Feeds:
Entradas
Comentarios

Archive for julio 2012

FE Y OBRAS–parte 44-

“SIN FE ES IMPOSIBLE AGRADAR A DIOS”(Heb.11:6)-“LA FE SIN OBRAS ES MUERTA” (Sant.2:20)

ESTO ES JUSTIFICACIÓN POR LA FE

Cuando el pecador penitente, contrito delante de Dios, comprende el sacrificio de Cristo en su favor y acepta este sacrificio como su única esperanza en esta vida y en la vida futura, sus pecados son perdonados.  Esto es justificación por la fe. Cada alma creyente debe conformar enteramente su voluntad a la voluntad de Dios y mantenerse en un estado de arrepentimiento y contrición, ejerciendo fe en los méritos expiatorios del Redentor y avanzando de fortaleza en fortaleza, de gloria en gloria.

El perdón y la justificación son una y la misma cosa.  Mediante la fe, el creyente pasa de la posición de un rebelde, un hijo del pecado y de Satanás, a la posición de un leal súbdito de Jesucristo, no en virtud de una bondad inherente, sino porque Cristo lo recibe como hijo suyo por adopción. El pecador recibe el perdón de sus pecados, porque estos pecados son cargados por su Sustituto y Garante. 

El Señor le dice a su Padre celestial: “Este es mi hijo.  Suspendo la sentencia de condenación de muerte que pesa sobre él, dándole mi póliza de seguro de vida- vida eterna- en virtud de que yo he tomado su lugar y he sufrido por sus pecados.  Ciertamente, él es mi hijo amado”.  De esa manera el hombre, perdonado y cubierto con las hermosas vestiduras de la justicia de Cristo, comparece sin tacha delante de Dios.

El pecador puede errar, pero no es desechado sin misericordia.  Su única esperanza, sin embargo, es el arrepentimiento para con Dios y la fe en el Señor Jesucristo.  Es prerrogativa del Padre perdonar nuestras transgresiones y nuestros pecados, porque Cristo ha tomado sobre si nuestra culpa y ha suspendido la sentencia que pendía sobre nosotros, imputándonos su propia justicia.  Su sacrificio satisface plenamente los requerimientos de justicia.

La justificación es lo opuesto a la condenación.  La ilimitada misericordia de Dios se ejerce sobre los que son totalmente indignos.  El perdona transgresiones y pecados por amor a Jesús, quien se ha convertido en la propiciación por nuestros pecados.  Mediante la fe en Cristo, el transgresor culpable entra en el favor de Dios y en la firme esperanza de la vida eterna.

 

 

Read Full Post »

FE Y OBRAS–parte 43-

“SIN FE ES IMPOSIBLE AGRADAR A DIOS”(Heb.11:6)-“LA FE SIN OBRAS ES MUERTA” (Sant.2:20)

LA EXPERIENCIA DE LA JUSTIFICACIÓN POR LA FE ES DELINEADA

CRISTO. EL CAMINO DE LA VIDA

LA FE, CONDICIÓN DE LA PROMESA

Sin la gracia de Cristo, el pecador está en una condición desvalida.  No puede hacerse nada por él, pero mediante la gracia divina se imparte al hombre poder sobrenatural que obra en la mente, el corazón y el carácter. Mediante la comunicación de la gracia de Cristo, el pecado es discernido en su aborrecible naturaleza y finalmente expulsado del templo del alma.

Mediante la gracia, somos puestos en comunión con Cristo para estar asociados con El en la obra de salvación. La fe es la condición por la cual Dios ha visto conveniente prometer perdón a los pecadores; no porque haya virtud alguna en la fe que haga merecer la salvación, sino porque la fe puede aferrarse a los méritos de Cristo, el remedio provisto para el pecado. 

La fe puede presentar la perfecta obediencia de Cristo en lugar de la transgresión y la apostasía del pecador. Cuando el pecador cree que Cristo es su Salvador personal, entonces, de acuerdo con la promesa infalible de Jesús, Dios le perdona su pecado y lo justifica gratuitamente.  El alma arrepentida comprende que su justificación viene de Cristo que, como su Sustituto y Garante, ha muerto por ella, y es su expiación y justificación.

