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FRUTOS DEL ESPÍRITU

FE

“Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve”.  (Hebreos 11:1)

Ir a Cristo debe ser un ejercicio de la fe. Si lo incorporamos a los quehaceres diarios, tendremos paz, gozo y por experiencia, conoceremos el significado de sus palabras: “Si guardareis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; así como yo he guardado lo mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor” (Juan 15:10).  Nuestra fe debe aferrarse a la promesas para que podamos permanecer en el amor de Jesús. Cristo dijo: “Estas cosas os he hablado, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea cumplido” (Juan 15:11).

La fe obra por amor y purifica al creyente.  Mediante la fe el Espíritu Santo tiene acceso al corazón y desarrolla la santidad interior.  A menos que esté en comunión con Dios mediante el Espíritu, el hombre no puede llegar a ser un agente que haga las obras de Cristo.  Seremos preparados para el cielo únicamente mediante la transformación del carácter. Si deseamos tener acceso al Padre, debemos exhibir las credenciales de la justicia de Cristo. Participaremos de la naturaleza divina cuando huyamos de la corrupción que hay en el mundo por causa de la concupiscencia.  Diariamente necesitamos ser transformados por el Espíritu Santo, cuya misión es elevar el gusto, santificar el corazón y ennoblecer el ser entero para que podamos representar la incomparable hermosura de Jesús.

Debemos mirar a Cristo y por la contemplación seremos transformados.  Tenemos que ir al El como una fuente abierta e inagotable de la que podemos beber una y otra vez, y de la cual disfrutaremos siempre del fresco suministro.  Necesitamos responder a la atracción de su amor para poder alimentarnos del Pan de vida que descendió del cielo, y beber del Agua de la vida que mana del trono de Dios.  Si deseamos que la fe nos una a su solio, mantengámonos mirando hacia arriba.  Si miramos hacia abajo, quedaremos atados a la tierra.  No examine su fe como si fuera una flor para saber si tiene raíces.  La fe crece imperceptiblemente.

 

 

FRUTOS DEL ESPÍRITU

BONDAD

“Más yo os digo que de toda palabra ociosa que hablen los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio. Porque por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado”.  (Mateo 12:36, 37)

Dios desea que individualmente adoptemos una posición que le permita hacernos depositarios de su amor.  Por considerar que el ser humano es de muchísimo valor, lo redimió mediante el sacrificio de su Hijo unigénito. Por lo tanto, en nuestro prójimo debemos ver a alguien rescatado por la sangre de Cristo.  Si nos amamos entre nosotros, continuaremos creciendo en amor por Dios y por la verdad.  Duele mucho el corazón al ver cuán poco se cultiva el amor en nuestro medio.  El amor es una planta de origen celestial, y si deseamos que florezca en nuestros corazones, debemos cultivarlo diariamente. La apacibilidad, la delicadeza, el no dejarse irritar con facilidad, el soportar todas las cosas y el ser paciente constituyen precioso frutos del árbol del amor.

Al estar con otros, cuide sus palabras.  Que la conversación sea de tal naturaleza que no necesite arrepentirse.  “Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención” (Efe.4:30). “El hombre bueno, del buen tesoro de su corazón saca buenas cosas; y el hombre malo, del mal tesoro saca malas cosas” (Mateo 12:35). Si usted tiene el amor de Dios en su corazón y ama la verdad, con la fe más santa deseará contribuir al desarrollo de su hermano. Si oye algún comentario que perjudica a un amigo o hermano, no lo fomente; es obra del enemigo.  Al que lo exprese, bondadosamente recuérdela que la Palabra de Dios prohíbe esa clase de conversación.

Debemos vaciar el corazón de todo lo que profane el templo del creyente para que Cristo pueda habitar en él.  Nuestro Redentor nos ha dicho como podemos darlo a conocer al mundo.  Si apreciamos al Espíritu, manifestaremos amor por los otros, velaremos por sus intereses, y si, gracias a esos frutos, somos bondadosos, pacientes, y perdonadores, el mundo tendrá las evidencias de que somos hijos de Dios.  (Review and Herald)

 

DIOS EL PADRE -primera parte-

Dios el Padre Eterno, es el Creador, Origen, Sustentador y Soberano de toda la creación. Es Justo, Santo, Misericordioso y Clemente, tardo para la ira y abundante en amor y fidelidad.  Las cualidades y las facultades del Padre se manifiestan también en el Hijo y el Espíritu Santo.

