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EL CAMINO A CRISTO -EL PRINCIPE DEL CIELO- parte 43-

LA FUENTE DEL REGOCIJO Y FELICIDAD

LA FUENTE DEL REGOCIJO Y FELICIDAD-parte 2-

El Hijo de Dios que deja el trono de su Padre y reviste su divinidad con la humanidad para poder rescatar al hombre del poder de Satanás; su triunfo en nuestro favor, que abre el cielo a los pecadores y revela a la vista humana la morada donde la Divinidad descubre su gloria; la raza caída, levantada de lo profundo de la ruina en que Satanás la había sumergido, puesta de nuevo en relación con el Dios infinito, vestida de la justicia de Cristo y exaltada hasta su trono después de sufrir la prueba divina por la fe en nuestro Redentor: tales son las cosas que Dios quiere que contemplemos.

Cuando parece que dudamos del amor de Dios y que desconfiamos de sus promesas, lo deshonramos y contristamos su Santo Espíritu. ¿Cómo se sentiría una madre si sus hijos estuvieran quejándose constantemente de ella, como si no tuviera buenas intenciones para con ellos, cuando el esfuerzo de su vida entera hubiese sido fomentar sus intereses y proporcionarles comodidades?.  Supongamos que dudaran de su amor, quebrantarían su corazón. 

¿Cómo se sentiría un padre si así lo trataran sus hijos? ¿Y como puede mirarnos nuestro Padre celestial cuando desconfiamos de su amor, que le ha inducido a dar a su Hijo unigénito para que tengamos vida? Todo ésto está destruyendo nuestra propia alma, pues cada palabra de duda que proferimos da lugar a las tentaciones de Satanás; hace crecer en nosotros la tendencia a dudar y es un agravio de parte nuestra a los ángeles ministradores,

Cuando Satanás nos tiente, no salga de nosotros ninguna palabra de duda o tinieblas. Si elegimos abrir la puerta a sus sugestiones, se llenará nuestra mente de desconfianza y rebelión.

Si hablamos de nuestros sentimientos, cada duda que expresemos no reaccionará solamente sobre nosotros, sino que será una semilla que germinará y dará fruto en la vida de otros, y tal vez sea imposible contrarrestar la influencia de nuestras palabras.  Tal vez podamos reponernos nosotros de la hora de la tentación y el lazo de Satanás; más puede ser que otros que hayan sido dominados por nuestra influencia, no puedan escapar de la incredulidad que hayamos insinuado.  ¡Cuánto importa que hablemos solamente las cosas que den fuerza espiritual y vida!

Hablemos de nuestro Señor. Conversemos de Aquél que vive para interceder por nosotros ante el Padre.  Todos tenemos pruebas, aflicciones duras que sobrellevar y tentaciones fuertes que resistir.  Pero no las contemos, antes llevemos todo a Dios en oración.  Tengamos por regla el no proferir nunca palabras de duda o desaliento. Si hablamos palabras de santo gozo y de esperanza, podremos hacer mucho más para alumbrar el camino de otros y fortalecer sus esfuerzos.

Hay muchas almas valientes, en extremo acosadas por la tentación, casi a punto de desmayar en el conflicto que sostienen con ellas mismas y con las potencias del mal. No las desalentemos en su dura lucha. Alegrémoslas con palabras de valor, ricas en esperanza, que las impulsen por su camino.  De este modo la luz de Cristo resplandecerá en nosotros.  Por nuestra influencia inconsciente pueden los demás ser alentados y fortalecidos o desanimados o apartados de Cristo y de la verdad.  (Elena White)

EL CAMINO A CRISTO -EL PRINCIPE DEL CIELO- parte 42-

LA FUENTE DEL REGOCIJO Y FELICIDAD

LA FUENTE DEL REGOCIJO Y FELICIDAD-parte 1-

Los hijos de Dios están llamados a ser representantes de Cristo y a mostrar siempre la bondad y la misericordia del Señor.  Como Jesús nos reveló el verdadero carácter del Padre, así tenemos que revelar a Cristo a un mundo que no conoce su ternura y piadoso amor.  “De la manera que tú me enviaste a mí al mundo, decía Jesús, así también yo los he enviado a ellos al mundo”. “Yo en ellos, y tú en mí… para que conozca el mundo que tu me enviaste.” (Juan 17:18,23). 

