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Archive for junio 2014

MEDITACIONES-REFLEJEMOS A JESUS –parte 32-

EL PLAN ORIGINAL: COMUNICACIÓN CARA A CARA

“Y oyeron la voz de Jehová Dios que se paseaba en el huerto, al aire del día…” (Génesis 3:8).

Todo verdadero conocimiento y desarrollo tienen su origen en el conocimiento de Dios. Doquiera nos dirijamos: al dominio físico, mental y espiritual; cualquier cosa que contemplemos, fuera de la marchitez del pecado, en todo vemos revelado este conocimiento. Cualquier ramo de investigación que emprendamos, con el sincero propósito de llegar a la verdad, nos pone en contacto con la Inteligencia poderosa e invisible que obra en todas las cosas y por medio de ellas. La mente del hombre se pone en comunión con la mente de Dios, lo finito, con lo infinito. El efecto que tiene esta comunión sobre el cuerpo, la mente y el alma sobrepuja toda estimación.

En esta comunión se halla la educación más elevada. Es el método propio que Dios tiene para lograr el desarrollo del hombre. “Vuelve ahora en amistad con él…” (Job 22:21), es su mensaje para la humanidad. El método trazado en estas palabras era el que se seguía en la educación del padre de nuestra especie. Así instruyó Dios a Adán cuando, en la gloria de una virilidad exenta de pecado, habitaba éste en el sagrado jardín del Edén.

Cuando Adán salió de las manos del Creador, llevaba en su naturaleza física, mental y espiritual, la semejanza de su Hacedor. “Creó Dios al hombre a su imagen…” (Génesis 1:27), con el propósito de que, cuanto más viviera, más plenamente revelara esa imagen –más plenamente reflejara la gloria del Creador. Todas sus facultades eran susceptibles de desarrollo; su capacidad y su vigor debían aumentar continuamente. Vasta era la esfera que se ofrecía a su actividad, glorioso el campo abierto a su investigación. Tenía el alto privilegio de relacionarse íntimamente, cara a cara, con su Hacedor. Si hubiese permanecido leal a Dios, todo ésto le hubiera pertenecido para siempre. Habría cumplido cada vez más cabalmente el objeto de su creación; habría reflejado cada vez más plenamente la gloria del Creador.

El infinito Autor de todo abría a sus mentes las leyes y operaciones de la naturaleza, y los grandes principios de verdad que gobiernan el universo espiritual. Sus facultades mentales y espirituales se desarrollaban en la “iluminación del conocimiento de la gloria de Dios…” (2 Corintios 4:6), y disfrutaban de los más elevados placeres de su santa existencia.

El huerto del Edén era una representación de lo que Dios deseaba que llegase a ser toda la tierra, y su propósito era que, a medida que la familia humana creciera en número, estableciese otros hogares y escuelas semejantes a los que El había dado. De ese modo, con el transcurso del tiempo, toda la tierra debía ser ocupada por hogares y escuelas donde se estudiaran la Palabra y las obras de Dios, y donde los estudiantes se preparasen para reflejar cada vez más plenamente, a través de los siglos sin fin, la luz del conocimiento de su gloria. (La Educación)

 

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MEDITACIONES-REFLEJEMOS A JESUS –parte 31-

SIN JESÚS NADA PODEMOS HACER

“Más por él estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación, y redención” (1 Corintios 1:30).

Muchos piensan que es imposible amar al prójimo como a sí mismo; pero ese amor es sólo el fruto genuino del cristianismo. Amar a otros es vestirse del Señor Jesucristo; es caminar y obrar como viendo el mundo invisible. Debemos por ello mirar continuamente a Jesús, el autor y consumador de la fe.

La solemne advertencia que se dio al necio hombre rico, debiera ser suficiente para todos hombres hasta el fin del tiempo. El Señor dio lección tras lección para apartar a todos del egoísmo y establecer estrechos lazos de compañerismo y hermandad entre los hombres. El deseaba que los corazones de los creyentes estuvieran estrechamente entretejidos con fuertes lazos de simpatía para que pudiera haber unidad en El. Juntos han de regocijarse en la esperanza de la gloria de Dios, esperando la vida eterna por la virtud de Jesucristo. Si Cristo mora en el corazón, su amor se difundirá a otros y unirá corazón con corazón.