 Comienza el gran día del juicio. Tronos ardientes con ruedas de fuego son colocados en sus lugares. El Anciano de Días ocupa su lugar. De majestuosa apariencia, preside sobre la corte. Delante de El hay una multitud de testigos. El juicio está preparado; los libros se abren, y comienza el examen del registro de las vidas humanas (Daniel 7:9, 10).

 El universo entero ha estado esperando este momento. Dios el Padre ejecutará su justicia contra toda maldad. Se pronuncia la sentencia: “Se dio el juicio a los santos del Altísimo; y……….recibieron el reino” (Dan.7:22). Por todo el cielo resuenan gozosas alabanzas y acciones de gracias.  El carácter de Dios es percibido en toda su gloria, y su maravilloso nombre vindicado por todo el universo.

 DIOS EL PADRE EN EL ANTIGUO TESTAMENTO:   La unidad del Antiguo y Nuevo Testamento, y de su plan común de redención, se revela por el hecho de que  el mismo Dios habla y actúa en ambos Testamentos para la salvación de su pueblo. “Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quién asimismo hizo el universo”  (Hebreos1:1,2) 

 DIOS DE MISERICORDIA: La misericordia no perdona ciegamente, sino que se deja guiar por la justicia. Los que rechazan la misericordia divina, cosechan el castigo de su iniquidad. En el Sinaí, Dios expresó su deseo de ser el amigo de Israel, y de estar con su pueblo. Por eso le dijo a Moisés: “Y harán un santuario para mí, y habitaré en medio de ellos” (Exodo25:8). Por cuanto el santuario era la morada de Dios en la tierra, se convirtió en el punto focal de la experiencia de Israel.

 DIOS REDENTOR:   En el Éxodo, Dios guió milagrosamente a una nación de esclavos a la libertad. Este gran acto redentor constituye el telón de fondo de todo el Antiguo Testamento, y provee un ejemplo del anhelo que Dios siente de ser nuestro Redentor. Los Salmos fueron inspirados por la profundidad del envolvimiento amoroso de Dios: “Cuando veo tus cielos, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que tu formaste, digo: ¿Qué es el hombre para que tengas de el memoria, y el hijo del hombre para que lo visites”? (Sal.8:3,4). » Te amo, oh Jehová, fortaleza mía. Jehová, roca mía y castillo mío, y mi libertador; Dios mío, fortaleza mía, en El confiaré, mi escudo, y la fuerza de mi salvación, mi alto refugio» (Sal.18: 1,2).

DIOS DEL PACTO: Ansioso de establecer  relaciones perdurables, Dios estableció pactos solemnes con personajes como Noé, y  Abrahán.  Estos pactos revelan un Dios personal y amoroso que se interesa en las situaciones por las que pasa su pueblo.

DIOS PERDONADOR: …..”Como el padre se compadece de sus hijos, se compadece Jehová de los que le temen. Porque El conoce nuestra condición;  se acuerda de que somos polvo” (Sal.103:11-14).

LA DEIDAD -cuarta parte-

¿Existe un solo Dios?  ¿Que sucede con Cristo, y  con el Espíritu Santo?