En cada uno de sus hijos, Jesús envía una carta al mundo. Si somos discípulos de Cristo, El envía en nosotros una carta a la familia, al pueblo, a la calle donde vivimos. Jesús que mora en nosotros, quiere hablar a los corazones que no lo conocen.  Tal vez no leen la Biblia o no oyen la voz que les habla en sus páginas; no ven el amor de Dios en sus obras. Más si somos verdaderos representantes de Jesús, puede ser que por nosotros sean inducidos a conocer algo de su bondad y sean ganados para amarlo y servirlo.

Los cristianos son como portaluces en el camino al cielo.  Tienen que reflejar sobre el mundo la luz de Cristo que brilla sobre ellos. Su vida y su carácter deben ser tales que por ellos adquieran otros una idea justa de Cristo y de su servicio. Si representamos verdaderamente a Cristo, haremos que su servicio parezca atractivo, como es en realidad. Los cristianos que llenan su alma de amargura y tristeza, murmuraciones y quejas, están representando ante otros falsamente a Dios y la vida cristiana.  Hacen creer que Dios no se complace en que sus hijos sean felices, y en ésto dan falso testimonio contra nuestro Padre celestial.

Satanás triunfa cuando puede inducir a los hijos de Dios a la incredulidad y al desaliento.  Se regocija cuando nos ve desconfiar de Dios, dudando de su buena voluntad y de su poder para salvarnos.  Le agrada hacernos sentir que el Señor nos hará daño por sus providencias. Es la obra de Satanás representar al Señor como falto de compasión y piedad.  Tergiversa la verdad respecto a El. 

Llena la imaginación de ideas falsas tocante a Dios; y en vez de espaciarnos en la verdad con respecto a nuestro Padre celestial, muchísimas veces fijamos la mente en las falsas representaciones de Satanás y deshonramos a Dios desconfiando de El, y murmurando contra El. Satanás siempre procura presentar la vida religiosa como una vida de tinieblas.  Desea hacerla aparecer penosa y difícil; y cuando el cristiano, por su incredulidad, presenta en su vida la religión bajo este aspecto, secunda la falsedad de Satanás.

Muchos al recorrer el camino de la vida, fijan sus ojos en sus errores, fracasos y desengaños, y sus corazones se llenan de dolor y desaliento.  No es bueno reunir todos los recuerdos desagradables de la vida pasada, sus iniquidades y desengaños, hablar de estos recuerdos y llorarlos hasta estar abrumados de desaliento.  El hombre desalentado está lleno de tinieblas, echa fuera de su propio corazón la luz divina y proyecta sombra en el camino de otros. Las espinas y los abrojos sólo nos causarán dolor, y si recogemos sólo estas cosas y las presentamos a otros, ¿no estamos menospreciando la bondad de Dios, impidiendo que los demás anden en el camino de la vida? (Elena White).

EL CAMINO A CRISTO -EL PRINCIPE DEL CIELO- parte 41-

¿QUE DEBE HACERSE CON LA DUDA?

¿QUE DEBE HACERSE CON LA DUDA?–parte 4-

Cuando los hombres no procuran estar en armonía con Dios en obras y palabras, por instruidos que sean, están expuestos a errar  en su modo de entender las Santas Escrituras y no es seguro confiar en sus explicaciones.  Los que escudriñan las Escrituras para buscar contradicciones, no  tienen penetración espiritual. Con vista perturbada encontrarán muchas razones para dudar y no creer en cosas realmente claras y sencillas.

Pero, disfráceselo como se quiera, el amor al pecado  es casi siempre la causa real de la duda y el escepticismo.  Las enseñanzas y restricciones de la Palabra de Dios no agradan al corazón orgulloso, lleno de pecado; y los que no quieren obedecer sus mandamientos, fácilmente dudan de su autoridad.  Para llegar al conocimiento de la verdad, debemos tener un deseo sincero de conocer la verdad y buena voluntad en el corazón para obedecerla.  Todos los que estudien la Biblia con este espíritu, encontrarán en abundancia pruebas de que es la Palabra de Dios y pueden obtener un conocimiento de sus verdades que los hará sabios para la salvación.

En vez de discutir y cavilar tocante a aquéllo que no entendemos, aprovechemos la luz que ya brilla sobre nosotros y recibiremos mayor luz.  Mediante la gracia de Cristo, cumplamos todos los deberes que hayamos llegado a entender y seremos capaces de entender y cumplir aquéllos de los cuales todavía dudamos.

