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MEDITACIONES-REFLEJEMOS A JESUS –parte 22-

LA LEY DE DIOS ES LA LEY DEL AMOR

“Y Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Este es el principal mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo…”. (Marcos 12:30, 31)

El amor, la base de la creación y la redención, es la base de la verdadera educación. Esto se ha hecho bien claro en la Ley que Dios ha dado como la guía de la vida. El primer y grande mandamiento, amarle a El, el infinito, el omnisciente, con toda la fuerza y la mente y el corazón, significa el mayor desarrollo de cada poder. Significa que en el ser total- el cuerpo, la mente, así como el alma-, la imagen de Dios ha de ser restaurada.

Semejante al primero es el segundo mandamiento: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. La Ley de amor requiere la devoción del cuerpo, la mente y el alma al servicio de Dios y nuestros prójimos. Y este servicio, mientras que nos hace una bendición para otros, trae la mayor bendición sobre nosotros mismos. La ausencia del egoísmo yace en la base del auténtico desarrollo.

Lucifer deseó ser en el cielo el primero en poder y autoridad; deseó ser Dios, tener el gobierno del cielo; y apuntando a este fin ganó a muchos de los ángeles para su lado. Cuando fue echado de las cortes de Dios con su ejército rebelde, la obra de rebelión y egoísmo continuó en la tierra. Por medio de la tentación a la auto indulgencia y a la ambición, Satanás logró la caída de nuestros primeros padres; y desde ese entonces hasta el presente la gratificación de la ambición humana y la indulgencia en esperanzas y deseos egoístas ha demostrado ser la ruina de la humanidad.

Bajo la dirección de Dios, Adán había de permanecer como cabeza de familia terrenal, para mantener los principios de la familia celestial. Esto habría traído paz y felicidad. Pero Satanás determinó oponerse a la ley de que nadie “vive para sí”. El deseó vivir para sí. Buscó hacerse el centro de influencia. Esto había incitado a la rebelión en el cielo, y la aceptación de ese principio por el hombre trajo el pecado al mundo. Cuando Adán pecó, el hombre se separó del centro ordenado por Dios. Un demonio se convirtió en el poder central en el mundo. Donde debiera haber estado el trono de Dios, Satanás ubicó su trono. El mundo rindió su homenaje como una ofrenda voluntaria a los pies del enemigo.

La transgresión de la Ley de Dios trajo lamentos y muerte en su estela. Por la desobediencia los poderes del hombre fueron pervertidos, y el egoísmo tomó el lugar del amor. Su naturaleza se debilitó tanto que le fue imposible resistir el poder del mal. Los hombres habían escogido un dirigente que los encadenó a su carro como cautivos. Cristo vino al mundo para mostrarles que había plantado para ellos el árbol de la vida, cuyas hojas son para la sanidad de las naciones. (Review and Herald)

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