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Posts Tagged ‘naturaleza humana’

LA VERDAD ACERCA DE LOS ANGELES-RESPUESTAS FIRMEMENTE BASADAS EN LA PALABRA DE DIOS—parte 61-

LOS ÁNGELES DURANTE LA ENCARNACIÓN Y LA NIÑEZ DE CRISTO-parte 2-

LA NATURALEZA HUMANA DE CRISTO-parte 2-

Como Dios, Cristo no podría haber sido tentado a pecar, así como en el cielo no pudo ser tentado a quebrar su alianza con el Padre.  Pero al humillarse a sí mismo y tomar la naturaleza humana, Cristo podía ser tentado.  No tomó la naturaleza de los ángeles sino la humana, perfectamente idéntica con la nuestra, pero sin mancha de pecado.  Poseía un cuerpo y una mente humanas con todas sus peculiaridades; tenía músculos, huesos, cerebro. 

Siendo de carne de nuestra carne, compartía la debilidad humana.  Las circunstancias que rodearon su vida fueron de tal naturaleza que lo llevaron a estar expuesto a todas las inconveniencias de los hombres; no las de los ricos sino las de los pobres; de aquellos que pasan por necesidad y humillación.  Respiraba el aire que nosotros respiramos y caminaba como nosotros lo hacemos.  Tenía conciencia, razón, memoria, voluntad, y los afectos de un alma humana, todo unido a su naturaleza divina. (16MR-181-182)

En el niño de Belén estaba velada la gloria ante la cual los ángeles se postran.  Este niño inconsciente era la Simiente prometida, señalada por el primer altar erigido ante la puerta del Edén. (DTG-36)

LA ANUNCIACION

Antes de su nacimiento, el ángel había dicho a María: “Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David su padre; y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin” (Luc.1:32-33).

María había ponderado estas palabras en su corazón; sin embargo, aunque creía que su hijo había de ser el Mesías de Israel, no comprendía su misión. (DTG-61)

Los ángeles acompañaron a José y María en su cansador viaje a la ciudad de David, para ser empadronados de acuerdo al decreto de Augusto Cesar.  Fue en la providencia de Dios que José y María fueron traídos a Belén, porque la profecía había predicho que ese sería el lugar de nacimiento de Cristo. 

Buscaron un lugar para reposar, pero fueron rechazados. Los ricos y honorables habían sido bienvenidos y habían encontrado albergue y refrigerio.  Pero estos cansados viajeros fueron compelidos a buscar refugio en un rústico establo preparado para los animales. (RH)

ANTES DEL NACIMIENTO DE CRISTO-parte 1-

En el cielo fue anunciado que el tiempo para el advenimiento de Cristo al mundo había llegado.  Los ángeles dejaron su glorioso lugar, para ser testigos de la recepción que El recibiría por parte de aquellos a quienes venia a bendecir y salvar.  Habían presenciado su gloria en el cielo, y esperaban que fuese recibido con honores de acuerdo a su alto rango, y a la elevada misión que venía a cumplir. 

Cuando los ángeles llegaron a la tierra, primero fueron al pueblo que Dios había separado de las naciones del mundo para que fuera su especial tesoro.  Pero no vieron ningún interés especial entre los judíos; ninguna emoción ni excitación por ver quién sería el primero en recibir al Redentor y reconocer su advenimiento. (RH)

Un ángel desciende a la tierra para ver quienes están preparados para dar la bienvenida a Jesús.  Pero no puede discernir señal alguna de expectación.  No oye ninguna voz de alabanza ni de triunfo que anuncie que la venida del Mesías es inminente.  El ángel se cierne durante un momento sobre la ciudad escogida y el templo donde durante siglos y siglos se manifestara la divina presencia; pero allí también se nota la misma indiferencia.

Asombrado, el mensajero celestial está a punto de volverse al cielo con la vergonzosa noticia, cuando descubre un grupo de pastores que está cuidando sus rebaños durante la noche, y que al contemplar el cielo estrellado, meditan en la profecía de un Mesías que debe venir a la tierra y anhelan el advenimiento del Redentor del mundo. 

Aquí tenemos un grupo de seres humanos preparado para recibir el mensaje celestial.  Y de pronto aparece el ángel del Señor proclamando las buenas nuevas de gran gozo. (El Conflicto de los Siglos-359-360)

Continúa en parte 62

 

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ESPERANZA PARA EL PLANETA TIERRA – EL FUTURO BRILLANTE DE UNA RAZA CAIDA –parte 53-

COMO SOMOS SALVOS –parte 20-

EMANUEL PARA SIEMPRE-parte 2-

En esta ocasión no estaba presente Tomás.  Cuando los demás discípulos le dijeron que habían visto al Señor, él se negó a creerles: “Si no viere en sus manos la señal de los clavos, y metiere mi dedo en el lugar de los clavos, y metiere mi mano en su costado, no creeré”. (Juan 20:25).

