Feeds:
Entradas
Comentarios

DOCTRINA DE LOS ACONTECIMIENTOS FINALES

MINISTERIO DE CRISTO EN EL SANTUARIO CELESTIAL- Las diferentes fases del juicio-cuarta parte-

LAS DIFERENTES FASES DEL JUICIO.  El ritual del Día de la Expiación que incluía al chivo emisario, apuntaba más allá del Calvario, al fin definitivo del problema del pecado, la eliminación del pecado y de Satanás.  La “plena responsabilidad por el pecado será colocada ahora sobre Satanás, su originador e instigador.  Satanás y sus seguidores, así como todos los efectos del pecado, serán eliminados del universo por medio de la destrucción.  La expiación por medio del juicio permitirá por lo tanto que surja un universo armonioso y plenamente reconciliado (Efe. 1:10).  Este es el objetivo que cumplirá la segunda y final fase del Ministerio Sacerdotal de Cristo en el Santuario Celestial” Este juicio producirá la vindicación final de Dios ante el universo.

EL DÍA DE LA EXPIACIÓN DESCRIBÍA GRÁFICAMENTE LAS TRES FASES DEL JUICIO FINAL: 

1.-LA REMOCIÓN DE LOS PECADOS DEL SANTUARIO ESTÁ RELACIONADA CON LA PRIMERA FASE- INVESTIGADORA O ANTERIOR AL ADVENIMIENTO DEL JUICIO-.  Su enfoque se dirige a los nombres registrados en el Libro de la Vida, tal como el Día de la Expiación enfocaba el acto de quitar del santuario lo pecados confesados de los penitentes.  Los falsos creyentes serán echados fuera;  la fe de los verdaderos creyentes y su unión con Cristo será confirmada ante el universo leal, y los registros de sus pecados serán borrados.

 2.-EL DESTIERRO DEL CHIVO EMISARIO EN EL DESIERTO, SIMBOLIZA LA PRISIÓN MILENARIA DE SATANÁS EN ESTE MUNDO DESOLADO, QUE COMIENZA CON LA SEGUNDA VENIDA Y COINCIDE CON LA SEGUNDA FASE DEL JUICIO FINAL, LA CUAL SE DESARROLLA EN EL CIELO (Apoc.20:4;  1Cor. 6: 1-3). Este juicio milenario abarca la revisión de la sentencia de los malvados, y beneficiará a los redimidos al proveer para ellos la comprensión de la forma como Dios trata con el pecado y con los pecadores que no fueron salvos. Responderá  todas las preguntas que los redimidos puedan tener acerca de la misericordia y la justicia de Dios.

 3.-EL CAMPAMENTO LIMPIO SIMBOLIZA LOS RESULTADOS DE LA TERCERA FASE DEL JUICIO, es decir su aspecto ejecutivo, cuando el fuego destruye a los malvados y purifica el planeta (Apoc.20: 11-15;  Mat.25:31-46; 2Ped 3: 7-13)

 

DOCTRINA DE LOS ACONTECIMIENTOS FINALES

MINISTERIO DE CRISTO EN EL SANTUARIO CELESTIAL. El Santuario Celestial es el Gran Centro de Control desde el cuál Cristo conduce…..-tercera parte-

MEDIACIÓN Y EXPIACIÓN. La aplicación de la sangre expiatoria durante el ministerio mediador del sacerdote era también considerada como una forma de expiación (Lev.4:35).  El término expiación implica una reconciliación entre dos individuos enemistados. Tal como la muerte expiatoria de Cristo reconcilió al mundo con Dios, así también su mediación o la aplicación de los méritos de su vida sin pecado y su muerte en reemplazo nuestro, hace que para el creyente la reconciliación con Dios llegue a ser una realidad personal.

NUESTRO SUMO SACERDOTE. El cuál se sentó a la diestra del trono de la Majestad en los cielos”, funciona en calidad de Ministro del Santuario, y de aquél verdadero tabernáculo que levantó el Señor y no el hombre” (Heb.8: 1,2). El Santuario Celestial es el gran centro de control desde el cuál Cristo conduce su ministerio sacerdotal a favor de nuestra salvación “Puede también salvar perpetuamente a los que por El se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos” (Heb.7:25).

