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RECIBIREIS PODER-Persona, Presencia y  Obra del Espíritu  Santo-parte 8-  

ACEITE EN SUS VASIJAS

 “Las insensatas, tomando sus lámparas, no tomaron consigo aceite; las prudentes tomaron aceite en sus vasijas, juntamente con sus lámparas” (Mateo 25:3, 4).

Muchos aceptan rápidamente la verdad, pero, al no ser asimilada, sus efectos son neutralizados. Se parecen a las vírgenes necias que quedaron sin la provisión de aceite para sus lámparas. El aceite es símbolo del Espíritu Santo, que llega hasta el corazón gracias a la fe en Cristo.

Quienes escudriñan las Escrituras con diligencia y mucha oración, y confían en Dios con una fe firme y obedecen sus mandamientos, están representados por las vírgenes sabias. Las enseñanzas de la Palabra de Dios no son si o no; sino SI y Amén.

Las exigencias del Evangelio están más allá del alcance humano.  El apóstol dice:

“Y todo lo que hacéis, sea de palabra o de hecho, hacedlo todo  en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de  El”  (Colos. 3:17). “Si, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios” (1 Cor. 10:31). 

Es imposible que experimentemos la piedad práctica si dejamos fuera de las cortes del corazón las grandes verdades de la Biblia.  La religión de las Escrituras debe entretejerse tanto con los asuntos que el creyente considera triviales como  con los que le parece que son muy importantes.  Debe dotarlo de los motivos poderosos y grandes principios que orientan el carácter y el curso de acción del cristiano.

El aceite, tan necesario para los que están representados por las vírgenes necias, no es algo que debe ser dejado de lado.  El creyente debe traerlo al santuario de su ser para que lo limpie, lo refine y lo santifique. No es teoría lo que se necesita; son las sagradas enseñanzas de la Biblia, las que no constituyen doctrinas inciertas y sin sentido sino  verdades vitales que comprometen intereses eternos centrados en Jesús. En El reside todo el sistema de verdades divinas.  La salvación del creyente, mediante la fe en Cristo, es el pilar fundamental de la verdad.

Los que ejercitan fe en Jesús lo manifestarán mediante la santidad de su carácter y la obediencia a la Ley de Dios. Saben que la verdad que está en Cristo pone al cielo y la eternidad a su alcance.  Entiendan también que el carácter cristiano debe imitar al de Jesús.  En consecuencia, estará lleno de gracia y de verdad.  A ellos les es impartido el aceite de la gracia que alimenta la luz que nunca se apaga. El Espíritu Santo, en el corazón del creyente lo hace completo en Cristo.

DOCTRINA DE LA VIDA CRISTIANA

EL SÁBADO. En compañía con Dios, Adán y Eva exploraron su hogar paradisíaco. El paisaje era maravilloso, indescriptible. Mientras el sol se ponía lentamente ese primer viernes, el sexto día de la creación, y comenzaban a brillar las estrellas, “vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era  bueno en gran manera” (Gen.1:31).  De este modo Dios terminó su creación de “los cielos y la tierra, y todo el ejército de ellos” (Gen.2:1).

Pero si bien es cierto que el mundo que Dios acababa de completar era incomparablemente hermoso, el mayor don que el Creador pudiese concederle a la pareja recién creada era el privilegio de mantener una relación personal con El.  Por eso les dio el sábado, un día especial de bendición, camaradería y comunión con su Creador.

EL SÁBADO A TRAVÉS DE LA BIBLIA.  Tres actos divinos distintos establecieron el sábado.

