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Archive for the ‘1.19-LOS DISCÍPULOS DE CRISTO han de adquirir por la gracia de Dios un carácter conforme a su Ley. Esto es lo que la Biblia llama santificación. IMPERD.’ Category

MEDITACIONES-REFLEJEMOS A JESUS –parte 19-

LA LEY DE DIOS, LA VERDAD, ES LA NORMA DEL CARÁCTER

“Tu justicia es justicia eterna, Y tu ley la verdad” (Salmo 119:142).

Falsas teorías sobre la santificación…desempeñan un importante papel en los movimientos religiosos de nuestros días. Esas teorías son falsas en cuanto a la doctrina y peligrosas en sus resultados prácticos, y el hecho de que hallen tan general aceptación hace doblemente necesario que todos tengan una clara comprensión de lo que las Sagradas Escrituras enseñan sobre este punto.

La doctrina de la santificación verdadera es bíblica. El apóstol Pablo, en su carta a la Iglesia de Tesalónica, declara: “pues la voluntad de Dios es vuestra santificación…” Y ruega así: “Y el mismo Dios de paz os santifique por completo…” (1 Tesalonicenses 4:3; 5:23).

La Biblia enseña claramente lo que es la santificación, y como se la puede alcanzar. El Salvador oró por sus discípulos: “Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad” (Juan 17:17). Y Pablo enseña que los creyentes deben ser santificados por el Espíritu Santo (Romanos 15:16).

¿Cuál es la obra del Espíritu Santo? Jesús dijo a sus discípulos: “…cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad” (Juan 16:13). Y el salmista dice: “Tu ley la verdad”… Y ya que la Ley de Dios es santa, justa y buena, un trasunto de la perfección divina, resulta que el carácter formado por la obediencia a esa Ley será santo. Cristo es ejemplo perfecto de semejante carácter. El dice: “…he guardado los mandamientos de mi Padre…”. “…hago siempre lo que le agrada” (Juan 15:10; 8:29).

Los discípulos de Cristo han de volverse semejantes a El, es decir, adquirir por la gracia de Dios un carácter conforme a los principios de su santa Ley. Esto es lo que la Biblia llama santificación. Esta obra no se puede realizar sino por la fe en Cristo, por el poder del Espíritu de Dios que habita en el corazón. Pablo amonesta a los creyentes: “…ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor, porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad” (Filipenses 2:12, 13). El cristiano sentirá las tentaciones del pecado, pero luchará continuamente contra él. Aquí es donde se necesita la ayuda de Cristo. La debilidad humana se une con la fuerza divina, y la fe exclama: “Más gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo” (1 Corintios 15:57).

Las Santas Escrituras enseñan claramente que la obra de la santificación es progresiva. Cuando el pecador encuentra en la conversión la paz con Dios por la sangre expiatoria, la vida cristiana no ha hecho más que empezar. Ahora debe llegar al estado de “varón perfecto”; crecer “a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo” (El conflicto de los siglos).

 

 

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