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DIOS EL PADRE -segunda parte-

DIOS DE BONDAD Y FIDELIDAD: A pesar de la grandeza de Dios, Israel pasó la mayor parte del tiempo apartado de El  (Lev.26, Deut.28). El libro de Oseas describe en forma conmovedora la fidelidad de Dios frente al flagrante rechazo e infidelidad de su pueblo. La persistente disposición de Dios de perdonar, revela su carácter de amor incondicional. “Mi siervo eres tu; te escogí, y no te deseché. No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia” (Isa.41:9,10).  A pesar de su infidelidad Dios le responde con ternura.

DIOS DE SALVACION Y VENGANZA:   A través del tema del “día del Señor”, los profetas revelan las acciones de Dios en defensa de su pueblo al fin del tiempo. Es un día de salvación para su pueblo, pero un día de venganza sobre sus enemigos, los cuales serán destruidos. “Decid a los de corazón apocado: Esforzaos, no temáis; he aquí  que vuestro Dios viene con retribución, con pago; Dios mismo vendrá, y os salvara” (Isa.35:4).

DIOS PATERNAL: Isaías escribió:”Ahora pues, Jehová, tú eres nuestro Padre” (Isa.64:8; véase el cap. 63:16), “¿No tenemos todos un mismo Padre?  ¿No nos ha creado un mismo Dios? (Mal.2:10)

DIOS EL PADRE DEL NUEVO TESTAMENTO: El Dios de Antiguo Testamento no difiere del Dios del Nuevo.

EL PADRE DE TODA LA CREACION: Pablo identifica al Padre, distinguiéndolo de Jesucristo: “Sólo hay un Dios, El Padre, del cuál proceden todas las cosas…… y un Señor, Jesucristo, por medio del cual son todas las cosas, y nosotros por medio de El” (1Cor.8:6;  Heb.12:9,  Juan 1:17).

EL PADRE DE TODOS LOS CREYENTES: En los tiempo del Nuevo Testamento, existe una relación espiritual entre Dios y el creyente individual. A través de la redención que Cristo ha obrado, los creyentes son adoptados como hijos de Dios. El Espíritu Santo facilita esta relación.

JESUS REVELA AL PADRE: Jesús, Dios el Hijo, proveyó la más profunda revelación de Dios el Padre al venir en la carne humana, en calidad de autorevelación de Dios (Juan 1: 1,14). Jesús dijo: “He descendido del cielo” (Juan6:38); “el que me ha visto a mí, ha visto al Padre” (Juan 14:9)

UN DIOS QUE DA: Jesús reveló que su Padre es un Dios generoso, que da.  Vemos su generosidad en el acto de dar durante la creación, en Belén y en el Calvario. En la creación El Padre y el Hijo actuaron juntos. Dios nos dio vida a pesar de saber que hacer eso llevaría a su propio Hijo a la muerte.

UN DIOS DE AMOR: dijo el Salvador  “Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y  orad por los que os ultrajan y os persiguen; Para que seáis hijos de vuestro Padre que esta en los cielos, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos” (Mat.5:44,45)  Al humillarse para lavar los pies del que lo traicionaría, Jesús reveló la naturaleza amante del Padre.  Al contemplar a Cristo alimentando a los hambrientos, sanando a los sordos, devolviendo a los mudos el habla, abriendo lo ojos de los ciegos, levantando a lo paralíticos, curando a los leprosos, resucitando a los muertos, perdonando a los pecadores, y echando fuera demonios vemos al Padre mezclándose con los hombres, trayéndoles su vida, libertándolos, concediéndoles esperanza y llamando su atención a la nueva tierra restaurada que habría de venir. Cristo sabía que la única forma de llevar a los individuos al arrepentimiento era revelarles el precioso amor de su Padre.