 La Unidad de Dios:   En contraste con los paganos de las naciones circundantes, Israel creía en la existencia de un solo  Dios.  El Nuevo Testamento coloca el mismo énfasis en la unidad de Dios.  Este énfasis monoteísta no contradice el concepto cristiano del Dios triuno o Trinidad: Padre, Hijo y Espiritu Santo; más bien afirma que no existe un panteón de diversas divinidades.  En ciertas ocasiones Dios emplea plurales como: “Hagamos al hombre a nuestra imagen”  (Gen.1:26); “He aquí el hombre es como uno de nosotros” (Gen.3:22);  Ahora, pues, «descendamos” (Gen.11:7).  A veces, la expresión “Angel del Señor “esta identificada con Dios.  Cuando le apareció a Moises, el Angel de Señor dijo: “Yo soy el Dios de tu padre, Dios de Abrahan, Dios de Isaac, y Dios de Jacob” (Exo. 3:6)  En diversas referencias se hace una distinción entre Dios y su Espiritu: “El Espiritu de Dios se movia sobre la faz de las aguas” (Gen. 1:2) Algunos textos incluyen a una tercera persona en la obra de la redención:  “Ahora me envió (habla el Hijo) Jehová el Señor(el Padre), y el Espíritu (Espíritu Santo) “(Isa. 48:16); He aquí mi siervo (habla el Padre)…he puesto sobre él (el Hijo) mi Espíritu; el traerá justicia a las naciones”(Isa.42:1)

     La relación que existe entre la Personas de la Deidad:   El Evangelio de Juan revela que la Deidad consiste en Dios el Padre, Dios el Hijo, y Dios el Espíritu Santo, una unidad de tres Persona co-eternas, vinculadas por una relación misteriosa y especialísima.

Una relación de amor:   Cuando Cristo exclamó: “Dios mío, Dios mío, Porque me has desamparado? (Mar.15:34), estaba expresando el sufrimiento producido por la separación de su Padre que el  pecado  había causado.  El pecado quebrantó la relación original de la humanidad con Dios (Gen.3:6, Isa.59:2).  En sus ultimas horas, Jesus, el Ser que no conoció pecado, se hizo pecado por nosotros. Al tomar nuestro pecado, al ocupar nuestro lugar, experimentó la separación de Dios que nos correspondería a nosotros, y en consecuencia pereció. Los pecadores nunca comprenderemos lo que significó para la Deidad la muerte de Jesus. Desde la eternidad el Hijo había estado con su Padre y con el Espíritu.  Habian compartido una vida co-eterna, co-existente, en absoluta abnegación y amor mutuos. El hecho de haber podido pasar tanto tiempo juntos, revela el amor perfecto y absoluto que siempre existió en la Deidad.

     Si bien es cierto que la Deidad no es una en personas, Dios es uno en propósito, mente, y carácter.  Esta unidad no destruye las distintas personalidades del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Además, el hecho de que en la Deidad haya personalidades separadas, no destruye la enseñanza monoteísta de la Escritura, según la cual el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son un solo Dios.  El gran propósito de la Trinidad es llevar a todo corazón el conocimiento de Cristo y la presencia de Dios (Juan 17:3), y hacer que la presencia de Jesus sea una realidad.   El punto de contacto entre Dios y la humanidad fue y es siempre a través de Jesucristo el  Dios que se hizo hombre. Si bien los tres miembros de la Trinidad obran unidos para salvarnos, solo Jesus vivió como hombre, murió como hombre y se convirtió en nuestro Salvador.  El es quien ocupa el lugar central en los Evangelios, es las Buenas Nuevas, la Bendita Esperanza que proclamaron los discípulos. El Antiguo Testamento apuntaba hacia su venida futura; el Nuevo Testamento testifica de su primer advenimiento y mira con esperanza hacia su retorno.

FRUTOS DEL ESPÍRITU

BENIGNIDAD

“Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley”. (Gálatas 5:22, 23)

Si Cristo habita en nosotros, debemos ser cristianos tanto el hogar cuanto fuera de él. El que dice ser cristiano expresará palabras bondadosas a sus parientes y a otros con los que también se relaciona. Será bondadoso, cortés, amable y compasivo, y deseará educarse a fin de poder habitar con la familia celestial.  Si es miembro de la realeza, procurará representar bien al reino en todo lugar.  Hablará a los niños con amabilidad, ya que ellos también son herederos de Dios y miembros de las cortes celestiales.  Entre los hijos del reino no hay lugar para las asperezas, porque “el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley” (Gálatas 5:22, 23). En la iglesia se manifestará el espíritu que se cultiva en el hogar.