Hay una prueba que está al alcance de todos, del más educado y del más ignorante, la prueba de la experiencia. Dios nos invita a probar por nosotros mismos la realidad de su Palabra, la verdad de sus promesas.  El nos dice: “Gustad y ved que Jehová es bueno” (Sal.34:8). En vez de depender de las palabras de otro, tenemos que probar por nosotros mismos. Y cuando seamos atraídos a Jesús y nos regocijemos en la plenitud de su amor, nuestras dudas y tinieblas desaparecerán ante la luz de su presencia.

Pablo dice que Dios “nos ha libertado de la potestad de las tinieblas, y nos ha trasladado al reino del Hijo de su amor.” (Colos.1:13).  Y todo aquél que ha pasado de muerte a vida “El que recibe su testimonio, éste atestigua que Dios es veraz”. (Juan 3:33). Podemos tener en nosotros mismos el testimonio de que la Biblia es verdadera y de que Cristo es el Hijo de Dios. Sabemos que no estamos siguiendo fábulas astutamente imaginadas.

Cuando el pueblo de Dios crece en la gracia, obtiene constantemente un conocimiento más claro de su Palabra.  Contempla nueva luz y belleza en sus sagradas verdades.  Esto es lo que ha sucedido en la historia de la iglesia en todas las edades y continuará sucediendo hasta el fin. “Más la senda de los justos es como la luz de la aurora, que va aumentando en resplandor hasta que el día es perfecto”  (Prov.4:18). Por medio de la fe podemos mirar lo futuro y confiar en las promesas de Dios respecto al desarrollo de la inteligencia, a la unión de las facultades humanas con las divinas y al contacto directo de todas las potencias del alma con la Fuente de Luz. Podemos regocijarnos de que todas las cosas que nos han confundido en las providencias de Dios serán entonces aclaradas; las cosas difíciles de entender serán entonces reveladas; y donde nuestro entendimiento finito veía solamente confusión y desorden, veremos la más perfecta y hermosa armonía. 

“Porque ahora vemos oscuramente, como por medio de un espejo, más entonces, veremos cara a cara; ahora conozco en parte, pero entonces conoceré como fui  conocido.”  (1Cor.13:12).  

(Elena White)

 

EL CAMINO A CRISTO -EL PRINCIPE DEL CIELO- parte 40-

¿QUE DEBE HACERSE CON LA DUDA?

¿QUE DEBE HACERSE CON LA DUDA?–parte 3-

Es verdad que muchas teorías y doctrinas que se consideran generalmente derivadas de la Biblia no tienen fundamente en ella y, a la verdad, son contrarias a todo el tenor de la inspiración. Estas cosas han sido motivo de duda y perplejidad para muchos espíritus.  No son, sin embargo imputables a la Palabra de Dios, sino a la perversión que los hombres han hecho de ella.

Si fuera posible para los seres terrenales obtener un pleno conocimiento de Dios y de sus obras, no habría para ellos, después de lograrlo, ni descubrimiento de nuevas verdades, ni crecimiento en conocimiento, ni desarrollo ulterior del espíritu o del corazón.  Dios no sería ya supremo, y el hombre, habiendo alcanzado el límite del conocimiento y progreso, dejaría de adelantar.  Demos gracias a Dios de que no sea así.  Dios es infinito; “en El están todos los tesoros de la sabiduría y la ciencia” (Col.2:3).  Y por toda la eternidad los hombres podrán estar siempre escudriñando, siempre aprendiendo sin poder agotar nunca, los tesoros de la sabiduría, la bondad y el poder.

Dios quiere que aún en esta vida las verdades de su Palabra continúen siempre revelándose a su pueblo. Y hay sólo un modo de obtener este conocimiento.  No podemos llegar a entender la Palabra de Dios sino por la iluminación del Espíritu por el cual fue dada la Palabra. Las cosas de Dios nadie las conoce, sino el Espíritu de Dios.” “porque el Espíritu escudriña todas las cosas, y aún las cosas profundas de Dios” (1Cor.2:11,10).

Dios quiere que el hombre haga uso de la facultad de razonar que le ha dado; y el estudio de la Biblia fortalece y eleva la mente como ningún otro estudio puede hacerlo.  Con todo, debemos cuidarnos de no deificar la razón, porque está sujeta a las debilidades y flaquezas de la humanidad. Si no queremos que las Sagradas Escrituras estén veladas para nuestro entendimiento, de modo que no podamos comprender ni las verdades más sencillas, debemos tener la sencillez y la fe de un niño, estar dispuestos a aprender, e implorar la ayuda del Espíritu Santo.