La gracia de Cristo debe ser el único apoyo del cristiano, y cuando lo es, amará a sus hermanos como Cristo lo ama a él. Entonces podrá decir: “Ven” y buscará y atraerá a las almas, instándolas a reconciliarse con Dios. Su influencia será más y más decidida, y dedicará su vida a Cristo, quien fue crucificado por él.

Donde se ha perfeccionado el amor, se guardará la Ley y el yo no encontrará lugar. Los que aman a Dios en forma suprema trabajan, sufren y viven para quien dio su vida por ellos. Podemos guardar la Ley sólo apropiándonos de la justicia de Cristo. Cristo dice: “…separados de mí nada podéis hacer” (Juan 15:5). Cuando recibimos el don celestial, la justicia de Cristo, encontraremos que se ha provisto para nosotros la gracia de Cristo, y que los recursos humanos son impotentes. Jesús dio el Espíritu Santo en medida abundante para las grandes emergencias, para ayudarnos en nuestras debilidades, para darnos fuerte consolación, para iluminar nuestras mentes, y para purificar y ennoblecer nuestros corazones. Cristo llega a ser para nosotros sabiduría, justificación, santificación y redención.

Del principio al fin de la vida del cristiano no se puede dar un paso con éxito sin Cristo. El envió su Espíritu para estar con nosotros constantemente, y si confiamos en Cristo hasta lo sumo, entregándole nuestra voluntad, podremos seguirlo por dondequiera que vaya. El Espíritu Santo obrará en todo corazón susceptible a su santa influencia. La justicia de Cristo irá delante de los tales, y la gloria de Jehová será su retaguardia. (Review and Herald)

 

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MEDITACIONES-REFLEJEMOS A JESUS –parte 30-

LA PALABRA DE DIOS ES EL MEDIO DE NUESTRA SANTIFICACION

“Y por ellos yo me santifico a mí mismo, para que también ellos sean santificados en la verdad” (Juan 17:19).

Antes de salir para su encuentro final con los poderes de las tinieblas, El levantó sus ojos al cielo y oró por sus discípulos. Dijo: “No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal. No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad” (Juan 17: 15-17).

La preocupación en el pedido de Jesús era que los que creyeran en El fueran guardados del mal de mundo, y fueran santificados por medio de la verdad. No nos abandona para que conjeturemos acerca de que es la verdad, pues añade: “Tu palabra es verdad”. La Palabra de Dios es el medio por el cual se logra nuestra santificación. Es de la mayor importancia, entonces, que nos familiaricemos con las sagradas instrucciones de la Biblia.

Es tan necesario para nosotros que comprendamos las palabras de vida como lo era para los discípulos estar informados con respecto al plan de la salvación. Estaremos sin excusa si, por causa de nuestra propia negligencia, ignoramos las demandas de la Palabra de Dios. Dios nos ha dado su Palabra, la revelación de su voluntad, y ha prometido el Espíritu Santo a todos los que lo pidieran, para guiarlos a toda verdad; y cada alma que sinceramente desea hacer la voluntad de Dios conocerá la doctrina.

La misión de Jesús fue puesta de manifiesto por los milagros convincentes. Su doctrina asombró a la gente. Era un sistema de verdad que satisfacía la necesidad del corazón. Su enseñanza era clara, sencilla y abarcante. Las verdades prácticas que enunció tenían poder de convicción y llamaban la atención de la gente. Las multitudes permanecían junto a El, maravillándose por su sabiduría. Sus modales estaban en armonía con las grandes verdades que proclamaba. No pedía disculpas, no vacilaba, ni había la menor sombra de duda o incertidumbre de que fueran diferentes de lo que declaraba. Hablaba de lo terrenal y de lo celestial, de lo humano y de lo divino, con autoridad absoluta; y la gente se admiraba “de su doctrina, porque su palabra era con autoridad” (Lucas 4:32).

Es de la mayor importancia e interés para nosotros que comprendamos que es la verdad, por lo que debiéramos elevar nuestras peticiones con intenso fervor para que seamos guiados a toda verdad.