Debemos educar el carácter para practicar la piedad, la docilidad, la ternura, la compasión y el espíritu perdonador. El abandonar la vanidad, la conversación insensata y las burlas, no nos hará fríos, antipáticos y antisociales.  Debemos mantenernos hablando acerca de la luz, y de Cristo, el Sol de Justicia, hasta que en nosotros se produzca el cambio de gloria en gloria, de un carácter a otro mejor, y de una fortaleza a otra mayor, para reflejar más y más  la preciosa imagen de Jesús. 

El cristiano no debe tener un corazón petrificado, que impida la aproximación de sus semejantes.  Si tenemos un carácter hermoseado por las gracias celestiales, Jesús podrá reflejarse en el comportamiento. La presencia de Dios debe permanecer en nosotros para que podamos llevar la luz a cualquier lugar adonde vayamos.  Entonces los que entren en contacto con nosotros sabrán que la atmósfera del cielo nos rodea.

 

FRUTOS DEL ESPÍRITU

PACIENCIA

“Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos, amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia”. (Colosenses 3:12)

El Capitán de nuestra salvación no reclamó para sí ninguna posición honrosa.  En cambio, tomó la forma de siervo para que la humanidad pudiera relacionarse con la divinidad. El hombre debe representar a Cristo. Para ello, necesita ser paciente con sus congéneres, perdonador y lleno de amor semejante al de Cristo.  El que está verdaderamente convertido manifestará respeto por sus hermanos y estará dispuesto a proceder como el Señor lo ordenó. Jesús dijo: “Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros.  En ésto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros” (Juan 13:34, 35).  El creyente en quien abunda el amor de Dios manifestará tal expresión de ese amor que será comprendido por el mundo.

No todo el que habla de Cristo es uno con El. Los que no tienen el Espíritu y la gracia de Jesús no son suyos, no importa lo que profesen. Por sus frutos los conoceréis.  Las prácticas y costumbres que siguen los dictados del mundo no promueven los principios de la Ley de Dios.  Y por no tener el aliento de su Espíritu, tampoco expresan su carácter. La semejanza a Cristo será revelada únicamente por los que se asemejan a la imagen divina.  Sólo los que son modelados mediante el Espíritu Santo, pueden llegar a ser hacedores de la Palabra.  Esto los pone en condiciones de dar a conocer la mente y la voluntad de Dios.

En el mundo existe una falsificación del cristianismo genuino.  El verdadero espíritu del hombre se da a conocer por el modo como este se relaciona con su prójimo.  Podemos preguntar: ¿Representa el carácter de Cristo en espíritu y en acción, o simplemente es una manifestación natural del carácter egoísta, propio de los que pertenecen al mundo? La simple profesión de fe no significa nada para Dios.  Antes que sea demasiado tarde para rectificar la conducta equivocada, que cada uno se pregunte: ¿Quién soy yo? Depende de nosotros mismos desarrollar el carácter que nos permita integrar la familia celestial, la realeza de Dios.  (Review and Herald)

FRUTOS  DEL ESPÍRITU

PAZ

“Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias.  Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús”. (Filipenses 4: 6, 7)

El Redentor del mundo decidió ofrecerles a sus atribulados discípulos el más poderoso de los consuelos.  De una extensa gama de posibilidades, escogió el tema del Espíritu Santo para que inspirará y vivificará sus corazones.  Sin embargo, aunque Cristo hizo mucho para darlo a conocer, ¡cuán poco habita en medio de las iglesias!  Aunque la divina influencia es esencial para la obra del perfeccionamiento del carácter cristiano, muchas veces son ignorados el nombre y la presencia del Espíritu Santo.

Algunos no están en paz. No tienen descanso, Están en un estado de irritación permanente, permiten que los dominen los impulsos y las pasiones.  Nada saben acerca de experimentar la paz y el descanso en Cristo. Al no tener ancla, son como un barco azotado y arrastrado por el viento.  En cambio, los que permiten que el Espíritu Santo gobierne sus mentes, proceden con mansedumbre y humildad. Por obrar en cooperación con Cristo serán guardados en completa paz.  Los que no se dejan guiar por el Espíritu Santo son como las agitadas aguas del océano.

