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RECIBIREIS PODER-Persona, Presencia y  Obra del Espíritu  Santo-parte 18-

EL ESPIRITU ES NUESTRO AYUDADOR

 El Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues que hemos de pedir como conviene no lo sabemos, pero el Espíritu intercede por nosotros con gemidos indecibles” (Romanos 8:26).

El Espíritu Santo formula toda oración sincera. Su mediación siempre estará fundamentada en la voluntad de Dios, y nunca tendrá el propósito de avalar lo que está en contra de sus designios. “El Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad” (Rom.8:26). Siendo Dios, el Espíritu conoce la mente del Altísimo.

Por lo tanto, en cada oración, ya sea en favor de los enfermos u otras necesidades, la voluntad de Dios ha de ser respetada. “Quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Así también nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios” (1Cor.2:11).

Si deseamos ser enseñados por Dios, deberemos orar conforme a su voluntad revelada, y estar dispuestos a someternos a sus designios, porque los desconocemos. Cada súplica debe estar de acuerdo con los deseos de Dios, confiando en su preciosa Palabra, y creyendo que Cristo se dio a sí mismo por sus discípulos. El registro dice: “Y habiendo dicho ésto, sopló y les dijo: Recibid el Espíritu Santo” (Juan 20:22).

Jesús está esperando soplar sobre todos sus discípulos con el propósito de darles la inspiración santificada de su Espíritu y transmitir a su pueblo su propia influencia vitalizadora. También desea que entendamos la imposibilidad de servir a dos señores. Nuestros intereses no pueden estar divididos. Cristo quiere vivir y actuar por intermedio de las facultades y habilidades de sus agentes humanos.

La voluntad debe cooperar con la suya y actuar con su Espíritu, puesto que ya no son ellos los que viven, sino Cristo en los suyos. Jesús desea grabar en sus hijos la idea de que, al darles el Espíritu Santo, les concede la misma gloria que el Padre le había dado, para que El y su pueblo sean uno con Dios. Nuestros deseos y nuestra voluntad deben estar sujetos a la suya, puesto que El es Justo, Santo y Bueno.

DOCTRINA DE LA VIDA CRISTIANA

 La conducta cristiana-el estilo de vida de un seguidor de Dios-surge como nuestra respuesta agradecida a la magnífica salvación de Dios por medio de Cristo. Pablo apela a todos los cristianos diciendo: “Así que hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional. No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta” (Rom.12:1, 2). Por eso los cristianos protegen y desarrollan voluntariamente sus facultades mentales, físicas y espirituales, con el fin de honrar a su Creador y Redentor.

CRISTO ORÓ DICIENDO:No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal. No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo”  (Juan 17: 15, 16).   ¿Cómo puede un cristiano estar en el mundo y a la vez separarse de él?    ¿Cómo debe el estilo de vida del cristiano diferenciarse del que prevalece en el mundo?

Los cristianos deben adoptar un estilo de vida diferente, no con el fin de ser diferentes, sino porque Dios los ha llamado a vivir en base a principios. 

LA CONDUCTA Y LA SALVACIÓN.  Al determinar que conducta es apropiada, debemos evitar los extremos. “Vosotros hermanos, a libertad fuisteis llamados; solamente que no uséis la libertad como ocasión para la carne” (Gal.5:13). Si bien es cierto que nuestra conducta y nuestra espiritualidad están estrechamente relacionadas, nunca podremos ganar la salvación  por medio de una conducta correcta.  Más bien la conducta cristiana es un fruto natural de la salvación, y se basa en lo que Cristo ya logró realizar a favor nuestro en el Calvario.

TEMPLOS DEL ESPÍRITU SANTO.  No sólo la iglesia, sino también el individuo es un templo para la morada del Espíritu Santo: “¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cuál está en vosotros, el cuál tenéis de Dios, y que no sois vuestros? (1 Cor.6:19).