En el Santuario Terrenal, los sacerdotes llevaban a cabo dos ministerios distintos: el ministerio cotidiano en el Lugar Santo o primer apartamento, y un ministerio anual en el Lugar Santísimo o segundo apartamento.  Estos servicios ilustraban el Ministerio Sacerdotal de Cristo.

EL MINISTERIO EN EL LUGAR SANTO.  El ministerio sacerdotal que se realizaba en el Lugar Santo del santuario, era un ministerio de intercesión, perdón, reconciliación, y restauración.   Era un ministerio continuo que proveía constante acceso a Dios por medio del sacerdote. Cuando el pecador penitente venía al santuario con su sacrificio, colocaba sus manos sobre la cabeza del animal inocente y confesaba sus pecados.  Este acto transfería simbólicamente su pecado y su castigo a la víctima.  Como resultado, obtenía el perdón de los pecados, seguro de que Dios lo había aceptado.

El Ministerio Sacerdotal de Cristo provee para el perdón y la reconciliación entre el pecador y Dios (Heb.7:25). Por amor a Cristo, Dios perdona al pecador arrepentido, le imputa el carácter justo y la obediencia de su Hijo, perdona sus pecados, y registra su nombre en el libro de la vida como uno de sus hijos (Efe. 4:32;  1 Juan 1:9;  2Cor.5:21; Rom.3:24;  Luc.10:20) y si el creyente permanece en Cristo, nuestro Señor le imparte gracia espiritual por medio del Espíritu Santo, de modo que madura espiritualmente y desarrolla virtudes y gracias que reflejan el carácter divino (2 Ped.3:18;  Gal.5:22, 23).  El ministerio del Lugar Santo produce la justificación y la santificación del creyente.

 EL MINISTERIO EN EL LUGAR SANTÍSIMOLa segunda división del ministerio sacerdotal está centrada primordialmente en el santuario, y gira en torno a la purificación del santuario y del pueblo de Dios. Esta forma de ministerio, cuyo foco era el Lugar Santísimo del santuario, y que únicamente podía realizar el Sumo Sacerdote, se limitaba a un día al año religioso.

La purificación el santuario requería dos machos cabríos, uno para el Señor y el otro para Azazel. El sacerdote sacrificaba el macho cabrío del Señor, y hacía expiación, la sangre representaba la sangre de Cristo, llevándola al Lugar Santísimo.  Su acción simbolizaba el precio inmensurable que Cristo debió pagar por nuestros pecados.  Luego en representación de Cristo como mediador, el Sumo Sacerdote tomaba sobre sí mismo los pecados que habían  contaminado el santuario y los transfería al macho cabrío vivo, el de Azazel, que a continuación era alejado del campamento del pueblo de Dios.  De ese modo el santuario era purificado y preparado para la obra de  un año más de ministerio.  El macho cabrío del Señor simbolizaba a Cristo y el chivo emisario -Azazel- era un símbolo de Satanás.

DOCTRINA DE LOS ACONTECIMIENTOS FINALES

“Porque hay un sólo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre” (1 Tim.2:5).-segunda parte-

MINISTERIO DE CRISTO EN EL SANTUARIO CELESTIAL

El mensaje del santuario era un mensaje de salvación.  Dios usó sus servicios para proclamar el Evangelio (Heb.4:2).  Los servicios del Santuario Terrenal eran un símbolo [parabole en griego; una parábola] para el tiempo presente”, hasta la primera venida de Cristo (Heb.9:9, 10).

“Por medio de símbolos y ritos, Dios se proponía –por medio de esta parábola evangélica – enfocar la fe de Israel sobre el sacrificio y el ministerio sacerdotal del Redentor del mundo,  el “Cordero de Dios” que quitaría el pecado del mundo (Gal.3:23,  Juan 1: 29).

EL SANTUARIO ILUSTRABA TRES FASES DEL MINISTERIO DE CRISTO: 1) el sacrificio substitutivo,  2) la mediación sacerdotal,  y 3) el juicio final.