    

 

 

NUTRICION, DIETA Y SALUD-ELEMENTOS QUE INTERVIENEN-parte 1-

GUÍA PRACTICA PARA DISFRUTAR DE UNA BUENA SALUD CON VITAMINAS, MINERALES, HIERBAS Y SUPLEMENTOS ALIMENTARIOS. –James F. Balch, M.D.*** Phyllis A. Balch, C.N.C.-

INTRODUCCION

El cuerpo humano es un organismo complejo que tiene la capacidad de curarse a sí mismo si sabemos escucharlo y si respondemos brindándole la nutrición y los cuidados adecuados. A pesar de todos los abusos que soporta nuestro organismo- exposición a las toxinas del medio ambiente, mala nutrición, tabaquismo, consumo de alcohol o vida sedentaria- por lo general nos sirve muy bien y durante muchos años antes de empezar a mostrar signos de deterioro. Pero incluso entonces, con un poco de ayuda, nuestro organismo responde y sigue funcionando.

Imaginemos que nuestro organismo se compone de millones de máquinas pequeñísimas.  Algunas de esas máquinas funcionan al unísono, mientras que otras lo hacen de manera independiente.  No obstante, todas están preparadas para actuar durante las veinticuatro horas del día. 

Las máquinas necesitan combustibles específicos para poder funcionar correctamente.  Si se les proporciona un combustible inadecuado las máquinas no funcionan al máximo de su capacidad.  Si el combustible es de mala calidad, es posible que pierdan fuerza.  Y si a las máquinas no se les da combustible, se detienen.

El combustible que le proporcionamos a nuestro organismo proviene directamente de lo que comemos. Los alimentos que consumimos contienen nutrientes.  Los nutrientes vienen en forma de vitaminas, minerales, enzimas, agua, aminoácidos, carbohidratos y lípidos.  Estos nutrientes sostienen nuestra vida porque suministran los materiales básicos que nuestro organismo necesita para desempeñar sus funciones cotidianas.

Los nutrientes individuales no solo difieren en su forma y en su función, sino también en la cantidad que el organismo necesita.  No obstante, todos son vitales. Los procesos en los cuales intervienen los nutrientes se realizan a nivel microscópico y presentan grandes diferencias. 

Los nutrientes participan en todos los procesos del organismo: desde combatir las infecciones hasta pensar, pasando por la reparación de los tejidos.  Aunque las funciones específicas de los nutrientes son distintas, tienen una función en común: mantenernos con vida.

Cuando no consumimos los nutrientes adecuados no sólo nos hacemos mucho daño, sino que las funciones normales del organismo pueden resultar perjudiciales.  La ausencia de síntomas morbosos no significa necesariamente que estemos sanos. Eso podría deberse a que aún no se han presentado síntomas visibles de ninguna enfermedad. 

Un problema que casi todos tenernos es que no obtenemos en la dieta nutrientes que necesitamos, porque consumimos la mayor parte de los alimentos cocidos o procesados.  La cocción y el procesamiento de los alimentos destruyen los nutrientes vitales que el organismo requiere para funcionar correctamente.  Los alimentos orgánicos crudos que aportan esos elementos son muy escasos en la dieta de la actualidad.

En la década pasada se hicieron nuevos e importantes descubrimientos acerca de la nutrición, su influencia en el organismo y el papel que desempeña en las enfermedades.  Los fitonutrientes son un ejemplo de esos hallazgos de investigación. 

Los fitonutrientes son químicos presentes en las plantas que las convierten en organismos activos desde el punto de vista biológico.  No son nutrientes en el sentido clásico, sino lo que determina el color de la planta, su sabor y su resistencia frente a las enfermedades.

Los investigadores han identificado miles de fotoquímicas y han desarrollado una tecnología que les permite extraer esos compuestos químicos y concentrarlos en cápsulas, polvos y pastillas.  Se llaman nutraceuticals y son los suplementos dietéticos más novedosos que existen en la actualidad.

Si entendemos los principios de la nutrición y sabemos que nutrientes necesitamos, podemos mejorar nuestro estado de salud, prevenir enfermedades y conservar el equilibrio que la naturaleza aspira que tengamos.

