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MEDITACIONES-REFLEJEMOS A JESUS –parte 24-

LA VERDAD DEBE SER PRACTICADA EN LA VIDA

“Hijitos, nadie os engañe; el que hace justicia es justo, como él es justo” (1 Juan 3:7).

Los que están esperando la revelación de Cristo en las nubes del cielo con poder y gran gloria, como Rey de reyes y Señor de señores, buscarán representarlo ante el mundo en su vida y carácter. “Y todo aquel que tiene esta esperanza en él, se purifica a sí mismo, así como el es puro” (1 Juan 3:3). Odiarán el pecado y la iniquidad, así como Cristo odió al pecado. Guardarán los mandamientos de Dios, como Cristo guardó los mandamientos de su Padre. Serán conscientes de que no es suficiente estar de acuerdo con las doctrinas de verdad, sino que la verdad debe ser aplicada al corazón, practicada en la vida, a fin de que los seguidores de Cristo puedan ser uno con El, y que los hombres puedan ser tan puros en su esfera como Dios lo es en la suya. Ha habido hombres en toda generación que han declarado ser hijos de Dios, que pagaban el diezmo de la menta y el eneldo y el comino, y sin embargo llevaban una vida impía, porque descuidaban los asuntos más importantes de la ley: la misericordia, la justicia y el amor de Dios.

Los hijos de Dios no serán como el mundo; porque la verdad recibida en el corazón será el medio de purificar el alma, de transformar el carácter, y de hacer que su receptor sea de una mente semejante a la de Dios. A menos que un hombre llegue a tener una mente semejante a la de Dios, todavía está en su natural depravación. Si Cristo está en el corazón, aparecerá en el hogar, en el taller, en el mercado, en la iglesia. El poder de la verdad será percibido porque elevará y ennoblecerá la mente y suavizará y subyugará el corazón, llevando a todo el ser humano a la armonía con Dios. El que es transformado por la verdad derramará una luz sobre el mundo. El que tiene la esperanza de Cristo se purifica a sí mismo, así como El es puro. La esperanza de la venida de Cristo es una gran esperanza, una esperanza con consecuencias de gran alcance. Es la esperanza de ver el Rey en su hermosura, y de ser hecho semejante a El.

El que habita en Cristo es perfeccionado en el amor de Dios, y sus propósitos, pensamientos, palabras y acciones están en armonía con la voluntad de Dios expresada en los mandamientos de su Ley. No hay nada en el corazón del hombre que habita en Cristo que esté en conflicto con algún precepto de la Ley de Dios. Donde el Espíritu de Cristo está en el corazón, se revelará el carácter de Cristo, y allí se manifestará cortesía ante la provocación y paciencia ante la prueba.

“Hijitos, nadie os engañe; el que hace justicia es justo, como él es justo”.

La justicia puede ser definida sólo por la gran norma moral de Dios, los Diez Mandamientos. No hay otra regla por la cual se pueda medir el carácter. (Signs of the Times)

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