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Posts Tagged ‘la gracia de Cristo’

EL CAMINO A CRISTO -EL PRINCIPE DEL CIELO- parte 11-

UN PODER MISTERIOSO QUE CONVENCE

COMO VENIR A DIOS ARREPENTIDO -parte 5-

Adán y Eva se persuadieron de que por una cosa de tan poca importancia, como comer la fruta prohibida, no podrían resultar tan terrible consecuencias como Dios les había declarado.  Pero esta cosa tan pequeña era la transgresión de la Santa e inmutable Ley de Dios; separaba de Dios al hombre y abría las compuertas de la muerte y de miserias sin número sobre nuestro mundo.  Siglo tras siglo ha subido de nuestra tierra un continuo lamento de aflicción, y la creación a una gime bajo la fatiga terrible del dolor, como consecuencia de la desobediencia del hombre.  El cielo mismo ha sentido los efectos de la rebelión del hombre contra Dios.  El Calvario está delante de nosotros como un recuerdo del sacrificio asombroso que se requirió para expiar la transgresión de la Ley Divina.  No consideremos el pecado como cosa trivial.

Toda transgresión, todo descuido o rechazo de la gracia de Cristo, obra indirectamente sobre nosotros; endurece el corazón, deprava la voluntad, entorpece el entendimiento y, no solamente nos hace menos inclinados a ceder, sino también menos capaces de ceder a la tierna invitación del Espíritu de Dios.

Muchos están apaciguando su conciencia inquieta con el pensamiento de que pueden cambiar su mala conducta cuando quieran; de que pueden tratar con ligereza las invitaciones de la misericordia y, sin embargo, seguir siendo llamados.  Piensan que después de menospreciar al Espíritu de gracia, después de echar su influencia del lado de Satanás, en un momento de terrible necesidad pueden cambiar de conducta.  Pero ésto no se hace tan fácilmente.  La experiencia y la educación de una vida entera han amoldado de tal manera el carácter, que pocos desean después recibir la imagen de Jesús.

Un solo rasgo malo de carácter, un solo deseo pecaminoso, acariciado persistentemente, neutralizan a  veces todo el poder del Evangelio. Toda indulgencia pecaminosa fortalece la aversión del alma hacia Dios. El hombre que manifiesta un descreído atrevimiento o una impasible indiferencia hacia la verdad, no está sino segando la cosecha de su propia siembra.  En toda la Biblia no hay amonestación más terrible contra el hábito de jugar con el mal que las palabras del hombre sabio, cuando dice: “Prenderán al impío sus propia iniquidades” (Prov.5:22).

Cristo está pronto para libertarnos del pecado, pero no fuerza la voluntad; y si por la persistencia en el pecado la voluntad misma se inclina enteramente al mal y no deseamos ser libres, si no queremos aceptar su gracia, ¿qué más puede hacer? Hemos obrado nuestra propia destrucción por nuestro deliberado rechazo de su amor. “¡He aquí ahora es el tiempo acepto! ¡He aquí ahora es el día de salvación!” (2Cor.6:2) “¡Hoy, si oyeres su voz, no endurezcáis vuestros corazones!”  (Heb.3:7,8). “El hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón.” (1Samuel 16:7), el corazón humano con sus encontradas emociones de gozo y tristeza, el extraviado y caprichoso corazón, morada de tanta impureza y engaño. El sabe tus motivos, tus mismos intentos y miras. Vayamos a El con nuestra alma manchada como está.  Como el salmista, abramos nuestras cámaras al ojo que todo lo ve:

¡Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; pruébame, y conoce mis pensamientos; y ve si hay en mi, camino de perversidad, y guíame en el camino eterno!” (Salmo 139:23, 24). 