”Creyó Abrahán a Dios, y le fue contado por justicia.  Pero al que obra, no se le cuenta el salario como gracia, sino como deuda; más al que no obra, sino cree en Aquel que justifica al impío, su fe le es contada por justicia” (Rom.4:3-5).

La justicia es obediencia a la Ley. La Ley demanda justicia, y ante la Ley, el pecador debe ser justo.  Pero es incapaz de serlo.  La única forma en que puede obtener la justicia es mediante la fe.  Por fe puede presentar a Dios los méritos  de Cristo, y el Señor coloca la obediencia de su Hijo en la cuenta del pecador.  La justicia de Cristo es aceptada en lugar del fracaso del hombre, y Dios recibe, perdona y justifica al alma creyente y arrepentida, la trata como si fuera justa, y la ama como ama a su Hijo.  De esta manera, la fe contada como justicia y el alma perdonada avanza de gracia en gracia, de la luz a una luz mayor.  Puede decir con regocijo;

“No por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo, el cual derramó en nosotros abundantemente por Jesucristo nuestro Salvador, para que justificados por su gracia, viniésemos a ser herederos conforme a la esperanza de la vida eterna” (Timoteo 3:5-7).

También está escrito:

”Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, le dio potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios” (Juan 1:12, 13). 

Jesús declaró:

“El que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios” (Juan 3:3). “El que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios” (Juan 3:5). 

No se coloca delante de nosotros una norma baja, pues hemos de llegar a ser los hijos de Dios.  Hemos de ser salvados individualmente y, en el día del examen y de la prueba, podremos ver la diferencia entre el que sirve a Dios y el que no le sirve.  Somos salvados como creyentes individuales en el Señor Jesucristo. Muchos se extravían porque piensan que deben trepar hasta el cielo, que deben hacer algo para merecer el favor de Dios.

Procuran mejorar mediante sus propios esfuerzos, sin ayuda.  Esto nunca lo pueden realizar. Cristo ha abierto el camino al morir como nuestro sacrificio, al vivir como nuestro ejemplo, al llegar a ser nuestro gran Sumo Sacerdote. El declara:

“Yo soy el camino, y la verdad, y la vida”  (Juan 14:6)

Si mediante algún esfuerzo propio pudiéramos avanzar un paso hacia la escalera, las palabras de Cristo no serian verdaderas.  Pero cuando aceptamos a Cristo, aparecerán las buenas obras como fructífera evidencia de que estamos en el camino de la vida, de que Cristo es nuestro camino y de que estamos recorriendo el verdadero sendero que conduce al cielo.

Cristo mira el espíritu, y cuando nos ve llevando nuestra carga con fe, su perfecta santidad hace expiación de nuestras faltas. Cuando hacemos lo mejor que podemos, El llega a ser nuestra justicia.  Se necesita de cada rayo de luz que Dios nos envía, para convertirnos en la luz del mundo.   (Elena White)

 

Read Full Post »

FE Y OBRAS–parte 42-

“SIN FE ES IMPOSIBLE AGRADAR A DIOS”(Heb.11:6)-“LA FE SIN OBRAS ES MUERTA” (Sant.2:20)

LA EXPERIENCIA DE LA JUSTIFICACIÓN POR LA FE ES DELINEADA

CRISTO, EL CAMINO DE LA VIDA

“Jesús vino a Galilea predicando el Evangelio del reino de Dios, diciendo: El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el Evangelio” (Mar.1:14,15).

El arrepentimiento está relacionado con la fe, y no es presentado con insistencia en el Evangelio como esencial para la salvación. Pablo predicó el arrepentimiento. Dijo:

Nada que fuese útil he rehuido de anunciaros y enseñaros, públicamente y por las casas, testificando a judíos y a gentiles acerca del arrepentimiento para con Dios, y de la fe de nuestro Señor Jesucristo” (Hech.20:20,21).

No hay salvación sin arrepentimiento.  Ningún pecador impenitente puede creer con su corazón para justicia.  El arrepentimiento es descrito por Pablo como un piadoso dolor por el pecado. Este arrepentimiento no tiene en sí ningún mérito por naturaleza, sino que prepara al corazón para la aceptación de Cristo como el único Salvador, la única esperanza del pecador perdido.