David apreció la iluminación divina y reconoció el poder de la Palabra de Dios. Declaró: “La exposición de tus palabras alumbra; hace entender a los simples” (Salmo 119:130). Todos los que desean luz estudien las Escrituras, comparando versículo con versículo, rogando a Dios por la iluminación del Espíritu Santo. La promesa es que todos lo que buscan hallarán. (Review and Herald)

 

 

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MEDITACIONES-REFLEJEMOS A JESUS –parte 29-

DIOS USA LA MULTIPLICACION AL CONCEDER DONES ESPIRITUALES

“Gracia y paz os sean multiplicadas, en el conocimiento de Dios y de nuestro Señor Jesús” (2 Pedro 1:2).

Si queremos desarrollar un carácter que Dios pueda aceptar, debemos formar hábitos correctos en nuestra vida religiosa. La oración diaria es algo esencial para el crecimiento en la gracia, aún para la vida espiritual misma, como lo es el alimento temporal para el bienestar físico. Debemos acostumbrarnos a elevar los pensamientos a menudo a Dios en oración. Si la mente vagabundea, debemos volverla de nuevo; por un esfuerzo perseverante, el hábito por fin se impone como algo fácil.

No podemos, por un solo momento, separarnos de Cristo con seguridad. Podemos tener su presencia para asistirnos en cada uno de nuestros pasos, pero únicamente al observar las condiciones que El mismo ha establecido.

La religión debe convertirse en la gran ocupación de la vida. Cualquier cosa debe ser considerada como subordinada. Todas nuestras facultades, nuestra alma, cuerpo y espíritu, deben empeñarse en la guerra cristiana. Debemos mirar a Cristo para obtener fortaleza y gracia, y ganaremos la victoria tan seguramente como lo hizo Jesús por nosotros.

Debemos acercarnos más a la cruz de Cristo. El arrepentimiento al pie de la cruz es la primera lección de paz que hemos de aprender. El amor de Jesús, ¿quién puede comprenderlo? Si queremos conocer el valor de un alma humana, debemos mirar con fe viva a la cruz, y así comenzar a estudiar cual será la ciencia y el canto de los redimidos por toda la eternidad. El valor de nuestro tiempo y nuestros talentos puede ser estimado únicamente por la grandeza del rescate pagado por nuestra redención.

La santificación es una obra progresiva. Los pasos sucesivos, según se los presenta en las palabras de Pedro, son los siguientes: “…poniendo toda diligencia por esto mismo, añadid a vuestra fe virtud; a la virtud, conocimiento; al conocimiento, dominio propio; al dominio propio, paciencia; a la paciencia, piedad; a la piedad, afecto fraternal; y al afecto fraternal, amor. Porque si estas cosas están en vosotros, y abundan, no os dejarán estar ociosos ni sin fruto en cuanto al conocimiento de nuestro Señor Jesucristo” (2 Pedro 1:5-8).

He aquí una conducta en virtud de la cual se nos asegura que nunca caeremos. Los que están así trabajando según el plan de la adición para obtener las gracias de Cristo, tienen la seguridad de que Dios obrará según el plan de la multiplicación al concederles los dones de su Espíritu. Por la gracia divina, todos los que quieren pueden ascender los brillantes escalones que unen la tierra con el cielo, y por fin con alegría y gozo perpetuo entrarán por las puertas de la ciudad de Dios. (La edificación del carácter)

 

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MEDITACIONES-REFLEJEMOS A JESUS –parte 28-

LA SANTIFICACION ABARCA EL SER ENTERO

“Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo” (1 Tesalonicenses 5:23).

La santificación expuesta en las Santas Escrituras abarca todo el ser: espíritu, cuerpo y alma. Pablo rogaba por los tesalonicenses, que su “ser, espíritu, alma y cuerpo” fuese “guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo”. Y vuelve a escribir a los creyentes: “Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios…” (Romanos 12:1).