El Señor nos ha dado la debida orientación para que podamos conocer su voluntad.  Los que tienen su mente centrada en el yo, son autosuficientes.  Piensan que no necesitan estudiar la Biblia, y se sienten muy perturbados cuando otros no tienen sus mismas ideas equivocadas e idéntica visión distorsionada.  En cambio, los que son guiados por el Espíritu Santo afirman el ancla detrás del velo, donde Jesús entró por nosotros. Investigan en las Escrituras con toda seriedad, y buscan la luz y el conocimiento que puedan guiarlos en medio de las perplejidades y peligros que encuentran a cada paso.  Al contrario, los que son impacientes se quejan y murmuran, leen la Biblia sólo con el propósito de vindicar su propio curso de acción, mientras ignoran y pervierten el consejo de Dios.  El que tiene paz es porque puso su voluntad del lado de Dios y quiere seguir la divina orientación.  (Signs of the Times)

 

FRUTOS  DEL ESPÍRITU

GOZO

“Te alabaré, oh Jehová, con todo mi corazón; contaré todas tus maravillas.  Me alegraré y me regocijaré en ti. Cantaré a tu nombre, oh Altísimo” Salmos 9:1, 2.

Nosotros debemos tener más fe.  Creamos en la salvación.  Vayamos a Dios y rindámonos a El con fe, y El nos dará un carácter como el de Cristo. Esto debemos repetirlo a todos una y otra vez.  Al estar unidos a Cristo, podemos darlo a conocer al mundo.  Entonces cesarán todas nuestras vacilaciones y obras hechas por casualidad.

Honramos a Dios mostrando una fe firme y una recta confianza.  Recordemos que el Señor no es glorificado por la exteriorización de un espíritu displicente e infeliz.  Si Dios cuida de las flores y le da perfume y hermosura, ¿cuánto más nos dará la fragancia de un carácter alegre? ¿Será que no quiere o no puede restaurar en nosotros la imagen divina? Tengamos fe en El.  Ahora mismo pongámonos en una situación en la que podamos recibir el Espíritu que El nos ofrece.  De este modo podremos dar a conocer al mundo lo que hace la verdadera religión a favor del hombre y la mujer.  El gozo de la salvación llenará los corazones, y la paz y la confianza nos hará decir: “Yo sé que mi Redentor vive” (Job 19:25).

El Señor ha manifestado con claridad en su Palabra que su pueblo es gente gozosa.  La verdadera fe levanta las manos y las pone sobre Uno que está detrás de las promesas: “Y se multiplicará la paz de tus hijos” (Isa.54:13).  “He aquí que yo extiendo sobre ella paz como un río” (Isa. 66:12). “He aquí que yo traigo a Jerusalén alegría, y a su pueblo gozo” (Isa.65:18). En Dios podemos alegrarnos “con gozo inefable y glorioso” (1 Ped.1:8). “Benditas serán en El todas las naciones.  Lo llamarán bienaventurado” (Sal.72:17).  Esforcémonos para educar a los creyentes a regocijarnos en el Señor. El gozo espiritual es resultado de una fe activa.  El pueblo de Dios ha de estar lleno de fe y del Espíritu Santo.  Entonces podrá ser glorificado en ellos.   (Bible Training School)

FRUTOS  DEL ESPIRITU

AMOR

“Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios; por esto el mundo no nos conoce, porque no le conoció a El” (1 Juan 3:1).

Juan dijo: “Mirad cuál amor nos dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios”. Ningún idioma puede expresarlo. Hasta cierto punto es posible describir en forma muy imperfecta ese amor que sobrepasa todo conocimiento.  Se necesitó el idioma de  lo alto para poder definir ese amor que hizo posible que llegáramos a ser hijos de Dios. Al hacerse cristiano, el hombre no se rebaja. No tiene por qué avergonzarse de estar relacionado con el Dios viviente.