  • 1-DIOS REPOSÓ EN EL SÁBADO.  El séptimo día, Dios “cesó y reposó” (Exo.31:17); sin embargo, no descansó porque necesitara hacerlo (Isa. 40:28).  El verbo shabath significa literalmente “cesar” de trabajos o actividades (véase Gen.8:22). “El reposo de Dios no fue el resultado ni del agotamiento ni de la fatiga, sino el cesar de una ocupación anterior”.  Dios reposó porque esperaba que los seres humanos descansaran; estableció un ejemplo para la raza humana (Exo.20:11). Y creó el día de reposo al descansar el sábado. La creación del día de reposo fue su toque final, que terminó su obra.
  • 2-DIOS BENDIJO EL SÁBADO.  Dios no sólo hizo el día de reposo, sino que también lo bendijo.  La bendición sobre el séptimo día implicaba que por ella era señalado como un objeto especial del favor divino y un día que sería una bendición para las criaturas de Dios.
  • 3-DIOS SANTIFICÓ EL SÁBADO.  Santificar algo significa hacerlo sagrado, o apartarlo como algo santo y con fines santos; consagrarlo. Se pueden santificar individuos, lugares (como un santuario, templo o iglesia) y el tiempo.  El hecho de que Dios santificó el séptimo día significa que este día es santo, que lo apartó con el elevado propósito de enriquecer la relación divino-humana.

Dios bendijo y santificó el séptimo día sábado porque cesó este día de toda su obra. Lo bendijo y santificó para la humanidad, y no para sí mismo. Es su presencia personal lo que coloca en el sábado la bendición y la santificación de Dios.

EL SÁBADO EN EL SINAÍ. Los acontecimientos que siguieron a la salida de los israelitas de Egipto, demuestran que se habían olvidado del sábado. Los rigurosos requerimientos de la esclavitud parecen haber  hecho de la observancia del sábado algo muy difícil. Poco después que obtuvieron su libertad, Dios les recordó por medio del milagro del maná y la proclamación de los Diez Mandamientos, su obligación de observar el séptimo día sábado.

Cada día de la semana Dios les concedía a los israelitas suficiente maná como para suplir sus necesidades de ese día. No debían guardar  nada para el día siguiente, porque si lo hacían se echaría a perder (Exo.16:4,  16-19). En el sexto día, debían reunir el doble de lo corriente, con el fin de que tuviesen suficiente para suplir sus necesidades tanto de ese día como en el siguiente, el sábado. Dios dijo: “Mañana es el santo sábado, el reposo de Jehová: Lo que hubiereis de cocer, cocedlo hoy, y los que hubiereis de cocinar, cocinadlo; y todo lo que os sobrare, guardadlo para mañana “(Exo.16:26). Durante los 40 años, o más de 2.000 sábados sucesivos, que los israelitas pasaron en el desierto, el milagro del maná les recordó este ritmo de seis días de trabajo y el séptimo día de descanso.  

DOCTRINA DE LA VIDA CRISTIANA

El benéfico Creador descansó el séptimo día después de los seis días de la Creación, e instituyó el sábado para todos los hombres como un monumento de la Creación.  El cuarto mandamiento de la inmutable Ley de Dios requiere la observancia del séptimo día como día de reposo, culto y ministerio, en armonía con las enseñanzas y la práctica de Jesús, el Señor del sábado.  El sábado  es un día de deliciosa comunión con Dios y con nuestros hermanos. 

Es un símbolo de nuestra redención en Cristo, una señal de santificación, una demostración de nuestra lealtad y una anticipación de nuestro futuro eterno en el reino de Dios.  El sábado es la señal perpetua de Dios del pacto eterno entre El y su pueblo.  La gozosa  observancia de este tiempo sagrado de tarde a tarde, de puesta de sol a puesta de sol, es una celebración de la obra creadora y redentora de Dios. 

RECIBIREIS PODER-Persona, Presencia y  Obra del Espíritu  Santo-parte 7-       

INVISIBLE COMO EL VIENTO

 “El viento sopla de donde quiere, y oyes su sonido; más ni sabes de donde viene ni a donde va.  Así sucede con la obra del Espíritu” (Juan 3:8).

 Se oye el viento entre las ramas de los árboles, por el susurro que produce en las hojas y las flores; sin embargo es invisible, y nadie sabe de donde viene ni a donde va.  Así sucede con la obra del Espíritu Santo en el corazón. Es tan inexplicable como los movimientos del viento.  Puede ser que una persona no pueda decir exactamente la ocasión ni el lugar en que se convirtió, ni distinguir todas las circunstancias de su conversión; pero esto no significa que no se haya convertido.

