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RECIBIREIS PODER-Persona, Presencia y  Obra del Espíritu  Santo-parte 12-      

SAVIA VIVIFICANTE

“Aconteció que entre tanto que Apolos estaba en Corinto, Pablo, después de recorrer las regiones superiores, vino a Efeso, y hallando a ciertos discípulos, les dijo: ¿Recibísteis el Espiritu Santo cuando creísteis? Y ellos le dijeron: Ni siquiera hemos oído si hay Espiritu Santo” (Hechos 19:1, 2).

 Hay muchos que hoy ignoran, tanto como aquellos creyentes de Efeso, la obra del Espiritu Santo en el corazón. Sin embargo, ninguna verdad se enseña más claramente en la Palabra de Dios. Los profetas y apóstoles se han explayado sobre este tema. Cristo mismo nos llama la atención al desarrollo del mundo vegetal como una ilustración de como obra su Espiritu para sostener la vida espiritual. La savia de la vid, al ascender desde la raiz, se difunde por las ramas, y contribuye al crecimiento y a la producción de flores y frutos.

Del mismo modo, el poder vivicador del Espiritu Santo, que procede del Salvador, llena el alma, renueva los motivos y afectos, somete hasta los pensamientos para que obedezcan la voluntad de Dios, y capacita al que lo recibe para producir los preciosos frutos de las acciones santas.

El autor de esta vida espiritual es invisible, y el método exacto mediante el cual esa vida se imparte y sostiene, excede las posibilidades de explicación por parte de la filosofía humana. Sin embargo, la actividad del Espíritu está siempre en armonía con la Palabra escrita. Lo que sucede en el mundo natural ocurre también en el espiritual. Un poder divino preserva continuamente la vida natural; sin embargo, eso no ocurre por un milagro directo, sino gracias a empleo de las bendiciones puestas a nuestro alcance.

Del mismo modo, la vida espiritual se sostiene debido al uso de los medios que la Providencia ha provisto. Para que el seguidor de Jesús crezca hasta convertirse en un “varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo”. (Efe.4:13), debe comer del pan de vida y beber del agua de la salvación. Debe velar, orar y trabajar, y prestar atención en todas las cosas, sujetándose a las instrucciones de Dios consignadas en su Palabra.

DOCTRINA DE LA VIDA CRISTIANA

INTENTOS DE CAMBIAR EL DÍA DE ADORACIÓN. Por cuánto el sábado juega un papel vital en la adoración a Dios como Creador y Redentor, no debe sorprendernos el que Satanás haya montado una ofensiva total para derribar esta sagrada institución.

En ningún lugar autoriza la Biblia a realizar un cambio del día de culto que Dios creó en el Edén y confirmó en el Sinaí. Otros cristianos han reconocido ésto, a pesar de ser ellos mismos guardadores del domingo.  El cardenal católico James Gibbons escribió en cierta ocasión: “Podéis leer la Biblia desde el Génesis al Apocalipsis y no encontraréis ni una sola línea que prescriba la santificación del domingo.  Las Escrituras hablan de la observancia religiosa de sábado, día que no santificamos”.

Si no hay evidencia bíblica de que Cristo o sus discípulos cambiaron el día de reposo, despojando al séptimo día de su carácter sagrado, entonces  ¿Cómo es que tantos cristianos han llegado a aceptar el domingo en su lugar?

CÓMO SURGIÓ LA OBSERVANCIA DEL DOMINGO. El cambio del sábado al domingo vino gradualmente. La Iglesia Romana, compuesta mayormente de creyentes gentiles (Rom.11:13), estuvo a la cabeza de la tendencia hacia el culto en domingo.  En Roma, la capital del imperio, surgieron fuertes sentimientos anti-judíos, los cuáles se fortalecieron a medida que pasaba el tiempo.  En reacción a esos sentimientos, los cristianos que vivían en esa ciudad procuraron distinguirse de los judíos.  Abandonaron ciertas prácticas comunes a ambos grupos, e iniciaron una tendencia a separarse de la veneración del sábado, moviéndose hacia la observancia exclusiva del domingo.