El conocimiento del poder y la sabiduría de Dios y la conciencia de nuestra incapacidad para comprender la grandeza, debe inspirarnos humildad, y debemos abrir su Palabra con santo temor, (reverencia) como si compareciéramos ante El. Cuando tomamos la Biblia, nuestra razón debe reconocer una autoridad superior a ella misma y el corazón y la inteligencia deben postrarse ante el gran YO SOY

Hay muchas cosas aparentemente difíciles u oscuras, que Dios hará clara y sencillas para los que así procuren entenderlas. Más sin la dirección del Espíritu Santo, estaremos continuamente expuestos a torcer las Sagradas Escrituras o a interpretarlas mal.  Hay muchas maneras de leer la Biblia que no aprovechan y que causan en algunos casos un daño positivo.

Cuando el Libro de Dios se abre sin oración y reverencia, cuando los pensamientos y afectos no están fijos en Dios, o en armonía con su voluntad, el corazón está envuelto en la duda; y entonces, con el mismo estudio de la Biblia, se fortalece el escepticismo.  El enemigo se posesiona de los pensamientos y sugiere interpretaciones incorrectas.  (Elena White)

 

EL CAMINO A CRISTO -EL PRINCIPE DEL CIELO- parte 39-

¿QUE DEBE HACERSE CON LA DUDA?

¿QUE DEBE HACERSE CON LA DUDA?–parte 2-

El apóstol Pedro  dice que hay en las Escrituras “cosas difíciles de entender, que los ignorantes e inconstantes tuercen… para su propia destrucción.” (Pedro 3:16).  Los incrédulos han presentado las dificultades de las Sagradas Escrituras como un argumento en contra de la Biblia; pero muy lejos de ello, éstas constituyen una fuerte prueba de su divina inspiración. Si no contuvieran acerca de Dios sino aquello que fácilmente pudiéramos comprender, si su grandeza y majestad pudieran ser abarcadas por inteligencias finitas, entonces la Biblia no llevaría las credenciales inequívocas de la autoridad divina.  La misma grandeza y los mismos misterios de los temas presentados, deben inspirar fe en ella como la Palabra de Dios.

 La Biblia presenta la verdad con una sencillez y una adaptación tan perfecta a las necesidades y anhelos del corazón humano, que ha asombrado y encantado a los espíritus más cultivados, al mismo tiempo que capacita al humilde e inculto para discernir el camino de la salvación. Sin embargo, estas verdades sencillamente declaradas tratan de asuntos tan elevados, de tan grande trascendencia, tan infinitamente fuera del alcance de la comprensión humana, que sólo podemos aceptarlos porque Dios nos lo ha declarado.

Así esta patente el plan de la redención delante de nosotros, de modo que cualquiera pueda ver el camino que ha de tomar a fin de arrepentirse para con Dios y tener fe en nuestro Señor Jesucristo, a fin de que sea salvo de la manera señalada por Dios.  Sin embargo, bajo estas verdades tan fácilmente entendibles, existen misterios que son el escondedero de su gloria; misterios que abruman la mente investigadora y que, sin embargo, inspiran fe y reverencia al sincero investigador de la verdad.  Cuanto más escudriña éste la Biblia tanto más profunda es su convicción de que es la Palabra del Dios vivo, y la razón humana se postra ante la majestad de la revelación divina.

Reconocer que no podemos entender plenamente las grandes verdades de la Biblia, es solamente admitir que la mente finita es insuficiente para abarcar lo infinito; que el hombre, con su limitado conocimiento humano, no puede entender los designios de la Omnisciencia.

Por cuanto no pueden sondear todos los misterios de la Palabra de Dios, los escépticos y los incrédulos la rechazan y no todos los que profesan creer en la Biblia están libres de este peligro. El apóstol dice: “Mirad, pues, hermanos, no sea que acaso haya en alguno de vosotros un corazón malo de incredulidad, en apartarse del Dios vivo” (Heb.3:12).  Es bueno estudiar detenidamente las enseñanzas de la Biblia, e investigar “las profundidades de Dios”, hasta donde se revelan en las Santas Escrituras. Porque aunque “las cosas secretas pertenecen a Jehová nuestro Dios”, “las reveladas nos pertenecen a nosotros” (Deut.29:29).

Más es la obra de Satanás pervertir las facultades de investigación del entendimiento.  Cierto orgullo se mezcla en la consideración de la verdad bíblica, de modo que cuando los hombres no pueden explicar todas sus partes como quieren, se impacientan y se sienten derrotados.  Es para ellos demasiado humillante reconocer que no pueden entender las palabras inspiradas.  No están dispuestos a esperar pacientemente hasta que Dios juzgue oportuno revelarles la verdad.  Creen que su sabiduría humana sin auxilio es suficiente para hacerles entender las Santas Escrituras y, cuando no pueden hacerlo, niegan virtualmente su autoridad.  (Elena White)

 

EL CAMINO A CRISTO -EL PRINCIPE DEL CIELO- parte 38-

¿QUE DEBE HACERSE CON LA DUDA?

