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MEDITACIONES-REFLEJEMOS A JESUS –parte 11-

CRISTO NO HACE ACEPCION DE PERSONAS

“Entonces Pedro, abriendo la boca, dijo: En verdad comprendo que Dios no hace acepción de personas”. (Hechos 10:34)

La religión de Cristo eleva al que la recibe a un nivel superior de pensamiento y acción, al mismo tiempo que presenta a toda la especie humana como igual objeto del amor de Dios, habiendo sido comprada por el sacrificio de su Hijo. A los pies de Jesús, los ricos y los pobres, los sabios y los ignorantes se encuentran, sin diferencia de casta o de preeminencia mundanal. Todas las distinciones terrenas son olvidadas cuando consideramos a Aquel que traspasaron nuestros pecados. La abnegación, la condescendencia, la compasión infinita de Aquel que está muy ensalzado en el cielo, avergüenzan el orgullo de los hombres, su estima propia y sus castas sociales. La religión pura y sin mácula manifiesta sus principios celestiales al unir a todos los que son santificados por la verdad. Todos se reúnen como almas compradas por sangre, igualmente dependientes de Aquel que las redimió para Dios.

El Señor ha prestado a los hombres talentos para que los aprovechen. Aquellos a quienes El confió dinero han de traer sus talentos de recursos al Maestro. Los hombres y mujeres influyentes han de emplear lo que Dios les dio. Aquellos a quienes dotó de sabiduría han de traer a la cruz de Cristo este don para ser usado para gloria suya.

Y los pobres tienen su talento, el que puede ser tal vez mayor que cualquier otro mencionado. Puede ser la sencillez de carácter, la humildad, la virtud probada, la confianza en Dios. Por medio de labor paciente, por medio de su completa dependencia de Dios, muestran a Jesús su Redentor a aquellos con quienes se asocian. Tienen un corazón lleno de simpatía para con los pobres, un hogar para los menesterosos y oprimidos, y su testimonio acerca de lo que Jesús es para ellos, es claro y decidido. Buscan gloria, honra e inmortalidad, y su recompensa será la vida eterna.

En la fraternidad humana, se requiere toda clase de talento para hacer un perfecto conjunto; y la iglesia de Cristo está compuesta de hombres y mujeres de diversos talentos, y de todas clases. Dios no quiso nunca que el orgullo de los hombres abrogase lo que su sabiduría había ordenado, a saber: la combinación de mentes de toda clase, de todos los diversos talentos para formar un conjunto completo. Nadie debe menoscabar ninguna parte de la gran obra de Dios, sean los agentes encumbrados o humildes. Todos tienen que hacer su parte en cuanto a difundir la luz en diferentes grados. Estamos todos entretejidos en la gran trama de la humildad, y no podemos retirar nuestras simpatías unos de otros, sin que haya pérdida. (Obreros evangélicos)

 

 

MEDITACIONES-REFLEJEMOS A JESUS –parte 10

CRISTO RECONOCIO LOS DERECHOS DE TODOS

“Sino que en toda nación se agrada del que le teme y hace justicia”. (Hechos 10:35)

El Señor Jesús exige que reconozcamos los derechos de cada hombre. Los derechos sociales de los hombres, y sus derechos como cristianos, han de ser tomados en consideración. Todos han de ser tratados con refinamiento y delicadeza, como hijos e hijas de Dios.

El cristianismo hace un caballero de un hombre. Cristo era cortés, aún con sus perseguidores; y sus verdaderos discípulos manifestarán el mismo espíritu. Miremos a Pablo ante los gobernantes. Su discurso ante Agripa es una ilustración de la verdadera cortesía como también de la elocuencia persuasiva. El Evangelio no estimula la cortesía formal corriente en el mundo, sino la que brota de la verdadera bondad del corazón.

