no por fe. 

Creemos en las cosas que se ven, pero no apreciamos las preciosas promesas que nos dan en la Palabra de Dios.  Sin embargo, no podemos deshonrar a Dios más decididamente que mostrando que desconfiamos de lo que El dice, y poniendo en duda si el Señor nos habla de verdad o nos está engañando.

Dios no nos abandona por causa de nuestros pecados. Quizás hayamos cometido errores y contristado a su Espíritu, pero cuando nos arrepentimos y acudimos a El con corazón contrito, no nos desdeña. Hay estorbos que deben ser removidos.  Se han fomentado sentimientos equivocados y ha habido orgullo, suficiencia propia, impaciencia y murmuraciones. 

Todo ésto nos separa de Dios.  Deben confesarse los pecados; debe haber una obra más profunda de la gracia en el corazón.  Los que se sienten débiles y desanimados deben llegar a ser hombres fuertes en Dios y deben hacer una noble obra para el Maestro. Pero deben proceder con altura; no deben ser influidos por motivos egoístas.

LOS MERITOS DE CRISTO SON NUESTRA UNICA ESPERANZA

Debemos aprender en la escuela de Cristo.  Sólo su justicia puede darnos derecho a una de las bendiciones del pacto de la gracia.  Durante mucho tiempo hemos deseado y procurado obtener esas bendiciones, pero no la hemos recibido porque hemos fomentado la idea de que podríamos hacer algo para hacernos dignos de ellas. No debemos pensar que nos salvan nuestra propia gracia y nuestros méritos.  La gracia de Cristo es nuestra única esperanza de salvación. 

El Señor promete mediante su profeta: “Deje el impío su camino, y el  hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase a Jehová, el cual tendrá  de él misericordia, y al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar”  (Isaías 55:7). Debemos creer en la promesa en sí, y no aceptar un sentimiento como si fuera fe.  Cuando confiemos plenamente en Dios, cuando descansemos sobre los méritos de Jesús como en un Salvador que perdona los pecados, recibiremos toda la ayuda que podamos desear.

Miramos a nuestro yo como si tuviéramos poder para salvarnos a nosotros mismos, pero Jesús murió por nosotros porque somos impotentes para hacer eso.  En El están nuestra esperanza, nuestra justificación, nuestra justicia.  No debemos desalentarnos y temer que no tenemos Salvador, o que El no tiene pensamientos de misericordia hacia nosotros. 

En este mismo momento está realizando su obra en nuestro favor, invitándonos a acudir a El, en nuestra impotencia y ser salvados.  Lo deshonramos con nuestra incredulidad.  Es asombroso como tratamos a nuestro mejor Amigo, cuán poca confianza depositamos en Aquel que puede salvarnos hasta lo sumo y que nos ha dado toda evidencia de su gran amor.

¿Esperamos que nuestros méritos nos recomienden para recibir el favor de Dios, pensando que debemos ser liberados del pecado antes de que confiemos en su poder de salvar? Si ésta es la lucha que se efectúa en nuestra mente, no obtendremos fortaleza y al final nos desanimaremos.  (Elena White)

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