¿QUE DEBE HACERSE CON LA DUDA?–parte 1-

Muchos, especialmente los que son nuevos en la vida cristiana, se sienten a veces turbados con las sugestiones del escepticismo.  Hay muchas cosas en la Biblia que no pueden explicar y ni siquiera entender, y Satanás las emplea para hacer vacilar su fe en la Santas Escrituras como revelación de Dios.  Preguntan: ¿Cómo sabré cuál es el buen camino? Si la Biblia es en verdad la Palabra de Dios, ¿cómo puedo librarme de estas dudas y perplejidades?

Dios nunca nos exige que creamos sin darnos suficiente evidencia sobra la cual fundar nuestra fe.  Su existencia, su carácter, la veracidad de su Palabra, todas estas cosas están establecidas por abundantes testimonios que excitan nuestra razón.  Sin embargo, Dios no ha quitado nunca toda posibilidad de duda.  Nuestra fe debe reposar sobre evidencias, no sobre demostraciones. Los que quieran dudar tendrán oportunidad;  al paso que los que realmente deseen conocer la verdad  encontrarán abundante evidencia sobre la cual basar su fe.

Es imposible para el espíritu finito del hombre comprender plenamente el carácter o las obras del Infinito.  Para la inteligencia más perspicaz, para el espíritu más ilustrado, aquel santo Ser debe siempre permanecer envuelto en el misterio. “¿Puedes tu descubrir las cosas recónditas de Dios? ¿Puedes hasta lo sumo llegar a conocer al Todopoderoso? Ello es alto como el cielo, ¿Qué podrás saber?” (Job 11:7, 8).

El apóstol Pablo exclama: ¡Oh profundidad de las riquezas, así de la sabiduría como de la ciencia de Dios! ¡Cuán inescrutables son sus juicios, e ininvestigables sus caminos!” (Rom.11:33).  Más aunque “nubes y tinieblas están alrededor de El; justicia y juicio son el asiento de su trono”. (Sal.97:2). Pero donde comprendemos su modo de obrar con nosotros y los motivos que lo mueven, descubrimos su amor y misericordia sin límites unidos a su infinito poder.  Podemos entender de sus designios cuanto es bueno para nosotros saber, y más allá de esto debemos confiar todavía en la mano omnipotente y en el corazón lleno de amor.

La Palabra de Dios, como el carácter de su divino Autor, presenta misterios que nunca podrán plenamente ser comprendidos por seres finitos.  La entrada del pecado en el mundo, la encarnación de Cristo, la regeneración y otros muchos asuntos que se presentan en la Biblia, son misterios demasiado profundos para que la mente humana los explique, o para que los comprenda siquiera plenamente. Pero no tenemos razón para dudar de la Palabra de Dios porque no podamos entender los misterios de su providencia.  En el mundo natural estamos siempre rodeados de misterios que no podemos sondear.

Aún las formas más humildes de la vida presentan un problema que el más sabio de los filósofos es incapaz de explicar.  Por todas partes se presentan maravillas que superan nuestro conocimiento. ¿Debemos sorprendernos de que en el mundo espiritual haya también misterios que no podamos sondear?  La dificultad está únicamente en la debilidad y estrechez del espíritu humano. Dios nos ha dado en las Santas Escrituras pruebas suficientes de su carácter divino y no debemos dudar de su Palabra porque no podamos entender los misterios de la providencia.  (Elena White)

EL CAMINO A CRISTO -EL PRINCIPE DEL CIELO- parte 37-

¿PODEMOS COMUNICARNOS CON DIOS?

COMO ORAR PARA QUE LAS ORACIONES SEAN CONTESTADAS-parte 5-

Si tan solo pensáramos en El tantas veces como tenemos pruebas de su cuidado por nosotros, lo tendríamos siempre presente en nuestros pensamientos y nos deleitaríamos en hablar de El y en alabarle, Hablamos de las cosas temporales porque tenemos interés en ellas. Hablamos de nuestros amigos porque los amamos; nuestras tristezas y alegría están ligadas con ellos.  Sin embargo, tenemos razones infinitamente mayores para amar a Dios que para amar a nuestros amigos terrenales, y debería ser la cosa más natural del mundo tenerlo como el primero de todos nuestros pensamientos, hablar de su bondad y alabar su poder. 

