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ESPERANZA PARA EL PLANETA TIERRA – EL FUTURO BRILLANTE DE UNA RAZA CAIDA –parte 53-

COMO SOMOS SALVOS –parte 20-

EMANUEL PARA SIEMPRE-parte 2-

En esta ocasión no estaba presente Tomás.  Cuando los demás discípulos le dijeron que habían visto al Señor, él se negó a creerles: “Si no viere en sus manos la señal de los clavos, y metiere mi dedo en el lugar de los clavos, y metiere mi mano en su costado, no creeré”. (Juan 20:25).

Ocho días más tarde, Jesús visitó de nuevo a los discípulos estando presente  Tomás. El Maestro le dijo: “Pon aquí tu dedo, y mira mis manos; y acerca tu mano, y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente” (Juan 20:27) ¡Jesús aún poseía carne y huesos después de su resurrección!

He aquí la razón por la cual anhela tanto estar con nosotros. Cuando se encarnó, llegó a ser parte de la familia humana. Al entregar su cetro en manos del Padre y al asumir la humanidad, lo hizo para siempre. Se ha identificado con nosotros y no se avergüenza de llamarnos hermanos (Hebreos 2:11). Somos su familia y quiere estar con nosotros. 

Concerniente a ésto dice Elena White “Al tomar nuestra naturaleza, el Salvador se vinculó con la humanidad por un vínculo que nunca se ha de romper.  A través de las edades eternas, queda ligado con nosotros…Para asegurarnos los beneficios de su inmutable consejo de paz,  Dios dio a su Hijo unigénito para que llegase a ser miembro de la familia humana, y retuviese para siempre la naturaleza humana…En Cristo, la familia de la tierra y la familia del cielo están ligadas. Cristo glorificado es nuestro hermano.  El cielo está incorporado en la humanidad, y la humanidad, envuelta en el seno del Amor Infinito” (El Deseado de todas la gentes-pág.17).

¡Qué increíble! El que nunca tuvo comienzo y nunca tendrá fin; el que creó todo el universo de la nada, y llamó a la existencia a las innumerables galaxias del espacio infinito; el que sustenta todo con la palabra de su potencia, se hizo hombre para salvarnos, y conservara su humanidad por los siglos de los siglos sin fin.  El es la escalera que vio Jacob en su sueño, que estaba asentada en la tierra y cuya cima alcanzaba hasta el más alto cielo (ver Juan 1:51).  Jesús ha vinculado el cielo y la tierra al hacerse hombre, y este vínculo nunca se ha de romper.

Cuando el primer Adán le entregó el dominio del mundo a Satanás, se hizo necesario que viniese un segundo Adán para arrebatarle a Satanás lo que le había quitado al hombre. Jesús es ese segundo Adán (ver Romanos 5:12-21; 1 Corintios 15:45).  Para siempre Cristo será el representante de la raza humana, para siempre será Dios con nosotros.  He aquí la esencia del misterio de la piedad.  El gran Dios llegó a ser carne para siempre.  Su humillación es eterna.  No cabe duda de que lo que Jesús más quiere es estar con su familia. Pero, ¿anhelamos nosotros estar con El tanto como El con nosotros?

Si amamos a Jesús por encima de todas las cosas, estaremos contando los días hasta que El venga.  Estaremos esperando con ansias el momento en que podamos estar en su presencia. El apóstol Pablo conoció personalmente a Jesús en el camino a Damasco y desde ese día trabajó con todas sus fuerzas para esparcir el Evangelio a fin de apresurar la venida de su querido Señor.

Continúa en parte 54

 

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