FRUTOS DEL ESPÍRITU

DOMINIO PROPIO

 

“Y Daniel propuso en su corazón no contaminarse con la porción de la comida del rey, ni con el vino que él bebía; pidió, por tanto al jefe de los eunucos que no se le obligue a contaminarse”. (Daniel 1:8)

Haríamos bien en ponderar las lecciones que este texto encierra.  Un estricto acatamiento a las exigencias de la Biblia será una bendición para el cuerpo y todo el ser.  El fruto del Espíritu no es solamente amor, gozo paz; también es temperancia. Por ser templos del Espíritu Santo tenemos el desafío de no contaminar nuestros cuerpos.

Los cautivos hebreos fueron hombres con pasiones semejantes a las nuestras; sin embargo, permanecieron firmes en medio de las atractivas influencias de la lujuriosa corte de Babilonia.  La juventud de nuestro tiempo está rodeada por las seducciones de la gratificación propia.  Especialmente en las grandes ciudades, cada expresión de la complacencia sensual se presenta en forma incitante y al alcance de todos. Los que, como Daniel, rehúsan contaminarse, cosecharán la recompensa de los hábitos temperantes.  Gracias a un mayor vigor físico y su acrecentado poder de resistencia, contarán con una reserva para afrontar situaciones de emergencia.

Los buenos hábitos físicos contribuyen a la superioridad mental. El poder intelectual, el vigor físico y las expectativas de vida depende de leyes inmutables. La naturaleza creada por Dios no interfiere para preservar al ser humano de las consecuencias resultantes de la violación de sus exigencias.  El que lucha por la victoria debe ser temperante en todo.  La claridad de pensamiento y firmeza de propósito de Daniel, su poder para adquirir conocimiento y resistir la tentación, en buena medida fueron logrados por la sencillez de la dieta en conexión con su vida de oración.

La historia de Daniel y sus valiosos compañeros fue registrada en las páginas de la Palabra divina para beneficio de la juventud de las generaciones posteriores.  Mediante el relato de la fidelidad a los principios de salud, Dios comunica su mensaje a jóvenes  de nuestros días para invitarlos a recoger y exaltar los preciosos rayos de luz que El ha proporcionado en el tema de la temperancia cristiana, y para que se pongan en armonía con las leyes de salud.   (The Youth’s Instructor)

 

 

FRUTOS DEL ESPÍRITU

TEMPERANCIA

 

“Si, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios”. (1 Corintios 10:31)

Dios exige que todos los hombres presenten en sacrificio sus cuerpos impuros, enfermos y debilitados por los hábitos.  Espera un sacrificio vivo. Dios dice que el cuerpo es el templo del Espíritu Santo, la habitación de su Espíritu y, por lo tanto, requiere que todos los que llevan su imagen cuiden sus cuerpos para su servicio y para su gloria.  “No sois vuestros, habéis sido comprados por precio” (1 Corintios 6:20). A fin de lograrlo, a la virtud agregue conocimiento, y al conocimiento temperancia, y a la temperancia paciencia.

Es un deber saber cómo preservar el cuerpo en las mejores condiciones de salud; y es sagrada la responsabilidad de vivir en armonía con la luz que tan generosamente nos ha sido concedida.  Si cerramos los ojos a esa iluminación por temor a ver los errores que no estamos dispuestos a abandonar, nuestros pecados aumentarán en lugar de disminuir.  Si alguno se aleja de la luz, otro seguirá su ejemplo.

Violar las leyes de la salud es tan pecaminoso como quebrantar uno de los 10 mandamientos. (Éxodo 20:3-17). Por lo tanto, cualquier transgresión de uno de los diez, igualmente será una violación de toda la Ley de Dios.  No podemos amar al Señor con todo nuestro corazón, mente, espíritu y fuerzas, en tanto amemos nuestros apetitos y gustos mucho más que al Señor.  Mientras El exige toda nuestra fuerza y toda nuestra mente, como resultado de malos hábitos algunos diariamente debilitan su fortaleza para glorificar a Dios, y sin embargo profesan ser seguidores de Cristo que están preparándose para recibir  el toque final de la inmortalidad.