EL SACRIFICIO SUBSTITUTIVOCada sacrificio del santuario simbolizaba la muerte de Jesús para el perdón de los pecados, revelando así la verdad según la cuálsin derramamiento de sangre no se hace remisión” (Heb.9:22). Esos sacrificios ilustraban las siguientes verdades:

  • EL JUICIO DE DIOS SOBRE EL PECADO.   Por cuánto el pecado consiste en una rebelión profundamente arraigada con todo lo que es bueno, puro y verdadero, no se lo puede pasar por alto. La paga del pecado es muerte” (Rom.6:23.
  • LA MUERTE DE CRISTO EN REEMPLAZO NUESTROTodos nosotros nos descarriamos como ovejas….  Más Jehová cargó en El,  el pecado de todos nosotros” (Isa. 53:6). “Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras” (1 Cor.15:3).
  • DIOS PROVEE EL SACRIFICIO EXPIATORIO.  Ese sacrificio es Cristo Jesús a quién Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre” (Rom.3:24, 25).  “Al que no conoció pecado, [Dios] por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en El” (2 Cor.5:21).  “Cristo fue tratado como nosotros merecemos a fin de que nosotros pudiésemos ser tratados  como El merece.  Fue condenado por nuestros pecados, en los que no había participado, a fin de que nosotros pudiésemos ser justificados por su justicia, en la cuál no habíamos participado.  El sufrió la muerte nuestra, a fin de que pudiésemos  recibir la vida suya.”  “Por su llaga fuimos nosotros curados”  (Isa. 53:5).

En la cruz, la pena que merecía el pecado de la humanidad fue plenamente pagada.  La justicia divina se mostró satisfecha.  Desde una perspectiva legal, el mundo fue restaurado al favor de Dios (Rom.5:18). La expiación  o reconciliación, se completó en la cruz tal como lo predecían los sacrificios, y el pecador penitente puede confiar en esa obra que nuestro Señor completó.

EL MEDIADOR SACERDOTAL.  Si el sacrificio de Cristo expió el pecado, ¿Por qué se necesitaba un sacerdote?

El papel del sacerdote destaca la necesidad de que entre los pecadores y un Dios santo haya un mediador.  La mediación sacerdotal revela cuán serio es el pecado, y la separación que causó entre el Dios inmaculado y sus criaturas pecaminosas. Tal como cada sacrificio señalaba la muerte futura de Cristo, así también cada sacerdote apuntaba al ministerio mediador de Cristo como Sumo Sacerdote del Santuario Celestial.  “PORQUE HAY UN SOLO MEDIADOR ENTRE DIOS Y LOS HOMBRES, JESUCRISTO HOMBRE” (1 Tim.2:5).

DOCTRINA DE LOS ACONTECIMIENTOS FINALES

EL MINISTERIO DE CRISTO EN EL SANTUARIO CELESTIAL- El Santuario Celestial es la morada de Dios.-primera parte-

Ha llegado la hora del sacrificio de la tarde.  El sacerdote que oficia en el atrio del Templo de Jerusalén se halla listo para ofrecer un cordero como sacrificio. Cuando levanta el cuchillo para matar a la víctima, la tierra se estremece. Aterrado, deja caer el cuchillo y el cordero escapa. Por sobre el fragor del terremoto se oye un ruido desgarrador, cuando una mano invisible rasga el velo del templo de arriba abajo.

En el otro extremo de la ciudad, Jesús   el Cordero de Dios, exclama:” ¡Consumado es”!, muere por los pecados del mundo.  El Salvador ha completado su sacrificio expiatorio, los ritos que anticipaban ese sacrificio han sido inválidos.  Esa es la razón del velo rasgado, el cuchillo caído y el cordero que se fuga.  Sin embargo, la historia de la salvación abarca más que eso.  Llega más allá de la cruz La resurrección y ascensión de Jesús dirige nuestra atención hacia el Santuario Celestial, en el cuál Cristo ya no es el Cordero sino que ministra como Sacerdote. Habiéndose ofrecido en sacrificio una vez para siempre (Heb9:28), ahora pone los beneficios de este sacrificio expiatorio a disposición de todos.

