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EL CAMINO A CRISTO -EL PRINCIPE DEL CIELO- parte 18-

MARAVILLAS OBRADAS POR LA FE

COMO CREER EN EL Y RECIBIR UNA NUEVA VIDA EN CRISTO-parte 1

A medida que nuestra conciencia ha sido vivificada por el Espíritu Santo vemos algo de la perversidad del pecado, de su poder, su culpa, su miseria; y lo miramos con aborrecimiento.  Vemos que el pecado nos ha separado de Dios y que estamos bajo la servidumbre del poder del mal.  Cuanto más luchamos por escaparnos, tanto más comprendemos nuestra impotencia.  Nuestros motivos son impuros, nuestro corazón está corrompido.  Vemos que nuestra vida ha estado colmada de egoísmo y pecado. Ansiamos ser perdonados, limpiados y libertados. ¿Qué podemos hacer para obtener la armonía con Dios y la semejanza a El?

Lo que necesitamos es paz; el perdón, la paz y el amor del cielo en el alma. No se los puede comprar con dinero, la inteligencia no los puede obtener, la sabiduría no los puede alcanzar; nunca podemos esperar conseguirlos por nuestro propio esfuerzo.  Más Dios nos lo ofrece como un don, “Sin dinero y sin precio” (Isaías 55:1). Son nuestros con tal que extendamos la mano para tomarlos.  El Señor dice:  “¡Aunque vuestros pecados fuesen como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; aunque fuesen rojos como el carmesí, como lana quedarán (Isaías 1:18). “También os daré un nuevo corazón, y pondré un espíritu nuevo en medio de vosotros.” (Ezequiel 36:26).

Si hemos confesado nuestros pecados y los hemos quitado de nuestro corazón, hemos resuelto entregarnos a Dios, vayamos pues a El y pidámosle que nos limpie de nuestros pecados y nos de un corazón nuevo.  Creamos que lo hará porque lo ha prometido.  Esta es la lección que Jesús enseñó durante el tiempo que estuvo en la tierra: que debemos creer que recibimos el don que Dios nos promete y que es nuestro. Jesús sanaba a los enfermos cuando tenían fe en su poder; les ayudaba con las cosas que podían ver, inspirándoles así confianza en El tocante a las cosas que no podían ver, induciéndolos a creer en su poder de perdonar pecados.

Del simple relato de la Biblia de cómo Jesús sanaba a los enfermos podemos aprender algo acerca del modo de ir a Cristo para que nos perdone nuestros pecados. Nosotros no podemos expiar pecados pasados, no podemos cambiar el corazón y hacernos santos. Más Dios promete hacer todo ésto por nosotros mediante Cristo. Creamos en esa promesa. Confesemos nuestros pecados y entreguémonos a Dios. Si creemos la promesa, si creemos que estamos perdonados y limpiados, Dios suplirá el hecho; estaremos sanos, tal como Cristo dio potencia al paralítico para andar cuando el hombre creyó que había sido sanado.  Así es si así lo creemos.

No esperemos sentir estar sanos, más digamos “Lo creo; así es, no porque lo sienta, sino porque Dios lo ha prometido”. Dice Jesús: “Todo cuanto pidiereis en la oración, creed que lo recibiréis ya; y lo tendréis.” (Marcos 11:24).  Hay una condición en esta promesa: que pidamos conforme a la voluntad de Dios.  Pero es la voluntad de Dios limpiarnos de pecado, hacernos hijos suyos y ponernos en actitud de vivir una vida santa.  De modo que podemos pedir a Dios estas bendiciones, creer que las recibiremos y agradecerle porque nos limpie, y estar en pie delante de la Ley sin confusión ni remordimiento.

“Así que ahora, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu”  (Romanos 8:1). 

(Elena White)

 

 

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