Los cristianos, por tanto, practican los hábitos de la buena salud con el fin de proteger la mente, el lugar donde mora el Espíritu de Cristo.   Por esta razón, la importancia de tener hábitos correctos de salud. El llamado que Dios hace a la santidad incluye un llamado a disfrutar de salud tanto física como espiritual.  “Cualquier cosa que debilite la razón, perjudique la sensibilidad de la conciencia, oscurezca nuestro sentido de Dios, y disminuya la fortaleza y autoridad que debe tener nuestra mente sobre el cuerpo, es mala, no importa cuán inocente pueda ser en sí misma”.

Las leyes de Dios, que incluyen las leyes de salud, no son arbitrarias, sino que han sido dispuestas por nuestro Creador para permitirnos gozar al máximo de la vida.  Satanás, el enemigo desea robarnos la salud, el gozo y la paz mental, y por fin destruirnos (véase Juan 10:10).

 

 

RECIBIREIS PODER-Persona, Presencia y  Obra del Espíritu  Santo-parte 17-

LLUVIAS DE GRACIA

Pedid a Jehová lluvia en la estación tardía. Jehová hará relámpagos, y os dará lluvia abundante, y hierba verde en el campo a cada uno” (Zacarías 10:1)

En el Oriente, la lluvia temprana cae al tiempo de la siembra. Es necesaria para que la semilla pueda germinar. Por efecto de la fertilizante lluvia, los tiernos brotes se desarrollan. La última precipitación, que ocurre al fin de la temporada, madura el grano y lo prepara para la cosecha.

El Señor utilizó este proceso natural con el fin de representar la obra del Espíritu Santo. Como el rocío y la lluvia primero producen la germinación de la semilla y después la maduración del grano para la cosecha, del mismo modo el Espíritu Santo tiene la misión de producir, de una etapa a otra, el crecimiento espiritual.

La maduración del grano representa la culminación de la obra de la gracia de Dios en el creyente. En virtud de la acción del Espíritu Santo la imagen moral de Dios se perfecciona en el carácter. Hemos de ser totalmente transformados a la semejanza de Cristo.

Muchos han errado en gran manera al no recibir la lluvia temprana. No han obtenido todos los beneficios que Dios ha provisto para ellos. Esperan que su falta será suplida por la lluvia tardía. Tienen la intención de abrir el corazón para recibirla cuando sea concedida la generosa abundancia de la gracia. Pero incurren en un terrible error.

La obra de Dios, que comienza en el corazón al momento de conceder su luz y conocimiento, debe crecer continuamente, Cada persona necesita descubrir su propia carencia. Para que pueda habitar el Espíritu en el corazón, este debe ser vaciado y purificado de toda contaminación.

Solo mediante la confesión y el abandono del pecado, la oración ferviente y la consagración a Dios, los discípulos pudieron estar preparados para el derramamiento del Espíritu Santo en el dia de Pentescostés. Una obra semejante, pero en un grado superlativo, debe hacerse ahora. Luego, lo único que necesita realizar el agente humano es solicitar la bendición, y esperar que el Señor lo perfeccione. Es Dios quien comienza y termina la obra que hace al creyente completo en Cristo Jesús.

Sin embargo, no debemos ser descuidados con la gracia representada por la lluvia temprana. Unicamente los que viven en armonía con la iluminación obtenida, recibirán más luz. A menos que avancemos diariamente en la ejemplificación de las activas virtudes cristianas, no estaremos en condiciones de reconocer la manifestación del Espíritu Santo en la lluvia tardía. Alrededor, otros corazones la podrán estar recibiendo, pero nosotros no lo advertiremos ni la recibiremos.

 DOCTRINA DE LA VIDA CRISTIANA

LA CONDUCTA CRISTIANA-CONCEPTO

Se nos invita a ser gente piadosa que piensa, siente y obra en armonía con los principios del cielo.  Para que el Espíritu vuelva a crear en nosotros el carácter de nuestro Señor, participamos solamente de lo que produce pureza, salud y gozo cristianos en nuestra vida.  Esto significa que nuestras recreaciones y entretenimientos estarán en armonía con las más elevadas normas de gusto y belleza cristianos. Si bien reconocemos diferencias culturales, nuestra vestimenta debiera ser sencilla, modesta y pulcra como corresponde a aquéllos cuya verdadera belleza no consiste en el adorno exterior, sino en el inmarcesible ornamento de un espíritu apacible y tranquilo. 