Los ricos dones que ha derramado sobre nosotros no estaban destinados a absorber nuestros pensamientos y amor de tal manera que nada tuviéramos que dar a Dios; antes bien, debieran hacernos acordar constantemente de El y unirnos por medio de los vínculos del amor y gratitud a nuestro celestial Benefactor.  Vivimos demasiado apegados a lo terreno. Levantemos nuestros ojos hacia la puerta abierta del Santuario Celestial, donde la luz de la gloria de Dios resplandece en el rostro de Cristo, quien “también puede salvar hasta lo sumo a los que se acercan a Dios por medio de El” (Heb.7:25).

Debemos alabar más a Dios por su misericordia “Y sus maravillas para con los hijos de Adán” (Sal.107:8). Nuestros ejercicios de devoción no deben consistir enteramente en pedir y recibir.  No estemos pensando siempre en nuestras necesidades y nunca en las bendiciones que recibimos.  No oramos nunca demasiado, pero somos muy parcos en dar gracias.  Somos diariamente los recipientes de misericordias de Dios y, sin embargo ¡Cuán poca gratitud expresamos, cuán poco lo alabamos por lo que ha hecho por nosotros!

Antiguamente el Señor ordenó ésto a Israel, para cuando se congregara para su servicio: Y los comeréis allí delante de Jehová vuestro Dios; y os regocijareis vosotros y vuestras familias en toda empresa de vuestra mano, en que os habrá bendecido Jehová vuestro Dios(Deut.12:7).  Nuestro Dios es un Padre tierno y misericordioso. Debe ser un placer adorar al Señor y participar de su obra.  Dios no quiere que sus hijos, a los cuales proporciona una salvación tan grande, trabajen como si El fuera un amo duro y exigente.  El es nuestro mejor amigo, y cuando lo adoramos, quiere estar con nosotros para  bendecirnos y confortarnos, llenando nuestro corazón de alegría y amor. El quiere que los que lo adoran saquen pensamientos preciosos de su santo cuidado  y amor, para que estén siempre contentos y tengan gracia para conducirse honesta y fielmente en todas las cosas.

Debemos tener presentes todas las bendiciones que recibimos de Dios, y al darnos cuenta de su gran amor, debiéramos estar prontos a confiar todas las cosas a la mano que fue clavada en la cruz por nosotros.  El alma puede elevarse hasta el cielo en las alas de la alabanza. Dios es adorado con cánticos y música en las mansiones celestiales, y al expresarle nuestra gratitud, nos aproximamos al culto de los habitantes del cielo.  “El que ofrece sacrificio de alabanza me glorificará” (Salmo 50:23).  Presentémonos, pues, con gozo reverente delante de nuestro Creador con acciones de gracias y voz de melodía” (Isaías 51:3). 

(Elena White)

  • Por cuanto todos pecaron, y
  • están destituidos de la gloria de Dios;
  • Siendo justificados gratuitamente por
  • su gracia por la redención que es en
  • Cristo Jesús” (Rom.3:23-24)

 

EL CAMINO A CRISTO -EL PRINCIPE DEL CIELO- parte 36-

¿PODEMOS COMUNICARNOS CON DIOS?

COMO ORAR PARA QUE LAS ORACIONES SEAN CONTESTADAS-parte 4-

Presentemos a Dios nuestras necesidades, gozos, tristezas, cuidados y temores.  No podemos agobiarlo ni cansarlo.  El que tiene contados los cabellos de nuestra cabeza, no es indiferente a las necesidades de sus hijos. “Porque el Señor es misericordioso y compasivo” (Sant.5:11). Su amoroso corazón se conmueve por nuestras tristezas y aún por nuestra presentación de ellas.  Llevémosle todo lo que confunda nuestra mente. Ninguna cosa es demasiado grande para que El no la pueda soportar; El sostiene los mundos, gobierna todos los asuntos del universo.  Ninguna cosa que de alguna manera afecte nuestra paz es tan pequeña que El no la note.

No hay en nuestra experiencia ningún pasaje tan oscuro que El no pueda leer, ni perplejidad tan grande que El no pueda desenredar. Ninguna calamidad puede acaecer al más pequeño de sus hijos, ninguna ansiedad puede asaltar el alma, ningún gozo alegrar, ninguna oración sincera escaparse de los labios, sin que el Padre celestial esté al tanto de ello, sin que tome en ello un interés inmediato. “El sana a los quebrantados de corazón, y venda sus heridas.” (Salmo147:3). Las revelaciones entre Dios y cada una de las almas son tan claras y plenas como si no hubiese otra alma por la cual hubiera dado a su Hijo amado.

