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ESPERANZA PARA EL PLANETA TIERRA – EL FUTURO BRILLANTE DE UNA RAZA CAIDA –parte 15-

LA HUMILDAD DE DIOS-parte 4-

2.       PARA MORIR POR EL HOMBRE –parte 2-

Cristo, siendo Dios, no podía morir, pues su naturaleza divina es inmortal.  1 Timoteo 6:15-16 afirma que Jesús es el Rey de reyes y que tiene inmortalidad.  ¿Cómo podía Cristo morir en lugar del pecador si era inmortal por naturaleza?

La única forma de hacerlo era si tomaba sobre sí una naturaleza humana mortal. Era imposible que Cristo muriera a menos que se hiciera hombre.  Tomó la naturaleza humana a fin de sufrir la muerte en nuestro lugar.  “Cuando Cristo fue crucificado, fue su naturaleza humana la que murió. La divinidad no murió; ésto hubiera sido imposible” (Elena White).

Marcos 10:45 dice: “Porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos”.  

La hermosa profecía de Isaías 53:5 afirma: “Más el herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados”.

El apóstol Pablo, en 2 Corintios 5:21, expresa así este gran sacrificio: “Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él”.

Si Jesús no se hubiese hecho hombre a fin de poder derramar su sangre por nosotros, aún estaríamos en nuestros pecados.  De su muerte depende nuestra vida.

El diablo sabía que la muerte de Cristo era de crucial importancia y por lo tanto procuró desviarlo constantemente del camino a la cruz.  En la tercera tentación, procuró trazarle un camino más fácil que el de la cruz, ofreciéndole todos los reinos del mundo si tan sólo lo adoraba (Mateo 4:8-10).  En otra ocasión, Pedro se prestó como instrumento de Satanás tentando a Cristo a no ir a la cruz (Mateo 16:22-23).  Hacia el final de su ministerio vinieron unos griegos a Jesús y le invitaron a predicar en su país (Juan 12:20-24).

El Salvador no ignoraba las grandes necesidades que había en Grecia, pero rehusó desviarse del camino a la cruz y dijo: “Ha llegado la hora para que el Hijo del Hombre sea glorificado”.  En el Getsemaní y en la cruz, el diablo procuró desalentar a Cristo para que abandonara al mundo en la rebelión. El destino de la raza humana pendía de un hilo. Pero Jesús escogió pagar la deuda de cada ser humano.  Pudo morir porque había tomado sobre sí la naturaleza mortal del hombre.

3.       PARA PODER SIMPATIZAR CON LOS PECADORES

Según Hebreos 5:1-2, todo sumo sacerdote debe ser tomado “de entre los hombres” para que “se muestre paciente con los ignorantes y extraviados, pues que él también está rodeado de debilidad”.  A fin de poder simpatizar con la situación del hombre, Cristo debía llegar a ser hombre.

Una cosa es mirar el sufrimiento de lejos y otra es pasar por el sufrimiento uno mismo. De igual manera, antes que Cristo se encarnara, simpatizaba con la raza humana y sentía compasión de nosotros.  Podría haberse quedado en el cielo observando la miseria humana de lejos, pero a fin de comprender plenamente nuestra situación, llegó a ser carne de nuestra carne y hueso de nuestro hueso. No se conformó con mirar de lejos nuestra aflicción, sino que descendió de su trono para “andar en nuestros zapatos”. Así podemos tener la absoluta seguridad de que nos comprende.

Hebreos 2:17 asegura: “Por lo cual, debía ser en todo semejante a sus hermanos, para venir a ser misericordioso y fiel sumo sacerdote en lo que a Dios se refiere, para expiar los pecados del pueblo”. 

Sólo como hombre podía simpatizar plenamente con la situación humana. 

Continúa en parte 16  

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