La atención más cuidadosa a las cualidades externas de la vida no basta para excluir toda inquietud, juicio duro y palabra inconveniente. Nunca se revelará verdadero refinamiento mientras se tenga al yo como objeto supremo. El amor debe morar en el corazón. Un cristiano cabal encuentra sus motivos de acción en su profundo amor cordial hacia su Maestro. De las raíces de su afecto por Cristo brota un interés abnegado en sus hermanos. El amor imparte a su poseedor gracia, propiedad y dignidad de comportamiento. Ilumina el rostro y suaviza la voz; refina y eleva todo el ser.

Puede ser que algunos de aquellos con quienes estén en contacto sean rudos y descorteses, pero no sean ustedes menos corteses por causa de ello. Aquel que desee conservar su respeto propio debe tener cuidado de no herir innecesariamente el de los demás. Esta regla debe observarse religiosamente para con los más duros de entendimiento, para con los que más yerran. Ustedes no saben lo que Dios se propone hacer con los que aparentemente prometen poco. El aceptó en lo pasado personas que no eran más promisorias ni atrayentes que ellos para que hiciesen una gran obra para El. Su Espíritu, obrando en el corazón, despertó toda facultad y la hizo obrar vigorosamente. El Señor vio en estas piedras toscas y sin tallar material precioso, que podía soportar la prueba de la tempestad, el calor y la presión. (Obreros evangélicos)

Sean corteses con los que llegan a estar en contacto con ustedes; así serán corteses con Dios. Alábenlo por su bondad, así serán testigos de El, y se estarán preparando para la sociedad con los ángeles. Estarán aprendiendo en este mundo como conducirse en la familia de Cristo en el cielo. (Manuscrito 31)

 

 

 

MEDITACIONES-REFLEJEMOS A JESUS –parte 9-

CRISTO RECONOCIO LA DIGNIDAD DEL HOMBRE

Pero ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo. Porque él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación. (Efesios 2:13, 14)

Cristo no admitía distinción alguna de nacionalidad, jerarquía social, ni credo. Los escribas y fariseos deseaban hacer de los dones del Cielo un beneficio local y nacional, y excluir de Dios al resto de la familia humana. Pero Cristo vino para derribar toda valla divisoria. Vino para manifestar que su don de misericordia y amor es tan ilimitado como el aire, la luz o las lluvias que refrigeran la tierra.

La vida de Cristo fundó una religión sin castas; en la que judíos y gentiles, libres y esclavos, unidos por los lazos de la fraternidad, son iguales ante Dios. Nada hubo de artificios en sus procedimientos. Ninguna diferencia hacía entre vecinos y extraños, amigos y enemigos. Lo que conmovía el corazón de Jesús era el alma sedienta de agua de vida.

Nunca despreció a nadie por inútil, sino que procuraba aplicar a toda alma su remedio curativo. Cualquiera que fueran las personas con quienes se encontrase, siempre sabía darles alguna lección adecuada al tiempo y a las circunstancias. Cada descuido o insulto del hombre para con el hombre le hacía sentir tanto más la necesidad que la humanidad tenía de su simpatía divina y humana. Procuraba infundir esperanza en los más rudos y en los que menos prometían, presentándoles la seguridad de que podían llegar a ser sin tacha y sencillos, poseedores de un carácter que les diera a conocer como hijos de Dios.

Muchas veces se encontraba con los que habían caído bajo la influencia de Satanás y no tenían fuerza para desasirse de sus lazos. A cualquiera de ellos, desanimado, enfermo, tentado, caído, Jesús les dirigía palabras de la más tierna compasión, las palabras que necesitaba y que podía entender. A otros, que sostenían combate a brazo partido con el enemigo de las almas, los animaba a que perseveraran, asegurándoles que vencerían, pues los ángeles de Dios estaban de su parte y les darían la victoria.

A la mesa de los publicanos se sentaba como distinguido huésped, demostrando por su simpatía y la bondad de su trato social que reconocía la dignidad humana; y anhelaban hacerse dignos de su confianza los hombres en cuyos sedientos corazones caían sus palabras con poder bendito y vivificador. Despertábanse nuevos impulsos, y a estos parias de la sociedad se les abría la posibilidad de una vida nueva.