Mediante un agente tan invisible como el viento, Cristo obra constantemente en el corazón.  Poco a poco, tal vez inconscientemente para quien las recibe, son hechas las impresiones que tienden a atraer el alma a Cristo.  Pueden ser recibidas al meditar en El, al leer las Escrituras, o al oír la palabra del predicador. Súbitamente, al presentar el Espíritu un llamamiento más directo, el alma se entrega gozosamente a Jesús.  Muchos llaman a ésto conversión repentina; pero es el resultado de una larga intercesión del Espíritu de Dios; es una obra paciente y larga.

Aunque el viento mismo es invisible, produce efectos que se ven y se sienten.  Así también la obra del Espíritu en el alma se revelará en toda acción de quien haya sentido su poder salvador.  Cuando el Espíritu de Dios toma posesión del corazón, transforma la vida. Los pensamientos pecaminosos son puestos a un lado, las malas acciones son abandonadas, el amor, la humildad y la paz, reemplazan a la ira, la envidia y las contenciones. La alegría sustituye la tristeza, y el rostro refleja la luz que desciende de los atrios celestiales.  La bendición viene cuando por la fe el alma se entrega a Dios. Entonces, ese poder que ningún ojo humano puede ver, crea un nuevo ser a la imagen de Dios.

Para las mentes finitas es imposible comprender la obra de la redención.  Su ministerio supera al conocimiento humano; sin embargo, el que pasa de muerte a vida comprende que es una realidad divina.  Por experiencia personal podemos conocer aquí el comienzo de la redención.  Sus resultados alcanzan hasta las edades eternas. (El Deseado de todas las gentes pág.143, 144-Elena White).

DOCTRINA DE LA VIDA CRISTIANA

Los primeros dos  mandamientos están  íntimamente relacionados, y sin embargo tienen diferencias evidentes: El primero trata de quién es el verdadero Dios, y el segundo, de cómo debe ser adorado.  El segundo no es una repetición del primero, como algunos creen. La distinción  es tan grande como la que existe entre cualquiera de los otros. El primer mandamiento revela el verdadero objeto de culto; y el segundo, la verdadera forma de rendir dicho culto.  El primero nos dice quién es el único que debe ser adorado, y el segundo nos dice cómo debemos adorarlo, o cómo no se lo debe adorar.  El primero prohíbe los dioses falsos; el segundo prohíbe las falsas formas de adoración.

“El primer mandamiento se refiere a nuestro concepto de Dios; el segundo, a nuestras acciones externas manifestadas en la adoración.  El segundo se dirige contra el falso culto del verdadero Dios.  No se lo debe adorar por medio de ídolos, imágenes ni otras manifestaciones visibles”.

Los católicos y los luteranos consideran que los primeros dos mandamientos forman el primero, y dividen el décimo mandamiento relativo  a la codicia, haciendo de él dos mandamientos separados para mantener un total de diez. ??

En general, los protestantes usan la división adoptadas por las iglesias Griega y Reformada.  Esto también lo hicieron la mayoría de los reformadores protestantes.

La ley de Moisés también puede referirse a una división del Antiguo Testamento compuesta del Pentateuco, los cinco primeros libros de la Biblia (Luc.24:44;  Hech.28:23).

En el libro del pacto se incluían ciertas regulaciones civiles y ceremoniales.  Los preceptos civiles NO constituían una adición a los del Decálogo, sinó que eran simplemente aplicaciones específicas de sus amplios principios.  Los preceptos ceremoniales simbolizaban el Evangelio al proveer para los pecadores los medios de obtener la gracia.  De este modo es el Decálogo lo que domina el pacto.

Algunos han interpretado que la declaración de Pablo según la cual “el fin de la ley es Cristo, para justicia a todo aquél que cree ”significa que el fin o propósito de la ley consiste en llevarnos al punto en que podamos ver nuestra pecaminosidad y sentirnos motivados a ir a Cristo para recibir por fe su perdón y justicia.