Ocho días más tarde, Jesús visitó de nuevo a los discípulos estando presente  Tomás. El Maestro le dijo: “Pon aquí tu dedo, y mira mis manos; y acerca tu mano, y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente” (Juan 20:27) ¡Jesús aún poseía carne y huesos después de su resurrección!

He aquí la razón por la cual anhela tanto estar con nosotros. Cuando se encarnó, llegó a ser parte de la familia humana. Al entregar su cetro en manos del Padre y al asumir la humanidad, lo hizo para siempre. Se ha identificado con nosotros y no se avergüenza de llamarnos hermanos (Hebreos 2:11). Somos su familia y quiere estar con nosotros. 

Concerniente a ésto dice Elena White “Al tomar nuestra naturaleza, el Salvador se vinculó con la humanidad por un vínculo que nunca se ha de romper.  A través de las edades eternas, queda ligado con nosotros…Para asegurarnos los beneficios de su inmutable consejo de paz,  Dios dio a su Hijo unigénito para que llegase a ser miembro de la familia humana, y retuviese para siempre la naturaleza humana…En Cristo, la familia de la tierra y la familia del cielo están ligadas. Cristo glorificado es nuestro hermano.  El cielo está incorporado en la humanidad, y la humanidad, envuelta en el seno del Amor Infinito” (El Deseado de todas la gentes-pág.17).

¡Qué increíble! El que nunca tuvo comienzo y nunca tendrá fin; el que creó todo el universo de la nada, y llamó a la existencia a las innumerables galaxias del espacio infinito; el que sustenta todo con la palabra de su potencia, se hizo hombre para salvarnos, y conservara su humanidad por los siglos de los siglos sin fin.  El es la escalera que vio Jacob en su sueño, que estaba asentada en la tierra y cuya cima alcanzaba hasta el más alto cielo (ver Juan 1:51).  Jesús ha vinculado el cielo y la tierra al hacerse hombre, y este vínculo nunca se ha de romper.

Cuando el primer Adán le entregó el dominio del mundo a Satanás, se hizo necesario que viniese un segundo Adán para arrebatarle a Satanás lo que le había quitado al hombre. Jesús es ese segundo Adán (ver Romanos 5:12-21; 1 Corintios 15:45).  Para siempre Cristo será el representante de la raza humana, para siempre será Dios con nosotros.  He aquí la esencia del misterio de la piedad.  El gran Dios llegó a ser carne para siempre.  Su humillación es eterna.  No cabe duda de que lo que Jesús más quiere es estar con su familia. Pero, ¿anhelamos nosotros estar con El tanto como El con nosotros?

Si amamos a Jesús por encima de todas las cosas, estaremos contando los días hasta que El venga.  Estaremos esperando con ansias el momento en que podamos estar en su presencia. El apóstol Pablo conoció personalmente a Jesús en el camino a Damasco y desde ese día trabajó con todas sus fuerzas para esparcir el Evangelio a fin de apresurar la venida de su querido Señor.

Continúa en parte 54

 

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ESPERANZA PARA EL PLANETA TIERRA – EL FUTURO BRILLANTE DE UNA RAZA CAIDA –parte 21-

LA HUMILDAD DE DIOS-parte 10-

LA IMPORTANCIA DE SU HUMANIDAD

Elena de White escribió: “La humanidad del Hijo de Dios es todo para nosotros. Es la cadena de oro que une nuestra alma con Cristo, y mediante Cristo con Dios” (Mensajes Selectos-t.2-p. 286.).

El apóstol Juan no admite duda alguna en cuanto a la plena humanidad de Cristo. Afirma categóricamente: “En ésto conoced el Espíritu de Dios: Todo espíritu que confiesa que Jesucristo ha venido en carne, es de Dios; y todo espíritu que no confiesa que Jesucristo ha venido en carne, no es de Dios; y éste es el espíritu del anticristo, el cual vosotros habéis oído que viene, y que ahora ya está en el mundo” (1 Juan 4:2-3).

¡Imagínese, tan  importante es la verdadera humanidad de Cristo que cualquiera que la niegue no es de Dios sino del anticristo! Todo el plan de redención depende de la humanidad de Jesucristo.  Si no se hubiese hecho carne, toda la raza humana estaría condenada a la extinción. ¡No habría esperanza!

Resumamos las razones de la encarnación de Jesucristo.

1.       Si Jesucristo no hubiera venido en carne y sangre, Dios estaría aún oculto y tendríamos tan sólo vislumbres imperfectas de su verdadero carácter.  Sin poder conocer a Dios como El es, no habría posibilidad de vida eterna (Juan 17:2-3).

2.       Jesucristo es Dios y Dios no puede morir (Juan 1:1-3; 1 Timoteo 6:16). Si Cristo no hubiera tomado sobre sí la naturaleza humana, habría sido imposible que muriera por nuestros pecados.

3.       Si Jesús no hubiera venido en carne y sangre, no tendríamos un sumo sacerdote que pudiera compadecerse de nosotros al presentar nuestro caso ante el Padre.  Sólo un sumo sacerdote humano podía presentarse a favor de la humanidad.

4.       Jesús es Dios y Dios no puede ser tentado (Santiago 1:13). Si Jesús no hubiese llegado a ser hombre, no podría haber sido tentado y por lo tanto tampoco podría ayudarnos cuando nosotros somos tentados.

5.       Si Jesús no hubiera venido en carne y sangre, no habría podido desarrollar un carácter perfecto que nos pudiera imputar e impartir y no habría salvación de la culpa y el poder del pecado.

6.       Si Jesús no hubiera venido en carne y sangre, sería imposible que sirviera como Juez imparcial y misericordioso.

7.       Si Jesús no hubiera venido en carne y sangre, estaríamos aún en nuestros pecados y sería imposible pasar la eternidad con El.

LA BIBLIA Y LA HUMANIDAD DE CRISTO

Hay muchos textos bíblicos que afirman la absoluta humanidad de Cristo. Mencionemos algunos:

1.       Gálatas 4:4 –Jesús nació de una mujer real.

2.       Gálatas 3:16 – Jesús nació de la simiente de Abrahán.

3.       Romanos 1:1-4 – Jesús era de la simiente de David.

4.       Juan 1:14 – Jesús, el Verbo, se hizo carne.

5.       1 Timoteo 3:16 – El misterio de la piedad es que Dios se manifestó en carne.

6.       Juan 19:5 – Pilato reconoció a Jesucristo como hombre.

7.       Juan 4:6 – Jesús se cansó y se detuvo a descansar. (Note en Isaías 40:28 que Dios no se cansa.)

8.       Lucas 2:40, 52 – Jesús creció y se desarrollo como cualquier otro niño normal.

9.       Juan 19:28 – Jesús sintió sed.

10.   Mateo 8:24 – Jesús tuvo sueño y dormía.

11.   Hebreos 2:11-17 – Jesús fue hecho en todo semejante a sus hermanos.  Participó de carne y sangre.

 

“Cuando veo tus cielos, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que tú formaste.  Digo: ¿Qué es el hombre, para que tengas de él memoria, y el hijo del hombre, para que lo visites?”   Salmo 8:3-4

 Nunca desmayes, que en el afán Dios cuidará de ti; sus fuertes alas te cubrirán; Dios cuidará de ti.

 

 

 

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ESPERANZA PARA EL PLANETA TIERRA – EL FUTURO BRILLANTE DE UNA RAZA CAIDA –parte 19-

LA HUMILDAD DE DIOS-parte 8-

6. A FIN DE SERVIR COMO JUEZ-parte 2-

En los tribunales de hoy es común que haya un abogado defensor, un abogado acusador o fiscal, y un juez.  Pero en la Biblia, el juez es también el abogado defensor del que ha sido acusado injustamente.

Por ésto a Jesús también se lo presenta como abogado en 1 Juan 2:1: “Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo”. ¡El es el Abogado y el Juez!

Pero, ¿por qué es importante que Jesús sea hombre para poder servir como Juez? En primer lugar, para los que están en Cristo es reconfortante saber que tienen un juez que los comprende plenamente en el juicio.  Generalmente los cristianos le temen al juicio, pero no debe ser así.  Los que están en Cristo se deleitarán que El los represente. 

Sólo uno que conoce cabalmente la naturaleza humana por experiencia propia, puede juzgar con simpatía e imparcialidad.  Podemos estar seguros que Jesús abogará por sus hijos.  Habiendo sido Jesús hombre, puede colocarse en lugar del hombre en el juicio.  Así podemos escondernos detrás del Hombre del Calvario. Es reconfortante el hecho de que cuando se llame mi nombre en el juicio, Jesús se presentará en mi lugar para defenderme.

En segundo lugar, la humanidad de Jesús hará imposible que haya excusas en el juicio, para quienes no aceptaron a Cristo como Salvador y Señor. Estando en su condición de hombre, Jesús fue tentado en todo como nosotros. 

Fue tentado a tomar drogas (Mateo 27:34), fue tentado en el apetito (Mateo 4:3-4), con la atracción del poder (Filipenses 2:5-8), con la riqueza (2 Corintios 8:9), con el mundo (Mateo 4:8-10), con los sentimientos de odio y venganza (Lucas 23:34), con la soledad (Mateo 27:46), con la angustia y la ansiedad (Lucas 22:44; Mateo 26:37); con el temor de quedar separado de su Padre (Mateo 27:46). Jesús fue tentado con todo deseo inicuo, cada emoción impura, cada pensamiento corrompido y cada acción pecaminosa (Hebreos 2:17-18; 4:14-16).

Pero no cedió ni por un instante a la tentación.  Se aferró al poder del Espíritu Santo como cualquier ser humano puede hacerlo. Venció la tentación con el mismo poder que está al alcance del hombre.

La vida humana perfecta de Cristo acallará toda excusa en el juicio.  Cuando su mirada penetrante se fije en el pecador que no se arrepintió, éste tendrá que taparse la boca, pues no habrá excusa en el juicio.  Según 1 Corintios 10:13, “no os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar”. 

7. PARA PODER REGRESAR POR SU PUEBLO-parte 1-

La  Biblia presenta tres etapas de la salvación: en 2 Corintios 1:10 el apóstol Pablo menciona lo que Cristo ha logrado por nosotros: “El cual nos libró (pasado) y nos libra (presente), y en quien esperamos que aún nos librará…(futuro)”.

En Romanos 6:22 el apóstol nuevamente menciona las tres etapas: “Más ahora que habéis sido libertados del pecado (pasado), y hechos siervos de Dios, tenéis por vuestro fruto la santificación (presente), y como fin, la vida eterna (futuro)”.

Continúa en parte 20

 

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ESPERANZA PARA EL PLANETA TIERRA – EL FUTURO BRILLANTE DE UNA RAZA CAIDA –parte 16-

LA HUMILDAD DE DIOS-parte 5-

 4. PARA AYUDAR A LOS TENTADOS

Santiago 1:13 nos enseña que “Dios no puede ser tentado por el mal”. Es imposible que la mente divina pueda ser engañada por el pecado.  Si Jesús hubiera venido como Dios, habría sido imposible que experimentara la tentación. Si hubiera ganado una sola victoria sobre la tentación con su poder divino, Satanás hubiera protestado: “Tu me venciste como Dios y Dios no puede ser tentado”.  Pero a fin de poder ser tentado, tomó sobre sí la naturaleza humana. La Biblia afirma en múltiples ocasiones que Jesús fue tentado.  Hebreos 4:15 nos dice: “Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado”.  Las tentaciones de Jesús no fueron ficticias o imaginarias.  Hebreos 2:18 dice: “Pues en cuanto el mismo padeció siendo tentado, es poderoso para socorrer a los que son tentados”.

 No afrontamos ninguna tentación que El no haya encarado.  Todo poder del enemigo se lanzó contra El y sin embargo se mantuvo firme, sin fluctuar.  Y recordemos que afrontó estas tentaciones como hombre, no como Dios, y por lo tanto puede socorrernos en todas nuestras tentaciones.

Nosotros somos como piedrecillas que son llevadas de aquí para allá por las ondas del mar.  Pero Jesús fue como una peña gigantesca que está en los arrecifes.  Todo el poder de los demonios chocó contra El, sin embargo se mantuvo firme inconmovible.

Algunos creen que el hecho de que Jesús nunca pecó lo aleja de nosotros y hace imposible que nos comprenda plenamente. Pero NO es así. Si alguien se está hundiendo en arena movediza, no necesita a otro para que esté en la arena con él para simpatizar con su situación.  Necesita más bien a una persona que se encuentre en la tierra firme y que le lance una soga para sacarlo de la trampa. Si Cristo hubiese caído en la arena movediza del pecado, sería un pecador junto con nosotros y necesitaría El mismo un redentor.

Jesús fue el gran pionero que nos ha despejado el camino.  Los pioneros siempre tienen un camino más escabroso y difícil que los que los siguen.  Cuando los primeros colonos llegaron a la costa oriental de los Estados Unidos, emprendieron la conquista del Oeste.  Los que abrieron el camino enfrentaron tremendos peligros y obstáculos.  Hicieron frente a los indios, a las fieras, a epidemias, al sol quemante del desierto, a las ráfagas heladas de la noche y a una topografía inclemente.  Pero avanzaron marcando el camino y trazando un mapa para los que los seguirían después.  Por los sacrificios de estos pioneros, el camino del Este al Oeste es mucho más fácil hoy.  Podemos cruzar el continente norteamericano sin afrontar ninguno de los peligros que enfrentaron los pioneros.

Jesús fue el gran pionero de nuestra salvación. En su condición de hombre enfrentó todo el poder de las tentaciones del diablo y ganó una victoria decisiva.  El enemigo empleó toda artimaña y estratagema a su alcance contra Jesús, pero no lo pudo derrotar.  La victoria de Cristo ha hecho mucho más fácil la nuestra.  Jesús conoce cada treta de Satanás y está dispuesto a ayudarnos.  Porque fue tentado en todo como nosotros, puede socorrernos cuando somos tentados.  Su victoria puede ser nuestra si dependemos de El.

 

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ESPERANZA PARA EL PLANETA TIERRA – EL FUTURO BRILLANTE DE UNA RAZA CAIDA –parte 15-

LA HUMILDAD DE DIOS-parte 4-

2.       PARA MORIR POR EL HOMBRE –parte 2-

Cristo, siendo Dios, no podía morir, pues su naturaleza divina es inmortal.  1 Timoteo 6:15-16 afirma que Jesús es el Rey de reyes y que tiene inmortalidad.  ¿Cómo podía Cristo morir en lugar del pecador si era inmortal por naturaleza?

La única forma de hacerlo era si tomaba sobre sí una naturaleza humana mortal. Era imposible que Cristo muriera a menos que se hiciera hombre.  Tomó la naturaleza humana a fin de sufrir la muerte en nuestro lugar.  “Cuando Cristo fue crucificado, fue su naturaleza humana la que murió. La divinidad no murió; ésto hubiera sido imposible” (Elena White).

Marcos 10:45 dice: “Porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos”.  

La hermosa profecía de Isaías 53:5 afirma: “Más el herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados”.

El apóstol Pablo, en 2 Corintios 5:21, expresa así este gran sacrificio: “Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él”.

Si Jesús no se hubiese hecho hombre a fin de poder derramar su sangre por nosotros, aún estaríamos en nuestros pecados.  De su muerte depende nuestra vida.

El diablo sabía que la muerte de Cristo era de crucial importancia y por lo tanto procuró desviarlo constantemente del camino a la cruz.  En la tercera tentación, procuró trazarle un camino más fácil que el de la cruz, ofreciéndole todos los reinos del mundo si tan sólo lo adoraba (Mateo 4:8-10).  En otra ocasión, Pedro se prestó como instrumento de Satanás tentando a Cristo a no ir a la cruz (Mateo 16:22-23).  Hacia el final de su ministerio vinieron unos griegos a Jesús y le invitaron a predicar en su país (Juan 12:20-24).

El Salvador no ignoraba las grandes necesidades que había en Grecia, pero rehusó desviarse del camino a la cruz y dijo: “Ha llegado la hora para que el Hijo del Hombre sea glorificado”.  En el Getsemaní y en la cruz, el diablo procuró desalentar a Cristo para que abandonara al mundo en la rebelión. El destino de la raza humana pendía de un hilo. Pero Jesús escogió pagar la deuda de cada ser humano.  Pudo morir porque había tomado sobre sí la naturaleza mortal del hombre.

3.       PARA PODER SIMPATIZAR CON LOS PECADORES

Según Hebreos 5:1-2, todo sumo sacerdote debe ser tomado “de entre los hombres” para que “se muestre paciente con los ignorantes y extraviados, pues que él también está rodeado de debilidad”.  A fin de poder simpatizar con la situación del hombre, Cristo debía llegar a ser hombre.

Una cosa es mirar el sufrimiento de lejos y otra es pasar por el sufrimiento uno mismo. De igual manera, antes que Cristo se encarnara, simpatizaba con la raza humana y sentía compasión de nosotros.  Podría haberse quedado en el cielo observando la miseria humana de lejos, pero a fin de comprender plenamente nuestra situación, llegó a ser carne de nuestra carne y hueso de nuestro hueso. No se conformó con mirar de lejos nuestra aflicción, sino que descendió de su trono para “andar en nuestros zapatos”. Así podemos tener la absoluta seguridad de que nos comprende.

Hebreos 2:17 asegura: “Por lo cual, debía ser en todo semejante a sus hermanos, para venir a ser misericordioso y fiel sumo sacerdote en lo que a Dios se refiere, para expiar los pecados del pueblo”. 

Sólo como hombre podía simpatizar plenamente con la situación humana. 

Continúa en parte 16  

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ESPERANZA PARA EL PLANETA TIERRA – EL FUTURO BRILLANTE DE UNA RAZA CAIDA –parte 13-

LA HUMILDAD DE DIOS-parte 2-

Dios amaba al pecador. Pero ¿cuánto lo amaba?

