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Posts Tagged ‘de la fe’

 AMPARO Y FORTALEZA –parte 36-

EL SECRETO DE LA FELICIDAD Y LA VICTORIA-parte 5-

¿COMO PERMANECER CON CRISTO?-parte 2-

ESTUDIO DE LA PALABRA: La Biblia fue escrita para gente común. Las grandes verdades necesarias para la salvación están presentadas  con tanta claridad como la luz del mediodía.

Tengamos nuestras Biblias a mano. Leámosla cuando tengamos oportunidad; fijemos los textos en nuestra memoria.  No podemos obtener sabiduría sin una atención verdadera y un estudio con oración.  Nunca se deben estudiar las Sagradas Escrituras sin oración.  Antes de abrir sus páginas debemos pedir iluminación del Espíritu Santo, y ésta nos será dada.  Los ángeles del mundo de luz acompañarán a los que busquen con humildad de corazón la dirección divina. ¡Cuánto no  estimará Dios a la raza humana, siendo que dio a su Hijo para que muriese por ella, y manda su Espíritu para que sea de continuo el Maestro y Guía del hombre!

ORACIÓN: Orar es el acto de abrir nuestro corazón a Dios como a un amigo.  No es que se necesite ésto para que Dios sepa lo que somos, sino a fin de capacitarnos para recibirle.  La oración no baja a Dios hacia nosotros, antes bien nos eleva a El.

Nuestro Padre celestial está esperando derramar sobre nosotros la plenitud de sus bendiciones. ¡Cuán extraño es que oremos tan poco! Dios está pronto y dispuesto a oír la oración de sus hijos.  Las tinieblas del malo cercan a aquellos que descuidan la oración.  Las tentaciones secretas del enemigo los incitan al pecado; y todo porque ellos no se valen del privilegio de orar, cuando la oración es la llave en la mano de la fe para abrir el almacén del cielo, donde están atesorados los recursos infinitos de la Omnipotencia.

Hay ciertas condiciones de acuerdo con las cuales podemos esperar que Dios oiga y conteste nuestras oraciones:

  • Una de las primeras es que sintamos necesidad de la ayuda que El puede dar.  Si toleramos la iniquidad en nuestro corazón, si nos aferramos a algún pecado conocido, el Señor no nos oirá; más la oración del alma arrepentida y contrita será siempre aceptada.  Cuando hayamos confesado con corazón contrito, y reparado en lo posible todos nuestros pecados conocidos, podemos esperar que Dios contestará nuestras oraciones.
  • La oración eficaz tiene otro elemento: la fe.  Cuando nos parezca que nuestras oraciones no son contestadas, debemos aferrarnos a la promesa; porque el tiempo de recibir contestación vendrá seguramente y recibiremos las bendiciones que más necesitamos.  Por supuesto, pretender que nuestras oraciones sean siempre contestadas en la misma forma y según la cosa particular que pidamos es presunción.
  • Cuando vamos a Dios en oración, debemos tener un espíritu de amor y perdón en nuestro propio corazón.
  • La perseverancia en la oración ha sido constituida en condición para recibir.  Debemos orar siempre si queremos crecer en fe y en experiencia. No hay tiempo o lugar en que sea impropio orar a Dios.  En medio de las multitudes de las calles o en medio de una sesión de nuestros negocios, podemos elevar a Dios una oración e implorar la dirección divina.  (Ver Nehemías 2:4)

TESTIMONIO

Continúa en parte 6

 

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 AMPARO Y FORTALEZA –parte 34-

EL SECRETO DE LA FELICIDAD Y LA VICTORIA-parte 3-

CONSAGRACIÓN-parte 2-

Muchos dicen: “¿Cómo me entregaré a Dios?”. Desean hacer su voluntad, más son moralmente débiles, esclavos de la duda y dominados por los hábitos de su vida de pecado. Sus promesas y resoluciones son tan frágiles como  telarañas. No pueden gobernar sus pensamientos, impulsos y afectos.  El conocimiento de sus promesas no cumplidas y de sus votos quebrantados debilita la confianza que tuvo su propia sinceridad, y lo inducen a sentir que Dios no puede aceptarlos; más no necesitan desesperar.  Lo que deben entender es la verdadera fuerza de la voluntad.

Esta es el poder gobernante en la naturaleza del hombre, la facultad de decidir o escoger.  Todo depende de la correcta acción de la voluntad. Dios dio a los hombres el poder de elegir, a ellos les toca ejercerlo.  No podemos cambiar nuestro corazón, ni dar por nosotros mismos nuestros afectos a Dios; pero podemos escoger servirle.  Podemos darle nuestra voluntad.  De ese modo nuestra naturaleza entera estará bajo el dominio del Espíritu de Cristo, nuestros afectos se concentrarán en El y nuestros pensamientos se pondrán en armonía con El.

Desear ser bondadosos y santos es rectísimo; pero si no pasamos de ésto de nada nos valdrá. Muchos se perderán esperando y deseando ser cristianos.  No llegan al punto de dar su voluntad a Dios. No deciden ser cristianos ahora.

Por medio del debido ejercicio de la voluntad, puede obrarse un cambio completo en nuestra vida.  Al dar nuestra voluntad a Cristo, nos unimos con el poder que está sobre todo principado y potestad.  Tendremos fuerza de lo alto para sostenernos firmes, y rindiéndonos así constantemente a Dios, seremos fortalecidos para vivir una vida nueva,  es a saber, la vida de la fe.