Significa también que puesto que nuestros cuerpos son el templo del Espíritu Santo, debemos cuidarlos inteligentemente.  Junto con practicar ejercicios adecuados, y descansar, debemos adoptar un régimen alimentario los más saludable posible, y abstenernos de alimentos impuros identificados como tales en las Escrituras.  Puesto que las bebidas alcohólicas, el tabaco y el empleo irresponsable de drogas y narcóticos son dañinos para nuestros cuerpos, también nos abstendremos de ello.  En cambio, nos dedicaremos a todo lo que ponga nuestros pensamientos y cuerpos en armonía con la disciplina de Cristo, quien quiere que gocemos de salud, de alegría y de todo lo bueno. 

DOCTRINA DE LA VIDA CRISTIANA

 CRISTO COMO MAYORDOMO.  Cristo soportó la crueldad de la cruz, el dolor aún más profundo que le causó el rechazo de los suyos, y el inconcebible abandono de Dios. Cristo entregó no sólo todo lo que tenía  – y poseía todo-, sino también se entregó a sí mismo. En esto consiste la mayordomía. Al contemplar ese don supremo nos apartamos de nosotros mismos, rechazando nuestro amor propio, y llegamos a ser como El.  Por cuanto Cristo murió por el mundo, la mayordomía en su sentido más amplio también se orienta hacia las necesidades del mundo.

LAS BENDICIONES DE LA MAYORDOMÍA.  Dios nos ha asignado el papel de mayordomos para nuestro propio beneficio, no para el suyo.

UNA BENDICIÓN PERSONALUna razón por la cuál Dios nos pide que consagremos continuamente a El nuestra vida entera—el tiempo, las capacidades, el cuerpo y las posesiones materiales-, es con el fin de promover nuestro propio crecimiento espiritual y desarrollo de carácter. Al mantener fresco en nuestra conciencia el hecho de que Dios es el dueño de todo, y al ver que no cesa de derramar sobre nosotros todo su amor, nuestro propio amor y gratitud se alimentan y fortalecen.

La mayordomía fiel también nos ayuda a obtener la victoria sobre la codicia y el egoísmo.  El Decálogo condena la codicia, uno de los peores enemigos de la humanidad.  Jesús también amonestó contra ella: “Mirad, y guardaos de toda avaricia; porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee” (Luc.12:15).  El ejercicio regular y sistemático de la generosidad nos ayuda a desarraigar de nuestras vidas la avaricia y el egoísmo.

La mayordomía nos lleva a desarrollar hábitos de economía  y eficiencia.  “Habiendo crucificado la carne con sus pasiones y deseos” (Gal.5:24), no usaremos nada con fines de gratificación egoísta. “Cuando se les concede el lugar principal en la vida a los principios de la mayordomía, el alma se ilumina, nuestros propósitos se afirman, los placeres sociales se despojan de rasgos indebidos, la vida comercial se halla bajo la autoridad de la regla de oro, y la ganancia de almas se convierte en una pasión.  Estas son las abundantes bendiciones que las provisiones de Dios traen a una vida de fe y fidelidad”.

UNA BENDICIÓN PARA NUESTROS SEMEJANTES. Los verdaderos mayordomos  bendicen a todos los individuos con quienes se ponen en contacto.   Obedecen el encargo de mayordomía que hizo Pablo: “Que hagan bien, que sean ricos en buenas obras, dadivosos, generosos; atesorando para sí buen fundamento para lo porvenir, que echen mano de la vida eterna” (1 Tim.6: 18,19).

La mayordomía abarca el servicio a los demás e implica nuestra disposición a compartir todo lo que Dios nos haya entregado en su misericordia, que pueda ser de beneficio para otros.  Esto significa que ya no consideramos que la vida consiste en la cantidad de dinero que tenemos, los títulos que poseemos, las personas importantes que conocemos, la casa y vecindario en que vivimos, ni la posición e influencia que creemos poseer.  La vida verdadera consiste en conocer a Dios, desarrollar atributos amantes y generosos como los suyos, y en dar lo que podemos, según El nos haya prosperado.  Dar con el Espíritu de Cristo es vivir de verdad”.