EL SANTUARIO DEL CIELO.  Dios le dio instrucciones a Moisés para que construyera el primer santuario que funcionó bajo el primer (antiguo) pacto (Heb.9:1), para que sirviera como su morada terrenal (Exo.25:8).  En ese lugar, el pueblo aprendía el camino de la salvación. Unos 400 años más tarde, el tabernáculo portátil de Moisés fue reemplazado por el templo permanente que el rey Salomón construyó en Jerusalén.  Después que Nabucodonosor destruyó ese templo, los exiliados que volvieron de la cautividad babilónica construyeron el segundo templo, el cuál Herodes el Grande remodeló, pero fue destruido por los romanos en el año 70 de nuestra era.

El Nuevo Testamento revela que el nuevo pacto también tiene un santuario, el cuál está en el cielo.  El él Cristo funciona como Sumo Sacerdote a la diestra del trono de la Majestad Este santuario es el verdadero tabernáculo que levantó el Señor, y no el hombre” (Heb.8:1, 2).  En el monte Sinaí se le mostró a Moisés el modelo”, la copia, o  miniatura del Santuario Celestial (véase Exo.25: 9, 40).

La Escritura llama al santuario que Moisés construyó, “las figuras de las cosas celestiales”, y “el santuario hecho de mano, figura del verdadero” (Heb.9:23, 24). El santuario terrenal y sus servicios por lo tanto, proveen para nosotros una oportunidad especial para comprender el papel que cumple el Santuario Celestial.

JUAN VIO EL SANTUARIO CELESTIAL. Dice  que fue abierto en el cielo el templo del tabernáculo del testimonio”  (Apoc.15:5); en otro pasaje declara: Y el templo de Dios fue abierto en el cielo” (Apoc.11:19). Allí el apóstol vio los objetos que sirvieron de modelo para los muebles del Santuario Terrenal, tales como los siete candeleros de oro (Apoc.1:12) y el altar de incienso (Apoc.8:3). Vio también allí el arca del pacto, la cuál era semejante a la del Lugar Santísimo terrenal (Apoc.11:19). 

El altar de incienso celestial está ubicado ante el trono de Dios (Apoc.8:3; 9:13), que a su vez se encuentra situado en el templo celestial de Dios (Apoc.4:2;  7:15,  16:17). De este modo, la escena que muestra la sala del trono celestial (Dan.7:9, 10) se desarrolla en el Templo o Santuario Celestial.  Por esta razón, los juicios finales surgen del Templo de Dios. (Apoc.15: 5-8).

Por lo tanto, es claro que la Sagrada Escritura presenta el Santuario Celestial como un lugar real (Heb.8:2), y no una metáfora o abstracción. EL SANTUARIO CELESTIAL ES LA MORADA DE DIOS.

DOCTRINA DE LOS ACONTECIMIENTOS FINALES

Hay un Santuario en el Cielo. En él Cristo ministra a nuestro favor… señalará el final del tiempo-CONCEPTO-Serie Imperdible-

Hay un santuario en el cielo, el verdadero tabernáculo que el Señor erigió y no el hombre. En él Cristo ministra a nuestro favor, para poner a disposición de los creyentes los beneficios de su sacrificio expiatorio ofrecido una vez y para siempre en la cruz. Llegó a ser nuestro gran Sumo Sacerdote y comenzó su ministerio intercesor en ocasión de su ascensión. En 1844, al concluir el período profético de los 2300 días, entró en el segundo y último aspecto de su ministerio expiatorio. Esta obra es un juicio investigador que forma parte de la eliminación definitiva del pecado, representada por la purificación del antiguo santuario judío en el día de la expiación.

En el servicio simbólico el santuario se purificaba mediante la sangre de los sacrificios de animales, pero las cosas celestiales se purificaban mediante el perfecto sacrificio de la sangre de Jesús. El juicio investigador pone de manifiesto frente a las inteligencias celestiales quiénes de entre los muertos duermen en Cristo y por lo tanto se los consideran dignos, en El, de participar de la primera resurrección. También aclara quiénes están morando en Cristo entre los que viven, guardando los mandamientos de Dios y la fe de Jesús, y por lo tanto estarán listos en El para ser trasladados a su reino eterno. Este juicio vindica la justicia de Dios al salvar a los que creen en Jesús. Declara que los que permanecieron leales a Dios recibirán el reino. La conclusión de este ministerio de Cristo señalará el final del tiempo de prueba otorgado a los seres humanos antes de su segunda venida.