En tiempos del antiguo Israel, toda ofrenda que se llevaba a Dios era cuidadosamente examinada. Si se descubría un defecto cualquiera en el animal presentado, se lo rechazaba, pues Dios había mandado que las ofrendas fuesen “sin mancha”. Así también se pide a los cristianos que presenten sus cuerpos en “sacrificio vivo, santo, agradable a Dios”. Para ello, todas sus facultades deben conservarse en la mejor condición posible. Toda costumbre que tienda a debilitar la fuerza física o mental incapacita al hombre para el servicio de su Creador. ¿Y se complacerá Dios con menos de lo mejor que podamos ofrecerle? Cristo dijo: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón”.

Los que aman a Dios de todo corazón desearan darle el mejor servicio de su vida y tratarán siempre de poner todas las facultades de su ser en armonía con las leyes que aumentarán su aptitud para hacer su voluntad. No debilitarán ni mancharán la ofrenda que presentan a su Padre celestial abandonándose a sus apetitos o pasiones.

Pedro dice: “Os ruego…que os abstengáis de los deseos carnales que batallan contra el alma” (1 Pedro 2:11). Toda concesión hecha al pecado tiende a entorpecer las facultades y a destruir el poder de percepción mental y espiritual, de modo que la Palabra o el Espíritu de Dios ya no pueden impresionar sino débilmente el corazón. Pablo escribe a los corintios: “…limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios” (2 Corintios 7:1). Y entre los frutos del Espíritu –“amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre”incluye la “templanza” (Gálatas 5:22, 23).

A pesar de estas inspiradas declaraciones, ¡cuántos cristianos de profesión están debilitando sus facultades en la búsqueda de ganancias o en el culto que tributan la moda, cuántos están envileciendo en su ser la imagen de Dios, con la glotonería, las bebidas espirituosas, los placeres ilícitos! Aquel cuyo cuerpo es el templo del Espíritu Santo no se dejará esclavizar por ningún hábito pernicioso. Sus facultades pertenecen a Cristo que lo compró con precio de sangre. (El conflicto de los siglos)

 

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MEDITACIONES-REFLEJEMOS A JESUS –parte 27-

LA LEY DE DIOS ES UN MURO QUE NOS PROTEGE DEL MAL

“…todos tus mandamientos…Afirmados eternamente y para siempre, hechos en verdad y en rectitud” (Salmo 111:7, 8).

El que deliberadamente quebranta un mandamiento no guarda ninguno de ellos en espíritu ni en verdad. “Porque cualquiera que guardare toda la ley, pero ofendiere en un punto, se hace culpable de todos” (Santiago 2:10).

No es la magnitud del acto de desobediencia lo que constituye el pecado, sino el desacuerdo con la voluntad expresa de Dios en el detalle más mínimo, porque demuestra que todavía hay comunión entre el alma y el pecado. El corazón está dividido en su servicio. Niega realmente a Dios, y se rebela contra las leyes de su gobierno.

Si los hombres estuviesen en libertad para apartarse de lo que requiere el Señor y pudieran fijarse una norma de deberes, habría una variedad de normas que se ajustarían a las diversas mentes y se quitaría el gobierno de las manos de Dios. La voluntad de los hombres se haría suprema, y la voluntad santa y altísima de Dios, su fines de amor hacia sus criaturas, no serían honrados ni respetados.

Siempre que los hombres escogen su propia senda, se oponen a Dios. No tendrán lugar en el reino de los cielos, porque guerrean contra los mismos principios del cielo. Al despreciar la voluntad de Dios, se sitúan en el partido de Satanás, el enemigo de Dios y de los hombres. No por una palabra, ni por muchas palabras, sino por toda palabra que ha hablado Dios, vivirá el hombre. No podemos despreciar una sola palabra, por pequeña que nos parezca, y estar libres del peligro.

No hay en la Ley un mandamiento que no sea para el bienestar y la felicidad de los hombres, tanto en esta vida como en la venidera. Al obedecer la Ley de Dios, el hombre queda rodeado de un muro que lo protege del mal. Quien derriba en un punto esta muralla edificada por Dios destruye la fuerza de ella para protegerlo, porque abre un camino por donde puede entrar el enemigo para destruir y arruinar.

