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MEDITACIONES-REFLEJEMOS A JESUS –parte 30-

LA PALABRA DE DIOS ES EL MEDIO DE NUESTRA SANTIFICACION

“Y por ellos yo me santifico a mí mismo, para que también ellos sean santificados en la verdad” (Juan 17:19).

Antes de salir para su encuentro final con los poderes de las tinieblas, El levantó sus ojos al cielo y oró por sus discípulos. Dijo: “No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal. No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad” (Juan 17: 15-17).

La preocupación en el pedido de Jesús era que los que creyeran en El fueran guardados del mal de mundo, y fueran santificados por medio de la verdad. No nos abandona para que conjeturemos acerca de que es la verdad, pues añade: “Tu palabra es verdad”. La Palabra de Dios es el medio por el cual se logra nuestra santificación. Es de la mayor importancia, entonces, que nos familiaricemos con las sagradas instrucciones de la Biblia.

Es tan necesario para nosotros que comprendamos las palabras de vida como lo era para los discípulos estar informados con respecto al plan de la salvación. Estaremos sin excusa si, por causa de nuestra propia negligencia, ignoramos las demandas de la Palabra de Dios. Dios nos ha dado su Palabra, la revelación de su voluntad, y ha prometido el Espíritu Santo a todos los que lo pidieran, para guiarlos a toda verdad; y cada alma que sinceramente desea hacer la voluntad de Dios conocerá la doctrina.

La misión de Jesús fue puesta de manifiesto por los milagros convincentes. Su doctrina asombró a la gente. Era un sistema de verdad que satisfacía la necesidad del corazón. Su enseñanza era clara, sencilla y abarcante. Las verdades prácticas que enunció tenían poder de convicción y llamaban la atención de la gente. Las multitudes permanecían junto a El, maravillándose por su sabiduría. Sus modales estaban en armonía con las grandes verdades que proclamaba. No pedía disculpas, no vacilaba, ni había la menor sombra de duda o incertidumbre de que fueran diferentes de lo que declaraba. Hablaba de lo terrenal y de lo celestial, de lo humano y de lo divino, con autoridad absoluta; y la gente se admiraba “de su doctrina, porque su palabra era con autoridad” (Lucas 4:32).

Es de la mayor importancia e interés para nosotros que comprendamos que es la verdad, por lo que debiéramos elevar nuestras peticiones con intenso fervor para que seamos guiados a toda verdad.

David apreció la iluminación divina y reconoció el poder de la Palabra de Dios. Declaró: “La exposición de tus palabras alumbra; hace entender a los simples” (Salmo 119:130). Todos los que desean luz estudien las Escrituras, comparando versículo con versículo, rogando a Dios por la iluminación del Espíritu Santo. La promesa es que todos lo que buscan hallarán. (Review and Herald)

 

 

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