Aunque judío, Jesús trataba libremente con los samaritanos. Y al par que se ganaba sus corazones por su humana simpatía, su gracia divina les llevaba la salvación que los judíos rechazaban. (El Ministerio de Curación)

 

MEDITACIONES-REFLEJEMOS A JESUS –parte 8-

CRISTO TRAJO SANIDAD ESPIRITUAL Y RESTAURACION FISICA

“Bendice, alma mía, a Jehová, Y no olvides ninguno de sus beneficios. El es quien perdona todas tus iniquidades, El que sana todas tus dolencias”. (Salmo 103:2, 3)

Cristo ordenó al paralítico que se levantase y anduviese, “para que sepáis –dijo- que el Hijo del hombre tiene potestad en la tierra de perdonar pecados”.

El paralítico halló en Cristo curación, tanto para el alma como para el cuerpo. La curación espiritual fue seguida por la restauración física. Esta lección no debe ser pasada por alto. Hay hoy día miles que están sufriendo de enfermedad física y que como el paralitico, están anhelado el mensaje: “Tus pecados te son perdonados”. La carga de pecado, con su intranquilidad y deseos no satisfechos es el fundamento de sus enfermedades. No pueden hallar alivio hasta que vengan al Médico del alma. La paz que El sólo puede dar, impartiría vigor a la mente y salud al cuerpo.

Jesús vino “para deshacer las obras del diablo”. “En él estaba la vida” y El dice: “Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia”. El es “espíritu vivificante”. (1 Juan 3:8; Juan 1:4; 10: 10; 1 Corintios 15:45).

Y tiene todavía el mismo poder vivificante que, mientras estaba en la tierra, sanaba a los enfermos y perdonaba al pecador. El “perdona tus iniquidades”, El ”sana tus dolencias”.

El efecto producido sobre el pueblo por la curación del paralítico fue como si el cielo, después de abrirse, hubiese revelado las glorias de un mundo mejor. Mientras que el hombre curado pasaba por entre la multitud, bendiciendo a Dios a cada paso, y llevando su carga como si hubiese sido una pluma, la gente retrocedía para darle paso, y con temerosa reverencia le miraban los circunstantes, murmurando entre sí: “Hemos visto maravillas hoy”.

En la casa del paralítico sanado, hubo gran regocijo. Estaba delante de ellos, en el pleno vigor. Aquellos brazos que ellos habían visto sin vida, obedecían prestamente a su voluntad. El hombre andaba con pasos firmes y libres. En cada rasgo de su rostro estaban escritos el gozo y la esperanza; y una expresión de pureza y paz había reemplazado los rastros del pecado y del sufrimiento. De aquel hogar hubo alegres palabras de agradecimiento, y Dios quedó glorificado por medio de su Hijo, que había devuelto la esperanza al desesperado, y fuerza al abatido. Este hombre y su familia estaban listos para poner sus vidas por Jesús. Ninguna duda enturbiaba su fe, ninguna incredulidad manchaba su lealtad hacia Aquel que había impartido luz a su oscurecido hogar. (El Deseado de Todas las Gentes)

 

 

MEDITACIONES-REFLEJEMOS A JESUS –parte 7-

LA IMAGEN DIVINA DEBE TRASLUCIRSE

“Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto”. (Mateo 5:48)

EL ideal del carácter cristiano es la semejanza con Cristo. Como el Hijo del hombre fue perfecto en su vida, los que le siguen han de ser perfectos en la suya. Jesús fue hecho en todo semejante a sus hermanos. Se hizo carne, como somos carne. Tuvo hambre y sed, y sintió cansancio. Fue sostenido por el alimento y refrigerado por el sueño. Participó de la suerte del hombre, aunque era el inmaculado Hijo de Dios. Era Dios en carne. Su carácter ha de ser el nuestro.