Otros han interpretado que la referencia a Cristo como el fin de la ley significa que Cristo es el propósito o blanco de la ley (Gal.3:24) o el cumplimiento de la Ley (Mat.5:17). Sin embargo, el punto de vista según el cuál Cristo es el fin o terminación de la Ley como medio de salvación (Rom.6:14) parece encajar  mejor en el contexto de Romanos 10:4. “Pablo esta haciendo un contraste entre la forma que Dios ha prescrito para obtener justicia por fe, con los intentos humanos de obtenerla por medio de la ley. “El mensaje del Evangelio es que para todo aquel que tiene fe, Cristo es el fin de la ley como camino de justicia”.

La ley ceremonial era un ayo que tenía el propósito de llevar al individuo a los pies de Cristo, pero por diferentes medios.  Los servicios del santuario, con sus ofrendas y sacrificios les señalaban a los pecadores el perdón de los pecados que proveería la sangre del Cordero de Dios, Jesucristo, que habría de  venir, ayudándoles de este modo a comprender la gracia del Evangelio.  Fue dispuesta con el fin de crear amor por la Ley de Dios, mientras que las ofrendas de sangre debían servir como dramática ilustración del amor de Dios en Cristo.

Caín y Abel estaban plenamente familiarizados con el sistema de sacrificios (Gen.4: 3-5;  Heb.11:3).  Lo más probable es que Adán y Eva obtuvieron sus primeras vestiduras (Gen.3:21) de las pieles de los animales sacrificados para hacer la expiación por sus pecados.

 

        RECIBIREIS PODER-Persona, Presencia y  Obra del Espíritu  Santo-parte 6-                            

LA PALOMA CELESTIAL

 “También dio Juan testimonio, diciendo: Vi al Espíritu que descendía del cielo como paloma, y permaneció sobre El” (Juan 1:32).

 Cristo es nuestro ejemplo en todo. En respuesta a la oración que elevó a su Padre, el cielo se abrió, y el Espíritu, semejante a una paloma, descendió sobre El. Por el Espíritu Santo es como Dios, además de establecer comunicación con el hombre, también mora en el corazón de los que son fieles y obedientes.  Los que lo busquen en forma sincera, con el fin de recibir sabiduría para resistir a Satanás, recibirán luz y fortaleza en la hora de la tentación.  Debemos vencer del mismo modo como Cristo triunfó.

Jesús comenzó su ministerio público con una suplica ferviente.  Con ello nos dejó un ejemplo acerca de la importancia que tiene la oración para adquirir una experiencia cristiana victoriosa.  Su constante comunión con el Padre constituye un modelo que haríamos bien en imitar.  Apreció el privilegio de orar, y la obra mostró los resultados de su comunión con Dios.  Examinando la historia de su vida, descubrimos que ante cada circunstancia importante buscaba un retiro en el bosque, o la soledad de las montañas, con el propósito de elevar a Dios sus plegarias fervientes y perseverantes. Con frecuencia dedicó noches enteras a la oración antes de realizar algún milagro poderoso.  Después de un día de labor y antes de una noche de comunión, compasivamente despedía a sus discípulos para que pudieran volver a sus hogares a descansar, mientras El, con clamor y lágrimas, intercedería ante Dios en favor de la humanidad.

En respuesta a la oración, y en virtud de la gracia de Dios, Jesús fue vigorizado para llevar las cargas y fortalecido para resistir las pruebas.  Si queremos ser vencedores, debemos depender de Dios para experimentar una vida cristiana victoriosa, siguiendo el ejemplo que Cristo legó al abrir un camino que nos conduce a la fuente de fortaleza que nunca falla, y de la cual podemos obtener gracia y poder para resistir al enemigo. En las márgenes del Jordán, Jesús oró como representante de la humanidad, y la apertura de los cielos y la voz de aprobación nos asegura que Dios acepta a la humanidad a través de los méritos de Cristo.

  

 

RECIBIREIS EL PODER-Persona, Presencia y Obra del Espíritu Santo- La Venida del Espíritu.-parte 5-

                  EL REPRESENTANTE DE CRISTO

 “Pero YO os digo la verdad: Os conviene que YO me vaya; porque si no me fuese, el Consolador no vendría a vosotros; más si me fuere, os lo enviaré. (Juan 16:7)

 “Espíritu de verdad” es el nombre que se da al Consolador. Su obra consiste en definir y mantener la verdad.  Primero habita en el corazón como el Espíritu de verdad; de ese modo, llega a ser el Consolador. En la verdad hay tranquilidad y paz, lo cual no se puede hallar en el error. 