Jesús decía: “Pediréis en mi nombre; y no os digo que yo rogaré al Padre por vosotros; porque el Padre mismo os ama”  (Juan 16:25,27).  Orar en nombre de Jesús es más que una mera mención de su nombre al principio y al fin de la oración. Es orar con los sentimientos y el espíritu de Jesús creyendo en sus promesas, confiando en su gracia y haciendo sus obras,

Dios no pretende que algunos de nosotros nos hagamos ermitaños o monjes, ni que nos retiremos del mundo a fin de consagrarnos a los actos de adoración.  Nuestra vida debe ser como la vida de Cristo, que estaba repartida entre la montaña y la multitud.  El que no hace nada más que orar, pronto dejará de hacerlo o sus oraciones llegarán a ser una rutina formal.  Cuando los hombres se alejan de la vida social, de la esfera del deber cristiano y de la obligación de llevar su cruz; cuando dejan de trabajar ardientemente por el Maestro que trabajaba con ardor por ellos, pierden lo esencial de la oración y no tienen ya estímulo para la devoción.  Sus oraciones llegar a ser personales y egoístas.  No pueden orar por las necesidades de la humanidad o la extensión del reino de Cristo, ni pedir fuerza con que trabajar.

Sufrimos una pérdida cuando descuidamos la oportunidad de asociarnos para fortalecernos y edificarnos mutuamente en el servicio de Dios.  Las verdades de su Palabra pierden en nuestras almas su vivacidad e importancia. Nuestros corazones dejan de ser alumbrados y vivificados por la influencia santificadora y declinamos en espiritualidad. Aprendamos diariamente más de nuestro Padre celestial, obteniendo una nueva experiencia de su gracia, y entonces desearemos hablar de su amor; así nuestro propio corazón  se encenderá y reanimará.  (Elena White)

EL CAMINO A CRISTO -EL PRINCIPE DEL CIELO- parte 35-

¿PODEMOS COMUNICARNOS CON DIOS?

COMO ORAR PARA QUE LAS ORACIONES SEAN CONTESTADAS-parte 3-

La perseverancia en la oración ha sido constituida en la condición para recibir. Debemos orar siempre si queremos crecer en fe y en experiencia.  Debemos ser “perseverantes en la oración” (Rom.12:12). “Perseverad en la oración velando en ella, con acciones de gracia”  (Colos.4:2).

El apóstol Pedro exhorta a los cristianos a que sean “sobrios y vigilantes en las oraciones” (Pedro 4:7) Orar sin cesar es mantener una unión no interrumpida del alma con Dios, de modo que la vida de Dios fluya a la nuestra; y de nuestra vida la pureza y la santidad refluyan a Dios.

Es necesario ser diligentes en la oración; ninguna cosa nos lo impida.  Hagamos cuanto podamos para que haya una comunión continua entre Jesús y nuestra alma. Debemos también orar en el círculo de nuestra familia y sobre todo no descuidar la oración privada, porque ésta es la vida del alma. La oración secreta sólo debe ser oída del que escudriña los corazones: Dios.  Ningún oído curioso debe recibir el peso de tales peticiones.  En la oración privada el alma está libre de las influencias del ambiente.  Por una fe sencilla y tranquila el alma se mantiene en comunión con Dios y recoge los rayos de luz divina para fortalecerse y sostenerse en la lucha contra Satanás. Dios es el castillo de nuestra fortaleza.

Oremos en privado, y al ir a nuestro trabajo cotidiano, levantemos a menudo nuestro corazón a Dios. De este modo anduvo Enoc con Dios.  Esas oraciones silenciosas llegan como precioso incienso al trono de la gracia.  Satanás no puede vencer a aquél cuyo corazón está así apoyado en Dios.  No hay tiempo o lugar en que sea impropio orar a Dios.  No hay nada que pueda impedirnos elevar nuestro corazón en ferviente oración.  En medio de las multitudes y del afán de nuestros negocios, podemos ofrecer a Dios nuestras peticiones e implorar la dirección divina. En dondequiera que estemos podemos estar en comunión con El.  Debemos tener abierta continuamente la puerta del corazón, e invitar siempre a Jesús a venir y morar en el alma como huésped celestial.

