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DOCTRINA DE LA VIDA CRISTIANA

EL SIGNIFICADO DEL SÁBADOEl sábado tiene amplio significado y está lleno de  profunda  y rica espiritualidad.

UN MONUMENTO PERPETUO DE LA CREACIÓN.  Como hemos visto, el significado fundamental que los Diez Mandamientos le aplican al sábado, es que conmemora la creación del mundo (Exo.20:11,12). De esta manera la institución del sábado es enteramente conmemorativa de la actividad creadora de Dios, y fue dada para toda la humanidad.  No hay nada en ella que fuese oscuro o que limitase su observancia a un solo pueblo.  Y mientras adoremos a Dios porque es nuestro Creador, el sábado continuará funcionando como la señal y el monumento de la creación.

UN SÍMBOLO DE REDENCIÓN.  Cuando Dios libró a Israel de su esclavitud en Egipto, el sábado, que ya era un monumento de la creación, se convirtió además en un monumento de su liberación (Deut.5:15). El Señor se proponía que el descanso sabático semanal, si se lo observaba como era debido, mantuviera constantemente la facultad de liberar a los seres humanos de la esclavitud de un Egipto que no se limita a ningún país ni siglo, sino que incluye todas las tierras y las eras de la historia. En nuestros días, el hombre también necesita escapar de la esclavitud que proviene de la codicia, de las ganancias y el poder, de la desigualdad social, del pecado y el egoísmo.

UNA SEÑAL DE SANTIFICACIÓN.  El sábado es una señal del poder transformador de Dios, un signo de santidad  o  santificación. El Señor declaró: “Vosotros guardaréis mis sábados: porque es señal entre mí y vosotros por vuestras edades, para que sepáis que YO SOY JEHOVÁ que os santifico” (Exo.31:13, véase también Eze.20:20). Por lo tanto, el sábado es también una señal de que Dios es nuestro Santificador.  Para los que consideran que el día sábado es sagrado, éste constituye la señal de la santificación.  La verdadera santificación es armonía con Dios, unidad con El en carácter. El que obedece el cuarto mandamiento de corazón, obedecerá también toda la ley.  Es santificado por medio de la obediencia.

UNA SEÑAL DE LEALTAD. Así como la lealtad de Adán y Eva fue probada por el árbol del conocimiento del bien y del mal que se hallaba en el medio del jardín del Edén, así también la lealtad a Dios de cada ser humano será probada por el mandamiento relativo al sábado, colocado en el medio del Decálogo.

La Escritura revela que antes de la segunda venida de Cristo, todo el mundo estará dividido en dos clases: los que son leales y guardan los mandamientos de Dios y la fe de Jesús”, y los que adorana la bestia y a su imagen” (Apoc.14: 12, 9).  En ese tiempo, la verdad de Dios será magnificada ante el mundo y a todos le resultará claro que la obediente observancia del séptimo día sábado de la Escritura provee evidencia de lealtad al Creador.

UN TIEMPO DE COMUNIÓNDios creó a los animales para que fueran compañeros de la humanidad (Gen.1:24,25). Y con el fin de gozar de un nivel mayor de compañerismo, Dios creó al hombre y la mujer y los entregó uno a otro (Gen.2: 18-25).  Pero con el sábado, Dios le concedió a la humanidad un don que ofrece la más elevada forma de compañerismo con El. Los seres humanos no fueron creados sólo para que se asociaran con los animales, y ni siquiera con otros seres humanos. Fueron hechos para Dios.  Es durante el sábado cuando podemos experimentar en forma especial la presencia de Dios entre nosotros.  Sin el sábado, todo sería trabajo y lucha sin cesar.  Cada día sería como los otros, dedicado a intereses seculares. La llegada del sábado trae consigo esperanza, gozo, significado y valor.  Provee tiempo para la comunión con Dios por medio de culto, la oración, el canto, el estudio de la Palabra y meditación en ella, y el acto de compartir el Evangelio con otros. EL SÁBADO ES NUESTRA OPORTUNIDAD PARA EXPERIMENTAR LA PRESENCIA DE DIOS.