DOCTRINA DE LA SALVACIÓN

LA EXPERIENCIA DE LA SALVACION– ¿del griego dikaioma,dikaiosis,hagiasmos, del hebreo qadash? -segunda parte-

LA MOTIVACIÓN DEL ARREPENTIMIENTO. “Y yo, si fuere levantado de la tierra, a todos atraeré a mí mismo” (Juan 12:32). Nuestro corazón se reblandece y subyuga cuando nos damos cuenta de que la muerte de Cristo nos justifica y nos libra de la pena de muerte. Imaginemos los sentimientos de un prisionero que espera su ejecución, al ver que se le entrega un documento en el cuál se lo perdona.

Nada puede conmover las profundidades del alma al punto que puede lograrlo la comprensión del amor perdonador de Cristo. Cuando los pecadores contemplan este amor divino, el cuál se exhibió en la cruz, reciben la más poderosa motivación al arrepentimiento que existe. Esta es la bondad de Dios que nos guía al arrepentimiento (Rom.2:4).

LA JUSTIFICACIÓN. Por medio de la fe en Jesús, el corazón se llena de su Espíritu. Por medio de esa misma fe, que es un don de la gracia de Dios (Rom.12:3; Efe. 2:8), los pecadores arrepentidos reciben la justificación (Rom.3:28). El término “justificación” es una traducción del griego dikaioma que significa “requisito recto, acta”, “reglamentación”, “sentencia judicial”, “acto de justicia”, y dikaiosis que significa “justificación”, “vindicación”, “absolución”. El verbo “dikaioo”, que está relacionado, y que significa “ser pronunciado recto y tratado como tal”, “ser absuelto”, ser justificado”, “recibir la libertad”, “ser hecho puro”, “justificar”, “vindicar”, “hacer justicia”, provee comprensión adicional del significado del término.

El término justificación, en su uso teológico es “el acto divino por el cuál Dios declara justo a un pecador penitente, o lo considera justo .La justificación es lo opuesto de la condenación” (Rom.5:16). La base de esta justificación no es nuestra obediencia sino la de Cristo, por cuánto “por la justicia de uno vino a todos los hombres la justificación de vida………por la obediencia de uno, los muchos serán constituidos justos” (Rom.5: 18, 19). El Salvador concede esta obediencia a los creyentes que son “justificados gratuitamente por su gracia” (Rom.3:24) “Nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia”

LA EXPERIENCIA DE LA JUSTIFICACIÓN. Por medio de la justificación por fe en Cristo, su justicia nos es imputada. Como pecadores arrepentidos, experimentamos un perdón pleno, completo. ¡Estamos reconciliados con Dios! En el proceso de la justificación, los pecados que han sido confesados y perdonados se transfieren al puro y santo Hijo de Dios, el Cordero portador del pecado.

LOS RESULTADOS. ¿Cuáles son los resultados del arrepentimiento y la justificación?

LA SANTIFICACIÓN. La palabra “santificación” es una traducción del griego hagiasmos, que significa “santidad”, “consagración”, “santificación”, derivado de hagiazo, “hacer santo”, “consagrar”, “santificar”, “colocar aparte”. El equivalente a hebreo es qadash, “apartar del uso común”.

El verdadero arrepentimiento y justificación conducen a la santificación. La justificación es lo que Dios hace por nosotros, mientras que la santificación es lo que Dios hace en nosotros. Ni la justificación ni la santificación son el resultado de obras meritorias. Ambas se deben a la gracia y justicia de Cristo.

“LA JUSTICIA POR LA CUÁL SOMOS JUSTIFICADOS ES IMPUTADA; LA JUSTICIA POR LA CUÁL SOMOS SANTIFICADOS ES IMPARTIDA. LA PRIMERA ES NUESTRO TÍTULO AL CIELO; LA SEGUNDA ES NUESTRA IDONEIDAD PARA EL CIELO”.