(Elena White)

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EL CAMINO A CRISTO -EL PRINCIPE DEL CIELO- parte 10-

UN PODER MISTERIOSO QUE CONVENCE

COMO VENIR A DIOS ARREPENTIDO -parte 4-

No todos los pecados son delante de Dios de igual magnitud; hay diferencia de pecados a su juicio, como la hay a juicio de los hombres; sin embargo, aunque éste o aquél acto malo puede parecer frívolo a los ojos de los hombres, ningún pecado es pequeño o grande a la vista de Dios.  El juicio de los hombres es parcial e imperfecto; más Dios ve todas las cosas como son realmente. El borracho es detestado y se dice que su pecado lo excluirá del cielo, mientras que el orgullo, el egoísmo y la codicia muchísimas veces pasan sin condenarse.

Sin embargo, éstos son pecados que ofenden especialmente a Dios; porque son contrarios a la benevolencia de su carácter, a ese amor desinteresado que es la misma atmósfera del universo que no ha caído. El que cae en alguno de los pecados grandes puede avergonzarse y sentir su pobreza y necesidad de la gracia de Cristo; pero el orgullo no siente ninguna necesidad y cierra el corazón a Cristo y a las infinitas bendiciones que El vino a derramar.  Si percibimos nuestra condición pecaminosa, no esperemos a hacernos mejores a nosotros mismos.  Hay ayuda para nosotros solamente en Dios. No debemos permanecer en espera de persuasiones más fuertes, de mejores oportunidades o de caracteres más santos.  Nada podemos hacer por nosotros mismos.  Debemos ir a Cristo tales como somos.

Pero nadie se engañe a si mismo con el pensamiento de que Dios, en su grande amor y misericordia, salvará aún a aquellos que rechazan su gracia.  La excesiva corrupción del pecado puede conocerse solamente a la luz de la cruz. Cuando los hombres insisten en que Dios es demasiado bueno para desechar a los pecadores, miren al Calvario.  Fue porque no había otra manera en que el hombre pudiese ser salvo, porque sin este sacrificio era imposible que la raza humana escapara del poder contaminador del pecado y se pusiera en comunión con los seres santos, imposible que los hombres llegaran a ser participes de la vida espiritual; y fue  por esta causa por lo que Cristo tomó sobre si la culpabilidad del desobediente y sufrió en lugar del pecador. 

El amor, los sufrimientos y la muerte del Hijo de Dios, todo da testimonio de la terrible enormidad del pecado y prueba que no hay modo de escapar de su poder, ni esperanza de una vida más elevada, sino mediante la sumisión del alma a Cristo. El Señor no nos ha dado un imperfecto modelo humano.  Se nos ha dado como modelo al inmaculado Hijo de Dios, y los que se quejan de la mala vida de los que profesan ser creyentes, son los que deberían presentar una vida y un ejemplo más nobles. Saben lo que es bueno, y, sin embargo rehúsan hacerlo.

No posterguemos la obra de abandonar nuestros pecados y buscar la pureza del corazón por medio de Jesús. Hay un terrible peligro, en retardarse en ceder a la invitación del Espíritu Santo de Dios, en preferir vivir en el pecado.  Lo que no venzamos nos vencerá y determinará  nuestra destrucción. (Elena White)

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MENTE, CARÁCTER Y PERSONALIDAD-parte 209-

 

LA FORMACION DEL CARACTER. Un carácter noble, cabal, no se hereda. Lo desarrollamos sosteniendo rudas y severas batallas contra el yo. –parte 1-

CADA ACTO EJERCE INFLUENCIA SOBRE EL CARÁCTER: Todo acto de la vida, por poco importante que parezca, ejerce su influencia en la formación del carácter. Un buen carácter es la más preciosa de las posesiones mundanales, y la obra de formarlo es la más noble a la que pueda dedicarse el hombre.

LA MENTE ES EL HUERTO; EL CARÁCTER ES EL FRUTO: Cada facultad del hombre es un obrero que está construyendo para el tiempo y la eternidad.  Cada día la estructura se eleva más y más, aunque su poseedor no se de cuenta de ello. 