Antes del segundo siglo, no hay evidencia de que los cristianos celebraran reuniones semanales de culto en domingo, pero para la mitad de ese siglo, algunos cristianos estaban observando voluntariamente el domingo como un día de culto pero no de reposo.  Desde el siglo segundo hasta el quinto, y mientras el domingo continuaba adquiriendo influencia, los cristianos siguieron observando el séptimo día sábado casi en todos los lugares del Imperio Romano.

Sócrates escribió “Casi todas las iglesias de todo el mundo celebran los sagrados misterios en el sábado de cada semana, y sin embargo los cristianos de Alejandría y de Roma, por alguna antigua tradición, han cesado de hacer esto”.

En los siglos cuarto y quinto, muchos cristianos adoraban tanto en el sábado como en el domingo. Sozomen, otro historiador de ese período, escribió:   “La gente de Constantinopla, y de casi todas partes, se reúnen el sábado, así como en el primer día de la semana; esta costumbre nunca se observa en Roma o Alejandría”  Estas referencias demuestran el papel principal que le cupo a Roma en el abandono de la observancia del sábado. Los que paulatinamente se alejaron del séptimo día escogieron el domingo y no otro día de la semana.

Una razón primordial es que Cristo resucitó en domingo; de hecho, se afirmaba que el Salvador  había autorizado la práctica de adorar en ese día. Pero aunque parezca extraño, ningún escritor de los siglos tercero y cuarto jamás citó un solo versículo bíblico como autoridad para justificar la observancia del domingo en lugar del sábado. Ninguno que viviese cerca del tiempo cuando Jesús vivió, sabía que existiese ninguna instrucción tal de Jesús o de ninguna parte de la Biblia.

La popularidad e influencia que le confería al domingo la adoración al sol de los romanos paganos, sin duda contribuyó a su creciente aceptación como día de culto.  La adoración al sol desempeñaba un papel importante por todo el mundo antiguo.  Era “uno de los componentes más antiguos de la religión romana” Debido a los cultos orientales dedicados al sol “desde la primera parte del siglo segundo de nuestra era, el culto al Sol Invictus era dominante en Roma  y en otras partes del Imperio”.

 

 

DOCTRINA DE LA VIDA CRISTIANA

UNA SEÑAL DE JUSTIFICACIÓN POR LA FE.  Los cristianos reconocen que sí se dejan guiar por una conciencia iluminada, los no cristianos que buscan honestamente la verdad pueden ser llevados por el Espíritu Santo a la comprensión de los principios generales de la Ley de Dios (Rom.2: 14-16).  Esto explica por qué los otros nueve mandamientos, fuera del cuarto, han sido practicados en cierto modo fuera de la cristiandad.  Pero ese no es el caso del mandamiento relativo al sábado.

Muchos pueden ver la razón de tener un día semanal de descanso, pero a menudo les resulta difícil comprender por qué la misma clase de trabajo que en cualquier otro día de la semana es considerado correcto  y digno, es un pecado cuando se lo realiza el séptimo día. Para el cristiano hay una sola razón; y esa razón basta: DIOS HA HABLADO.

Es únicamente en base a la revelación especial de Dios que se puede  comprender cuán razonable es observar el séptimo día. Por tanto, los que guardan el sábado lo hacen POR FE y porque confían en Cristo, quién requiere su observancia.  Más bien observan el sábado como resultado de su relación con Cristo, el Creador y Redentor.  El hecho de guardar el sábado es el producto de la justicia de Cristo en la justificación y la santificación, significando así que los creyentes han sido liberados de la esclavitud del pecado y han recibido su perfecta justicia.