Satanás conquista el poder sobre la mente a través de falsas teorías y tradiciones.  El enemigo logra desfigurar el carácter e imponer la adopción de falsas normas.  Mediante las Escrituras el Espíritu Santo habla a la mente, e imprime la verdad en el corazón.  De este modo expone el error y lo expulsa del creyente.  Por el Espíritu de verdad, obrando por intermedio de la Palabra de Dios, Cristo une a los suyos a sí mismo.

Al describir a sus discípulos la obra del Espíritu Santo, Jesús quiso inspirarlos para que alcanzaran el mismo gozo y la alegría que llenaba su propio corazón. Se regocijo con la ayuda abundante que había provisto para su iglesia.  El Consolador era el más excelso de los dones que podría solicitar al Padre con el propósito de exaltar a su pueblo.  Fue dado como el agente regenerador, y sin este don el sacrificio de Cristo hubiera sido en vano. Por siglos el poder maligno se había fortalecido hasta el punto que era asombrosa la sumisión del hombre a la cautividad satánica.

El pecado puede ser resistido y vencido únicamente por la intervención poderosa de la tercera persona de la Deidad, que no vendría con una energía modificada, sino en la plenitud del poder divino.  El Espíritu es el que hace efectivo lo que logró el Redentor del mundo.  Mediante el Consolador el corazón se purifica.  Gracias a su obra el creyente llega a ser participante de la naturaleza divina.  Cristo nos dio el divino poder de su Espíritu para que podamos vencer las tendencia al mal, sean heredadas o cultivadas, y para imprimir en la iglesia su propio carácter.

DOCTRINA DE LA VIDA CRISTIANA

LA LEY Y EL EVANGELIO. La salvación es un don que llega a nosotros por gracia por medio de la fe, no por las obras de la Ley (Efe. 2:8). “Ninguna obra de la ley, ningún esfuerzo, por más admirable que sea, y ninguna obra buena—ya sea muchas o pocas, de sacrificio o no— pueden justificar de manera alguna al pecador” (Tito 3:5;  Rom.3:20).

LA LEY Y EL EVANGELIO ANTES DEL SINAÍ. Cuando Adán y Eva pecaron supieron que significaban la culpa, el temor y la necesidad (Gen.3:10). En respuesta a su necesidad, Dios anuló la ley que los condenaba; en cambio, les ofreció el Evangelio que los restauraría a la comunión con El y a la obediencia de su santa Ley.

El Evangelio consistía en la promesa de la redención por medio de un Salvador, la Simiente de la mujer, el cuál un día vendría para triunfar sobre el mal (Gen.3:15).  El sistema de sacrificios que Dios estableció, les enseñó una  importante verdad relativa a la expiación: El perdón podría ser obtenido únicamente por el derramamiento de sangre, por medio de la muerte del Salvador.  Al creer que el sacrificio de los animales simbolizaba la muerte expiatoria del Salvador en su lugar, obtendrían el perdón de sus pecados. La salvación sería por gracia.

Esta promesa evangélica era el centro del pacto eterno de gracia que Dios le ofreció a la humanidad (Gen.12:1-3;  15:4;  5: 17:1-9). Se hallaba relacionada con la obediencia a la Ley de Dios (Gen.18:18,19; 26:4, 5). El Hijo de Dios sería la garantía del pacto divino, el punto focal del Evangelio, el “Cordero que fue inmolado desde el principio del mundo” (Apoc.13:8).  La gracia de Dios, por lo tanto, comenzó a aplicarse tan pronto como Adán y Eva pecaron. Dijo David “La misericordia de Jehová es desde la eternidad y hasta la eternidad sobre los que le temen, y su justicia sobre los hijos de los hijos; sobre los que guardan su pacto y los que se acuerdan de sus mandamientos para ponerlos por obra”(Sal.103:17, 18).