Es un edificio que debe ser levantado a modo de una fanal de advertencia contra la deformidad; una estructura que Dios y los ángeles puedan admirar por su armonía con el Modelo divino. Las facultades mentales y morales que Dios nos ha dado no constituyen el carácter.

Son talentos que debemos emplear y que, si se los usa correctamente, formarán un carácter recto.  Alguien puede tener preciosas semillas en la mano, pero esas semillas no son un huerto.  Hay que plantar la semilla antes que se convierta en árbol. 

La mente es el huerto; el carácter es el fruto.  Dios nos ha dado facultades para que las cultivemos y las desarrollemos.  La conducta que seguimos determina nuestro carácter. Adiestrar esas facultades de manera que armonicen y desarrollen un carácter valioso, es una obra que sólo nosotros podemos hacer.

UN CARÁCTER NOBLE SE FORMA COMO CONSECUENCIA DE DURAS BATALLAS CONTRA EL YO: Cristo no nos ha dado la seguridad de que sea asunto fácil lograr la perfección del carácter.  Un carácter noble, cabal, no se hereda. No lo recibimos accidentalmente. 

Lo obtenemos mediante esfuerzos individuales, realizados por los méritos y la gracia de Cristo.  Dios da los talentos, las facultades mentales; nosotros formamos el carácter.  Lo desarrollamos sosteniendo rudas y severas batallas contra el yo. 

Hay que sostener conflicto tras conflicto contra las tendencias heredadas. Tendremos que criticarnos a nosotros mismos severamente y no permitir que quede sin corregir un solo rasgo desfavorable.

LA MEDITACIÓN Y LA ACCIÓN SON ESENCIALES: La meditación abstracta no basta; tampoco lo es la actividad constante.  Las dos son esenciales para la formación del carácter cristiano.

DESARROLLEMOS BUENOS HÁBITOS MENTALES: Si queremos desarrollar un carácter que Dios pueda aceptar, debemos formar hábitos correctos con respecto a nuestra vida religiosa.

La oración diaria es tan esencial para el crecimiento en la gracia, e incluso para la vida espiritual misma, como el alimento temporal lo es para el bienestar físico. Deberíamos acostumbrarnos a elevar a menudo nuestros pensamientos a Dios en oración.

Si la mente divaga, debemos traerla de vuelta a su lugar; mediante un esfuerzo perseverante, el hábito finalmente lo hará todo fácil.  No nos podemos separar ni un instante de Cristo y estar seguros. 

Necesitamos que su presencia nos ayude a cada paso, pero sólo si cumplimos las condiciones que El mismo ha impuesto.

EL PROPOSITO FERVIENTE Y LA INTEGRIDAD INQUEBRANTABLE SON ESENCIALES: El esmero es necesario para tener éxito en la formación del carácter. Debe haber un ferviente propósito para ejecutar el plan del Artífice maestro. Debe haber un esfuerzo ferviente, cuidadoso y perseverante. La reflexión profunda, el ardiente propósito, y la firme integridad, son esenciales.

Elena White

Continúa en parte 210

 

 

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MENTE, CARÁCTER Y PERSONALIDAD-parte 168-

PSICOLOGIA PRÁCTICA-parte 5-

COMO TRATAR CON LAS EMOCIONES. Hay muchos que no han recibido la debida educación; sus caracteres son tortuosos, duros, retorcidos, y parecen sinuosos en todas formas.  Pero la gracia de Cristo puede transformarlos. parte 1-

NO PODEMOS ADIVINAR LOS MOTIVOS: Recordemos que no podemos leer los corazones. No podemos conocer los motivos que impulsan las acciones que nos parecen erróneas. Hay muchos que no han recibido la debida educación; sus caracteres son tortuosos, duros, retorcidos, y parecen sinuosos en todas formas. 

Pero la gracia de Cristo puede transformarlos.  Nunca los echemos a un lado, nunca los induzcamos al desánimo o a la desesperación diciéndoles que nos han chasqueado, y no los ayudaremos. 

