Feeds:
Entradas
Comentarios

Archive for the ‘1.00-MEDITACIONES-REFLEJEMOS A JESÚS-. Dios desea que sus hijos se amen unos a otros como Jesús nos amó. Han de reflejar este amor en su propio carácter, y proyectarlo sobre el mundo.’ Category

MEDITACIONES-REFLEJEMOS A JESUS –parte 24-

LA VERDAD DEBE SER PRACTICADA EN LA VIDA

“Hijitos, nadie os engañe; el que hace justicia es justo, como él es justo” (1 Juan 3:7).

Los que están esperando la revelación de Cristo en las nubes del cielo con poder y gran gloria, como Rey de reyes y Señor de señores, buscarán representarlo ante el mundo en su vida y carácter. “Y todo aquel que tiene esta esperanza en él, se purifica a sí mismo, así como el es puro” (1 Juan 3:3). Odiarán el pecado y la iniquidad, así como Cristo odió al pecado. Guardarán los mandamientos de Dios, como Cristo guardó los mandamientos de su Padre. Serán conscientes de que no es suficiente estar de acuerdo con las doctrinas de verdad, sino que la verdad debe ser aplicada al corazón, practicada en la vida, a fin de que los seguidores de Cristo puedan ser uno con El, y que los hombres puedan ser tan puros en su esfera como Dios lo es en la suya. Ha habido hombres en toda generación que han declarado ser hijos de Dios, que pagaban el diezmo de la menta y el eneldo y el comino, y sin embargo llevaban una vida impía, porque descuidaban los asuntos más importantes de la ley: la misericordia, la justicia y el amor de Dios.

Los hijos de Dios no serán como el mundo; porque la verdad recibida en el corazón será el medio de purificar el alma, de transformar el carácter, y de hacer que su receptor sea de una mente semejante a la de Dios. A menos que un hombre llegue a tener una mente semejante a la de Dios, todavía está en su natural depravación. Si Cristo está en el corazón, aparecerá en el hogar, en el taller, en el mercado, en la iglesia. El poder de la verdad será percibido porque elevará y ennoblecerá la mente y suavizará y subyugará el corazón, llevando a todo el ser humano a la armonía con Dios. El que es transformado por la verdad derramará una luz sobre el mundo. El que tiene la esperanza de Cristo se purifica a sí mismo, así como El es puro. La esperanza de la venida de Cristo es una gran esperanza, una esperanza con consecuencias de gran alcance. Es la esperanza de ver el Rey en su hermosura, y de ser hecho semejante a El.

El que habita en Cristo es perfeccionado en el amor de Dios, y sus propósitos, pensamientos, palabras y acciones están en armonía con la voluntad de Dios expresada en los mandamientos de su Ley. No hay nada en el corazón del hombre que habita en Cristo que esté en conflicto con algún precepto de la Ley de Dios. Donde el Espíritu de Cristo está en el corazón, se revelará el carácter de Cristo, y allí se manifestará cortesía ante la provocación y paciencia ante la prueba.

“Hijitos, nadie os engañe; el que hace justicia es justo, como él es justo”.

La justicia puede ser definida sólo por la gran norma moral de Dios, los Diez Mandamientos. No hay otra regla por la cual se pueda medir el carácter. (Signs of the Times)

Read Full Post »

 

MEDITACIONES-REFLEJEMOS A JESUS –parte 23-

RESPONSABILIDAD INDIVIDUAL PARA OBEDECER LA LEY

“…Todos tus mandamientos son justicia”. (Salmo 119:172)

El Espíritu de Dios nos guiará en la senda de los mandamientos; porque la promesa es que “…cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad…” (Juan 16:13). Debiéramos probar los espíritus con la norma de la Palabra de Dios, porque hay muchos espíritus en el mundo. “¡A la ley y al testimonio! Si no dijeren conforme a esto, es porque no les ha amanecido” (Isaías 8:20).

Dios requiere de cada uno de nosotros una responsabilidad individual, y nos pide que lo sirvamos por principio, que lo escojamos por nosotros mismos.