 

 

 

              RECIBIREIS PODER-Persona, Presencia y  Obra del Espíritu Santo-parte 11-  

AGUA VIVA PARA COMPARTIR

“Más el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua  que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna” (Juan 4:14).

Siendo que el plan de redención comienza y termina con un don, así también debemos compartirlo.  El mismo espíritu de sacrificio que compró la salvación para nosotros, habitará en el corazón de los que llegan a ser participes del don celestial.  El apóstol Pedro recomienda: “Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios” (1 Ped.4:10).  Al enviarlos Jesús dijo a sus discípulos: “De gracia recibísteis, dad de gracia” (Mat.10:8).

El que está en completa afinidad con Cristo, no puede albergar exclusivismo  ni egoísmo. Quien bebe del agua de la vida hallará “en El una fuente de agua que salte para vida eterna” (Juan 4:14).  El creyente que tiene el Espíritu de Cristo es como un manantial refrescante que pone esta agua al alcance de los que están a punto de perecer en el desierto.

El mismo espíritu de amor y sacrificio personal que hubo en Cristo fue el que impulsó a Pablo en su amplio ministerio.  Dijo: “A griegos y a no griegos, a sabios y a no sabios soy deudor” (Rom.1:14).  “A mi, que soy menos que el más pequeño de todos los santos, me fue dada la gracia de anunciar entre los gentiles el evangelio de las inescrutables riquezas de Cristo” (Efe.3:8).

El Señor dispuso que  su iglesia refleje al mundo la plenitud y la eficacia que hallamos en El.  Constantemente estamos recibiendo los dones de la liberalidad divina, y, al impartirlos, representamos al mundo el amor y la beneficencia de Cristo. Mientras todo el cielo está  en actividad, enviando mensajeros a todas partes de la tierra con el propósito de promover la obra de la redención, la iglesia del Dios viviente debería actuar como colaboradora de Jesús. 

Somos parte de un cuerpo místico, y El es la cabeza que controla todos sus miembros.  En su infinita misericordia, Jesús mismo está obrando en el corazón humano, en el que realiza transformaciones tan sorprendentes que los ángeles lo observan con asombro y alegría.

DOCTRINA DE LA VIDA CRISTIANA

EL SÁBADO Y LOS APÓSTOLESLos discípulos manifestaban gran respeto por el sábado. Este hecho se hizo evidente en ocasión de la muerte de Cristo.  Cuando llegó el sábado, interrumpieron sus preparativos para el sepelio, y reposaron el sábado conforme al mandamiento”, con planes de continuar esa obra el domingo el primer día de la semana  (Luc.23:56).

En sus viajes evangelísticos, Pablo asistía a las sinagogas en el sábado, y predicaba a Cristo (Hech.13:14;  17:1,2;  18:4). En sus escritos deja bien claro que los cristianos ya no se hallan bajo la obligación de guardar los días anuales de reposo porque Cristo clavó las leyes ceremoniales en la cruz  Por tanto, nadie os juzgue en comida, o en bebida, o en parte de día de fiesta, o de nueva luna, o de sábados: lo cuál es la sombra de lo por venir más el cuerpo es de Cristo”  (Col 2:16, 17).  El contexto de este pasaje tiene que ver con asuntos rituales, los sábados que aquí se refiere son los sábados ceremoniales de los festivales anuales judíos.

Del mismo modo, en Gálatas Pablo protesta contra la observancia de los requerimientos de la ley ceremonial. Dice: Guardáis los días, los meses, los tiempos y los años. Me temo de vosotros, que haya trabajado en vano con vosotros” (Gal.4:10,11).  Muchos están bajo la impresión de que Juan se refería al domingo cuando declaró queestaba en el Espíritu en el día del Señor “(Apoc.1:10). En la Biblia,  sin embargo, el único día al cuál se hace referencia como la posesión especial del Señor  es el sábado. 