Unas pocas palabras habladas apresuradamente bajo la provocación -precisamente que nosotros pensamos que se merecen- pueden cortar las cuerdas de la influencia que habría atado sus corazones al nuestro.

La vida consecuente, la paciente tolerancia, el espíritu sereno bajo la provocación, es siempre el argumento más concluyente y el más solemne llamamiento. 

Si hemos tenido oportunidades y ventajas que no les hayan tocado en suerte a los demás, consideremos este hecho y seamos siempre sabios, cuidadosos y amables.

La continuidad de la influencia cristiana es el secreto de su poder, y ésto depende de que seamos perseverantes en la manifestación del carácter de Cristo. Ayudemos a los que hayan errado. Mostrémosles como, cuando cometemos errores, la paciencia, la bondad y la disposición a ayudar nos dan valor y esperanza.

CONTENDEMOS CON UNA FUERZA QUE CAUTIVA CUERPO, MENTE Y ALMA: Se está apoderando del mundo un afán nunca visto.  En las diversiones, en la acumulación de dinero, en la lucha por el poder, hasta en la lucha por la existencia hay una fuerza terrible que embarga el cuerpo, la mente y el alma. 

En medio de esta precipitación enloquecedora, Dios habla.  Nos invita a apartarnos y tener comunión con El.

ESTAD QUIETOS Y CONOCED QUE YO SOY DIOS” (Sal.46:10)

CURACION DE LAS PERTURBACIONES ESPIRITUALES: Este mundo es un vasto lazareto, pero Cristo vino para sanar a los enfermos y proclamar liberación a los cautivos de Satanás.  El era en sí mismo la salud y la fuerza.  Impartía vida a los enfermos, a los afligidos, a los poseídos de los demonios. 

No rechazaba a ninguno que viniese para recibir su poder sanador. Sabía que aquellos que le pedían ayuda habían atraído la enfermedad sobre sí mismos; sin embargo no se negaba a sanarlos. 

Y cuando la virtud de Cristo penetraba en estas pobres almas, quedaban convencidas de pecado, y muchos eran sanados de su enfermedad espiritual tanto como de sus dolencias físicas.  El Evangelio posee todavía el mismo poder ¿Por qué no habríamos de presenciar HOY los mismos resultados?

LOS SERES HUMANOS SON LAS MANOS DE LOS ÁNGELES: Los agentes humanos son las manos de los seres celestiales, quienes emplean las manos humanas para el ministerio práctico. 

Los agentes humanos, como manos ayudadoras, deben contribuir a la sabiduría y la operatividad de los seres celestiales.  Al unirnos con estos poderes omnipotentes, recibimos el beneficio de su más elevada educación y experiencia. 

De este modo, al llegar a ser participantes de la naturaleza divina y eliminar el egoísmo de nuestras vidas, se nos conceden talentos especiales para que nos ayudemos mutuamente.  Esta es la modalidad divina para la administración del poder salvador. (Elena White)

Continúa en parte  169

 

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MENTE, CARÁCTER Y PERSONALIDAD-parte 157-

LOS PROBLEMAS EMOCIONALES. LA CULPA-El amor de Cristo libera el alma de culpa y tristeza, de la ansiedad y congoja que agotan las fuerzas de la vida.  –parte 1-

LA CULPA MALOGRA LAS FUERZAS VITALES: Las penas, la ansiedad, el descontento, el remordimiento, el sentimiento de culpabilidad y la desconfianza menoscaban las fuerzas vitales, y llevan al decaimiento y a la muerte.

COMO LIBERARSE DE LA CULPA: Este sentimiento de culpa debe ser depositado a los pies de la cruz del Calvario.  La sensación  de pecaminosidad ha emponzoñado las fuentes de la vida y de la verdadera felicidad. Pero ahora Jesús le dice: Deposítalo en mí; yo tomaré tus pecados, te daré paz.  No sigas destruyendo tu respeto propio, porque yo te he comprado por el precio de mi propia sangre. 