Dios no considera livianamente la transgresión de su Ley. “…la paga de pecado es muerte…” (Romanos 6:23). Las consecuencias de la desobediencia prueban que la naturaleza del pecado está en enemistad con el bienestar del gobierno de Dios y el bien de sus criaturas. «Dios es un Dios celoso que visita los pecados de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que le aborrecen». Los resultados de la transgresión siguen a aquellos que persisten en hacer el mal; «pero muestra misericordia sobre millares de los que le aman y guardan sus mandamientos». Los que se arrepienten y vuelven a su servicio encuentran el favor del Señor; y El perdona todas sus iniquidades y sana todas sus dolencias.

En asuntos terrenales, el siervo que busca más cuidadosamente cumplir los requerimientos de su trabajo y cumplir la voluntad de su Señor, es el más altamente apreciado. Un caballero deseaba cierta vez emplear a un cochero de confianza. Varios hombres acudieron en respuesta a su pedido. A cada uno le preguntó cuán cerca podía pasar del borde de cierto precipicio sin volcar el carruaje. Uno tras otro respondieron que podían acercarse hasta una distancia muy peligrosa; pero por fin uno contestó que se mantendría tan lejos como fuera posible de una empresa tan peligrosa. Este fue empleado para cubrir el cargo.

¿Debiera un hombre apreciar más a un buen siervo de lo que puede hacerlo nuestro Padre celestial? Nuestra preocupación no debiera ser cuán lejos podemos apartarnos de los mandamientos de Dios, y presumir de la misericordia del Legislador, y todavía hacernos la ilusión de que estamos dentro de los límites de la tolerancia divina. Nuestro interés debiera ser mantenernos tan lejos como sea posible de la transgresión. Debiéramos determinarnos a estar del lado de Cristo y de nuestro Padre celestial, y no correr riesgos por una obstinada presunción.

Debiéramos magnificar los preceptos del Cielo por nuestras palabras y acciones. El que honra la Ley será honrado por ella en el juicio. (Review and Herald).

 

 

Read Full Post »

MEDITACIONES-REFLEJEMOS A JESUS –parte 22-

LA LEY DE DIOS ES LA LEY DEL AMOR

“Y Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Este es el principal mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo…”. (Marcos 12:30, 31)

El amor, la base de la creación y la redención, es la base de la verdadera educación. Esto se ha hecho bien claro en la Ley que Dios ha dado como la guía de la vida. El primer y grande mandamiento, amarle a El, el infinito, el omnisciente, con toda la fuerza y la mente y el corazón, significa el mayor desarrollo de cada poder. Significa que en el ser total- el cuerpo, la mente, así como el alma-, la imagen de Dios ha de ser restaurada.

Semejante al primero es el segundo mandamiento: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. La Ley de amor requiere la devoción del cuerpo, la mente y el alma al servicio de Dios y nuestros prójimos. Y este servicio, mientras que nos hace una bendición para otros, trae la mayor bendición sobre nosotros mismos. La ausencia del egoísmo yace en la base del auténtico desarrollo.

Lucifer deseó ser en el cielo el primero en poder y autoridad; deseó ser Dios, tener el gobierno del cielo; y apuntando a este fin ganó a muchos de los ángeles para su lado. Cuando fue echado de las cortes de Dios con su ejército rebelde, la obra de rebelión y egoísmo continuó en la tierra. Por medio de la tentación a la auto indulgencia y a la ambición, Satanás logró la caída de nuestros primeros padres; y desde ese entonces hasta el presente la gratificación de la ambición humana y la indulgencia en esperanzas y deseos egoístas ha demostrado ser la ruina de la humanidad.

Bajo la dirección de Dios, Adán había de permanecer como cabeza de familia terrenal, para mantener los principios de la familia celestial. Esto habría traído paz y felicidad. Pero Satanás determinó oponerse a la ley de que nadie “vive para sí”. El deseó vivir para sí. Buscó hacerse el centro de influencia. Esto había incitado a la rebelión en el cielo, y la aceptación de ese principio por el hombre trajo el pecado al mundo. Cuando Adán pecó, el hombre se separó del centro ordenado por Dios. Un demonio se convirtió en el poder central en el mundo. Donde debiera haber estado el trono de Dios, Satanás ubicó su trono. El mundo rindió su homenaje como una ofrenda voluntaria a los pies del enemigo.