CRISTO DECLARÓ: “El séptimo día es reposo para Jehová tu Dios” (Exo.20:10); más tarde lo llamó “mi día santo “(Isa. 58:13), también declaró que El mismo eraSeñor aún del sábado” (Mar. 2:28). Por cuánto en la Escritura, el único día que el Señor reconoce como suyo propio es el séptimo día sábado, es lógico concluir que Juan se refería al día sábado. Por cierto NO hay precedente bíblico para indicar que pudiese aplicar este término al domingo, primer día de la semana.

En ninguna parte nos manda la Biblia observar un día de la semana que no sea el sábado. No declara bendito o santo a ningún otro día semanal.  Tampoco indica el Nuevo Testamento que Dios haya cambiado el reposo a ningún otro día de la semana.

Por el contrario, la Escritura revela que Dios se proponía que su pueblo observara el sábado por la eternidad: “PORQUE COMO LOS CIELOS NUEVOS Y LA NUEVA TIERRA, QUE YO HAGO, PERMANECEN DELANTE DE MÍ, DICE JEHOVÁ, ASÍ PERMANECERÁ VUESTRA SIMIENTE Y VUESTRO NOMBRE. Y SERÁ QUE DE MES EN MES Y DE SÁBADO EN SÁBADO, VENDRÁ TODA CARNE A ADORAR DELANTE DE MÍ, DIJO JEHOVÁ”. (ISA. 66:22, 23)

RECIBIREIS PODER-Persona, Presencia y  Obra del Espíritu  Santo-parte 10-   

CORAZON CON LEVADURA

 “Y volvió a decir: ¿A qué compararé el reino de Dios? Es semejante a la levadura, que una mujer tomó y escondió en tres medidas de harina, hasta que todo hubo fermentado” (Lucas 13:20, 21).

La parábola ilustra el poder de penetración y asimilación que tiene el evangelio, cuando obra en el corazón de los feligreses, para darle a la iglesia un carácter a la  semejanza divina. Como la levadura actúa en la harina, así el Espíritu de Dios obra en la vida del creyente que absorbe todas sus capacitaciones y poder, conformando su espíritu, mente y cuerpo a la semejanza de Cristo.

En la parábola, la mujer mezcló la levadura con harina. Era necesario suplir una necesidad, De este modo, Dios desea enseñarnos que, fuera de El, no existe ningún otro medio de salvación.  Mediante el ejercicio de la voluntad nadie puede transformarse por sí mismo.  La verdad tiene que ser recibida en el corazón.  Así opera la levadura celestial. Gracias a su poder vitalizante y transformador cambia el corazón.  Despierta nuevos pensamientos, nuevos sentimientos, nuevos deseos y propósitos. 

Se produce un cambio del la mente, y se ponen en acción todas sus capacidades.  No es que al hombre se le impartan nuevas facultades, sino que éstas son santificadas. La conciencia que había estado muerta, ahora despierta. Pero el hombre sólo no puede hacer esta obra por sí mismo.  La realiza únicamente el Espíritu Santo. Todos los que desean sean ser salvos, encumbrados o inferiores, ricos o pobres, deben someterse a la acción de ese poder.

A  Nicodemo, Cristo le presentó la verdad de este modo: “De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios…Lo que es nacido de la carne, carne es; lo que es nacido del Espíritu, espíritu es.  No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo.  El viento sopla de donde quiere, y oyes sus sonido; más ni sabes de donde viene, ni a donde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu” (Juan 3:3, 6-8).

Cuando nuestras mentes estén controladas por el Espíritu de Dios, podremos entender las lecciones que nos enseña la parábola de la levadura.  Los que abren su corazón para recibir la verdad, podrán experimentar el gran poder transformador que tiene la Palabra de Dios.

 

DOCTRINA DE LA VIDA CRISTIANA

LOS SÁBADOS ANUALES. Además de los sábados semanales (Lev.23:3), había siete sábados anuales de carácter ceremonial, repartidos en el calendario religioso de Israel.  Estos sábados anuales no estaban directamente relacionados con el séptimo día sábado o el ciclo semanal.  Esos días de reposo, además de los sábados de Jehová” (Lev.23:38), eran el primero y último días de la fiesta de los panes sin levadura, el Día de Pentecostés, la Fiesta de las Trompetas, el Día de la Expiación, y el primer y último días de la Fiesta de los Tabernáculos  (Véase Lev.23:7, 8, 21, 24, 25, 26, 28, 35, 36).