Jesús cargó sobre sí la vergüenza y humillación que le corresponde sufrir a los pecadores. El es la Majestad del cielo, el Rey de gloria, e igual al Padre.  Sin embargo, al vestir su divinidad con la humanidad, su humanidad pudo tocar a la humanidad y su divinidad pudo asirse de la divinidad.  Si hubiera venido como un ángel, no podría haber participado de nuestros sufrimientos, tampoco podría haber sido tentado en todo como nosotros, ni haber sentido nuestras tristezas.  En cambio, al venir vestido de humanidad, como seguro sustituto del hombre, estuvo en condiciones de vencer, en nuestro lugar, al príncipe de las tinieblas, para que podamos ser victoriosos gracias a sus méritos.

Bajo la sombra de la cruz del Calvario, la influencia de su amor llena nuestros corazones.  A menos que no recibamos y dejemos actuar al Espíritu Santo, nuestro corazón no estará en condiciones de ser depositario del amor divino.  Pero mediante una conexión viviente con Cristo, recibimos inspiración que nos imparte amor, celo y buena fe.

No somos como un trozo de mármol que, aunque puede reflejar la luz del sol, no tiene el don de la vida.  Estamos en condiciones de responder a los brillantes rayos del Sol de Justicia gracias a que Cristo ilumina e imparte luz y vida a todo creyente.  Podemos beber del amor de Cristo del mismo modo como el sarmiento se nutre de la vid.  Si estamos injertados en Cristo, y si cada fibra está unida a la Vid viviente, lo evidenciaremos gracias a los abundantes y ricos racimos que produciremos.  (Review and Herald)

RECIBIREIS PODER- Persona, Presencia y  Obra del Espíritu  Santo- La Venida del Espíritu-parte 50-

FRUCTIFEROS EN  EL ESPÍRITU

DOMINIO PROPIO

“Y Daniel propuso en su corazón no contaminarse con la porción de la comida del rey, ni con el vino que él bebía; pidió, por tanto al jefe de los eunucos que no se le obligue a contaminarse”. (Daniel 1:8)

 

Haríamos bien en ponderar las lecciones que este texto encierra.  Un estricto acatamiento a las exigencias de la Biblia será una bendición para el cuerpo y todo el ser.  El fruto del Espíritu no es solamente amor, gozo paz; también es temperancia. Por ser templos del Espíritu Santo tenemos el desafío de no contaminar nuestros cuerpos.

Los cautivos hebreos fueron hombres con pasiones semejantes a las nuestras; sin embargo, permanecieron firmes en medio de las atractivas influencias de la lujuriosa corte de Babilonia.  La juventud de nuestro tiempo está rodeada por las seducciones de la gratificación propia.  Especialmente en las grandes ciudades, cada expresión de la complacencia sensual se presenta en forma incitante y al alcance de todos.

Los que, como Daniel, rehúsan contaminarse, cosecharán la recompensa de los hábitos temperantes.  Gracias a un mayor vigor físico y su acrecentado poder de resistencia, contarán con una reserva para afrontar situaciones de emergencia.Los buenos hábitos físicos contribuyen a la superioridad mental. El poder intelectual, el vigor físico y las expectativas de vida depende de leyes inmutables. La naturaleza creada por Dios no interfiere para preservar al ser humano de las consecuencias resultantes de la violación de sus exigencias.

El que lucha por la victoria debe ser temperante en todo.  La claridad de pensamiento y firmeza de propósito de Daniel, su poder para adquirir conocimiento y resistir la tentación, en buena medida fueron logrados por la sencillez de la dieta en conexión con su vida de oración. La historia de Daniel y sus valiosos compañeros fue registrada en las páginas de la Palabra divina para beneficio de la juventud de las generaciones posteriores.

Mediante el relato de la fidelidad a los principios de salud, Dios comunica su mensaje a jóvenes  de nuestros días para invitarlos a recoger y exaltar los preciosos rayos de luz que El ha proporcionado en el tema de la temperancia cristiana, y para que se pongan en armonía con las leyes de salud.   (The Youth’s Instructor)