    

 

DOCTRINA DE LA SALVACION

LA EXPERIENCIA DE LA SALVACIÓN, que alcanza las profundidades del alma viene sólo de Dios. Del hebreonacham”, en griego, “metanoeo”, significa…….-primera parte-

Con amor y misericordia infinitos Dios hizo que Cristo, que no conoció pecado, fuera hecho pecado por nosotros, para que nosotros pudiésemos ser hechos justicia de Dios en El. Guiados por el Espíritu Santo experimentamos nuestra necesidad, reconocemos nuestra pecaminosidad, nos arrepentimos de nuestras transgresiones, y ejercemos fe en Jesús como Señor y Cristo, como sustituto y ejemplo. Esta fe que recibe salvación nos llega por medio del poder divino de la Palabra y es un don de la gracia de Dios. Mediante Cristo somos justificados, adoptados como hijos e hijas de Dios y librados del señorío del pecado. Por medio del Espíritu nacemos de nuevo, y somos santificados; el Espíritu renueva nuestra mente, graba la ley en nuestros corazones y nos da poder para vivir una vida santa. Al permanecer en El somos participantes de la naturaleza divina y tenemos la seguridad de la salvación ahora y en ocasión del juicio.

LOS CRISTIANOS NO PUEDEN MANTENERSE ESTÁTICOS. Si el Espíritu de Cristo reina en nuestro interior (Rom.8:9), nos mantenemos en un proceso de cambio dinámico. Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la Palabra, a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha” (Efe.5: 25-27). El blanco de la iglesia es obtener esa limpieza.Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor” (2 Cor.3:18).

LA EXPERIENCIA DE LA SALVACION Y EL PASADO La experiencia de la salvación que alcanza las profundidades del alma viene sólo de Dios. Refiriéndose a esta experiencia Cristo declaró: “El que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios….El que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios” (Juan 3:3, 5).

UNICAMENTE POR MEDIO DE JESUCRISTO PUEDE UN INDIVIDUO EXPERIMENTAR LA SALVACIÓN. “PORQUE NO HAY OTRO NOMBRE BAJO EL CIELO, DADO A LOS HOMBRES, EN QUE PODAMOS SER SALVOS”(Hech.4:12). La experiencia de la salvación implica arrepentimiento, confesión, perdón, justificación, y santificación.

EL ARREPENTIMIENTO. Jesús prometió a los discípulos el Espíritu Santo, el cuál convence al mundo de pecado, de justicia y juicio” (Juan 16:8).

¿Qué es arrepentimiento? La palabra arrepentimiento es una traducción del hebreo nacham, significa “sentir, pesar”, “arrepentirse”. El equivalente en griego, “metanoeo”, significa “cambiar de parecer”, “sentir remordimiento”, “arrepentirse”. El arrepentimiento genuino produce un cambio en nuestra actitud hacia Dios y el pecado.

David experimentó la convicción del Espíritu Santo, despreció el pecado, rogando que se le concediera pureza: “CREA EN MI, OH DIOS, UN CORAZÓN LIMPIO, Y RENUEVA UN ESPÍRITU RECTO DENTRO DE MI” (SAL.51:10). El arrepentimiento es un don de Dios (Hech.5:31).

El Espíritu Santo atrae al pecador a Cristo con el fin de que pueda hallar arrepentimiento, ese profundo pesar por el pecado.

  

 

    

 

MEDITACIONES-REFLEJEMOS A JESUS –parte 34-

LA FE ES UN ESCUDO PARA TODA ALMA

“Sobre todo, tomad el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno” (Efesios 6:16).

La fe significa confiar en Dios, creer que nos ama y sabe mejor que es lo que nos conviene. Por eso nos induce a escoger su camino en lugar del nuestro. En vez de nuestra pecaminosidad, sus justicia. Nuestra vida, nosotros mismos, ya somos suyos; la fe reconoce su derecho de propiedad, y acepta su bendición. La verdad, la justicia y la pureza han sido señaladas como los secretos del éxito en la vida. Es la fe la que nos pone en posesión de estos principios.

Todo buen impulso o aspiración es un don de Dios; la fe recibe de Dios la única vida que puede producir desarrollo y eficiencia verdaderos.