Un manzano no se convierte en manzano cuando da manzanas. Primero tiene que ser manzano.  Luego vienen las manzanas como su fruto natural.  Así también el verdadero cristiano no guarda el sábado o los otros nueve preceptos con el fin de hacerse justo a sí mismo.  Más bien éste es el fruto  natural de la justicia que Cristo comparte con él.  El que guarda el sábado, no es un legalista, ya que el acto externo de guardar el séptimo día demuestra la experiencia interior del creyente en la justificación y la santificación.   Por esto el verdadero guardador del sábado no se abstiene de acciones prohibidas durante las horas sagradas con el fin de ganar el favor de Dios, sino porque ama a Dios y desea hacer que el sábado cuente al máximo en comunión especial con El.

Guardar el sábado revela  que hemos cesado de depender de nuestras propias obras. El acto de guardar el día correcto en la forma correcta es una señal de la justificación por la fe.

UN SÍMBOLO DE REPOSO EN CRISTO.  El sábado,  monumento de la obra que Dios realizó al librar a Israel de Egipto y llevarlos al reposo de la Canaán terrenal, distinguió a los redimidos de ese tiempo de las naciones que los rodeaban.  En forma similar, el sábado es señal de la liberación del pecado y la entrada al reposo de Dios, lo cuál aparta del mundo a los redimidos. Este reposo  es espiritual, un descanso de nuestras propias obras, la cesación del pecado.

 Es a este reposo al que Dios llama a su pueblo.  La observancia del séptimo día sábado testifica de este modo no sólo acerca de la fe en Dios como el Creador de todas las cosas, sino también de la fe en su poder de transformar la vida y proveer para los seres humanos la idoneidad para entrar en ese “reposo” eterno que El se proponía originalmente conceder  a todos los habitantes de  este mundo.  “Por tanto,  queda un reposo para el pueblo de Dios” (Heb.4:9).

El Nuevo Testamento llama al cristiano a no demorarse en experimentar este reposo de gracia y fe, ya que “hoy” es el momento oportuno para entrar en  él  (Heb4:7; 3:13).  Todos los que han entrado en este reposo  -la gracia salvadora recibida por fe en Jesucristo- han cesado todo esfuerzo por lograr justicia por sus propias obras.  DE ESTE MODO, LA OBSERVANCIA DEL SÉPTIMO DÍA SÁBADO ES UN SÍMBOLO O DEMOSTRACIÓN DE QUE EL CREYENTE HA ENTRADO EN EL REPOSO QUE PROVEE EL EVANGELIO.

     

DOCTRINA DE LA VIDA CRISTIANA

EL SIGNIFICADO DEL SÁBADO.  El sábado tiene amplio significado y está lleno de  profunda  y rica espiritualidad.

UN MONUMENTO PERPETUO DE LA CREACIÓN.  Como hemos visto, el significado fundamental que los Diez Mandamientos le aplican al sábado, es que conmemora la creación del mundo (Exo.20:11,12). De esta manera la institución del sábado es enteramente conmemorativa de la actividad creadora de Dios, y fue dada para toda la humanidad.  No hay nada en ella que fuese oscuro o que limitase su observancia a un solo pueblo.  Y mientras adoremos a Dios porque es nuestro Creador, el sábado continuará funcionando como la señal y el monumento de la creación.

UN SÍMBOLO DE REDENCIÓN.  Cuando Dios libró a Israel de su esclavitud en Egipto, el sábado, que ya era un monumento de la creación, se convirtió además en un monumento de su liberación (Deut.5:15). El Señor se proponía que el descanso sabático semanal, si se lo observaba como era debido, mantuviera constantemente la facultad de liberar a los seres humanos de la esclavitud de un Egipto que no se limita a ningún país ni siglo, sino que incluye todas las tierras y las eras de la historia. En nuestros días, el hombre también necesita escapar de la esclavitud que proviene de la codicia, de las ganancias y el poder, de la desigualdad social, del pecado y el egoísmo.

