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Archive for the ‘1.13-¡El Rey del universo ejecutado por sus propias criaturas! ¿Por qué escogió Cristo encarnarse en un planeta donde ni el mundo ni los suyos quisieron recibirle?’ Category

ESPERANZA PARA EL PLANETA TIERRA – EL FUTURO BRILLANTE DE UNA RAZA CAIDA –parte 13-

LA HUMILDAD DE DIOS-parte 2-

Dios amaba al pecador. Pero ¿cuánto lo amaba?

Llego un momento en que Cristo, el Eterno, el que había creado el inmenso universo de la nada, el que hizo las innumerables estrellas y las llama a todas por su nombre; el que era rey sobre todas las galaxias del cosmos y el que sustenta el vasto universo por la palabra de su potencia; el que era amado, venerado y adorado por todas las huestes celestiales, decidió abandonar el cielo para venir a salvar al hombre.  NO hay ser humano que pueda comprender la magnitud de este sacrificio.  Las palabras suenan demasiado huecas para describir tan sublime acto.

Hace poco más de 2.000 años, en el momento acordado en el concilio de paz, el Hijo se despidió de su Padre y de las huestes angélicas. Descendió del trono y entregó su cetro.  Se quitó el manto de gloria real y la brillante corona y los puso en manos de su Padre. La despedida debió haber sido triste. Luego, mediante un acto misterioso que el hombre jamás podrá comprender, el Padre implantó al Verbo en el vientre de la Virgen María (Hebreos 10:5). El Dios eterno había sido trasplantado al planeta rebelde, al mismo cuartel de Satanás. El Rey del universo se había tornado súbdito, el Señor del espacio infinito había tomado la posición de siervo.

Jesús vino con una naturaleza humana deteriorada por 4.000 años de pecado. Aquel para quien el tiempo y el espacio no constituían el menor límite, se encarceló en ellos. No nació en un palacio sino en medio de las bestias que el mismo había creado. Estudió el Antiguo Testamento que el mismo había dado (1 Pedro 1:10-12).  Aprendió lecciones de la naturaleza que él mismo había creado con el aliento de su boca.  Llegó a ser menor que los mismos ángeles que había llamado a la existencia para cumplir sus designios (Hebreos 2:9) ¡Imagínense, el Creador haciéndose menor que sus propias criaturas! A diferencia de Lucifer, descendió y se despojó  a sí mismo. No reclamó sus derechos como Dios, sino que se humilló a sí mismo (Filip.2:6-11).  Lo vemos mezclándose con los publicanos, las rameras, los leprosos y los menesterosos.

En el aposento alto lavó los pies de sus propios discípulos, incluyendo los del traidor Judas.  En el Getsemaní sudó grandes gotas de sangre por la angustia de sentirse separado de su Padre.  Se colocó en las manos de sus propias criaturas y permitió que lo golpearan y se mofaran de él.  Le escupieron en el rostro, lo azotaron con una caña, le rasgaron la piel y los músculos con el látigo salvaje, le hincaron una corona de espinas en su frente y finalmente lo crucificaron, atravesando sus manos y sus pies con enormes clavos. Desnudo, colgaba entre el cielo y la tierra.

¡El Rey del universo sentenciado y ejecutado por sus propias criaturas!

Cristo podría haber dicho: “Tengo tantos miles de millones de mundos en medio del universo infinito ¿para qué me voy a complicar la vida yendo a ese mundo lleno de gente rebelde y malvada que no merece más que la muerte?” ¿Por qué escogió Cristo encarnarse en un planeta donde ni el mundo (Juan 1:10) ni los suyos (Juan 1:11) quisieron recibirle? Hay siete razones por las cuales Jesús se encarnó:

Continúa en parte 14

 

 

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