Aunque estemos rodeados de una atmósfera corrompida y manchada, no necesitamos respirar sus miasmas, antes bien podemos vivir en la atmósfera limpia del cielo.  Podemos cerrar la entrada a toda imaginación impura y a todo pensamiento perverso, elevando el alma a Dios, mediante la oración sincera.  Aquéllos cuyos corazones están abiertos para recibir el apoyo y la bendición de Dios, andarán en una atmósfera más santa que la del mundo y tendrán constante comunión con el cielo.

Necesitamos tener ideas más claras de Jesús y una compresión más completa de las realidades eternas.  La hermosura de la santidad ha de consolar el corazón de los hijos de Dios; y para que ésto se lleve a cabo, debemos buscar las revelaciones divinas de las cosas celestiales.

Extiéndase y elévese el alma para que Dios pueda concedernos respirar la atmósfera celestial.  Podemos mantenernos tan cerca de Dios que en cualquier prueba inesperada nuestros pensamientos se vuelvan a El tan naturalmente como la flor al sol.  (Elena White)

EL CAMINO A CRISTO -EL PRINCIPE DEL CIELO- parte 34-

¿PODEMOS COMUNICARNOS CON DIOS?

COMO ORAR PARA QUE LAS ORACIONES SEAN CONTESTADAS-parte 2-

Nuestra gran necesidad es en si misma un argumento y habla elocuentemente en nuestro favor. Pero se necesita buscar al Señor para que haga estas cosas por nosotros. Pues dice: “Pedid y se os dará” (Mateo 7:7). Si toleramos la iniquidad de nuestro corazón, si estamos apegados a algún pecado conocido, el Señor no nos oirá; más la oración del alma arrepentida y contrita será siempre aceptada. Cuando hayamos confesado con corazón contrito todos nuestros pecados conocidos, podremos esperar que Dios conteste nuestras peticiones. Nuestros propios méritos nunca nos recomendarán a la gracia de Dios.

Es el mérito de Jesús lo que nos salva y su sangre lo que nos limpia; sin embargo, nosotros tenemos una obra que hacer para cumplir las condiciones de la aceptación. La oración eficaz tiene otro elemento: la fe. “Porque es preciso que el que viene a Dios, crea que existe, y que es galardonador de los que le buscan” (Heb.11:6).  La seguridad es amplia e ilimitada, y fiel es El que ha prometido. Cuando no recibimos precisamente las cosas que pedimos y al instante, debemos creer aún que el Señor oye y que contestará nuestras oraciones. Algunas veces pedimos cosas que no serían una bendición para nosotros, y  nuestro Padre celestial contesta con amor nuestras oraciones dándonos aquello que es para nuestro más alto bien, aquello que nosotros mismos desearíamos si, alumbrados de celestial saber, pudiéramos ver todas las cosas como realmente son. 

Cuando nos parezca que nuestras oraciones no son contestadas, debemos aferrarnos a la promesa; porque el tiempo de recibir contestación seguramente vendrá y recibiremos las bendiciones que más necesitamos.  Por supuesto, pretender que nuestras oraciones sean siempre contestadas en la misma forma y según lo que en particular pidamos, es presunción.  Dios es demasiado sabio para equivocarse y demasiado bueno para negar un bien a los que andan en integridad.  Así que no temamos confiar en El, aunque no veamos la inmediata respuesta de nuestras oraciones. Confiemos en la seguridad de su promesa: “Pedid y se os dará”

Si consultamos nuestras dudas y temores, o procuramos resolver cada cosa que no veamos claramente, antes de tener fe, solamente se acrecentarán y profundizarán las perplejidades.  Más si venimos a Dios sintiéndonos desamparados y necesitados, como realmente somos, si venimos con humildad y con la verdadera certidumbre de la fe le presentamos nuestras necesidades a Aquél cuyo conocimiento es infinito, a quien nada se le oculta y quien gobierna todas las cosas por su voluntad y palabra, El puede y quiere atender nuestro clamor y hacer resplandecer su luz en nuestro corazón. 

Por la oración sincera nos ponemos en comunicación con la mente del Infinito.  Quizás no tengamos al instante ninguna prueba notable de que el Redentor está inclinado hacia nosotros con compasión y amor; sin embargo es así.  No podemos sentir su toque manifiesto, más su mano nos sustenta con amor y piadosa ternura.

Cuando imploramos misericordia y bendición de Dios, debemos tener un espíritu de amor y perdón en nuestro propio corazón. Si esperamos que nuestras oraciones sean oídas, debemos perdonar a otros como esperamos ser perdonados nosotros. (Elena White)