LA LEY Y EL EVANGELIO DESPUÉS DE LA CRUZ.  Según  han  observado numerosos cristianos, la Biblia indica que, si bien la muerte de Cristo abolió la ley ceremonial, no hizo sino confirmar la perdurable validez de la Ley moral.

LA LEY CEREMONIAL. Cuando Cristo murió, cumplió el simbolismo profético del sistema de sacrificios.   El tipo se encontró con el antitipo, y la ley ceremonial llegó a su fin. Siglos antes Daniel había predicho que la muerte del Mesías haría “cesar el sacrificio y la ofrenda” (Dan.9:27). Cuando Jesús murió el velo del templo fue rasgado sobrenaturalmente de arriba abajo (Mat.27:51), indicando así el fin del significado espiritual de los servicios del templo. 

El sacrificio expiatorio del Salvador “anuló el acta de los decretos,….. quitándola del medio y clavándola en la cruz “(Col. 2:14).  Desde entonces, ya no fue necesario realizar las elaboradas ceremonias, no más preocupación acerca de la leyes ceremoniales, con sus complejos requerimientos relativos a las ofrendas de bebidas y alimentos, las celebraciones de diversos festivales (La Pascua, el Pentecostés, etc.), las nuevas lunas o los sábados ceremoniales, “todo lo cual es sombra de lo que ha de venir” (Col. 2:16, 17, compárese con Heb.9:10).

Tal como había sido interpretada por los judíos, la ley ceremonial se había convertido en una barrera entre ellos y otras naciones.  Había llegado a ser un gran obstáculo para el cumplimiento de su mission  de iluminar el mundo con la gloria de Dios.  La muerte de Cristo abolió esta “ley de los mandamientos expresados en ordenanzas”, “derribando la pared intermedia de separación” entre los judíos y gentiles, y creando así una familia de creyentes reconciliados “mediante la cruz…. en un solo cuerpo”.  (Efe. 2:14-16)

    

RECIBIREIS PODER-Persona, Presencia y  Obra del Espíritu  Santo-parte 4-   

EL ESPIRITU: UN TESTIGO

“El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios” (Romanos 8:16).

 

Si el Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu de que somos hijos de Dios, ¿cuáles serán los resultados? El creyente someterá todo su ser a la voluntad divina.  Entonces, en su maravillosa condescendencia, la Majestad de los cielos establece una santa relación familiar con los que lo buscan de todo corazón.

Como consecuencia, mediante una abundante manifestación de la gracia de Dios, el hijo del Altísimo –el creyente- es llevado a mantener con su Padre una dependencia semejante a la de los niños con los suyos.  Consagre a Dios todo su ser –cuerpo y espíritu- con entera confianza en su poder y en su voluntad de bendecirlo, no importa cuán desvalido e indigno sea usted.

“Más a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios”  (Juan 1:12).

No caiga en la actividad impaciente, sino sea celoso en la fe, con un solo propósito definido: atraer creyentes a Cristo, el Redentor crucificado.  Esta obra no se realiza como resultado de un sermón lógico que logra convencer al intelecto.  El corazón necesita ser persuadido y ablandado por la ternura. La voluntad tiene que ser sometida al arbitrio de Dios, y todas las aspiraciones deben tener una orientación celestial.  Aliméntese de la Palabra del Dios viviente.  El efecto debe verse en la vida práctica.  Ella debe apoderarse de los comandos de todo el ser.

Cuando confiemos plenamente en Cristo, nos daremos a nosotros mismos en ofrenda a Dios.  Nuestra dependencia estará centrada en la virtud y en la intercesión de Cristo como nuestra única esperanza. No hay confusión, ni sospecha, puesto que por la fe vemos a Jesús, el enviado de Dios, cuya misión es lograr la reconciliación con los pecadores. 

Si deseamos creer solamente en Cristo, El está comprometido con un pacto solemne de mediar en favor de los que, por su intermedio, se acercan al Padre, con el propósito de garantizar su salvación. Este privilegio esta garantizado si nos acercamos confiadamente al trono de la gracia para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro.