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Archive for the ‘1.10-Cristo vivió una vida perfecta y entregó su vida en el Calvario como pago suficiente por todos nuestros pecados, arrebatándole al diablo el señorío de este planeta y de la raza humana.’ Category

RESCATE DESDE EL ORION – LA ESPERANZA DE LA SEGUNDA VENIDA DE CRISTO-parte 10-

SEÑALES DE LA SEGUNDA VENIDA-parte 6-

COMO VENDRÁ JESÚS -parte 4-

UNA GUERRA UNIVERSAL-parte 2-

Pero también Adán y Eva recibieron una promesa.  Una segunda y gloriosa oportunidad.  El Creador no los abandonó a la merced del intruso, el enemigo.  La lucha apenas había comenzado. “Ya nos arreglaremos las cuentas”, le dijo Dios a Satanás, y la tierra y la humanidad, sin quererlo, se convirtieron en el campo de batalla del universo.  

La Biblia habla de este gran conflicto en las palabras del apóstol Juan:

“Después hubo una gran batalla en el cielo: Miguel (Jesús) y sus ángeles luchaban contra el dragón; y luchaban el dragón y sus ángeles…la serpiente antigua, que se llama diablo y Satanás, el cual engaña al mundo entero; fue arrojado a la tierra, y sus ángeles fueron arrojados con él” (Apoc.12:7-9).

Como si presentara los actos de un descomunal drama, la Biblia revela el enfrentamiento entre las fuerzas del bien y el mal en la historia de sus personajes. En la vida de Adán, Enoc, Abrahán, Jacob, Moisés, Sansón y David se perciben los fragores de la gran batalla espiritual.  En sus decisiones, sus luchas y sus fracasos aprendemos acerca de un Dios paciente, de una naturaleza humana débil, y de un enemigo artero y persistente.

Pero es en el recuento de la vida y el ministerio del Hijo de Dios, donde leemos sobre el enfrentamiento más recio de todos.  Satanás trato de matarlo cuando era apenas una criatura por medio de Herodes; trato de hacerlo desistir de su ministerio redentor en el desierto de la tentación, y se le enfrentó vez tras vez en la persona de los ángeles caídos que aprisionaban a pobres seres humanos que clamaban por liberación.

Ante Jesucristo huyeron los demonios, legiones de ellos. Uno de ellos preguntó: “¿Qué tienes conmigo, Jesús, Hijo del Dios Altísimo? Te conjuro por Dios que no me atormentes. Porque le decía: Sal de este hombre, espíritu inmundo” (Marcos 5:7-8).  Esta era una evidencia de la batalla invisible, pero no menos real. Un poderoso guerrero ante quien los enemigos tiemblan, ése era y es Jesús. Vino al terreno usurpado por Satanás para rescatar a la raza humana del pecado y sus consecuencias, y tuvo que luchar paso a paso por nuestra redención.

Este choque entre potencias cósmicas tuvo su desenlace en un monte en las afueras de Jerusalén.  Allí Satanás trató con toda su furia de aniquilar al Salvador.  Logró que muriera, pero no pudo mantenerlo en la tumba.  Es más, la muerte del Señor significó la derrota de Satanás. “Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo, y librar a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre” (Hebreos 2:14-15).

Cristo vino como el segundo Adán para vencer donde nuestros primeros padres fracasaron.  Para arrebatarle al diablo el señorío de este planeta y de la raza humana.  Al venir como hombre, al vivir una vida perfecta, podía entregar su vida en el Calvario como pago suficiente por todos nuestros pecados (Ver Romanos 6:23).  

Continúa en parte 11

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