Por cuanto el cálculo de esos días de reposo dependía del comienzo del año sagrado, el cuál estaba basado en el calendario lunar, las celebraciones podían caer en cualquier día de la semana. Cuando coincidían con el sábado semanal, se conocían comodías grandes” o “días de gran solemnidad “(véase Juan 19:31). El sábado semanal fue ordenado al fin de la semana de la creación para toda la humanidad;  por su parte, los sábados anuales constituían una parte integral del sistema judío de ritos y ceremonias instituidos en el monte Sinaí…. Los cuales apuntaban hacia el futuro advenimiento del Mesías, y cuya observancia terminó con su muerte en la cruz.

EL SÁBADO Y CRISTO. La Escritura revela que Cristo fue, tanto como el Padre, el Creador (véase 1 Cor.8:6; Heb.1:1,2; Juan 1:3). Por lo tanto, El fue quien apartó el séptimo día como día de reposo para la humanidad.   Más adelante, Cristo asoció el sábado no sólo con su obra creadora sino también con su obra redentora.  Como el “YO SOY”  (Juan 8: 58;  Exo.3:14). En todo su ministerio terrenal, Cristo nos dio ejemplo de fidelidad en guardar el sábado.  Eraconforme a su costumbre” adorar en el día sábado  (Luc.4:16).  Tan importante consideraba Cristo la santidad del sábado, que cuando habló de la persecución que sucedería después de su ascensión, aconsejó a sus discípulos diciendo: Orad, pues, que vuestra huída no sea en invierno ni en sábado” (Mat.24:20).

Cuando Cristo terminó su obra de creación– su primer gran acto en la historia del mundo–reposó en el séptimo día. Este reposo significaba terminación y consumación.  Hizo lo mismo al fin de su ministerio terrenal después de que concluyó su segundo gran acto en la historia.  El viernes de tarde, el sexto día de la semana, completó su misión redentora en el mundo.  Sus últimas palabras fueron: Consumado es”  (Juan 19:30).  La Escritura hace énfasis  en que cuando Cristo murió era el día de la Preparación, y el sábado ya rayaba”  (Luc.23:54).  A continuación de su muerte, reposó  en una tumba, simbolizando así el hecho de que había cumplido la redención de la raza humana.

DE ESTE MODO, EL SÁBADO TESTIFICA ACERCA DE LA OBRA DE CREACIÓN Y REDENCIÓN QUE CRISTO REALIZÓ. LOS SEGUIDORES DEL SALVADOR SE REGOCIJAN CON EL POR SUS LOGROS EN FAVOR DE LA HUMANIDAD.

 

RECIBIREIS PODER-Persona, Presencia y  Obra del Espíritu  Santo-parte 9-

                          EL ACEITE FLUYE CONSTANTEMENTE    

          “Hablé aún de nuevo, y le dije: ¿Qué significan las dos ramas de olivo que por medio de dos tubos de oro vierten de sí aceite como oro?…Y él dijo: Estos son los dos ungidos que están delante del Señor de toda la tierra”. (Zacarías 4:12, 14).

 

Mediante esta figura, Zacarías ilustra la continua comunicación del Espíritu Santo con la iglesia; la lección maravillosa nos infunde mucho ánimo.  El profeta dice: “Volvió el ángel que hablaba conmigo, y me despertó, como un hombre que es despertado de su sueño. Y me dijo: ¿Que ves? Y respondí: He mirado, y he aquí un candelabro todo de oro, con un depósito encima, y sus siete lámparas encima del candelabro, y siete tubos para las lámparas que están encima de él”.