Se debería explicar claramente cómo se puede ejercer la fe. Toda promesa de Dios tiene ciertas condiciones. Si estamos dispuestos a hacer su voluntad, toda su fuerza nos pertenece. Cualquier don que nos prometa se encuentra en la promesa misma. “…La semilla es la palabra de Dios” (Lucas 8:11). Tan ciertamente como se encuentra la semilla del roble en la bellota, se encuentra el don de Dios en su promesa. Si recibimos la promesa, recibimos el don.

La fe que nos capacita para recibir los dones de Dios es en sí misma un don del cual se imparte una porción a cada ser humano. Aumenta a medida que se la usa para asimilar la Palabra de Dios. A fin de fortalecer la fe debemos ponerla a menudo en contacto con la Palabra.

Al estudiar la Biblia, el estudiante debería ser inducido a ver el poder de la Palabra de Dios. En ocasión de la creación, “Porque él dijo, y fue hecho; El mandó, y existió” (Salmo 33:9).

Considerada en su aspecto humano, la vida es para todos un sendero desconocido. Es un camino por el cual, en lo que a nuestras más íntimas experiencias se refiere, andamos solos. Ningún otro ser humano pude penetrar plenamente en nuestra vida íntima. Al emprender el niño ese viaje en el cual tarde o temprano deberá escoger su curso y decidir las consecuencias de la vida para la eternidad, ¡cuán ferviente debería ser el esfuerzo hecho para dirigir su fe al Guía y Ayudador infalible!

Como escudo contra la tentación e inspiración para ser puros y sinceros, ninguna influencia puede igualar a la de la sensación de la presencia de Dios.”…todas las cosas están desnudas y abiertas a los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuenta” ”…todas las cosas están desnudas y abiertas a los ojos . “Muy limpio eres de ojos para ver el mal, ni puedes ver el agravio…” (Hebreos 4:13; Habacuc 1:13). Este pensamiento fue el escudo de José en medio de la corrupción de Egipto. Su respuesta a los atractivos de la tentación fue firme:

“¿Cómo, pues, haría yo este grande mal, y pecaría contra Dios?” (Génesis 39:9).

La fe, si se cultiva, será un escudo para toda alma. (La Educación)

 

MEDITACIONES-REFLEJEMOS A JESUS –parte 33-

EL PODER DIVINO SE OBTIENE MEDIANTE LA ORACION

“Levantándose muy de mañana, siendo aún muy oscuro, salió y se fue a un lugar desierto, y allí oraba” (Marcos 1:35).

Ninguna vida estuvo tan llena de trabajo y responsabilidad como la de Jesús, y sin embargo, cuán a menudo se le encontraba en oración. Cuán constante era su comunión con Dios. Repetidas veces en la historia de su vida terrenal se encuentran relatos como éste.

“…se reunía mucha gente para oírle, y para que las sanase de sus enfermedades. Más él se apartaba a lugares desiertos, y oraba” “En aquellos días él fue al monte a orar, y pasó la noche orando a Dios” (Lucas 5:15, 16; 6:12).

En una vida completamente dedicada al beneficio ajeno, el Salvador hallaba necesario retirarse de los caminos muy transitados y de las muchedumbres que le seguían día tras día. Debía apartarse de una vida de incesante actividad y contacto con las necesidades humanas, para buscar retraimiento y comunión directa con su Padre.

Como uno de nosotros, participante de nuestras necesidades y debilidades, dependía enteramente de Dios, y en el lugar secreto de oración buscaba fuerza divina a fin de salir fortalecido para hacer frente a los deberes y a las pruebas. En un mundo de pecado, Jesús soportó luchas y torturas del alma. En la comunión con Dios podía descargarse de los pesares que le abrumaban. Allí encontraba consuelo y gozo.

En Cristo el clamor de la humanidad llegaba al Padre de compasión infinita. Como hombre, suplicaba al trono de Dios, hasta que su humanidad se cargaba de una corriente celestial que conectaba a la humanidad con la divinidad. Por medio de la comunión continua, recibía vida de Dios a fin de impartirla al mundo. Su experiencia ha de ser la nuestra.