UNA SEÑAL DE SANTIFICACIÓN.  El sábado es una señal del poder transformador de Dios, un signo de santidad  o  santificación. El Señor declaró: “Vosotros guardaréis mis sábados: porque es señal entre mí y vosotros por vuestras edades, para que sepáis que YO SOY JEHOVÁ que os santifico” (Exo.31:13, véase también Eze.20:20). Por lo tanto, el sábado es también una señal de que Dios es nuestro Santificador.  Para los que consideran que el día sábado es sagrado, éste constituye la señal de la santificación.  La verdadera santificación es armonía con Dios, unidad con El en carácter. El que obedece el cuarto mandamiento de corazón, obedecerá también toda la ley.  Es santificado por medio de la obediencia.

UNA SEÑAL DE LEALTAD. Así como la lealtad de Adán y Eva fue probada por el árbol del conocimiento del bien y del mal que se hallaba en el medio del jardín del Edén, así también la lealtad a Dios de cada ser humano será probada por el mandamiento relativo al sábado, colocado en el medio del Decálogo.

La Escritura revela que antes de la segunda venida de Cristo, todo el mundo estará dividido en dos clases: los que son leales y  “guardan los mandamientos de Dios y la fe de Jesús”, y los que adoran “a la bestia y a su imagen” (Apoc.14: 12, 9).  En ese tiempo, la verdad de Dios será magnificada ante el mundo y a todos le resultará claro que la obediente observancia del séptimo día sábado de la Escritura provee evidencia de lealtad al Creador.

UN TIEMPO DE COMUNIÓN.  Dios creó a los animales para que fueran compañeros de la humanidad (Gen.1:24,25). Y con el fin de gozar de un nivel mayor de compañerismo, Dios creó al hombre y la mujer y los entregó uno a otro (Gen.2: 18-25).  Pero con el sábado, Dios le concedió a la humanidad un don que ofrece la más elevada forma de compañerismo con El. Los seres humanos no fueron creados sólo para que se asociaran con los animales, y ni siquiera con otros seres humanos. Fueron hechos para Dios.  Es durante el sábado cuando podemos experimentar en forma especial la presencia de Dios entre nosotros.  Sin el sábado, todo sería trabajo y lucha sin cesar.  Cada día sería como los otros, dedicado a intereses seculares. La llegada del sábado trae consigo esperanza, gozo, significado y valor.  Provee tiempo para la comunión con Dios por medio de culto, la oración, el canto, el estudio de la Palabra y meditación en ella, y el acto de compartir el Evangelio con otros. EL SÁBADO ES NUESTRA OPORTUNIDAD PARA EXPERIMENTAR LA PRESENCIA DE DIOS.

 

 

 

              RECIBIREIS PODER-Persona, Presencia y  Obra del Espíritu Santo-parte 11-  

AGUA VIVA PARA COMPARTIR

“Más el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua  que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna” (Juan 4:14).

Siendo que el plan de redención comienza y termina con un don, así también debemos compartirlo.  El mismo espíritu de sacrificio que compró la salvación para nosotros, habitará en el corazón de los que llegan a ser participes del don celestial.  El apóstol Pedro recomienda: “Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios” (1 Ped.4:10).  Al enviarlos Jesús dijo a sus discípulos: “De gracia recibísteis, dad de gracia” (Mat.10:8).

El que está en completa afinidad con Cristo, no puede albergar exclusivismo  ni egoísmo. Quien bebe del agua de la vida hallará “en El una fuente de agua que salte para vida eterna” (Juan 4:14).  El creyente que tiene el Espíritu de Cristo es como un manantial refrescante que pone esta agua al alcance de los que están a punto de perecer en el desierto.

El mismo espíritu de amor y sacrificio personal que hubo en Cristo fue el que impulsó a Pablo en su amplio ministerio.  Dijo: “A griegos y a no griegos, a sabios y a no sabios soy deudor” (Rom.1:14).  “A mi, que soy menos que el más pequeño de todos los santos, me fue dada la gracia de anunciar entre los gentiles el evangelio de las inescrutables riquezas de Cristo” (Efe.3:8).

El Señor dispuso que  su iglesia refleje al mundo la plenitud y la eficacia que hallamos en El.  Constantemente estamos recibiendo los dones de la liberalidad divina, y, al impartirlos, representamos al mundo el amor y la beneficencia de Cristo. Mientras todo el cielo está  en actividad, enviando mensajeros a todas partes de la tierra con el propósito de promover la obra de la redención, la iglesia del Dios viviente debería actuar como colaboradora de Jesús. 

Somos parte de un cuerpo místico, y El es la cabeza que controla todos sus miembros.  En su infinita misericordia, Jesús mismo está obrando en el corazón humano, en el que realiza transformaciones tan sorprendentes que los ángeles lo observan con asombro y alegría.

DOCTRINA DE LA VIDA CRISTIANA

EL SÁBADO Y LOS APÓSTOLES.  Los discípulos manifestaban gran respeto por el sábado. Este hecho se hizo evidente en ocasión de la muerte de Cristo.  Cuando llegó el sábado, interrumpieron sus preparativos para el sepelio, “y reposaron el sábado conforme al mandamiento”, con planes de continuar esa obra el domingo “el primer día de la semana”  (Luc.23:56).

En sus viajes evangelísticos, Pablo asistía a las sinagogas en el sábado, y predicaba a Cristo (Hech.13:14;  17:1,2;  18:4). En sus escritos deja bien claro que los cristianos ya no se hallan bajo la obligación de guardar los días anuales de reposo porque Cristo clavó las leyes ceremoniales en la cruz  “Por tanto, nadie os juzgue en comida, o en bebida, o en parte de día de fiesta, o de nueva luna, o de sábados: lo cuál es la sombra de lo por venir más el cuerpo es de Cristo”  (Col 2:16, 17).  El contexto de este pasaje tiene que ver con asuntos rituales, los sábados que aquí se refiere son los sábados ceremoniales de los festivales anuales judíos.

Del mismo modo, en Gálatas Pablo protesta contra la observancia de los requerimientos de la ley ceremonial. Dice: “Guardáis los días, los meses, los tiempos y los años. Me temo de vosotros, que haya trabajado en vano con vosotros” (Gal.4:10,11).  Muchos están bajo la impresión de que Juan se refería al domingo cuando declaró que “estaba en el Espíritu en el día del Señor “(Apoc.1:10). En la Biblia,  sin embargo, el único día al cuál se hace referencia como la posesión especial del Señor  es el sábado. 

CRISTO DECLARÓ: “El séptimo día es reposo para Jehová tu Dios” (Exo.20:10); más tarde lo llamó “mi día santo “(Isa. 58:13), también declaró que El mismo era “Señor aún del sábado” (Mar. 2:28). Por cuánto en la Escritura, el único día que el Señor reconoce como suyo propio es el séptimo día sábado, es lógico concluir que Juan se refería al día sábado. Por cierto NO hay precedente bíblico para indicar que pudiese aplicar este término al domingo, primer día de la semana.

En ninguna parte nos manda la Biblia observar un día de la semana que no sea el sábado. No declara bendito o santo a ningún otro día semanal.  Tampoco indica el Nuevo Testamento que Dios haya cambiado el reposo a ningún otro día de la semana.

Por el contrario, la Escritura revela que Dios se proponía que su pueblo observara el sábado por la eternidad: “PORQUE COMO LOS CIELOS NUEVOS Y LA NUEVA TIERRA, QUE YO HAGO, PERMANECEN DELANTE DE MÍ, DICE JEHOVÁ, ASÍ PERMANECERÁ VUESTRA SIMIENTE Y VUESTRO NOMBRE. Y SERÁ QUE DE MES EN MES Y DE SÁBADO EN SÁBADO, VENDRÁ TODA CARNE A ADORAR DELANTE DE MÍ, DIJO JEHOVÁ”. (ISA. 66:22, 23)

RECIBIREIS PODER-Persona, Presencia y  Obra del Espíritu  Santo-parte 10-   

CORAZON CON LEVADURA

 “Y volvió a decir: ¿A qué compararé el reino de Dios? Es semejante a la levadura, que una mujer tomó y escondió en tres medidas de harina, hasta que todo hubo fermentado” (Lucas 13:20, 21).