Al osar despreciar la voluntad de Dios en un punto, nuestros primeros padres abrieron las puertas a las desgracias que inundaron al mundo. Toda persona que siga su ejemplo cosechará resultados parecidos. El amor de Dios es la base de todo precepto de su Ley, y el que se aparte del mandamiento labra su propia desdicha y su ruina.

Una religión formalista no basta para poner el alma en armonía con Dios. La única fe verdadera es la que “obra por el amor” (Gálatas 5:6) para purificar el alma. Es como una levadura que trasforma el carácter.

Jesús procedió entonces a mostrar a sus oyentes lo que significa observar los mandamientos de Dios, que son en sí mismos una reproducción del carácter de Cristo. Porque en El, Dios se manifiesta diariamente ante ellos. (El discurso maestro de Jesucristo).

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MEDITACIONES-REFLEJEMOS A JESUS –parte 26-

LA PROMESA DEL NUEVO PACTO

“Este es el pacto que haré con ellos. Después de aquellos días, dice el Señor: Pondré mis leyes en sus corazones, Y en sus mentes las escribiré, añade: Y nunca más me acordaré de sus pecados y transgresiones” (Hebreos 10:16, 17).

Fue el Creador de los hombres, el Dador de la Ley, quien declaró que no albergaba el propósito de anular sus preceptos. Todo en la naturaleza, desde la diminuta partícula que baila en un rayo de sol hasta los astros en los cielos, está sometido a leyes. De la obediencia a estas leyes dependen el orden y la armonía del mundo natural. Es decir que grandes principios de justicia gobiernan la vida de todos los seres inteligentes, y de la conformidad a estos principios depende el bienestar del universo.

Antes que se creara la tierra existía la Ley de Dios. Para que este mundo esté en armonía con el cielo, el hombre también debe obedecer los estatutos divinos. Cristo dio a conocer al hombre en el Edén los preceptos de la Ley, “Cuando alababan todas las estrellas del alba, Y se regocijaban todos los hijos de Dios” (Job 38:7). La misión de Cristo en la tierra no fue abrogar la Ley, sino hacer volver a los hombres por su gracia a la obediencia de sus preceptos.

El discípulo amado, que escuchó las palabras de Jesús en el monte, al escribir mucho tiempo después, bajo la inspiración del Espíritu Santo, se refirió a la Ley como a una norma de vigencia perpetua. Dice que: “…el pecado es infracción de la ley”, y que “Todo aquel que comete pecado, infringe también la ley” (1 Juan 3:4). Expresa claramente que la Ley a la cual se refiere es “…el mandamiento antiguo que habéis tenido desde el principio…” (1 Juan 2:7). Habla de la Ley que existía en la creación y que se reiteró en el Sinaí.

Debía enseñar la espiritualidad de la Ley, presentar sus principios de vasto alcance y explicar claramente su vigencia perpetua. La belleza divina del carácter de Cristo, de quien los hombres más nobles y más amables son tan sólo un pálido reflejo; de quien escribió Salomón, por el Espíritu de inspiración, que es el “…señalado entre diez mil…y todo él codiciable” (Cantares 5:10, 16); de quien David, viéndolo en visión profética, dijo: “Eres el más hermoso de los hijos de los hombres…” (Salmo 45:2).

Jesús, la imagen de la persona del Padre, el esplendor de su gloria; el que fue abnegado Redentor en toda su peregrinación de amor en el mundo, era una representación viva del carácter de la Ley de Dios. En su vida se manifestó el hecho de que el amor nacido en el cielo, los principios fundamentales de Cristo, sirven de base a las leyes de rectitud eterna.

Estos principios que se comunicaron a los hombres en el paraíso como la Ley suprema de la vida existirán sin sombra de cambio en el paraíso restaurado. (El discurso maestro de Jesucristo)

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MEDITACIONES-REFLEJEMOS A JESUS –parte 25-

LA LEY DE DIOS-LA NORMA DEL JUICIO

“Así hablad, y así haced, como los que habéis de ser juzgados por la ley de la libertad” (Santiago 2:12).

El primer ángel de Apocalipsis 14 llama a los hombres: “Temed a Dios y dadle gloria”, y los invita a alabarlo como Creador de los cielos y la tierra. Para hacer ésto, deben obedecer su Ley. Sin la obediencia a sus mandamientos, ninguna adoración puede ser agradable para Dios, “Pues éste es el amor a Dios, que guardemos sus mandamientos…” (1 Juan 5:3).

Muchos maestros religiosos dicen que Cristo, por su muerte, nos liberó de la Ley, pero no todos tienen este punto de vista. La Ley de Dios, por su misma naturaleza, es inalterable. Es una revelación de la voluntad y el carácter de su Autor. Dios es amor, y su ley es amor. Sus dos grandes principios son el amor a Dios y al hombre.

“…el cumplimiento de la ley es el amor” (Romanos 13:10). El carácter de Dios es justicia y verdad, y tal es la naturaleza de su ley. El salmista dice: “…tu ley la verdad”; “…todos tus mandamientos son justicia” (Salmos 119: 142, 172). El apóstol declara: “…la ley a la verdad es santa, y el mandamiento santo, justo y bueno” (Romanos 7:12). Una ley tal, expresión de la mente y la voluntad de Dios, tiene que ser tan perdurable como su Autor.

Y esta Ley es la norma por la cual las vidas y los caracteres de los hombres serán probados en el juicio. Después de señalar nuestro deber de obedecer sus mandamientos, Salomón agregó: “Porque Dios traerá toda obra a juicio…” (Eclesiastés 12:14). El apóstol Santiago amonesta a sus hermanos: “Así hablad, y así haced, como los que habéis de ser juzgados por la ley de la libertad”.

Jesús aparecerá en el juicio como el abogado de su pueblo, para abogar en su favor ante Dios. “…si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo” (1 Juan 2:1). “Porque no entró Cristo en el santuario hecho de mano, figura del verdadero, sino en el cielo mismo para presentarse por nosotros ante Dios”. “por lo cual puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos” (Hebreos 9:24; 7:25).

En el juicio, todos los que se han arrepentido realmente del pecado, y por fe han reclamado la sangre de Cristo como su sacrificio expiatorio, han tenido el perdón registrado junto a los nombres en los libros del cielo; al haber sido participantes de la justicia de Cristo, y sus caracteres encontrados en armonía con la Ley de Dios, sus pecados serán borrados, y ellos mismos serán considerados dignos de la vida eterna.

Jesús dijo: “El que venciere será vestido de vestiduras blancas; y no borraré su nombre del libro de la vida, y confesaré su nombre delante de mi Padre, y delante de sus ángeles” (Apocalipsis 3:5). (Southern Watchman)

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MEDITACIONES-REFLEJEMOS A JESUS –parte 24-

LA VERDAD DEBE SER PRACTICADA EN LA VIDA

“Hijitos, nadie os engañe; el que hace justicia es justo, como él es justo” (1 Juan 3:7).

Los que están esperando la revelación de Cristo en las nubes del cielo con poder y gran gloria, como Rey de reyes y Señor de señores, buscarán representarlo ante el mundo en su vida y carácter. “Y todo aquel que tiene esta esperanza en él, se purifica a sí mismo, así como el es puro” (1 Juan 3:3). Odiarán el pecado y la iniquidad, así como Cristo odió al pecado. Guardarán los mandamientos de Dios, como Cristo guardó los mandamientos de su Padre. Serán conscientes de que no es suficiente estar de acuerdo con las doctrinas de verdad, sino que la verdad debe ser aplicada al corazón, practicada en la vida, a fin de que los seguidores de Cristo puedan ser uno con El, y que los hombres puedan ser tan puros en su esfera como Dios lo es en la suya. Ha habido hombres en toda generación que han declarado ser hijos de Dios, que pagaban el diezmo de la menta y el eneldo y el comino, y sin embargo llevaban una vida impía, porque descuidaban los asuntos más importantes de la ley: la misericordia, la justicia y el amor de Dios.