Examinemos cuidadosamente nuestro corazón para ver si estamos tratando de imitar al Modelo infalible, y todo nos saldrá bien.  En todo glorifiquemos su nombre. Despojémonos de todo egoísmo y del amor propio.

 

FRUTOS DEL ESPÍRITU

MANSEDUMBRE

 

“Con toda humildad y mansedumbre, soportándonos con paciencia los unos a los otros en amor” (Efesios 4:2)

Contemplemos al Hombre del Calvario, al que pusieron en su cabeza una corona de espinas,  que cargó sobre sí la vergonzosa cruz y que paso a paso descendió por la senda de la humillación.  Miremos al varón de dolores, experimentado en quebranto, despreciado y desechado entre los hombres.  “Ciertamente llevó El nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores”. “Más El herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre El, y por su llaga fuimos nosotros curados” (Isaías 53:4, 5).  Contemplemos el calvario hasta que nuestro corazón se ablande con el maravilloso amor del Hijo de Dios.  El no dejó nada sin hacer para que el hombre caído pudiera ser elevado y purificado.

¿Por qué no confesar su nombre? ¿La religión de Cristo degradará al que la abraza? NO. De modo alguno ¿será una deshonra seguir los pasos del Hombre del Calvario? Cada día sentémonos a los pies de Cristo para aprender de El, para que en nuestra conducta, conversación, y vestimenta y en todos los asuntos que conciernen a la vida podamos manifestar que Jesús reina y gobierna nuestro ser.  Dios nos llama para que los redimidos del Señor sigamos sus pisadas y no las del mundo. Hemos de consagrar todo a Dios y confesar su nombre ante los demás.

“Y cualquiera que me niegue delante de los hombres, YO también lo negaré delante de mi Padre que está en los cielos” (Mateo 10:33). ¿Qué derecho tenemos de profesar que somos cristianos, mientras que con la vida y los hechos negamos al Señor? “El que no toma su cruz y sigue en pos de mí, no es digno de mí. El que halla su vida la perderá; y el que pierde su vida por causa de mí, la hallará” (Mateo 10:38. 39). Cada día debemos hacer morir al yo para levantar la cruz y seguir las pisadas del Maestro.

 De este modo, cada día nos asemejaremos más a la imagen de Cristo. Por la continua paciencia en el bienhacer es como buscamos la gloria, el honor y, al final, recibiremos el don de la inmortalidad.  (Review and Herald)

 

FRUTOS DEL ESPÍRITU

FE

“Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve”.  (Hebreos 11:1)

Ir a Cristo debe ser un ejercicio de la fe. Si lo incorporamos a los quehaceres diarios, tendremos paz, gozo y por experiencia, conoceremos el significado de sus palabras: “Si guardareis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; así como yo he guardado lo mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor” (Juan 15:10).  Nuestra fe debe aferrarse a la promesas para que podamos permanecer en el amor de Jesús. Cristo dijo: “Estas cosas os he hablado, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea cumplido” (Juan 15:11).

La fe obra por amor y purifica al creyente.  Mediante la fe el Espíritu Santo tiene acceso al corazón y desarrolla la santidad interior.  A menos que esté en comunión con Dios mediante el Espíritu, el hombre no puede llegar a ser un agente que haga las obras de Cristo.  Seremos preparados para el cielo únicamente mediante la transformación del carácter. Si deseamos tener acceso al Padre, debemos exhibir las credenciales de la justicia de Cristo. Participaremos de la naturaleza divina cuando huyamos de la corrupción que hay en el mundo por causa de la concupiscencia.  Diariamente necesitamos ser transformados por el Espíritu Santo, cuya misión es elevar el gusto, santificar el corazón y ennoblecer el ser entero para que podamos representar la incomparable hermosura de Jesús.