La parábola ilustra el poder de penetración y asimilación que tiene el evangelio, cuando obra en el corazón de los feligreses, para darle a la iglesia un carácter a la  semejanza divina. Como la levadura actúa en la harina, así el Espíritu de Dios obra en la vida del creyente que absorbe todas sus capacitaciones y poder, conformando su espíritu, mente y cuerpo a la semejanza de Cristo.

En la parábola, la mujer mezcló la levadura con harina. Era necesario suplir una necesidad, De este modo, Dios desea enseñarnos que, fuera de El, no existe ningún otro medio de salvación.  Mediante el ejercicio de la voluntad nadie puede transformarse por sí mismo.  La verdad tiene que ser recibida en el corazón.  Así opera la levadura celestial. Gracias a su poder vitalizante y transformador cambia el corazón.  Despierta nuevos pensamientos, nuevos sentimientos, nuevos deseos y propósitos. 

Se produce un cambio del la mente, y se ponen en acción todas sus capacidades.  No es que al hombre se le impartan nuevas facultades, sino que éstas son santificadas. La conciencia que había estado muerta, ahora despierta. Pero el hombre sólo no puede hacer esta obra por sí mismo.  La realiza únicamente el Espíritu Santo. Todos los que desean sean ser salvos, encumbrados o inferiores, ricos o pobres, deben someterse a la acción de ese poder.

A  Nicodemo, Cristo le presentó la verdad de este modo: “De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios…Lo que es nacido de la carne, carne es; lo que es nacido del Espíritu, espíritu es.  No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo.  El viento sopla de donde quiere, y oyes sus sonido; más ni sabes de donde viene, ni a donde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu” (Juan 3:3, 6-8).

Cuando nuestras mentes estén controladas por el Espíritu de Dios, podremos entender las lecciones que nos enseña la parábola de la levadura.  Los que abren su corazón para recibir la verdad, podrán experimentar el gran poder transformador que tiene la Palabra de Dios.

 

DOCTRINA DE LA VIDA CRISTIANA

LOS SÁBADOS ANUALES. Además de los sábados semanales (Lev.23:3), había siete sábados anuales de carácter ceremonial, repartidos en el calendario religioso de Israel.  Estos sábados anuales no estaban directamente relacionados con el séptimo día sábado o el ciclo semanal.  Esos días de reposo, “además de los sábados de Jehová” (Lev.23:38), eran el primero y último días de la fiesta de los panes sin levadura, el Día de Pentecostés, la Fiesta de las Trompetas, el Día de la Expiación, y el primer y último días de la Fiesta de los Tabernáculos  (Véase Lev.23:7, 8, 21, 24, 25, 26, 28, 35, 36).

Por cuanto el cálculo de esos días de reposo dependía del comienzo del año sagrado, el cuál estaba basado en el calendario lunar, las celebraciones podían caer en cualquier día de la semana. Cuando coincidían con el sábado semanal, se conocían como “días grandes” o “días de gran solemnidad “(véase Juan 19:31). El sábado semanal fue ordenado al fin de la semana de la creación para toda la humanidad;  por su parte, los sábados anuales constituían una parte integral del sistema judío de ritos y ceremonias instituidos en el monte Sinaí…. Los cuales apuntaban hacia el futuro advenimiento del Mesías, y cuya observancia terminó con su muerte en la cruz.