“Venid vosotros aparte”, nos invita. Si tan sólo escuchásemos su palabra, seríamos más fuertes y más útiles.

En todos los que reciben la preparación divina, debe revelarse una vida que no está en armonía con el mundo, sus costumbres o prácticas; y cada uno necesita tener experiencia personal en cuanto a obtener el conocimiento de la voluntad de Dios. Debemos oírle individualmente hablarnos al corazón. Cuando todas las demás voces queden acalladas, y en la quietud esperamos delante de El, el silencio del alma hace más distinta la voz de Dios.

Nos invita: “Estad quietos, y conoced que yo soy Dios…” (Salmo 46:10). Solamente allí puede encontrarse verdadero descanso. Y ésta es la preparación eficaz para todo trabajo que se haya de realizar para Dios. Entre la muchedumbre apresurada y el recargo de las intensas actividades de la vida, el alma que es así refrigerada quedará rodeada de una atmósfera de luz y paz. La vida respirará fragancia, y revelará un poder divino que alcanzará a los corazones humanos. (El Deseado de Todas las Gentes)

 

MEDITACIONES-REFLEJEMOS A JESUS –parte 32-

EL PLAN ORIGINAL: COMUNICACIÓN CARA A CARA

“Y oyeron la voz de Jehová Dios que se paseaba en el huerto, al aire del día…” (Génesis 3:8).

Todo verdadero conocimiento y desarrollo tienen su origen en el conocimiento de Dios. Doquiera nos dirijamos: al dominio físico, mental y espiritual; cualquier cosa que contemplemos, fuera de la marchitez del pecado, en todo vemos revelado este conocimiento. Cualquier ramo de investigación que emprendamos, con el sincero propósito de llegar a la verdad, nos pone en contacto con la Inteligencia poderosa e invisible que obra en todas las cosas y por medio de ellas. La mente del hombre se pone en comunión con la mente de Dios, lo finito, con lo infinito. El efecto que tiene esta comunión sobre el cuerpo, la mente y el alma sobrepuja toda estimación.

En esta comunión se halla la educación más elevada. Es el método propio que Dios tiene para lograr el desarrollo del hombre. “Vuelve ahora en amistad con él…” (Job 22:21), es su mensaje para la humanidad. El método trazado en estas palabras era el que se seguía en la educación del padre de nuestra especie. Así instruyó Dios a Adán cuando, en la gloria de una virilidad exenta de pecado, habitaba éste en el sagrado jardín del Edén.

Cuando Adán salió de las manos del Creador, llevaba en su naturaleza física, mental y espiritual, la semejanza de su Hacedor. “Creó Dios al hombre a su imagen…” (Génesis 1:27), con el propósito de que, cuanto más viviera, más plenamente revelara esa imagen –más plenamente reflejara la gloria del Creador. Todas sus facultades eran susceptibles de desarrollo; su capacidad y su vigor debían aumentar continuamente. Vasta era la esfera que se ofrecía a su actividad, glorioso el campo abierto a su investigación. Tenía el alto privilegio de relacionarse íntimamente, cara a cara, con su Hacedor. Si hubiese permanecido leal a Dios, todo ésto le hubiera pertenecido para siempre. Habría cumplido cada vez más cabalmente el objeto de su creación; habría reflejado cada vez más plenamente la gloria del Creador.

El infinito Autor de todo abría a sus mentes las leyes y operaciones de la naturaleza, y los grandes principios de verdad que gobiernan el universo espiritual. Sus facultades mentales y espirituales se desarrollaban en la “iluminación del conocimiento de la gloria de Dios…” (2 Corintios 4:6), y disfrutaban de los más elevados placeres de su santa existencia.

El huerto del Edén era una representación de lo que Dios deseaba que llegase a ser toda la tierra, y su propósito era que, a medida que la familia humana creciera en número, estableciese otros hogares y escuelas semejantes a los que El había dado. De ese modo, con el transcurso del tiempo, toda la tierra debía ser ocupada por hogares y escuelas donde se estudiaran la Palabra y las obras de Dios, y donde los estudiantes se preparasen para reflejar cada vez más plenamente, a través de los siglos sin fin, la luz del conocimiento de su gloria. (La Educación)