Cristo es la escalera que Jacob vio, cuya base descansaba en la tierra y cuya cima llegaba a la puerta del cielo, hasta el mismo umbral de la gloria. Si esa escalera no hubiese llegado a la tierra, y le hubiese faltado un solo peldaño, habríamos estado perdidos. Pero Cristo nos alcanza donde estamos. Tomó nuestra naturaleza y venció, a fin de que nosotros, tomando su naturaleza, pudiésemos vencer. Hecho “…en semejanza de carne de pecado…” (Romanos 8:3), vivió una vida sin pecado. Ahora, por su divinidad, echa manos del trono del cielo, mientras que por su humanidad llega hasta nosotros. El nos invita a obtener por la fe en El la gloria del carácter de Dios. Por lo tanto, hemos de ser perfectos, como nuestro “Padre que está en los cielos es perfecto”.

Jesús había demostrado en qué consiste la justicia, y había señalado a Dios como su fuente. Ahora encaró los deberes prácticos. Al dar limosna, al orar, al ayunar, dijo El, no debe hacerse nada para atraer la atención o provocar alabanza. Den con sinceridad, para beneficiar a los pobres que sufren. Al orar, póngase el alma en comunión con Dios. Al ayunar, no anden con la cabeza inclinada y el corazón lleno de pensamientos relativos al yo. El que más completamente se entrega a Dios, es el que le rendirá el servicio más aceptable. Porque mediante la comunión con Dios, los hombres llegarán a colaborar con El en cuanto a presentar su carácter a la humanidad.

El servicio prestado con sinceridad de corazón tiene gran recompensa. “Tu Padre que ve en secreto, te recompensará en público”. Por la vida que vivimos mediante la gracia de Cristo se forma el carácter. La belleza original empieza a ser restaurada en el alma. Los atributos del carácter de Cristo son impartidos, y la imagen del Ser divino empieza a resplandecer. Los rostros de los hombres y las mujeres que andan y trabajan con Dios expresan la paz del cielo. Están rodeados por la atmósfera celestial. Para esas almas, el reino de Dios empezó ya. Tienen el gozo de Cristo, el gozo de beneficiar a la humanidad. Tienen la honra de ser aceptados para servir al Maestro; se les ha confiado el cargo de hacer su obra en su nombre. (El Deseado de Todas las Gentes)

 

MEDITACIONES-REFLEJEMOS A JESUS –parte 6-

CRISTO SALVO EL ABISMO DEL PECADO

“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, más tenga vida eterna”. (Juan 3:16)

El pecado tuvo su origen en el egoísmo. Lucifer, el querubín protector, deseó ser el primero en el cielo. Trato de dominar a los seres celestiales, apartándolos de su Creador, y granjearse su homenaje. Para ello, representó falsamente a Dios, atribuyéndole el deseo de ensalzarse. Trato de investir al Creador con sus propias malas características. Así engañó a los ángeles. Así sedujo a los hombres. Los indujo a dudar de la palabra de Dios, y a desconfiar de su bondad.

Por cuanto Dios es un Dios de justicia y terrible majestad, Satanás los indujo a considerarle como severo e inexorable. Así consiguió que se uniesen con él en su rebelión contra Dios, y la noche de la desgracia se asentó sobre el mundo.

La tierra quedó oscura porque se comprendió mal a Dios. A fin de que pudiesen iluminarse las lóbregas sombras, a fin de que el mundo pudiera ser traído de nuevo a Dios, había que quebrantar el engañoso poder de Satanás. Esto no podía hacerse por la fuerza. El ejercicio de la fuerza es contrario a los principios del gobierno de Dios; El desea tan sólo el servicio de amor; y el amor no puede ser exigido, no puede ser obtenido por la fuerza o la autoridad. El amor se despierta únicamente por el amor.