EL SÁBADO Y CRISTO. La Escritura revela que Cristo fue, tanto como el Padre, el Creador (véase 1 Cor.8:6; Heb.1:1,2; Juan 1:3). Por lo tanto, El fue quien apartó el séptimo día como día de reposo para la humanidad.   Más adelante, Cristo asoció el sábado no sólo con su obra creadora sino también con su obra redentora.  Como el “YO SOY”  (Juan 8: 58;  Exo.3:14). En todo su ministerio terrenal, Cristo nos dio ejemplo de fidelidad en guardar el sábado.  Era “conforme a su costumbre” adorar en el día sábado  (Luc.4:16).  Tan importante consideraba Cristo la santidad del sábado, que cuando habló de la persecución que sucedería después de su ascensión, aconsejó a sus discípulos diciendo: “Orad, pues, que vuestra huída no sea en invierno ni en sábado” (Mat.24:20).

Cuando Cristo terminó su obra de creación– su primer gran acto en la historia del mundo–reposó en el séptimo día. Este reposo significaba terminación y consumación.  Hizo lo mismo al fin de su ministerio terrenal después de que concluyó su segundo gran acto en la historia.  El viernes de tarde, el sexto día de la semana, completó su misión redentora en el mundo.  Sus últimas palabras fueron: “Consumado es”  (Juan 19:30).  La Escritura hace énfasis  en que cuando Cristo murió “era el día de la Preparación, y el sábado ya rayaba”  (Luc.23:54).  A continuación de su muerte, reposó  en una tumba, simbolizando así el hecho de que había cumplido la redención de la raza humana.

DE ESTE MODO, EL SÁBADO TESTIFICA ACERCA DE LA OBRA DE CREACIÓN Y REDENCIÓN QUE CRISTO REALIZÓ. LOS SEGUIDORES DEL SALVADOR SE REGOCIJAN CON EL POR SUS LOGROS EN FAVOR DE LA HUMANIDAD.

 

RECIBIREIS PODER-Persona, Presencia y  Obra del Espíritu  Santo-parte 9-

                          EL ACEITE FLUYE CONSTANTEMENTE    

          “Hablé aún de nuevo, y le dije: ¿Qué significan las dos ramas de olivo que por medio de dos tubos de oro vierten de sí aceite como oro?…Y él dijo: Estos son los dos ungidos que están delante del Señor de toda la tierra”. (Zacarías 4:12, 14).

 

Mediante esta figura, Zacarías ilustra la continua comunicación del Espíritu Santo con la iglesia; la lección maravillosa nos infunde mucho ánimo.  El profeta dice: “Volvió el ángel que hablaba conmigo, y me despertó, como un hombre que es despertado de su sueño. Y me dijo: ¿Que ves? Y respondí: He mirado, y he aquí un candelabro todo de oro, con un depósito encima, y sus siete lámparas encima del candelabro, y siete tubos para las lámparas que están encima de él”.

“Proseguí y hablé, diciendo a aquel ángel que hablaba conmigo: ¿Que es ésto, señor mío?…Entonces respondió y me habló diciendo: Esta es palabra de Jehová a Zorobabel, que dice: No con ejércitos…Hablé aún de nuevo, y le dije: ¿Que significan las dos ramas de olivo que por medio de dos tubos de oro vierten de sí aceite como oro?…Y él dijo: Estos son los dos ungidos que están delante del Señor de toda la tierra” (Zac.4:1-4, 6, 12, 14).

Desde los dos olivos, el dorado aceite aceite fluía a través de los tubos de oro hacia el depósito del candelabro, y desde allí a las áureas lámparas que alumbraban al santuario.  De ese modo, del Santo que permanece en la presencia de Dios, el Espíritu divino es impartido a los instrumentos humanos que se han consagrado a su servicio.  La misión de los dos ungidos es comunicar luz y poder al pueblo de Dios. Permanecen en su presencia para que recibamos sus bendiciones. 