Debemos mirar a Cristo y por la contemplación seremos transformados.  Tenemos que ir al El como una fuente abierta e inagotable de la que podemos beber una y otra vez, y de la cual disfrutaremos siempre del fresco suministro.  Necesitamos responder a la atracción de su amor para poder alimentarnos del Pan de vida que descendió del cielo, y beber del Agua de la vida que mana del trono de Dios.  Si deseamos que la fe nos una a su solio, mantengámonos mirando hacia arriba.  Si miramos hacia abajo, quedaremos atados a la tierra.  No examine su fe como si fuera una flor para saber si tiene raíces.  La fe crece imperceptiblemente.

 

 

FRUTOS DEL ESPÍRITU

BONDAD

“Más yo os digo que de toda palabra ociosa que hablen los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio. Porque por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado”.  (Mateo 12:36, 37)

Dios desea que individualmente adoptemos una posición que le permita hacernos depositarios de su amor.  Por considerar que el ser humano es de muchísimo valor, lo redimió mediante el sacrificio de su Hijo unigénito. Por lo tanto, en nuestro prójimo debemos ver a alguien rescatado por la sangre de Cristo.  Si nos amamos entre nosotros, continuaremos creciendo en amor por Dios y por la verdad.  Duele mucho el corazón al ver cuán poco se cultiva el amor en nuestro medio.  El amor es una planta de origen celestial, y si deseamos que florezca en nuestros corazones, debemos cultivarlo diariamente. La apacibilidad, la delicadeza, el no dejarse irritar con facilidad, el soportar todas las cosas y el ser paciente constituyen precioso frutos del árbol del amor.

Al estar con otros, cuide sus palabras.  Que la conversación sea de tal naturaleza que no necesite arrepentirse.  “Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención” (Efe.4:30). “El hombre bueno, del buen tesoro de su corazón saca buenas cosas; y el hombre malo, del mal tesoro saca malas cosas” (Mateo 12:35). Si usted tiene el amor de Dios en su corazón y ama la verdad, con la fe más santa deseará contribuir al desarrollo de su hermano. Si oye algún comentario que perjudica a un amigo o hermano, no lo fomente; es obra del enemigo.  Al que lo exprese, bondadosamente recuérdela que la Palabra de Dios prohíbe esa clase de conversación.

Debemos vaciar el corazón de todo lo que profane el templo del creyente para que Cristo pueda habitar en él.  Nuestro Redentor nos ha dicho como podemos darlo a conocer al mundo.  Si apreciamos al Espíritu, manifestaremos amor por los otros, velaremos por sus intereses, y si, gracias a esos frutos, somos bondadosos, pacientes, y perdonadores, el mundo tendrá las evidencias de que somos hijos de Dios.  (Review and Herald)

 

DIOS EL PADRE -primera parte-

Dios el Padre Eterno, es el Creador, Origen, Sustentador y Soberano de toda la creación. Es Justo, Santo, Misericordioso y Clemente, tardo para la ira y abundante en amor y fidelidad.  Las cualidades y las facultades del Padre se manifiestan también en el Hijo y el Espíritu Santo.

 Comienza el gran día del juicio. Tronos ardientes con ruedas de fuego son colocados en sus lugares. El Anciano de Días ocupa su lugar. De majestuosa apariencia, preside sobre la corte. Delante de El hay una multitud de testigos. El juicio está preparado; los libros se abren, y comienza el examen del registro de las vidas humanas (Daniel 7:9, 10).

 El universo entero ha estado esperando este momento. Dios el Padre ejecutará su justicia contra toda maldad. Se pronuncia la sentencia: “Se dio el juicio a los santos del Altísimo; y……….recibieron el reino” (Dan.7:22). Por todo el cielo resuenan gozosas alabanzas y acciones de gracias.  El carácter de Dios es percibido en toda su gloria, y su maravilloso nombre vindicado por todo el universo.