El conocer a Dios es amarle; su carácter debe ser manifestado en contraste con el carácter de Satanás. En todo el universo había un solo ser que podía realizar esta obra. Únicamente Aquel que conocía la altura y la profundidad del amor de Dios, podía darlo a conocer. Sobre la oscura noche del mundo, debía nacer el Sol de justicia, “…y en sus alas traerá salvación…”. (Malaquías 4:2)

El plan de nuestra redención no fue una reflexión ulterior, formulada después de la caída de Adán. Fue una revelación “…del misterio que se ha mantenido oculto desde tiempos eternos”. (Romanos 16:25) Fue una manifestación de los principios que desde edades eternas había sido el fundamento del trono de Dios. Desde el principio, Dios y Cristo sabían de la apostasía de Satanás y de la caída del hombre seducido por el apóstata.

Dios no ordenó que el pecado existiese, sino que previó su existencia, e hizo provisión para hacer frente a la terrible emergencia. Tan grande fue su amor por el mundo, que se comprometió a dar a su Hijo unigénito “…para que todo aquel que en él cree, no se pierda, más tenga vida eterna”…

Desde que Jesús vino a morar con nosotros, sabemos que Dios conoce nuestras pruebas y simpatiza con nuestros pesares. Cada hijo e hija de Adán puede comprender que nuestro Creador es el amigo de los pecadores. Porque en toda doctrina de gracia, toda promesa de gozo, todo acto de amor, toda atracción divina presentada en la vida del Salvador en la tierra, vemos a “Dios con nosotros”. (El Deseado de Todas las Gentes)

 

MEDITACIONES-REFLEJEMOS A JESUS –parte 5-

TRANSFORMADOS A SU IMAGEN

Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor”. (2 Corintios 3:18)

JESÚS, en su humanidad glorificada, ascendió a los cielos para interceder por nosotros, almas abrumadas por el pecado.

“Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado. Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia para el oportuno socorro”. (Hebreos 4: 15, 16).

Continuamente deberíamos mirar a Jesús, el autor y consumador de la fe; pues contemplándolo seremos transformados a su imagen, nuestro carácter será hecho semejante al de El. Deberíamos regocijarnos de que todo el juicio ha sido dado al Hijo, porque en su humanidad ha conocido todas las dificultades que acechan a la humanidad.

Ser santificado es participar de la naturaleza divina, captando el espíritu y la mente de Cristo, aprendiendo siempre en la escuela de Cristo. “…nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria…como por el Espíritu del Señor”. Es imposible para cualquiera de nosotros producir este cambio por nosotros mismos.

Es el Espíritu Santo, el Consolador, que Jesús dijo que enviaría al mundo, quien cambia nuestro carácter a la semejanza de Cristo; y cuando ésto se ha realizado, reflejamos como en un espejo la gloria del Señor. Esto es, el carácter de quien mira así a Cristo es tan parecido al de El, que quien lo mira ve el carácter de Cristo como en un espejo. Aunque no lo notemos, cada día nuestros caminos y nuestra voluntad se transforman en los caminos y la voluntad de Cristo, en la hermosura de su carácter. Así crecemos en Cristo, e inconscientemente reflejamos su imagen.

Los profesos cristianos se mantienen demasiado cerca de los pantanos de esta tierra. Sus ojos sólo están adiestrados en las cosas comunes, y sus mentes se detienen sólo en las cosas que sus ojos ven. Su experiencia religiosa es a menudo superficial e insatisfactoria, y sus palabras son frívolas y sin valor. Ser cristiano es ser semejante a Cristo.

Enoc… estuvo siempre bajo la influencia de Jesús. Reflejaba a Cristo en carácter, exhibiendo las mismas cualidades de bondad, misericordia, tierna compasión, simpatía, paciencia, mansedumbre, humildad y amor. Su asociación con Cristo día tras día lo transformó en la imagen de Aquel con quien había estado tan íntimamente en contacto. (Review and Herald)

 

 

 

MEDITACIONES-REFLEJEMOS A JESUS –parte 4-

CRISTO NOS DA EL AGUA VIVA

“En el último y gran día de la fiesta, Jesús se puso en pie y alzó la voz, diciendo: Si alguno tiene sed, venga a mí y beba. El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva”. (Juan 7:37, 38)