Semejante a los dos olivos que van vaciándose a si mismos mediante los conductos de oro, los mensajeros celestiales buscan la oportunidad para compartir lo que han recibido de Dios.  Todos los tesoros celestiales aguardan que los solicitemos, y, a en la medida que recibamos sus bendiciones, nos corresponde impartirlas a otros.  De ese modo son abastecidas las lámparas celestiales, y la iglesia llega a ser luz para el mundo.

DOCTRINA DE LA VIDA CRISTIANA

EL SÁBADO Y LA LEY.  Dios colocó el mandamiento relativo al sábado en el centro del Decálogo.

“Acuérdate del día de reposo, para santificarlo: Seis días trabajarás y harás toda tu obra; más el séptimo día será reposo para Jehová tu Dios: No hagas en él obra alguna, tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu criada, ni tu bestia, ni tu extranjero que está dentro de tus puertas: Porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, el mar y todas las cosas que en ellos hay, y reposó en el séptimo día: Por tanto Jehová bendijo el día de reposo y lo santificó” (Exodo 20: 8-11).

Todos los mandamientos del Decálogo son vitales, y ninguno debe ser descuidado (Sant.2:10), pero Dios distinguió el mandamiento relativo al sábado de todos los demás. En relación con  él, nos mandó recordarlo, amonestando así a la humanidad contra el peligro de olvidar su importancia.  Las palabras con las cuales comienza el mandamiento;  “Acuérdate de día de reposo para santificarlo”, muestran que el sábado no fue instituido por primera vez en el Sinaí. Dichas palabras indican que su origen fue anterior, de hecho, en la creación, como lo revela el resto del mandamiento. Dios deseaba que observáramos el sábado como su monumento de la creación. Define el tiempo de descanso y adoración, y nos invita a contemplar a Dios y sus obras.

Como el monumento de la creación, la observancia del sábado es un antídoto de la idolatría.  Al recordarnos que Dios creó el cielo y la tierra, lo distingue de todos los dioses falsos.  Así pues, el acto de guardar el sábado se convierte en la señal de nuestra fidelidad al Dios verdadero, una prueba de que reconocemos su soberanía como Creador y Rey.

El mandamiento del sábado funciona  como el sello de la Ley de Dios. Generalmente, los sellos contienen tres elementos: el nombre del dueño del sello, su título, y su jurisdicción.  Los sellos oficiales se usan para validar documentos de importancia. El documento adquiere la autoridad del oficial cuyo sello ha sido colocado sobre él. El sello implica que el mismo oficial aprobó la legislación y que todo el poder de su cargo lo apoya.

Entre los Diez Mandamientos, el mandamiento relativo al sábado es el que contiene los elementos vitales de un sello.  Es el único de los diez que identifica al Dios verdadero, especificando su nombre: “Jehová tu Dios”;   su título “Creador”;   y su territorio: “los cielos y la tierra” (Exo.20:10, 11). Por cuanto únicamente el cuarto mandamiento muestra con autoridad de quién fueron dados los Diez Mandamientos, “contiene el sello de Dios”, incluido en su ley como evidencia de su autenticidad y obligatoriedad.

EL SÁBADO Y EL PACTO. La ley de Dios era un rasgo central de pacto (Exo.24:37); así también el sábado, colocado en el corazón de esa Ley, es prominente en el pacto divino. Dios declaró que el sábado sería “por señal entre mi y ellos, para que supiesen que yo soy Jehová que los santifico” (Eze.20:12; véase Eze.20:20;  Exo.31:17).

 POR LO TANTO DIOS DICE: EL REPOSO SABÁTICO ES UN“PACTO PERPETUO” (EXO. 31:16).

“ASÍ COMO EL PACTO SE BASA EN EL AMOR DE DIOS POR SU PUEBLO (DEUT.7:7, 8),  TAMBIÉN EL SÁBADO, COMO SEÑAL DE ESE PACTO, ES UNA SEÑAL DE AMOR DIVINO”.