Llego un momento en que Cristo, el Eterno, el que había creado el inmenso universo de la nada, el que hizo las innumerables estrellas y las llama a todas por su nombre; el que era rey sobre todas las galaxias del cosmos y el que sustenta el vasto universo por la palabra de su potencia; el que era amado, venerado y adorado por todas las huestes celestiales, decidió abandonar el cielo para venir a salvar al hombre.  NO hay ser humano que pueda comprender la magnitud de este sacrificio.  Las palabras suenan demasiado huecas para describir tan sublime acto.

Hace poco más de 2.000 años, en el momento acordado en el concilio de paz, el Hijo se despidió de su Padre y de las huestes angélicas. Descendió del trono y entregó su cetro.  Se quitó el manto de gloria real y la brillante corona y los puso en manos de su Padre. La despedida debió haber sido triste. Luego, mediante un acto misterioso que el hombre jamás podrá comprender, el Padre implantó al Verbo en el vientre de la Virgen María (Hebreos 10:5). El Dios eterno había sido trasplantado al planeta rebelde, al mismo cuartel de Satanás. El Rey del universo se había tornado súbdito, el Señor del espacio infinito había tomado la posición de siervo.

Jesús vino con una naturaleza humana deteriorada por 4.000 años de pecado. Aquel para quien el tiempo y el espacio no constituían el menor límite, se encarceló en ellos. No nació en un palacio sino en medio de las bestias que el mismo había creado. Estudió el Antiguo Testamento que el mismo había dado (1 Pedro 1:10-12).  Aprendió lecciones de la naturaleza que él mismo había creado con el aliento de su boca.  Llegó a ser menor que los mismos ángeles que había llamado a la existencia para cumplir sus designios (Hebreos 2:9) ¡Imagínense, el Creador haciéndose menor que sus propias criaturas! A diferencia de Lucifer, descendió y se despojó  a sí mismo. No reclamó sus derechos como Dios, sino que se humilló a sí mismo (Filip.2:6-11).  Lo vemos mezclándose con los publicanos, las rameras, los leprosos y los menesterosos.

En el aposento alto lavó los pies de sus propios discípulos, incluyendo los del traidor Judas.  En el Getsemaní sudó grandes gotas de sangre por la angustia de sentirse separado de su Padre.  Se colocó en las manos de sus propias criaturas y permitió que lo golpearan y se mofaran de él.  Le escupieron en el rostro, lo azotaron con una caña, le rasgaron la piel y los músculos con el látigo salvaje, le hincaron una corona de espinas en su frente y finalmente lo crucificaron, atravesando sus manos y sus pies con enormes clavos. Desnudo, colgaba entre el cielo y la tierra.

¡El Rey del universo sentenciado y ejecutado por sus propias criaturas!

Cristo podría haber dicho: “Tengo tantos miles de millones de mundos en medio del universo infinito ¿para qué me voy a complicar la vida yendo a ese mundo lleno de gente rebelde y malvada que no merece más que la muerte?” ¿Por qué escogió Cristo encarnarse en un planeta donde ni el mundo (Juan 1:10) ni los suyos (Juan 1:11) quisieron recibirle? Hay siete razones por las cuales Jesús se encarnó:

Continúa en parte 14

 

 

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RESCATE DESDE EL ORION – LA ESPERANZA DE LA SEGUNDA VENIDA DE CRISTO-parte 10-

SEÑALES DE LA SEGUNDA VENIDA-parte 6-

COMO VENDRÁ JESÚS -parte 4-

UNA GUERRA UNIVERSAL-parte 2-

Pero también Adán y Eva recibieron una promesa.  Una segunda y gloriosa oportunidad.  El Creador no los abandonó a la merced del intruso, el enemigo.  La lucha apenas había comenzado. “Ya nos arreglaremos las cuentas”, le dijo Dios a Satanás, y la tierra y la humanidad, sin quererlo, se convirtieron en el campo de batalla del universo.  

La Biblia habla de este gran conflicto en las palabras del apóstol Juan:

“Después hubo una gran batalla en el cielo: Miguel (Jesús) y sus ángeles luchaban contra el dragón; y luchaban el dragón y sus ángeles…la serpiente antigua, que se llama diablo y Satanás, el cual engaña al mundo entero; fue arrojado a la tierra, y sus ángeles fueron arrojados con él” (Apoc.12:7-9).

Como si presentara los actos de un descomunal drama, la Biblia revela el enfrentamiento entre las fuerzas del bien y el mal en la historia de sus personajes. En la vida de Adán, Enoc, Abrahán, Jacob, Moisés, Sansón y David se perciben los fragores de la gran batalla espiritual.  En sus decisiones, sus luchas y sus fracasos aprendemos acerca de un Dios paciente, de una naturaleza humana débil, y de un enemigo artero y persistente.

