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Archive for the ‘1.08-CRISTO TRAJO SANIDAD ESPIRITUAL Y FISICA- Jesús vino “para deshacer las obras del diablo”. “EL perdona tus iniquidades, EL sana tus dolencias”.’ Category

MEDITACIONES-REFLEJEMOS A JESUS –parte 8-

CRISTO TRAJO SANIDAD ESPIRITUAL Y RESTAURACION FISICA

“Bendice, alma mía, a Jehová, Y no olvides ninguno de sus beneficios. El es quien perdona todas tus iniquidades, El que sana todas tus dolencias”. (Salmo 103:2, 3)

Cristo ordenó al paralítico que se levantase y anduviese, “para que sepáis –dijo- que el Hijo del hombre tiene potestad en la tierra de perdonar pecados”.

El paralítico halló en Cristo curación, tanto para el alma como para el cuerpo. La curación espiritual fue seguida por la restauración física. Esta lección no debe ser pasada por alto. Hay hoy día miles que están sufriendo de enfermedad física y que como el paralitico, están anhelado el mensaje: “Tus pecados te son perdonados”. La carga de pecado, con su intranquilidad y deseos no satisfechos es el fundamento de sus enfermedades. No pueden hallar alivio hasta que vengan al Médico del alma. La paz que El sólo puede dar, impartiría vigor a la mente y salud al cuerpo.

Jesús vino “para deshacer las obras del diablo”. “En él estaba la vida” y El dice: “Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia”. El es “espíritu vivificante”. (1 Juan 3:8; Juan 1:4; 10: 10; 1 Corintios 15:45).

Y tiene todavía el mismo poder vivificante que, mientras estaba en la tierra, sanaba a los enfermos y perdonaba al pecador. El “perdona tus iniquidades”, El ”sana tus dolencias”.

El efecto producido sobre el pueblo por la curación del paralítico fue como si el cielo, después de abrirse, hubiese revelado las glorias de un mundo mejor. Mientras que el hombre curado pasaba por entre la multitud, bendiciendo a Dios a cada paso, y llevando su carga como si hubiese sido una pluma, la gente retrocedía para darle paso, y con temerosa reverencia le miraban los circunstantes, murmurando entre sí: “Hemos visto maravillas hoy”.

En la casa del paralítico sanado, hubo gran regocijo. Estaba delante de ellos, en el pleno vigor. Aquellos brazos que ellos habían visto sin vida, obedecían prestamente a su voluntad. El hombre andaba con pasos firmes y libres. En cada rasgo de su rostro estaban escritos el gozo y la esperanza; y una expresión de pureza y paz había reemplazado los rastros del pecado y del sufrimiento. De aquel hogar hubo alegres palabras de agradecimiento, y Dios quedó glorificado por medio de su Hijo, que había devuelto la esperanza al desesperado, y fuerza al abatido. Este hombre y su familia estaban listos para poner sus vidas por Jesús. Ninguna duda enturbiaba su fe, ninguna incredulidad manchaba su lealtad hacia Aquel que había impartido luz a su oscurecido hogar. (El Deseado de Todas las Gentes)

 

 

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