Eres mío; fortaleceré tu voluntad debilitada; eliminaré el remordimiento que te causa el pecado.  Por lo tanto, vuelva su corazón, tembloroso por causa de la incertidumbre, y aférrese de la esperanza que se le extiende.  Dios acepta su corazón quebrantado y contrito. 

Le ofrece pleno perdón en el seno de su familia, y le ofrece su gracia que lo ayudará en sus debilidades; y el amado Jesús lo conducirá paso a paso si Ud. esta dispuesto a pone su mano en la suya y dejar que lo guie.

JESUS PERDONA A PESAR DE LA CULPA: Satanás trata de apartar nuestra mente del poderoso Ayudador para inducirnos a pensar en la degeneración de nuestra alma.  Pero aunque Jesús ve la culpa del pasado, pronuncia palabras de perdón y no debemos deshonrarlo dudando de su amor.

SU AMOR LIBERA DE CULPA: El amor que Cristo infunde en todo nuestro ser es un poder vivificante.  Da salud a cada una de las partes vitales: el cerebro, el corazón y los nervios. Por su medio las energías más potentes de nuestro ser despiertan y entran en actividad. 

Libera el alma de culpa y tristeza, de la ansiedad y congoja que agotan las fuerzas de la vida.  Con El vienen la serenidad y la calma.  Implanta en el alma un gozo que nada en la tierra puede destruir: el gozo que hay en el Espíritu Santo, un gozo que da salud y vida.

EL MAYOR PECADOR NECESITA AL MAYOR SALVADOR: Si Ud. cree que es el mayor de los pecadores, lo que necesita es Cristo; el mayor de los Salvadores.  Levante la cabeza y contemple fuera de sí mismo, más allá de su pecado, al Salvador levantado; más allá de la venenosa mordedura de la serpiente, al Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.

EL DARÁ DESCANSO: El llevó el peso de nuestra culpa.  También quitará la carga de nuestros hombros cansados.  Nos dará descanso.  Llevará por nosotros la carga de nuestros cuidados y penas. Nos  invita a echar sobre El todos nuestros afanes; pues nos lleva en su corazón.

”Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar”  (Mateo 11:28)

NO TODOS LOS PECADOS SON DE LA MISMA MAGNITUD:  No todos los pecados son de igual magnitud delante de Dios; hay diferencia de pecados a su juicio, como los hay a juicio de los hombres; sin embargo, aunque éste o aquél acto malo puedan parecer frívolos a los ojos de los hombres, ningún pecado es pequeño a la vista de Dios, El juicio de los hombres es parcial e imperfecto; más Dios ve todas las cosas como realmente son.

El borracho es detestado y se le dice que su pecado lo excluirá del cielo,  mientras que el orgullo, el egoísmo y la codicia pasan muchísimas veces sin condenarse. Sin embargo, estos son pecados que ofenden especialmente a Dios; porque son contrarios a la benevolencia de su carácter, a ese amor desinteresado que es la atmósfera misma del universo que no ha caído. 

El que cae en alguno de los pecados más groseros puede avergonzarse y sentir su pobreza y necesidad de la gracia de Cristo; pero el orgullo no siente ninguna necesidad y así cierra el corazón a Cristo y a las infinitas bendiciones que El vino a derramar. (Elena White)

Continúa en parte 158

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MENTE, CARÁCTER Y PERSONALIDAD-parte 116-

 

 

LA FE. Debemos creer que somos elegidos de Dios, para ser salvados por el ejercicio de la fe, a través de la gracia de Cristo y la obra del Espíritu Santo; y debemos alabar y glorificar a Dios… -parte 4-

NO DEBE CONFUNDIRSE LA FE CON LOS SENTIMIENTOS: Muchos tienen ideas confusas acerca de lo que constituye la fe, y viven por debajo de sus privilegios. Confunden sentimientos y fe, y están continuamente angustiados y perplejos, porque Satanás toma toda ventaja posible de su ignorancia e inexperiencia. Debemos aceptar a Cristo como nuestro Salvador personal, o fracasaremos en nuestro intento por llegar a ser vencedores. 