Cuando el pecador contempla la Ley, le resulta clara su culpabilidad, y queda expuesta ante su conciencia, y es condenado. Su único consuelo y esperanza se encuentran en acudir a la cruz del Calvario.  Al confiar en las promesas, aceptando lo que dice Dios, recibe alivio y paz en su alma. Su fe se aferra a Cristo, y es justificado delante de Dios.

Pero al paso que Dios  puede ser justo y sin embargo justificar al pecador por los méritos de Cristo, nadie puede cubrir su alma con el manto de justicia de Cristo mientras practique pecados conocidos, o descuide deberes conocidos.  Dios requiere la entrega completa del corazón antes de que pueda efectuarse la justificación, debe haber una obediencia continua mediante una fe activa y viviente que obre por el amor y purifique el alma.

Santiago escribe de Abrahán y dice:

“¿No fue justificado por las obras Abrahán nuestro padre, cuando ofreció a su hijo Isaac sobre el altar? ¿No ves que la fe actuó juntamente con sus obras, y que la fe se perfeccionó por las obras?

Y se cumplió la Escritura que dice:

Abrahán  creyó a Dios, y le fue contado por justicia, y fue llamado amigo de Dios.  Vosotros veis, pues, que el hombre es justificado por las obras, y no solamente por la fe” (Sant.2:21-24).

A fin de que el hombre sea justificado por la fe, la fe debe alcanzar un punto donde domine los afectos e impulsos del corazón; y mediante la obediencia, la fe misma es hecha perfecta.  (Elena White)

 

 

Read Full Post »

FE Y OBRAS–parte 41-

“SIN FE ES IMPOSIBLE AGRADAR A DIOS”(Heb.11:6)-“LA FE SIN OBRAS ES MUERTA” (Sant.2:20)

LA FE Y LAS OBRAS VAN DE LA MANO

UNA DOCTRINA LLENA DE ENGAÑO

La justificación propia es el peligro de esta era; separa al alma de Cristo.  Los que confían en su propia justicia no pueden entender como la salvación viene por medio de Cristo. Al pecado llaman justicia, y a la justicia, pecado.  No perciben la malignidad de la transgresión, ni comprenden la Ley; porque no respetan la norma moral de Dios. La razón por la cual hay tantas conversiones espurias en estos días es porque hay una estimación muy baja de la Ley de Dios.

En lugar de la norma divina de justicia, los hombres han erigido un patrón de su propia hechura por el cual miden el carácter.  Ven a través de un vidrio, oscuramente, y presentan ante la gente ideas falsas acerca de la santificación, estimulando así el egoismo, el orgullo y la justificación propia. 

La doctrina de la santificación que muchos propugnan está llena de engaño, porque es halagadora del corazón humano; pero lo más bondadoso que se le puede predicar al pecador es la verdad de los requerimientos obligatorios de la Ley de Dios.  La fe y las obras deben ir de la mano; porque la fe sola, sin obras, es muerta.

LA PRUEBA DE TODA DOCTRINA

El profeta declara una verdad por la cual podemos probar toda doctrina.  Dice:

“¡A la Ley y al testimonio! Si no dijeren conforme a ésto, es porque no le ha amanecido” (Isa.8:20).

Aunque el error abunda en el mundo, no hay razón para que los hombres permanezcan en el engaño.  La verdad es clara, y cuando se la compara con el error, se puede discernir su carácter. Todos los súbditos de la gracia de Dios pueden comprender lo que se requiere de ellos. Mediante la fe podemos conformar nuestras vidas a la norma de justicia, porque podemos apropiarnos de la justicia de Cristo.

El honesto buscador de la verdad encontrará en la Palabra de Dios la regla para la santificación genuina. El apóstol dice:

“Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu…Porque lo que era imposible para la Ley, por cuanto era débil por la carne, Dios, enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado y a causa del pecado, condenó al pecado en la carne; para que la justicia de la Ley se cumpliese en nosotros, que no andamos conforme a la carne, sino conforme al Espíritu.

Porque los son de la carne piensan en las cosas de la carne; pero los que son del Espíritu, en las cosas de Espíritu.  Porque el ocuparse de la carne  es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz.  Por cuanto los designios de la carne son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la Ley de Dios, ni tampoco pueden; y los que viven según la carne no pueden agradar a Dios. Más vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros” (Rom.8:1-9).