Pero es en el recuento de la vida y el ministerio del Hijo de Dios, donde leemos sobre el enfrentamiento más recio de todos.  Satanás trato de matarlo cuando era apenas una criatura por medio de Herodes; trato de hacerlo desistir de su ministerio redentor en el desierto de la tentación, y se le enfrentó vez tras vez en la persona de los ángeles caídos que aprisionaban a pobres seres humanos que clamaban por liberación.

Ante Jesucristo huyeron los demonios, legiones de ellos. Uno de ellos preguntó: “¿Qué tienes conmigo, Jesús, Hijo del Dios Altísimo? Te conjuro por Dios que no me atormentes. Porque le decía: Sal de este hombre, espíritu inmundo” (Marcos 5:7-8).  Esta era una evidencia de la batalla invisible, pero no menos real. Un poderoso guerrero ante quien los enemigos tiemblan, ése era y es Jesús. Vino al terreno usurpado por Satanás para rescatar a la raza humana del pecado y sus consecuencias, y tuvo que luchar paso a paso por nuestra redención.

Este choque entre potencias cósmicas tuvo su desenlace en un monte en las afueras de Jerusalén.  Allí Satanás trató con toda su furia de aniquilar al Salvador.  Logró que muriera, pero no pudo mantenerlo en la tumba.  Es más, la muerte del Señor significó la derrota de Satanás. “Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo, y librar a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre” (Hebreos 2:14-15).

Cristo vino como el segundo Adán para vencer donde nuestros primeros padres fracasaron.  Para arrebatarle al diablo el señorío de este planeta y de la raza humana.  Al venir como hombre, al vivir una vida perfecta, podía entregar su vida en el Calvario como pago suficiente por todos nuestros pecados (Ver Romanos 6:23).  

Continúa en parte 11

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DIOS EL HIJO-séptima parte-

  • 5 –LA EXTENSIÓN DE SU IDENTIFICACIÓN CON LA NATURALEZA HUMANA: La Biblia revela que Cristo es el segundo Adán; vivió “en semejanza de carne de pecado” (Rom.8:3). Es crucial que se desarrolle una visión correcta de la expresión “semejanza de carne de pecado”, la cuál describe al ser humano pecador. Ciertos puntos de vista han traído disensión y enemistades a través de la historia de la iglesia cristiana.

Cristo adoptó la “semejanza de carne de pecado”. Antes de la encarnación, JESÚS ERAEN FORMA DE DIOS(Fil.2:6,7); ésto es, la naturaleza divina le pertenecía desde el comienzo (Juan 1:1). Al tomar “forma de siervo”, puso a un lado sus prerrogativas divinas. Se convirtió en siervo de su Padre (Isa.42:1), para cumplir su voluntad (Juan6:38; Mat.26:39, 42). Revistió su divinidad con la humanidad, pero el Salvador jamás pecó, y su pureza perfecta está más allá de toda duda.

Adán tenía ventaja sobre Cristo. Cuando cayó en el pecado, vivía en el paraíso. Poseía una humanidad perfecta, y gozaba del completo vigor de su cuerpo y su mente. No fue el caso de Jesús. Cuando adoptó la naturaleza humana, la raza  ya se había deteriorado a través de cuatro mil años de pecado en este planeta. Con el fin de salvar a los que se hallaban en las profundidades de la degradación, Cristo tomó sobre sí una naturaleza humana que,  comparada con la naturaleza no caída de Adán, había disminuido dramáticamente en fortaleza física y mental; a pesar de ello, Cristo lo hizo sin pecar. El Salvador sentía su debilidad. Por eso debió ofrecer “ruegos y súplicas con gran clamor y lágrimas al que le podía librar de la muerte” (Heb.5:7), identificándose de este modo con las necesidades y debilidades tan comunes en la humanidad.

Cristo” fue tentado en todo según nuestra semejanza” (Heb.4:15). El punto básico que sirve de  fundamento para todas las tentaciones, es nuestra decisión de si vamos a rendir nuestra voluntad a Dios o NO. Jesús siempre mantuvo su obediencia a Dios. Por medio de su continua dependencia del poder divino, resistió con éxito las más fieras tentaciones, aunque era humano. Nuestra victoria sobre la tentación se logra al mantener nuestra dependencia de El. “No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar” (1 Cor.10:13).