No nos traerá ningún beneficio mantenernos alejados de El, creer que nuestro amigo o nuestro vecino puede tenerlo por su Salvador personal, pero que nosotros no podemos experimentar su amor perdonador. Debemos creer que somos elegidos de Dios, para ser salvados por el ejercicio de la fe, a través de la gracia de Cristo y la obra del Espíritu Santo; y debemos alabar y glorificar a Dios por esta maravillosa manifestación de un favor que no merecemos.

Es el amor de Dios el que conduce el alma a Cristo para ser benignamente recibida y presentada al Padre.  Mediante la obra del Espíritu, se renueva la relación divina entre Dios y el pecador.  El Padre dice:

“Yo seré Dios para ellos, y ellos serán para mí hijos.  Ejerceré el amor perdonador hacia ellos, y derramaré en ellos mi gozo. Ellos serán para mi un tesoro peculiar, porque este pueblo a quien yo he formado por mí mismo manifestará mi alabanza”.

LA FE Y LOS SENTIMIENTOS SON COSAS DIFERENTES: El sentimiento y la fe son tan distintos uno del otro como lo es el este del oeste.  La fe no depende de los sentimientos.  Debiéramos dedicarnos diariamente a Dios, y creer que Cristo comprende y acepta el sacrificio, sin examinarnos a nosotros mismos, para ver si tenemos ese grado de sentimientos que pensamos que debe corresponder a nuestra fe.

Cuando hagamos ésto, las nieblas y las nubes serán disipadas, y pasaremos de las sombras de las tinieblas a la clara luz de su presencia.

NO ES ASUNTO DE IMPULSO: Muchos pasan largos años en las tinieblas y la duda, debido a que no sienten como quieren. Pero el sentimiento no tiene nada que ver con la fe.  Esa fe que obra por el amor y purifica el alma no es cuestión de impulso. Sale, basada en las promesas de Dios, creyendo firmemente que lo que El ha dicho es capaz de realizarlo. 

Nuestras almas deben ser enseñadas a creer, a confiar en la Palabra de Dios.  Esa palabra declara que “el justo vivirá por la fe” (Rom.1:17). Y no por el sentimiento.

NO CONFIEMOS EN LOS SENTIMIENTOS: Desechemos todo lo que sea parecido a la desconfianza y a la falta de fe en Jesús.  Comencemos una vida de confianza sencilla e infantil, no confiando en los sentimientos, sino en la fe.  No deshonremos a Jesús dudando de sus preciosas promesas.  El quiere que creamos en El con FE inconmovible.

ACTUEMOS POSITIVAMENTE POR FE: Sigamos contemplando a Jesús, continuemos orando con fe silenciosa, prosigamos apoderándonos de su fuerza, ya sea que experimentemos algún sentimiento o no.

LA FE COMO EVIDENCIA DEL CRISTIANISMO: Hablemos con el Señor, así llegaremos a ser amigos del Altísimo.  Confiemos en El. Tengamos una fe que confiará ya sea que sintamos que estamos confiando o no.  Recordemos que el sentimiento no es una evidencia de que somos cristianos.  La fe inconmovible  en Dios pone de manifiesto que somos sus hijos.  Confiemos en Dios. Nunca nos defraudará. Dice:

“No os dejaré huérfanos; vendré a vosotros.  Todavía un poco, y el mundo no me verá más, pero vosotros me veréis; porque yo vivo, y vosotros también viviréis” (Juan 14: 18,19).

No vemos a Cristo en persona. Pero por fe lo contemplamos.  Nuestra fe se aferra de sus promesas. Así camino Enoc con Dios.  (Elena White)

Continúa en parte 117

 

 

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