FE Y ACEPTACION –parte 1-

A medida que nuestra conciencia ha sido vivificada por el Espíritu Santo, habremos visto la perversidad del pecado, de su poder, su culpa, su miseria; y lo miraremos con aborrecimiento.  Lo que necesitamos es paz.

Hemos confesado nuestros pecados y en nuestro corazón los hemos desechado. Hemos resuelto entregarnos a Dios. Vayamos, pues a El, y pidámosle que nos limpie de nuestros pecados, y nos dé un corazón nuevo.

Creamos que lo hará porque lo ha prometido.  Debemos creer que recibimos el don que Dios nos promete, y lo poseemos.  No podemos expiar nuestros pecados pasados, no podemos cambiar nuestro corazón y hacernos santos.  Más Dios promete hacer todo ésto por nosotros mediante Cristo.  Crees en esa promesa. Confiesas tus pecados y te entregas a Dios. Quieres servirle. Tan ciertamente como haces ésto, Dios cumplirá su palabra contigo. Si crees la promesa, Dios suple el hecho.  No aguardes hasta sentir que estás sano  más di: “Lo creo, así es, no porque lo sienta, sino porque Dios lo ha prometido”.

Dice el Señor Jesús: “Por tanto, os digo que todo lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis, y os vendrá” (Marcos 11:24). Una condición acompaña esta promesa: que pidamos conforme a la  voluntad de Dios. Pero es la voluntad de Dios limpiarnos del pecado, hacernos hijos suyos y habilitarnos para vivir una vida santa. De modo que podemos pedir a Dios estas bendiciones, creer que las recibimos y agradecerle por haberlas recibido.

Continúa en parte 4

 

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ESPERANZA PARA EL PLANETA TIERRA – EL FUTURO BRILLANTE DE UNA RAZA CAIDA –parte 48-

COMO SOMOS SALVOS –parte 15-

LA FE Y LAS OBRAS –parte 2-

“Porque no son los oidores de la ley los justos ante Dios, sino los hacedores de la ley serán justificados” (Romanos 2:13). El apóstol Pablo declara en repetidas ocasiones que la salvación es por la fe, pero luego dice que seremos juzgados por nuestras obras (Romanos 2:6). Si soy salvo por la fe, ¿no sería lógico que Dios me juzgara también por la fe?

Pero el panorama se complica aún más cuando el apóstol Pablo nos dice que Abrahán fue justificado por la fe (Romanos 4:3) y Santiago declara que fue justificado por las obras (Santiago 2:21), y que “el hombre es justificado por las obras, y no solamente por la fe” (Santiago 2:24).

¿Cómo reconciliamos estas aparentes discrepancias en el testimonio bíblico en cuanto a la fe y las obras? Creo que la respuesta se halla en Efesios 2:8-10, en donde el apóstol Pablo emplea tres palabras claves: gracia, fe y obras.  Citemos los versículos 8-9; “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y ésto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe”.

Muchos cristianos dejan de leer en el versículo 9 y llegan a la conclusión de que Dios no exige buenas obras.  Pero leamos el “Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas”.

La gracia es la mano de Dios que se extiende al hombre y la fe es la mano del hombre que se extiende en respuesta a Dios.   Cuando la mano de la fe se aferra de la mano de la gracia, habrá buenas obras.  Pero éstas han sido preparadas por Dios para que andemos en ellas.  Por haber nacido de nuevo en Cristo, El hace las obras en nosotros.

Pablo y Santiago NO se contradicen, simplemente están luchando contra dos diferentes enemigos del Evangelio.  Pablo les escribe a los judíos, quienes creían que si se portaban bien Dios los tenía que salvar. Las “obras de la ley” que menciona Pablo son malas porque se hacen para ganar méritos ante Dios.  Pablo se enfrentó a aquellos que dicen ¿si guardo la Ley, Dios me va a salvar”.

Pero Santiago se enfrentó a otro enemigo mortal del Evangelio de Cristo. Según parece, algunos cristianos –como sucede también hoy día- habían tergiversado  la teología de Pablo y decían que como eran salvos por fe, las obras no tenían ninguna importancia; decían que tenían fe, pero entraban a la iglesia cuellierguidos e ignoraban las obras de caridad a favor de los necesitados (Ver Santiago 2:14-16). 

Las obras para Santiago son aquellas que vienen como fruto de la salvación. Si Pablo y Santiago vivieran hoy,  Pablo diría: “Por gracia sois salvos por medio de la fe”, Santiago respondería “por una fe que obra”.

Las obras son la evidencia de una fe genuina, son el fruto de la salvación. Las obras no nos salvan, pero si revelan que hemos sido salvos.  La fe sin obras es muerta; una fe viva producirá buenas obras. Por eso es que somos salvos por la fe, pero seremos juzgados por obras.  En el juicio las obras demostrarán si nuestra fe es genuina.

La fe y las obras son como los remos de un bote: se necesitan los dos para avanzar en línea recta en la vida cristiana. La fe es el poder que impulsa nuestra vida espiritual y las obras vienen como resultado. 

-Continúa en parte 49-

 

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