Los hijos de Dios no serán como el mundo; porque la verdad recibida en el corazón será el medio de purificar el alma, de transformar el carácter, y de hacer que su receptor sea de una mente semejante a la de Dios. A menos que un hombre llegue a tener una mente semejante a la de Dios, todavía está en su natural depravación. Si Cristo está en el corazón, aparecerá en el hogar, en el taller, en el mercado, en la iglesia. El poder de la verdad será percibido porque elevará y ennoblecerá la mente y suavizará y subyugará el corazón, llevando a todo el ser humano a la armonía con Dios. El que es transformado por la verdad derramará una luz sobre el mundo. El que tiene la esperanza de Cristo se purifica a sí mismo, así como El es puro. La esperanza de la venida de Cristo es una gran esperanza, una esperanza con consecuencias de gran alcance. Es la esperanza de ver el Rey en su hermosura, y de ser hecho semejante a El.

El que habita en Cristo es perfeccionado en el amor de Dios, y sus propósitos, pensamientos, palabras y acciones están en armonía con la voluntad de Dios expresada en los mandamientos de su Ley. No hay nada en el corazón del hombre que habita en Cristo que esté en conflicto con algún precepto de la Ley de Dios. Donde el Espíritu de Cristo está en el corazón, se revelará el carácter de Cristo, y allí se manifestará cortesía ante la provocación y paciencia ante la prueba.

“Hijitos, nadie os engañe; el que hace justicia es justo, como él es justo”.

La justicia puede ser definida sólo por la gran norma moral de Dios, los Diez Mandamientos. No hay otra regla por la cual se pueda medir el carácter. (Signs of the Times)

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MEDITACIONES-REFLEJEMOS A JESUS –parte 23-

RESPONSABILIDAD INDIVIDUAL PARA OBEDECER LA LEY

“…Todos tus mandamientos son justicia”. (Salmo 119:172)

El Espíritu de Dios nos guiará en la senda de los mandamientos; porque la promesa es que “…cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad…” (Juan 16:13). Debiéramos probar los espíritus con la norma de la Palabra de Dios, porque hay muchos espíritus en el mundo. “¡A la ley y al testimonio! Si no dijeren conforme a esto, es porque no les ha amanecido” (Isaías 8:20).

Dios requiere de cada uno de nosotros una responsabilidad individual, y nos pide que lo sirvamos por principio, que lo escojamos por nosotros mismos.

Dios no considera livianamente la transgresión de su Ley. “…la paga de pecado es muerte…” (Romanos 6:23). Las consecuencias de la desobediencia prueban que la naturaleza del pecado está en enemistad con el bienestar del gobierno de Dios y el bien de sus criaturas. «Dios es un Dios celoso que visita los pecados de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que le aborrecen». Los resultados de la transgresión siguen a aquellos que persisten en hacer el mal; «pero muestra misericordia sobre millares de los que le aman y guardan sus mandamientos». Los que se arrepienten y vuelven a su servicio encuentran el favor del Señor; y El perdona todas sus iniquidades y sana todas sus dolencias.

En asuntos terrenales, el siervo que busca más cuidadosamente cumplir los requerimientos de su trabajo y cumplir la voluntad de su Señor, es el más altamente apreciado. Un caballero deseaba cierta vez emplear a un cochero de confianza. Varios hombres acudieron en respuesta a su pedido. A cada uno le preguntó cuán cerca podía pasar del borde de cierto precipicio sin volcar el carruaje. Uno tras otro respondieron que podían acercarse hasta una distancia muy peligrosa; pero por fin uno contestó que se mantendría tan lejos como fuera posible de una empresa tan peligrosa. Este fue empleado para cubrir el cargo.

¿Debiera un hombre apreciar más a un buen siervo de lo que puede hacerlo nuestro Padre celestial? Nuestra preocupación no debiera ser cuán lejos podemos apartarnos de los mandamientos de Dios, y presumir de la misericordia del Legislador, y todavía hacernos la ilusión de que estamos dentro de los límites de la tolerancia divina. Nuestro interés debiera ser mantenernos tan lejos como sea posible de la transgresión. Debiéramos determinarnos a estar del lado de Cristo y de nuestro Padre celestial, y no correr riesgos por una obstinada presunción.

Debiéramos magnificar los preceptos del Cielo por nuestras palabras y acciones. El que honra la Ley será honrado por ella en el juicio. (Review and Herald).

 

 

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