La transgresión de la Ley de Dios trajo lamentos y muerte en su estela. Por la desobediencia los poderes del hombre fueron pervertidos, y el egoísmo tomó el lugar del amor. Su naturaleza se debilitó tanto que le fue imposible resistir el poder del mal. Los hombres habían escogido un dirigente que los encadenó a su carro como cautivos. Cristo vino al mundo para mostrarles que había plantado para ellos el árbol de la vida, cuyas hojas son para la sanidad de las naciones. (Review and Herald)

Read Full Post »

MEDITACIONES-REFLEJEMOS A JESUS –parte 21-

LA MUERTE DE CRISTO, PODEROSO ARGUMENTO A FAVOR DE LA INMUTABILIDAD DE LA LEY DE DIOS.

“Ahora es el juicio de este mundo; ahora el príncipe de este mundo será echado fuera. Y yo, si fuere levantado de la tierra, a todos atraeré a mí mismo”. (Juan 12:31, 32)

Puesto que la Ley divina es tan sagrada como el mismo Dios, sólo uno igual a Dios podría expiar su transgresión. Ninguno sino Cristo podía salvar al hombre de la maldición de la Ley, y colocarlo otra vez en armonía con el Cielo. Cristo cargaría con la culpa y la vergüenza del pecado, que era algo tan abominable a los ojos de Dios que iba a separar al Padre y su Hijo. Cristo descendería a la profundidad de la desgracia para rescatar la raza caída.

Pero el plan de redención tenía un propósito todavía más amplio y profundo que el de salvar al hombre. Cristo no vino a la tierra sólo por este motivo, no vino meramente para que los habitantes de este pequeño mundo acatasen la Ley de Dios como debe ser acatada; sino que vino para vindicar el carácter de Dios ante el universo. A este resultado de su gran sacrificio, a su influencia sobre los seres de otros mundos, así como sobre el hombre, se refirió el Salvador cuando poco antes de su crucifixión dijo:

“Ahora es el juicio de este mundo; ahora el príncipe de este mundo será echado fuera. Y yo, si fuere levantado de la tierra, a todos atraeré a mí mismo”. El acto de Cristo, de morir por la salvación del hombre, no sólo haría accesible el cielo para los hombres, sino que ante todo el universo justificaría a Dios y a su Hijo en su trato con la rebelión de Satanás. Demostraría la perpetuidad de la Ley de Dios, y revelaría la naturaleza y las consecuencias del pecado.

Desde el principio, el gran conflicto giró en derredor de la Ley de Dios. Satanás había procurado probar que Dios era injusto, que su Ley era defectuosa, y que el bien del universo requería que fuese cambiada. Al atacar la Ley, procuró derribar la autoridad de su Autor. En el curso del conflicto habría de demostrarse si los estatutos divinos eran defectuosos y sujetos a cambio, o perfectos e inmutables.

El cielo notó las afrentas y las burlas que El recibía, y supo que todo era instigado por Satanás. Observó la batalla entre la luz y las tinieblas a medida que se reñía con más ardor. Cuando Cristo exclamó en la cruz en su expirante agonía “…Consumado es…” (Juan 19:30), un grito de triunfo resonó a través del mismo cielo.

Satanás había revelado su verdadero carácter. El mismo hecho de que Cristo sufrió la pena de la transgresión del hombre es para todos los seres creados un poderoso argumento en prueba de que la Ley es inmutable; que Dios es justo; misericordioso y abnegado; y que la justicia y la misericordia más infinitas se entrelazaban en la administración de su gobierno. (Patriarcas y Profetas)

 

Read Full Post »

MEDITACIONES-REFLEJEMOS A JESUS –parte 20-

LOS VERDADEROS SEGUIDORES OBEDECEN LA LEY DE DIOS-(EXODO 20:3-17)

“Todo aquel que comete pecado, infringe también la ley; pues el pecado es infracción de la ley” (1 Juan 3:4).

El deseo de llevar una religión fácil, que no exija luchas, desprendimiento, ni ruptura con las locuras del mundo, ha hecho popular la doctrina de la fe, y de la fe sola; ¿pero que dice la Palabra de Dios? El apóstol Santiago escribe:

“Hermanos míos, ¿de qué aprovechará si alguno dice que tiene fe, y no tiene obras? ¿Podrá la fe salvarle?… ¿Más quieres saber, hombre vano, que la fe sin obras es muerta? ¿No fue justificado por la obras Abraham nuestro padre, cuando ofreció a su hijo Isaac sobre el altar? ¿No ves que la fe actuó juntamente con sus obras, y que la fe se perfeccionó por la obras?…Veis, pues, que el hombre es justificado por la obras, y no solamente por la fe” (Santiago 2:14-24).