 DIOS EL PADRE EN EL ANTIGUO TESTAMENTO:   La unidad del Antiguo y Nuevo Testamento, y de su plan común de redención, se revela por el hecho de que  el mismo Dios habla y actúa en ambos Testamentos para la salvación de su pueblo. “Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quién asimismo hizo el universo”  (Hebreos1:1,2) 

 DIOS DE MISERICORDIA: La misericordia no perdona ciegamente, sino que se deja guiar por la justicia. Los que rechazan la misericordia divina, cosechan el castigo de su iniquidad. En el Sinaí, Dios expresó su deseo de ser el amigo de Israel, y de estar con su pueblo. Por eso le dijo a Moisés: “Y harán un santuario para mí, y habitaré en medio de ellos” (Exodo25:8). Por cuanto el santuario era la morada de Dios en la tierra, se convirtió en el punto focal de la experiencia de Israel.

 DIOS REDENTOR:   En el Éxodo, Dios guió milagrosamente a una nación de esclavos a la libertad. Este gran acto redentor constituye el telón de fondo de todo el Antiguo Testamento, y provee un ejemplo del anhelo que Dios siente de ser nuestro Redentor. Los Salmos fueron inspirados por la profundidad del envolvimiento amoroso de Dios: “Cuando veo tus cielos, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que tu formaste, digo: ¿Qué es el hombre para que tengas de el memoria, y el hijo del hombre para que lo visites”? (Sal.8:3,4). » Te amo, oh Jehová, fortaleza mía. Jehová, roca mía y castillo mío, y mi libertador; Dios mío, fortaleza mía, en El confiaré, mi escudo, y la fuerza de mi salvación, mi alto refugio» (Sal.18: 1,2).

DIOS DEL PACTO: Ansioso de establecer  relaciones perdurables, Dios estableció pactos solemnes con personajes como Noé, y  Abrahán.  Estos pactos revelan un Dios personal y amoroso que se interesa en las situaciones por las que pasa su pueblo.

DIOS PERDONADOR: …..”Como el padre se compadece de sus hijos, se compadece Jehová de los que le temen. Porque El conoce nuestra condición;  se acuerda de que somos polvo” (Sal.103:11-14).

LA DEIDAD -cuarta parte-

¿Existe un solo Dios?  ¿Que sucede con Cristo, y  con el Espíritu Santo?

 La Unidad de Dios:   En contraste con los paganos de las naciones circundantes, Israel creía en la existencia de un solo  Dios.  El Nuevo Testamento coloca el mismo énfasis en la unidad de Dios.  Este énfasis monoteísta no contradice el concepto cristiano del Dios triuno o Trinidad: Padre, Hijo y Espiritu Santo; más bien afirma que no existe un panteón de diversas divinidades.  En ciertas ocasiones Dios emplea plurales como: “Hagamos al hombre a nuestra imagen”  (Gen.1:26); “He aquí el hombre es como uno de nosotros” (Gen.3:22);  Ahora, pues, «descendamos” (Gen.11:7).  A veces, la expresión “Angel del Señor “esta identificada con Dios.  Cuando le apareció a Moises, el Angel de Señor dijo: “Yo soy el Dios de tu padre, Dios de Abrahan, Dios de Isaac, y Dios de Jacob” (Exo. 3:6)  En diversas referencias se hace una distinción entre Dios y su Espiritu: “El Espiritu de Dios se movia sobre la faz de las aguas” (Gen. 1:2) Algunos textos incluyen a una tercera persona en la obra de la redención:  “Ahora me envió (habla el Hijo) Jehová el Señor(el Padre), y el Espíritu (Espíritu Santo) “(Isa. 48:16); He aquí mi siervo (habla el Padre)…he puesto sobre él (el Hijo) mi Espíritu; el traerá justicia a las naciones”(Isa.42:1)

     La relación que existe entre la Personas de la Deidad:   El Evangelio de Juan revela que la Deidad consiste en Dios el Padre, Dios el Hijo, y Dios el Espíritu Santo, una unidad de tres Persona co-eternas, vinculadas por una relación misteriosa y especialísima.