El sacerdote había cumplido esa mañana la ceremonia que conmemoraba la acción de golpear la roca en el desierto. Esa roca era símbolo de Aquel que por su muerte haría fluir raudales de salvación a todos los sedientos. Las palabras de Cristo eran el agua de vida. Allí en presencia de la congregada muchedumbre se puso aparte para ser herido, a fin de que el agua de la vida pudiese fluir al mundo. Al herir a Cristo, Satanás pensaba destruir al Príncipe de la vida; pero de la roca herida fluía agua viva. Mientras Jesús hablaba al pueblo, los corazones se conmovían con una extraña reverencia y muchos estaban dispuestos a exclamar, como la mujer de Samaria: “Dame esa agua, para que no tenga yo sed”. (Juan 4:15)

Jesús conocía las necesidades del alma. La pompa, las riquezas y los honores no pueden satisfacer el corazón. “Si alguno tiene sed, venga a mí y beba”. Los ricos, los pobres, los encumbrados y los humildes son igualmente bienvenidos. El promete aliviar el ánimo cargado, consolar a los tristes, dar esperanza a los abatidos. Muchos de los que oyeron a Jesús lloraban esperanzas frustradas; muchos alimentaban un agravio secreto; muchos estaban tratando de satisfacer su inquieto anhelo con las cosas del mundo y la alabanza de los hombres; pero cuando habían ganado todo encontraban que habían trabajado tan sólo para llegar a una cisterna rota en la cual no podían aplacar su sed. Allí estaban en medio del resplandor de la gozosa escena, descontentos y tristes.

Este clamor repentino: Si alguno tiene sed”, los arrancó de su pesarosa meditación, y mientras escuchaban las palabras que siguieron, su mente se reanimó con una nueva esperanza. El Espíritu Santo presentó delante de ellos el símbolo hasta que vieron en El el inestimable don de la salvación.

El clamor que Cristo dirige al alma sedienta sigue repercutiendo, y llega a nosotros con más fuerza que aquellos que lo oyeron en el templo en aquel último día de fiesta. El manantial está abierto para todos. A los cansados y exhaustos se ofrece la refrigerante bebida de la vida eterna. Jesús sigue clamando:

“Si alguno tiene sed, venga a mí y beba”. “Y el que tiene sed, venga; y el que quiera, tome del agua de la vida gratuitamente”. “Más el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna” (Apocalipsis 22:17; Juan 4:14).  (El Deseado de Todas las Gentes)

MEDITACIONES-REFLEJEMOS A JESÚS-parte 3-

CRISTO SE SACRIFICO POR NOSOTROS

“Pero vemos a aquel que fue hecho un poco menor que los ángeles, a Jesús, coronado de gloria y de honra, a causa del padecimiento de la muerte, para que por la gracia de Dios gustase la muerte por todos”. (Hebreos 2:9)

El Señor creó al hombre puro y santo. Pero Satanás lo descarrió, pervirtiendo sus principios y corrompiendo su mente, encaminando sus pensamientos por senderos errados. Su propósito era corromper al mundo.

Cristo vio el terrible peligro del hombre, y determinó salvarlo por medio de su sacrificio. Para cumplir su propósito de amor por la raza caída se hizo hueso de nuestros huesos y carne de nuestra carne.

“Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, el también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, ésto es, al diablo, y librar a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre…Por lo cual debía ser en todo semejante a sus hermanos, para venir a ser misericordioso y fiel sumo sacerdote en lo que a Dios se refiere, para expiar los pecados del pueblo. Pues en cuanto el mismo padeció siendo tentado, es poderoso para socorrer a los que son tentados”. (Hebreos 2:14-18)

Por medio de la acción del Espíritu Santo, un nuevo principio de poder mental y espiritual debía alcanzar al hombre, quien, por su asociación con la Divinidad, habría de ser uno con Dios. Cristo, el redentor y restaurador, habría de santificar y purificar la mente del hombre, haciéndola un poder para atraer a otras mentes hacia El. Por medio del poder santificador y elevador de la verdad, es su propósito dar al hombre nobleza y dignidad. Desea que sus hijos revelen su carácter, ejerzan su influencia, para que otras mentes puedan ser atraídas a la armonía con la mente divina.