El testimonio de la Palabra de Dios se opone a esta doctrina seductora de la fe sin obras. No es fe pretender el favor del Cielo sin cumplir las condiciones necesarias para que la gracia sea concedida. Es presunción, pues la fe verdadera se funda en las promesas y disposiciones de las Sagradas Escrituras.

Un pecado cometido deliberadamente acalla la voz atestiguadora del Espíritu y separa al alma de Dios. “El pecado es infracción de la ley”. Y “…todo aquel que peca [infringe la ley], no le ha visto, ni le ha conocido” (1 Juan 3:6). Aunque Juan habla mucho del amor en sus epístolas, no vacila en poner de manifiesto el verdadero carácter de esa clase de personas que pretenden ser santificadas y seguir transgrediendo la Ley de Dios.

“El que dice: Yo le conozco, y no guarda sus mandamientos, el tal es mentiroso, y la verdad no está en él; pero el que guarda su palabra en éste verdaderamente el amor de Dios se ha perfeccionado…” (1 Juan 2: 4, 5).

Esta es la piedra de toque de toda profesión de fe. No podemos reconocer como santo a ningún hombre sin haberlo comparado primero con la sola regla de santidad que Dios haya dado en el cielo y en la tierra. Si los hombres no sienten el peso de la Ley moral, (Exodo 20:3-17) si empequeñecen y tienen en poco los preceptos de Dios, si violan el menor de estos mandamientos, y así enseñan a los hombres, no serán estimados ante el Cielo, y podemos estar seguros de que sus pretensiones no tienen fundamento alguno.

Y la aserción de estar sin pecado constituye de por sí una prueba de que el que tal asevera dista mucho de ser santo. Es porque no tiene un verdadero concepto de lo que es la pureza y santidad infinita de Dios, ni de lo que deben ser los que han de armonizar con su carácter; es porque no tiene un verdadero concepto de la pureza y perfección supremas de Jesús ni de la maldad y el horror del pecado, por lo que el hombre puede creerse santo. (El conflicto de los siglos)

 

 

Read Full Post »

MEDITACIONES-REFLEJEMOS A JESUS –parte 19-

LA LEY DE DIOS, LA VERDAD, ES LA NORMA DEL CARÁCTER

“Tu justicia es justicia eterna, Y tu ley la verdad” (Salmo 119:142).

Falsas teorías sobre la santificación…desempeñan un importante papel en los movimientos religiosos de nuestros días. Esas teorías son falsas en cuanto a la doctrina y peligrosas en sus resultados prácticos, y el hecho de que hallen tan general aceptación hace doblemente necesario que todos tengan una clara comprensión de lo que las Sagradas Escrituras enseñan sobre este punto.

La doctrina de la santificación verdadera es bíblica. El apóstol Pablo, en su carta a la Iglesia de Tesalónica, declara: “pues la voluntad de Dios es vuestra santificación…” Y ruega así: “Y el mismo Dios de paz os santifique por completo…” (1 Tesalonicenses 4:3; 5:23).

La Biblia enseña claramente lo que es la santificación, y como se la puede alcanzar. El Salvador oró por sus discípulos: “Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad” (Juan 17:17). Y Pablo enseña que los creyentes deben ser santificados por el Espíritu Santo (Romanos 15:16).

¿Cuál es la obra del Espíritu Santo? Jesús dijo a sus discípulos: “…cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad” (Juan 16:13). Y el salmista dice: “Tu ley la verdad”… Y ya que la Ley de Dios es santa, justa y buena, un trasunto de la perfección divina, resulta que el carácter formado por la obediencia a esa Ley será santo. Cristo es ejemplo perfecto de semejante carácter. El dice: “…he guardado los mandamientos de mi Padre…”. “…hago siempre lo que le agrada” (Juan 15:10; 8:29).

