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FE Y OBRAS–parte 25-

“SIN FE ES IMPOSIBLE AGRADAR A DIOS”(Heb.11:6)-“LA FE SIN OBRAS ES MUERTA” (Sant.2:20)

LA CALIDAD DE NUESTRA FE

Leer JUAN 3:1-16

Si no hubiera nada más en todas las Escrituras que señalase definidamente el camino al cielo, lo tenemos aquí en estas palabras. Nos dicen qué es la conversión. Nos indican qué debemos hacer para ser salvos.  Y ésto golpea directamente en la raíz de la obra superficial en el mundo religioso. Choca directamente con la idea de que uno puede llegar a ser un hijo de Dios sin experimentar ningún cambio especial. 

Si la verdad de Dios halla cabida en nuestros corazones, se produce en nosotros un cambio decidido, porque tiene un poder santificador sobre la vida y el carácter.  Cuando veamos los frutos de la justificación en los que manifiestan poseer la verdad avanzada, como nosotros manifestamos tenerla, entonces habrá un curso de acción que dará testimonio de que hemos aprendido de Cristo.

Cuando Cristo, la Esperanza de Israel, fue clavado en la cruz y levantado como le dijo a Nicodemo que lo sería, la esperanza de los discípulos murió con Jesús. Ellos no podían explicar la cuestión.  No podían entender todo lo que Cristo les había dicho al respecto con anticipación.

Pero después de la Resurrección, resucitaron su esperanza y su fe, y salieron a proclamar a Cristo y a Este crucificado.  Contaron como el Señor de vida y gloria había sido tomado y crucificado por manos impías, y como había resucitado. Y así hablaron con gran denuedo las palabras de vida ante las cuales la gente se admiraba sobremanera.

Los fariseos y los que oyeron a los discípulos proclamar osadamente a Jesús como el Mesías, entendieron que ellos habían estado con Jesús y habían aprendido de El. Hablaban tal como Jesús habló. Esto dejó en claro en las mentes de aquellos, que los discípulos habían aprendido de Jesús.  ¿Cómo ha sucedido con sus discípulos en todas las edades del mundo? Ciertamente, han aprendido de Jesús; han estado en su escuela; han sido sus alumnos y han aprendido las lecciones de Cristo respecto a la conexión viviente que el alma tiene con Dios. 

Esa fe viviente es esencial para nuestra salvación a fin de que nos aferremos de los méritos de la sangre del Salvador crucificado y resucitado – de Cristo nuestra justicia. Parecería haber una atmósfera nubosa que se ha acumulado en torno del alma del hombre y que ha cerrado su mente.  Es casi imposible abrirse paso a través de esta atmósfera de duda e incredulidad.  Es casi imposible despertar sus intereses vitales a fin de que pueda comprender lo que necesita hacer para ser salvo.

LA SENCILLEZ DE LA SALVACIÓN –parte 1-

El que se aferre a la justicia de Cristo no ha de esperar ni por un momento que él mismo podrá borrar sus propios pecados.  No necesita aguardar hasta haber experimentado un arrepentimiento satisfactorio antes de poder apropiarse de la justicia de Cristo.  No entendemos el tema de la salvación.  Es tan sencillo como el ABC. Pero no lo entendemos.

Ahora bien, ¿cómo es que se arrepiente el ser humano? ¿Es algo que proviene de sí mismo? NO; porque el corazón natural está en enemistad con Dios.  Entonces, ¿cómo  puede el corazón natural despertar al arrepentimiento cuando no tiene poder para hacerlo?   

Continúa en parte 26

 

 

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RECIBIREIS PODER-Persona, Presencia y  Obra del Espíritu  Santo-parte 31-

EL ESPÍRITU SIEMPRE ESPERA

“Mas el Consolador, El Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, El os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he enseñado”. (Juan 14:26)

 

El Espíritu Santo siempre espera la oportunidad para hacer su obra en el corazón del creyente. Los que desean aprender pueden establecer una estrecha relación con Dios.  Esto los hace acreedores de la promesa de que el Consolador les enseñará y hará recordar todas las cosas, y que Jesús va a cumplir lo que prometió a sus discípulos cuando estuvo en la tierra. Pero si dejamos de relacionarnos con Dios, no podremos seguir siendo alumnos en la escuela de Cristo.  Como consecuencia, perderemos interés en las otras almas por las cuales El también murió.

Resultó muy difícil para los discípulos establecer la diferencia entre las lecciones de Cristo y las enseñanzas de los rabinos, escribas y fariseos. La formación que recibieron para respetarlas como la voz de Dios, fue un poder sobre su mente que moldeó su manera de pensar. 

Los discípulos no podrían vivir y hacer brillar la luz para que actuara sobre ellos, a menos que se liberaran de la influencia que ejercían los dichos y mandamientos humanos, y que las palabras de Cristo,  con un mensaje diferente, fueran atesoradas en sus mentes y corazones como joyas preciosas, apreciadas y amadas.

Jesús vino al mundo, vivió una vida santa y murió para entregarle a su iglesia un legado precioso e invalorable.  Hizo a sus discípulos depositarios de las doctrinas más preciosas para ponerlas en las manos de su iglesia, sin la mezcla de los errores y las tradiciones humanas.  Se dio a conocer a sí mismo como la luz del mundo y el Sol de justicia. A ella le prometió el Consolador, El Espíritu Santo, que el Padre enviaría en su nombre.

“No os dejaré huérfanos; vendré a vosotros” (Juan 14:18).  El Espíritu divino, prometido por el Redentor del mundo, es la presencia y el poder de Dios.  El no dejará a su pueblo destituido de la gracia, para ser abofeteado por el enemigo de Dios y hostilizado por la opresión del mundo.  El vendrá a ellos.  (Signs of the Times)

 

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