Una relación de amor:   Cuando Cristo exclamó: “Dios mío, Dios mío, Porque me has desamparado? (Mar.15:34), estaba expresando el sufrimiento producido por la separación de su Padre que el  pecado  había causado.  El pecado quebrantó la relación original de la humanidad con Dios (Gen.3:6, Isa.59:2).  En sus ultimas horas, Jesus, el Ser que no conoció pecado, se hizo pecado por nosotros. Al tomar nuestro pecado, al ocupar nuestro lugar, experimentó la separación de Dios que nos correspondería a nosotros, y en consecuencia pereció. Los pecadores nunca comprenderemos lo que significó para la Deidad la muerte de Jesus. Desde la eternidad el Hijo había estado con su Padre y con el Espíritu.  Habian compartido una vida co-eterna, co-existente, en absoluta abnegación y amor mutuos. El hecho de haber podido pasar tanto tiempo juntos, revela el amor perfecto y absoluto que siempre existió en la Deidad.

     Si bien es cierto que la Deidad no es una en personas, Dios es uno en propósito, mente, y carácter.  Esta unidad no destruye las distintas personalidades del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Además, el hecho de que en la Deidad haya personalidades separadas, no destruye la enseñanza monoteísta de la Escritura, según la cual el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son un solo Dios.  El gran propósito de la Trinidad es llevar a todo corazón el conocimiento de Cristo y la presencia de Dios (Juan 17:3), y hacer que la presencia de Jesus sea una realidad.   El punto de contacto entre Dios y la humanidad fue y es siempre a través de Jesucristo el  Dios que se hizo hombre. Si bien los tres miembros de la Trinidad obran unidos para salvarnos, solo Jesus vivió como hombre, murió como hombre y se convirtió en nuestro Salvador.  El es quien ocupa el lugar central en los Evangelios, es las Buenas Nuevas, la Bendita Esperanza que proclamaron los discípulos. El Antiguo Testamento apuntaba hacia su venida futura; el Nuevo Testamento testifica de su primer advenimiento y mira con esperanza hacia su retorno.

FRUTOS DEL ESPÍRITU

BENIGNIDAD

“Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley”. (Gálatas 5:22, 23)

Si Cristo habita en nosotros, debemos ser cristianos tanto el hogar cuanto fuera de él. El que dice ser cristiano expresará palabras bondadosas a sus parientes y a otros con los que también se relaciona. Será bondadoso, cortés, amable y compasivo, y deseará educarse a fin de poder habitar con la familia celestial.  Si es miembro de la realeza, procurará representar bien al reino en todo lugar.  Hablará a los niños con amabilidad, ya que ellos también son herederos de Dios y miembros de las cortes celestiales.  Entre los hijos del reino no hay lugar para las asperezas, porque “el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley” (Gálatas 5:22, 23). En la iglesia se manifestará el espíritu que se cultiva en el hogar.

Debemos educar el carácter para practicar la piedad, la docilidad, la ternura, la compasión y el espíritu perdonador. El abandonar la vanidad, la conversación insensata y las burlas, no nos hará fríos, antipáticos y antisociales.  Debemos mantenernos hablando acerca de la luz, y de Cristo, el Sol de Justicia, hasta que en nosotros se produzca el cambio de gloria en gloria, de un carácter a otro mejor, y de una fortaleza a otra mayor, para reflejar más y más  la preciosa imagen de Jesús. 

El cristiano no debe tener un corazón petrificado, que impida la aproximación de sus semejantes.  Si tenemos un carácter hermoseado por las gracias celestiales, Jesús podrá reflejarse en el comportamiento. La presencia de Dios debe permanecer en nosotros para que podamos llevar la luz a cualquier lugar adonde vayamos.  Entonces los que entren en contacto con nosotros sabrán que la atmósfera del cielo nos rodea.