Los discípulos de Cristo han de volverse semejantes a El, es decir, adquirir por la gracia de Dios un carácter conforme a los principios de su santa Ley. Esto es lo que la Biblia llama santificación. Esta obra no se puede realizar sino por la fe en Cristo, por el poder del Espíritu de Dios que habita en el corazón. Pablo amonesta a los creyentes: “…ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor, porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad” (Filipenses 2:12, 13). El cristiano sentirá las tentaciones del pecado, pero luchará continuamente contra él. Aquí es donde se necesita la ayuda de Cristo. La debilidad humana se une con la fuerza divina, y la fe exclama: “Más gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo” (1 Corintios 15:57).

Las Santas Escrituras enseñan claramente que la obra de la santificación es progresiva. Cuando el pecador encuentra en la conversión la paz con Dios por la sangre expiatoria, la vida cristiana no ha hecho más que empezar. Ahora debe llegar al estado de “varón perfecto”; crecer “a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo” (El conflicto de los siglos).

 

 

Read Full Post »

MEDITACIONES-REFLEJEMOS A JESUS –parte 18-

LOS PECADORES SON LLEVADOS A ESTAR EN ARMONIA CON LA LEY

“Porque lo que era imposible para la ley, por cuanto era débil por la carne, Dios, enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado y a causa del pecado, condenó al pecado en la carne; para que la justicia de la ley se cumpliese en nosotros, que no andamos conforme a la carne, sino conforme al Espíritu” (Romanos 8:3, 4).

La ley revela al hombre sus pecados, pero no dispone de ningún remedio. Mientras promete vida al que obedece, declara que la muerte es lo que le toca al transgresor. Solo el Evangelio de Cristo puede librarlo de la condenación o de la mancha del pecado. Debe arrepentirse ante Dios, cuya ley transgredió, y tener fe en Cristo y en su sacrificio expiatorio.

Así obtiene remisión de “los pecados pasados”, y se hace partícipe de la naturaleza divina. Es un hijo de Dios, pues ha recibido el espíritu de adopción, por el cual exclama: “¡Abba, Padre!»

¿Está entonces libre para violar la Ley de Dios? El apóstol Pablo dice: ¿Luego por la fe invalidamos la ley? En ninguna manera, sino que confirmamos la ley” “…Porque los que hemos muerto al pecado, ¿cómo viviremos aún en él?”. (Romanos 3:31; 6:2)

Y Juan dice también: “Pues este es el amor a Dios, que guardemos sus mandamientos; y sus mandamientos no son gravosos” (1 Juan 5:3).

En el nuevo nacimiento el corazón viene a quedar en armonía con Dios, al estarlo con su Ley. Cuando se ha efectuado este gran cambio en el pecador, entonces ha pasado de la muerte a la vida, del pecado a la santidad, de la transgresión y la rebelión a la obediencia y a la lealtad. Terminó su antigua vida de separación con Dios; y comenzó la nueva vida de reconciliación, fe y amor. Entonces “la justicia de la Ley” se cumplirá “en nosotros, que no andamos conforme a la carne, sino conforme al Espíritu”. Y el lenguaje del alma será: “¡Oh, cuánto amo yo tu ley! Todo el día es ella mi meditación” (Salmo 119:97).

“La ley de Jehová es perfecta, que convierte el alma…” (Salmo 19:7). Sin la Ley, los hombres no pueden formarse un justo concepto de la pureza y santidad de Dios ni de su propia culpabilidad e impureza. No tienen verdadera convicción del pecado, y no sienten necesidad de arrepentirse. Como no ven su condición perdida como violadores de la Ley de Dios, no se dan cuenta tampoco de la necesidad que tienen de la sangre expiatoria de Cristo. Aceptan la esperanza de salvación sin que se realice un cambio radical en su corazón ni una reforma en su vida. Así abundan las conversiones superficiales, y multitudes se unen a la iglesia sin haberse unido jamás con Cristo.   Por la Palabra y el Espíritu de Dios quedan de manifiesto ante los hombres los grandes principios de justicia encerrados en la Ley divina. (El conflicto de los siglos)

 

Read Full Post »

MEDITACIONES-REFLEJEMOS A JESUS –parte 17-

LA LEY ES UNA REVELACION DE LA VOLUNTAD Y DEL CARÁCTER DE DIOS

“De manera que la ley a la verdad es santa, y el mandamiento santo, justo y bueno”. (Romanos 7:12).