“Proseguí y hablé, diciendo a aquel ángel que hablaba conmigo: ¿Que es ésto, señor mío?…Entonces respondió y me habló diciendo: Esta es palabra de Jehová a Zorobabel, que dice: No con ejércitos…Hablé aún de nuevo, y le dije: ¿Que significan las dos ramas de olivo que por medio de dos tubos de oro vierten de sí aceite como oro?…Y él dijo: Estos son los dos ungidos que están delante del Señor de toda la tierra” (Zac.4:1-4, 6, 12, 14).

Desde los dos olivos, el dorado aceite aceite fluía a través de los tubos de oro hacia el depósito del candelabro, y desde allí a las áureas lámparas que alumbraban al santuario.  De ese modo, del Santo que permanece en la presencia de Dios, el Espíritu divino es impartido a los instrumentos humanos que se han consagrado a su servicio.  La misión de los dos ungidos es comunicar luz y poder al pueblo de Dios. Permanecen en su presencia para que recibamos sus bendiciones. 

Semejante a los dos olivos que van vaciándose a si mismos mediante los conductos de oro, los mensajeros celestiales buscan la oportunidad para compartir lo que han recibido de Dios.  Todos los tesoros celestiales aguardan que los solicitemos, y, a en la medida que recibamos sus bendiciones, nos corresponde impartirlas a otros.  De ese modo son abastecidas las lámparas celestiales, y la iglesia llega a ser luz para el mundo.

DOCTRINA DE LA VIDA CRISTIANA

EL SÁBADO Y LA LEY.  Dios colocó el mandamiento relativo al sábado en el centro del Decálogo.

Acuérdate del día de reposo, para santificarlo: Seis días trabajarás y harás toda tu obra; más el séptimo día será reposo para Jehová tu Dios: No hagas en él obra alguna, tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu criada, ni tu bestia, ni tu extranjero que está dentro de tus puertas: Porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, el mar y todas las cosas que en ellos hay, y reposó en el séptimo día: Por tanto Jehová bendijo el día de reposo y lo santificó” (Exodo 20: 8-11).

Todos los mandamientos del Decálogo son vitales, y ninguno debe ser descuidado (Sant.2:10), pero Dios distinguió el mandamiento relativo al sábado de todos los demás. En relación con  él, nos mandó recordarlo, amonestando así a la humanidad contra el peligro de olvidar su importancia.  Las palabras con las cuales comienza el mandamiento;  “Acuérdate de día de reposo para santificarlo”, muestran que el sábado no fue instituido por primera vez en el Sinaí. Dichas palabras indican que su origen fue anterior, de hecho, en la creación, como lo revela el resto del mandamiento. Dios deseaba que observáramos el sábado como su monumento de la creación. Define el tiempo de descanso y adoración, y nos invita a contemplar a Dios y sus obras.

Como el monumento de la creación, la observancia del sábado es un antídoto de la idolatría.  Al recordarnos que Dios creó el cielo y la tierra, lo distingue de todos los dioses falsos.  Así pues, el acto de guardar el sábado se convierte en la señal de nuestra fidelidad al Dios verdadero, una prueba de que reconocemos su soberanía como Creador y Rey.

El mandamiento del sábado funciona  como el sello de la Ley de Dios. Generalmente, los sellos contienen tres elementos: el nombre del dueño del sello, su título, y su jurisdicción.  Los sellos oficiales se usan para validar documentos de importancia. El documento adquiere la autoridad del oficial cuyo sello ha sido colocado sobre él. El sello implica que el mismo oficial aprobó la legislación y que todo el poder de su cargo lo apoya.

Entre los Diez Mandamientos, el mandamiento relativo al sábado es el que contiene los elementos vitales de un sello.  Es el único de los diez que identifica al Dios verdadero, especificando su nombre: “Jehová tu Dios”;   su título “Creador”;   y su territorio: “los cielos y la tierra” (Exo.20:10, 11). Por cuanto únicamente el cuarto mandamiento muestra con autoridad de quién fueron dados los Diez Mandamientos, contiene el sello de Dios”, incluido en su ley como evidencia de su autenticidad y obligatoriedad.

EL SÁBADO Y EL PACTO. La ley de Dios era un rasgo central de pacto (Exo.24:37); así también el sábado, colocado en el corazón de esa Ley, es prominente en el pacto divino. Dios declaró que el sábado sería por señal entre mi y ellos, para que supiesen que yo soy Jehová que los santifico” (Eze.20:12; véase Eze.20:20;  Exo.31:17).

 POR LO TANTO DIOS DICE: EL REPOSO SABÁTICO ES UN“PACTO PERPETUO” (EXO. 31:16).

“ASÍ COMO EL PACTO SE BASA EN EL AMOR DE DIOS POR SU PUEBLO (DEUT.7:7, 8),  TAMBIÉN EL SÁBADO, COMO SEÑAL DE ESE PACTO, ES UNA SEÑAL DE AMOR DIVINO”.

    

 

RECIBIREIS PODER-Persona, Presencia y  Obra del Espíritu  Santo-parte 8-  

ACEITE EN SUS VASIJAS

 “Las insensatas, tomando sus lámparas, no tomaron consigo aceite; las prudentes tomaron aceite en sus vasijas, juntamente con sus lámparas” (Mateo 25:3, 4).

Muchos aceptan rápidamente la verdad, pero, al no ser asimilada, sus efectos son neutralizados. Se parecen a las vírgenes necias que quedaron sin la provisión de aceite para sus lámparas. El aceite es símbolo del Espíritu Santo, que llega hasta el corazón gracias a la fe en Cristo.

Quienes escudriñan las Escrituras con diligencia y mucha oración, y confían en Dios con una fe firme y obedecen sus mandamientos, están representados por las vírgenes sabias. Las enseñanzas de la Palabra de Dios no son si o no; sino SI y Amén.

Las exigencias del Evangelio están más allá del alcance humano.  El apóstol dice:

“Y todo lo que hacéis, sea de palabra o de hecho, hacedlo todo  en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de  El”  (Colos. 3:17). “Si, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios” (1 Cor. 10:31). 

Es imposible que experimentemos la piedad práctica si dejamos fuera de las cortes del corazón las grandes verdades de la Biblia.  La religión de las Escrituras debe entretejerse tanto con los asuntos que el creyente considera triviales como  con los que le parece que son muy importantes.  Debe dotarlo de los motivos poderosos y grandes principios que orientan el carácter y el curso de acción del cristiano.

El aceite, tan necesario para los que están representados por las vírgenes necias, no es algo que debe ser dejado de lado.  El creyente debe traerlo al santuario de su ser para que lo limpie, lo refine y lo santifique. No es teoría lo que se necesita; son las sagradas enseñanzas de la Biblia, las que no constituyen doctrinas inciertas y sin sentido sino  verdades vitales que comprometen intereses eternos centrados en Jesús. En El reside todo el sistema de verdades divinas.  La salvación del creyente, mediante la fe en Cristo, es el pilar fundamental de la verdad.

Los que ejercitan fe en Jesús lo manifestarán mediante la santidad de su carácter y la obediencia a la Ley de Dios. Saben que la verdad que está en Cristo pone al cielo y la eternidad a su alcance.  Entiendan también que el carácter cristiano debe imitar al de Jesús.  En consecuencia, estará lleno de gracia y de verdad.  A ellos les es impartido el aceite de la gracia que alimenta la luz que nunca se apaga. El Espíritu Santo, en el corazón del creyente lo hace completo en Cristo.

DOCTRINA DE LA VIDA CRISTIANA

EL SÁBADO. En compañía con Dios, Adán y Eva exploraron su hogar paradisíaco. El paisaje era maravilloso, indescriptible. Mientras el sol se ponía lentamente ese primer viernes, el sexto día de la creación, y comenzaban a brillar las estrellas,vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era  bueno en gran manera” (Gen.1:31).  De este modo Dios terminó su creación de los cielos y la tierra, y todo el ejército de ellos” (Gen.2:1).

Pero si bien es cierto que el mundo que Dios acababa de completar era incomparablemente hermoso, el mayor don que el Creador pudiese concederle a la pareja recién creada era el privilegio de mantener una relación personal con El.  Por eso les dio el sábado, un día especial de bendición, camaradería y comunión con su Creador.

EL SÁBADO A TRAVÉS DE LA BIBLIA.  Tres actos divinos distintos establecieron el sábado.

  • 1-DIOS REPOSÓ EN EL SÁBADO.  El séptimo día, Dioscesó y reposó” (Exo.31:17); sin embargo, no descansó porque necesitara hacerlo (Isa. 40:28).  El verbo shabath significa literalmente “cesar” de trabajos o actividades (véase Gen.8:22). El reposo de Dios no fue el resultado ni del agotamiento ni de la fatiga, sino el cesar de una ocupación anterior”.  Dios reposó porque esperaba que los seres humanos descansaran; estableció un ejemplo para la raza humana (Exo.20:11). Y creó el día de reposo al descansar el sábado. La creación del día de reposo fue su toque final, que terminó su obra.
  • 2-DIOS BENDIJO EL SÁBADO.  Dios no sólo hizo el día de reposo, sino que también lo bendijo.  La bendición sobre el séptimo día implicaba que por ella era señalado como un objeto especial del favor divino y un día que sería una bendición para las criaturas de Dios.
  • 3-DIOS SANTIFICÓ EL SÁBADO.  Santificar algo significa hacerlo sagrado, o apartarlo como algo santo y con fines santos; consagrarlo. Se pueden santificar individuos, lugares (como un santuario, templo o iglesia) y el tiempoEl hecho de que Dios santificó el séptimo día significa que este día es santo, que lo apartó con el elevado propósito de enriquecer la relación divino-humana.

Dios bendijo y santificó el séptimo día sábado porque cesó este día de toda su obra. Lo bendijo y santificó para la humanidad, y no para sí mismo. Es su presencia personal lo que coloca en el sábado la bendición y la santificación de Dios.

EL SÁBADO EN EL SINAÍ. Los acontecimientos que siguieron a la salida de los israelitas de Egipto, demuestran que se habían olvidado del sábado. Los rigurosos requerimientos de la esclavitud parecen haber  hecho de la observancia del sábado algo muy difícil. Poco después que obtuvieron su libertad, Dios les recordó por medio del milagro del maná y la proclamación de los Diez Mandamientos, su obligación de observar el séptimo día sábado.

Cada día de la semana Dios les concedía a los israelitas suficiente maná como para suplir sus necesidades de ese día. No debían guardar  nada para el día siguiente, porque si lo hacían se echaría a perder (Exo.16:4,  16-19). En el sexto día, debían reunir el doble de lo corriente, con el fin de que tuviesen suficiente para suplir sus necesidades tanto de ese día como en el siguiente, el sábado. Dios dijo: Mañana es el santo sábado, el reposo de Jehová: Lo que hubiereis de cocer, cocedlo hoy, y los que hubiereis de cocinar, cocinadlo; y todo lo que os sobrare, guardadlo para mañana “(Exo.16:26). Durante los 40 años, o más de 2.000 sábados sucesivos, que los israelitas pasaron en el desierto, el milagro del maná les recordó este ritmo de seis días de trabajo y el séptimo día de descanso.  

DOCTRINA DE LA VIDA CRISTIANA

El benéfico Creador descansó el séptimo día después de los seis días de la Creación, e instituyó el sábado para todos los hombres como un monumento de la Creación.  El cuarto mandamiento de la inmutable Ley de Dios requiere la observancia del séptimo día como día de reposo, culto y ministerio, en armonía con las enseñanzas y la práctica de Jesús, el Señor del sábado.  El sábado  es un día de deliciosa comunión con Dios y con nuestros hermanos. 

Es un símbolo de nuestra redención en Cristo, una señal de santificación, una demostración de nuestra lealtad y una anticipación de nuestro futuro eterno en el reino de Dios.  El sábado es la señal perpetua de Dios del pacto eterno entre El y su pueblo.  La gozosa  observancia de este tiempo sagrado de tarde a tarde, de puesta de sol a puesta de sol, es una celebración de la obra creadora y redentora de Dios.