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FE Y OBRAS–parte 24-

“SIN FE ES IMPOSIBLE AGRADAR A DIOS”(Heb.11:6)-“LA FE SIN OBRAS ES MUERTA” (Sant.2:20)

 EL PUEBLO QUE GUARDA LOS MANDAMIENTOS-parte 2-

Además hemos hablado de la oscuridad que el diablo ha arrojado sobre nosotros, y nos hemos lamentado por nuestra situación; y al hacerlo, tan sólo hemos extendido la sombra a otras almas, de manera que eso que nos dañó a nosotros fue también un daño para ellos.  Al pronunciar nuestras palabras de incredulidad, otros han sido envueltos en tinieblas y duda.

No podemos permitirnos hacer esta obra.  De ese modo ponemos a nuestro bondadoso Padre celestial en una luz falsa.  Todo esto debe cambiar.  Debemos recoger los rayos de verdad divina y permitir que nuestra luz ilumine el oscuro sendero de otros. La luz del cielo brilla para los que siguen a Cristo, la luz del mundo.

Yo soy la luz del mundo, el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida”  (Juan 8:12).

¿Qué clase de recomendación de la religión de Cristo damos al mundo si andamos quejándonos y lamentándonos, llenos de pesar? Los que guardan los mandamientos de Dios (Éxodo 20:3-17) deberían hacer manifiesto que la verdad está santificando el alma, refinando y purificando los pensamientos, y elevando el carácter y la vida. Cristo murió para que la imagen moral de Dios pudiera ser restaurada en nuestras almas y pudiese reflejarse ante quienes nos rodean.

Necesitamos beber más y más profundamente de la fuente de vida.  Que ni un alma se sienta satisfecha sin hacer una obra completa para la eternidad, y que pueda verse, a la vez por precepto y por ejemplo, que seamos representantes de Cristo. El Señor está listo para impartir bendiciones aún mayores.

El permitió que toda su benevolencia se manifestara delante de Moisés; proclamó ante él su carácter como un Dios lleno de misericordia, paciente y benigno –que perdona la iniquidad, la transgresión, y el pecado.  Moisés había de representar este carácter ante el pueblo de Israel, y nosotros hemos de hacer lo mismo.

Debemos proclamar la bondad de Dios y poner de manifiesto su verdadero carácter. Debemos reflejar su gloria. ¿No nos hemos unido a la obra del enemigo de las almas, representando erróneamente a nuestro Padre celestial?  ¿No hemos estado juzgando a nuestros hermanos, criticando sus palabras y acciones? Entonces el amor de Dios no se ha entronizado en nuestras almas.  Hagamos un cambio decidido.   (Elena White).

 

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