Por causa de nuestra culpa, Cristo podría haberse alejado de nosotros. Pero en lugar de hacerlo, vino a morir entre nosotros, lleno de la plenitud de la Divinidad, para ser uno con nosotros, para que por medio de su gracia alcanzáramos la perfección. Por una muerte de vergüenza y sufrimiento pagó nuestro rescate. Descendió de las alturas, su divinidad vestida de humanidad, bajando escalón tras escalón hasta las más bajas profundidades de la humillación. Ninguna medida puede sondear la profundidad de su amor.

Cómo los profesos cristianos no pueden captar los recursos divinos, no pueden ver más claramente la cruz como medio del perdón, como medio de poner el orgulloso y egoísta corazón del hombre en contacto directo con el Espíritu Santo, para que las riquezas de Cristo puedan ser derramadas en su mente, y que el agente humano esté adornado con las gracias del Espíritu, para que Cristo pueda ser recomendado a los que no le conocen.   (Signs of the Times)

 

MEDITACIONES-REFLEJEMOS A JESÚS-parte 2-

UN MAESTRO ENVIADO DE DIOS

“Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo…para que redimiese a los que estaban bajo la ley, a fin de que recibiésemos la adopción de hijos”. (Gálatas 4:4, 5)

En ocasión de la primera venida de Cristo, tinieblas cubrían la tierra y oscuridad las naciones. La verdad miraba desde los cielos y ninguna parte podía discernir el reflejo de su imagen. La oscuridad espiritual había cubierto el mundo religioso, y esta oscuridad era casi universal y completa.

Todo proclamaba la urgente necesidad que tenía la tierra de un Maestro enviado de Dios, un Maestro en quien se hubieran unido la divinidad y la humanidad. Era esencial que Cristo apareciera en forma humana, y estuviera a la cabeza de la raza humana, para elevar a los caídos seres humanos.

Cristo se ofreció para poner a un lado su manto real y su corona regia, y venir a esta tierra para mostrar a los seres humanos lo que pueden llegar a ser si cooperan con Dios. Vino para brillar en medio de la oscuridad, para disipar las tinieblas con el resplandor de su presencia.

En consulta, el Padre y el Hijo decidieron que Cristo debía venir al mundo como un niño, y vivir la vida de los seres humanos desde la niñez hasta la madurez, soportar las pruebas que ellos deben soportar, y al mismo tiempo vivir una vida sin pecado, como para que los hombres pudieran ver en El un ejemplo de lo que podrían llegar a ser, y para que El supiera por experiencia como ayudarles en sus luchas con el pecado. Fue probado como es probado el hombre, tentado como es tentado el hombre. La vida que vivió en este mundo la pueden vivir los hombres por medio de su poder y bajo sus instrucciones.

Los patriarcas y los profetas habían predicho la venida de un distinguido Maestro, cuyas palabras estarían revestidas con poder y autoridad invencibles. Habría de predicar el Evangelio a los pobres, y proclamar el año aceptable del Señor. Habría de traer juicio a la tierra; las costas debían esperar su ley; las naciones andarían a su luz, y los reyes al resplandor de su nacimiento. El era el “ángel del pacto” y el “Sol de justicia”.

Y “cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo”. El Maestro celestial había venido. ¿Quién era? Nada menos que el Hijo de Dios mismo. Apareció como Dios y al mismo tiempo como el Hermano mayor de la raza humana. (Signs of the Times)

Practicaba lo que enseñaba. El era lo que enseñaba. Sus palabras no sólo eran la expresión de la experiencia de su propia vida, sino de su propio carácter. No sólo enseñó la verdad; El era la verdad. Eso fue lo que dio poder a su enseñanza.   (La Educación)