Muchos maestros en religión aseveran que Cristo abolió la Ley por su muerte, y que desde entonces los hombres se ven libres de sus exigencias. Algunos la representan como yugo enojoso, y en contraposición con la esclavitud de la Ley, presentan la libertad de que se debe gozar bajo el Evangelio.

Pero no es así como los profetas y los apóstoles consideran la santa Ley de Dios. David dice: Y andaré en libertad, Porque busqué tus mandamientos” (Salmos 119:45). El apóstol Santiago, que escribió después de la muerte de Cristo, habla del Decálogo como de la “ley real”, y de la “perfecta ley, la de la libertad” (Santiago 2:8; 1:25). Y el vidente de Patmos, medio siglo después de la crucifixión, pronuncia una bendición sobre los que “lavan sus ropas [o “guardan sus mandamientos”], tener el derecho al árbol de la vida, y para entrar por la puertas en la ciudad” (Apocalipsis 22:14).

El aserto de que Cristo abolió con su muerte la Ley de su Padre no tiene fundamento. Si hubiera sido posible cambiar la Ley o abolirla, entonces Cristo no habría tenido por que morir para salvar al hombre de la penalidad del pecado. La muerte de Cristo, lejos de abolir la Ley, prueba que es inmutable. El Hijo de Dios vino para engrandecer la Ley, y hacerla honorable (Isaías 42:21). Y con respecto a sí mismo declara: “El hacer tu voluntad, Dios mío, me ha agradado, Y tu ley está en medio de mi corazón” (Salmos 40:8).

La Ley de Dios, por su naturaleza misma es inmutable. Es una revelación de la voluntad y del carácter de su Autor. Dios es amor, y su Ley es amor. Sus dos grandes principios son el amor a Dios y al hombre. “…así que el cumplimiento de la ley es el amor” (Romanos 13:10). El carácter de Dios es justicia y verdad; tal es la naturaleza de su ley. Dice el salmista: “Tu ley la verdad”; “todos tus mandamientos son justicia” (Salmos 119:142, 172). Y el apóstol Pablo declara: “La ley a la verdad es santa, y el mandamiento santo, justo y bueno”. Semejante Ley, expresión del pensamiento y de la voluntad de Dios, debe ser tan duradera como su Autor.

Es obra de la conversión y de la santificación reconciliar a los hombres con Dios, poniéndolos de acuerdo con los principios de su Ley. Al principio el hombre fue creado a la imagen de Dios. Estaba en perfecta armonía con la naturaleza y la Ley de Dios; los principios de justicia estaban grabados en su corazón. Pero el pecado lo separó de su hacedor. Ya no reflejaba más la imagen divina. Más “…de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito…”, para que el hombre fuese reconciliado con Dios. Por los méritos de Cristo puede restablecerse la armonía entre el hombre y su Creador. (El conflicto de los siglos).

 

Read Full Post »

MEDITACIONES-REFLEJEMOS A JESUS –parte 16-

CRISTO, EL CANAL DE GRACIA SALVADORA

“Porque en el habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad”. (Colosenses 2:9)

Por su humanidad, Cristo tocaba a la humanidad; por su divinidad, se asía del trono de Dios. Como Hijo del hombre, nos dio un ejemplo de obediencia; como Hijo de Dios, nos imparte poder para obedecer. Al condescender a tomar sobre si la humanidad, Cristo reveló un carácter opuesto al carácter de Satanás.

Cristo fue tratado como nosotros merecemos a fin de que nosotros pudiésemos ser tratados como El merece. Fue condenado por nuestros pecados, en los que no había participado, a fin de que nosotros pudiésemos ser justificados por su justicia, en la cual no habíamos participado. EL sufrió la muerte nuestra, a fin de que pudiésemos recibir la vida suya. “Por su llaga fuimos nosotros curados”. (Isaías 53:5).

Por su vida y su muerte, Cristo logró aún más que restaurar lo que el pecado había arruinado. Era el propósito de Satanás conseguir una eterna separación entre Dios y el hombre; pero en Cristo llegamos a estar más íntimamente unidos a Dios que si nunca hubiésemos pecado. Al tomar nuestra naturaleza, el Salvador se vinculó con la humanidad por un vínculo que nunca se ha de romper. A través de las edades eternas, queda ligado con nosotros. Para asegurarnos los beneficios de su inmutable consejo de paz, Dios dio a su Hijo unigénito para que llegase a ser miembro de la familia humana, y retuviese para siempre su naturaleza humana.