  • 6 –LA NECESIDAD DE QUE CRISTO TOMARA LA NATURALEZA HUMANA: La Biblia expresa diversas razones de por qué Cristo necesitaba tener una naturaleza humana.
  • 1º. –Para ser sumo sacerdote de la raza humana: Jesús,  como el Mesías, debía ocupar la posición de sumo sacerdote o mediador entre Dios y el hombre (Zac.6:13; Heb.4: 14-16). Esta función requería poseer naturaleza humana.
  • 2º. – Para salvar aún a los más degradados : Con el fin de alcanzar a los individuos donde ellos están, y rescatar aún a los que ofrecen menos esperanza, se humilló a sí mismo al nivel de un siervo (Fil.2:7).
  • 3 – Para dar su vida por los pecados del mundo. Se convirtió en hombre y pagó la penalidad del pecado que es la muerte (Rom.6:23; 1Cor.15:5), gustó la muerte por todos (Heb.2:9).  
  • 4 –   Para ser nuestro ejemplo. Con el fin de convertirse en ejemplo de cómo los seres humanos debieran vivir. Cristo tenía que vivir una vida sin pecado como ser humano. Demostró que es posible que la humanidad sea fiel a la voluntad de Dios, obtuvo la victoria sobre el pecado, convirtiéndose así en nuestro Salvador y nuestro perfecto ejemplo. En su fortaleza, su victoria puede ser nuestra (Juan16:33).

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MENTE, CARÁCTER Y PERSONALIDAD-parte 112-

 

LA FELICIDAD. A medida que andamos con Jesús en esta vida podemos estar llenos de su amor. Podemos recibir aquí todo lo que la naturaleza humana puede soportar. Pero ¿qué es ésto comparado con lo que nos espera más allá? -parte 5-

ALGUNOS NO SERIAN FELICES EN EL CIELO: ¿Acaso podrían aquellos que han pasado su vida en rebelión contra Dios ser transportados de pronto al cielo y contemplar el alto y santo estado de perfección que allí se ve, donde toda alma rebosa de amor y todo semblante irradia alegría, la música arrobadora se eleva en acordes melodiosos en honor a Dios y al Cordero, y brotan raudales de luz del rostro del Aquél que está sentado en el trono e  inundan a los redimidos?

¿Podrían acaso aquellos cuyos corazones están llenos de odio hacia Dios, a la verdad y a la santidad alternar con los ejércitos celestiales y unirse a sus cantos de alabanza? ¿Podrían soportar la gloria de Dios y el Cordero? Años de prueba les fueron concedidos para que pudiesen formar caracteres para el cielo; pero nunca se acostumbraron a amar lo que es puro; nunca aprendieron el lenguaje del cielo, y ya es demasiado tarde.

Una vida de rebelión contra Dios los ha inhabilitado para el cielo.  La pureza, la santidad y la paz que reinan allí serían para ellos un tormento; la gloria de Dios, un fuego consumidor.  Ansiarían huir de aquel santo lugar.

Desearían que la destrucción los cubriese de la faz de Aquél que murió para redimirlos. La suerte de los malos queda determinada por la propia elección de ellos. Su exclusión del cielo es un acto de propia voluntad y un acto de justicia y misericordia por parte de Dios.

SU VIDA PUEDE SER GOZOSA: Tengamos todos confianza en Dios. Avancemos a través de las sombras que Satanás arroja sobre nuestra senda, y aferrémonos del brazo de Jesús, el poderoso. Dejemos nuestro caso en sus manos. Presentemos nuestra petición al Señor. Pongamos nuestra confianza en El y pidamos la bendición que El considere mejor para nuestra utilidad presente y futura y para nuestro eterno bien. Los que hacen ésto disfrutan de una vida gozosa.

¡Creamos! “Regocijaos en el Señor siempre.  Otra vez os digo: ¡Regocijaos! (Fil.4:4)

COMO PROYECTAR LA FELICIDAD HACIA LA ETERNIDAD: A medida que entramos por Jesús en el descanso, empezamos aquí a disfrutar del cielo.  Respondemos a su invitación:“Venid aprended de mi”, y al venir así comenzamos la vida eterna.  El cielo consiste en acercarse incesantemente a Dios por Cristo. 

Cuanto más tiempo estemos en el cielo de la felicidad, tanto más de la gloria se abrirá ante nosotros; y cuanto más conozcamos a Dios, tanto más intensa será nuestra felicidad. A medida que andamos con Jesús en esta vida podemos estar llenos de su amor, satisfechos con su presencia. Podemos recibir aquí todo lo que la naturaleza humana puede soportar.

Pero ¿qué es ésto comparado con lo que nos espera más allá?  Allí:

“están delante del trono de Dios, y le sirven día y noche en su templo: y el que está sentado en el trono tenderá su pabellón sobre ellos. No tendrán más hambre, ni sed, y el sol no caerá más sobre ellos, ni ningún otro calor. Porque el Cordero que está en medio del trono los pastoreará, y los guiará a fuentes vivas de aguas: y Dios limpiará toda lágrima de los ojos de ellos”  (Apoc.7:15-17).

(Elena White)

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