Read Full Post »

FE Y OBRAS–parte 40-

“SIN FE ES IMPOSIBLE AGRADAR A DIOS”(Heb.11:6)-“LA FE SIN OBRAS ES MUERTA” (Sant.2:20)

COMO APROPIARSE DE LA JUSTICIA DE CRISTO

LA CRUZ DEL CALVARIO –parte 2-

El que está intentando alcanzar el cielo por sus propias obras al guardar la Ley, está intentando un imposible.  El hombre no puede ser salvado sin la obediencia, pero sus obras no deben ser propias. Cristo debe efectuar en él tanto el querer como el hacer la buena voluntad de Dios. Si el hombre pudiera salvarse por sus propias obras, podría tener algo en sí mismo por lo cual regocijarse.

Todo lo que hombre pueda hacer sin Cristo está contaminado con egoísmo y pecado, pero lo que se efectúa mediante la fe es aceptable ante Dios.  El alma hace progresos cuando procuramos ganar el cielo mediante los méritos de Cristo. “Puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de nuestra fe”, podemos proseguir de fortaleza en fortaleza, de victoria en victoria, pues mediante Cristo la gracia de Dios ha obrado nuestra completa salvación.

LA FE Y LAS OBRAS VAN DE LA MANO

¿QUE DEBO HACER PARA HEREDAR LA VIDA ETERNA?

Jesús murió para salvar a su pueblo de sus pecados, y la redención en Cristo significa cesar de transgredir la Ley de Dios y liberarse de todo pecado; ningún corazón que está agitado de enemistad contra la Ley de Dios está en armonía con Cristo, quien sufrió en el Calvario para vindicar y exaltar la Ley delante del universo.

Los que hacen osadas pretensiones de santidad demuestran, por esto mismo, que no se ven a la luz de la Ley; no están espiritualmente esclarecidos, y no aborrecen todo género de egoísmo y orgullo.  De sus labios contaminados por el pecado fluyen las contradictorias declaraciones: “Soy santo, soy impecable, Jesús me enseña que si guardo la Ley estoy destituido de la gracia.  La Ley es un yugo de esclavitud”.

El Señor dice: «Bienaventurados los que guardan sus mandamientos, para que su potencia sea en el árbol de la vida, y que entren por la puertas de la ciudad”. Deberíamos estudiar cuidadosamente la Palabra de Dios a fin de que podamos tomar decisiones correctas, y actuar consecuentemente; porque entonces obedeceremos la Palabra y estaremos en armonía con la santa Ley de Dios.

NO SOMOS SALVADOS POR LA LEY, NI  EN DESOBEDIENCIA

Si bien  debemos estar en armonía con la Ley de Dios, no somos salvados por las obras de la Ley; sin embargo, no podemos ser salvados sin obediencia.

La Ley es la norma por cual se mide el carácter.  Pero no nos es posible guardar los mandamientos de Dios sin la gracia regeneradora de Cristo.  Solo Jesús puede limpiarnos de todo pecado.  El no nos salva mediante la Ley, pero tampoco nos salvará  en desobediencia a la Ley.

Nuestro amor a Cristo será proporcional a la profundidad de nuestra convicción de pecado, y por medio de la Ley es el conocimiento del pecado.  Pero, cuando nos observamos a nosotros mismos, fijemos la mirada en Jesús, quien se dio a sí mismo por nosotros a fin de redimirnos de toda iniquidad.  Mediante la fe apropiémonos de los méritos  de Cristo, y la sangre purificadora del alma será aplicada. 

Cuanto más claramente vemos los males y los peligros a los cuales hemos estado expuestos, más agradecidos hemos de estar por la liberación mediante Cristo.  El Evangelio de Cristo no da a los hombres licencia para transgredir la Ley, porque fue la causa de la transgresión sobre este mundo. 

El pecado es tan maligno hoy como lo era en los días de Adán.  El Evangelio no promete el favor de Dios para nadie que quebrante impenitentemente su Ley. La depravación del corazón humano, la culpabilidad de la transgresión, la ruindad del pecado, todo es puesto de manifiesto por medio de la cruz donde Cristo ha aparejado para nosotros una vía de escape.  (Elena White)

 

 

Read Full Post »

« Newer Posts