Dios adoptó la naturaleza humana en la persona de su Hijo, y la llevó al más alto cielo. Es el Hijo del hombre” quien comparte el trono del universo. Es “el Hijo del hombre” cuyo nombre será llamado: “Admirable, Consejero, Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de Paz” (Isaías 9:6). En Cristo, la familia de la tierra y la familia del cielo están ligadas. Cristo glorificado es nuestro hermano. El cielo está incorporado en la humanidad, y la humanidad, envuelta en el seno del Amor Infinito.

Por medio de la obra redentora de Cristo, el gobierno de Dios queda justificado. El Omnipotente es dado a conocer como el Dios de amor. Las acusaciones de Satanás quedan refutadas y su carácter desenmascarado. La rebelión no podrá nunca volverse a levantar. El pecado no podrá nunca volver a entrar en el universo. A través de las edades eternas, todos estarán seguros contra la apostasía. Por el sacrificio abnegado del amor, los habitantes de la tierra y del cielo quedarán ligados a su Creador con vínculos de unión indisoluble.

La obra de la redención estará completa. Donde el pecado abundó, sobreabundó la gracia de Dios. Nuestro pequeño mundo, que es bajo maldición del pecado la única mancha oscura de su gloriosa creación, será honrado por encima de todos los demás mundos del universo de Dios.   (El Deseado de todas las gentes)

Read Full Post »

MEDITACIONES-REFLEJEMOS A JESUS –parte 15-

CRISTO, “EL PRÍNCIPE DE PAZ”

“Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios”. (Mateo 5:9)

Cristo es el “Príncipe de paz”, y su misión es devolver al cielo y a la tierra la paz destruida por el pecado. “Justificados, pues, por la fe, tenemos paz con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo”. (Romanos 5:1)

Quien consienta en renunciar al pecado y abra el corazón al amor de Cristo participara de esta paz celestial. No hay otro fundamento para la paz. La gracia de Cristo aceptada en el corazón, vence la enemistad, apacigua la lucha y llena el alma de amor. El que está en armonía con Dios y con su prójimo no sabrá lo que es la desdicha. No habrá envidia en su corazón ni su imaginación albergará el mal; allí no podrá existir el odio. El corazón que está de acuerdo con Dios participa de la paz del cielo y esparcirá a su alrededor una influencia bendita. El espíritu de paz se asentará como roció sobre los corazones cansados y turbados por la lucha del mundo. Los seguidores de Cristo son enviados al mundo con el mensaje de paz. Quienquiera que revele el amor de Cristo por la influencia inconsciente y silenciosa de una vida santa; quienquiera que incite a los demás, por palabra o por hechos, a renunciar al pecado y entregarse a Dios, es un pacificador.

“Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios”.

El espíritu de paz es prueba de su relación con el Cielo. El dulce sabor de Cristo los envuelve. La fragancia de la vida y la belleza del carácter revelan al mundo que son hijos de Dios. Sus semejantes reconocen que han estado con Jesús. “El remanente de Jacob será en medio de muchos pueblos como el roció de Jehová, como las lluvias sobre la hierba…”. (Miqueas 5:7). (El discurso maestro de Jesucristo)

Cuando Isaías predijo el nacimiento del Mesías, le confirió el título de “Príncipe de Paz”. Cuando los ángeles anunciaron a los pastores que Cristo había nacido, cantaron sobre los valles de Belén: “¡Gloria a Dios en las alturas, Y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres!”. (Lucas 2:14)

Hay contradicción aparente entre estas declaraciones proféticas y las palabras de Cristo: “….no he venido para traer paz, sino espada”. (Mateo 10:34).Pero si se las entiende correctamente, se nota armonía perfecta entre ellas. El Evangelio es un mensaje de paz. El cristianismo es un sistema que de ser recibido y practicado, derramaría paz, armonía y dicha por toda la tierra. La religión de Cristo unirá en estrecha fraternidad a todos los que acepten sus enseñanzas. La misión de Jesús consistió en reconciliar a los hombres con Dios, y así a unos con otros. (El gran conflicto)

 

Read Full Post »

« Newer Posts - Older Posts »