En vista de que Cristo nos asegura que volverá cuando se haya proclamado el Evangelio del reinopara testimonio a todas las naciones” (Mat.24:14), todos estamos invitados a ser mayordomos y colaboradores con El.  De este modo el testimonio de la iglesia será una poderosa bendición para el mundo, y sus fieles administradores se regocijarán al ver que las bendiciones del Evangelio se extienden a la vida de sus semejantes.

RECIBIREIS PODER-Persona, Presencia y  Obra del Espíritu  Santo-parte 16-

DADOR DE UNA VIDA NUEVA

 “Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios” (Juan 3:5)

Necesitamos “nacer de nuevo” para poder servir al Señor aceptablemente. Debe ser abandonada nuestra inclinación natural, que está en abierta oposición al Espíritu de Dios. Necesitamos llegar a ser hombres y mujeres hechos nuevos en Cristo Jesús. Nuestra vida antigua, que no ha sido renovada, tiene que dar lugar a una nueva vida llena de amor, de confianza, y de una obediencia espontánea.

¿Piensa acaso que semejante cambio no es necesario para entrar en el reino de Dios? Escuche lo que dice la Majestad de los cielos: “Os es necesario nacer de nuevo” (Juan 3:7). “Si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos” (Mat.18:3).

A menos que se produzca un cambio, no podremos servir a Dios como corresponde. Nuestra obra será defectuosa; los planes incorporarán ideas mundanas, y el fuego ofrecido deshonrará a Dios. La vida se tornará impía e infeliz, inquieta y llena de dificultades.

Los cambios que produce la nueva vida se realizan unicamente por accion eficaz del Espíritu Santo. Solamente El puede limpiarnos de la impureza. Si aceptamos que modele y forme el corazón, llegaremos a ser aptos para discernir el carácter del reino de Dios y para realizar los cambios que necesitan producirse, a fin de que tengamos acceso a sus dominios.

El orgullo y el amor propio resisten al Espiritu Santo. Cada inclinación natural se opone a que la autosuficiencia y el orgullo sean sustituidos por la humildad y la mansedumbre de Cristo. Pero, si deseamos andar en el camino que conduce a la vida eterna, no debemos prestar oídos a los susurros del egoísmo. Con humildad y contrición tenemos que implorar a nuestro Padre Celestial:

“Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí” (Salmo 51:10). En la medida en que recibamos la luz divina y estemos dispuestos a cooperar con las inteligencias celestiales, gracias al poder de Cristo naceremos otra vez, liberados de la contaminación del pecado.

Cristo vino al mundo porque el hombre perdió la imagen y naturaleza de Dios. Lo vio extraviado de la senda de la paz, la pureza; si intentaba volver por sí msmo, nunca encontraría el camino de regreso. Vino con un plan de salvación adecuado y completo que incluye el cambio de corazón de piedra por uno de carne.

Vino también para transformar la naturaleza pecaminosa a su semejanza, a fin de que pudieramos ser participantes de la naturaleza divina y adaptados para las cortes celestiales.

DOCTRINA DE LA VIDA CRISTIANA

 FORMAS DE RECONOCER QUE DIOS ES EL DUEÑO.   Se puede dividir la vida en cuatro aspectos básicos, cada uno de los cuáles constituye un don de Dios.  El Creador nos concedió un cuerpo, capacidades, tiempo y posesiones materiales.  Además, debemos cuidar del mundo que nos rodea, sobre el cuál se nos concedió el dominio.

MAYORDOMÍA DEL CUERPO.  Los hijos de Dios son mayordomos de sí mismos.  Hemos de amar a Dios con todo nuestro corazón, con toda nuestra alma, con toda nuestra fuerza, y con toda nuestra mente (Luc.10:27). Los cristianos tienen el privilegio de desarrollar sus poderes físicos y mentales al máximo de su capacidad y oportunidades.  Al hacer esto, honran a Dios y se capacitan para ser de mayor bendición para con sus semejantes.

LA MAYORDOMÍA DE LAS CAPACIDADESCada persona posee aptitudes especiales. Unos pueden poseer talento musical; otros, para los oficios manuales, tales como la costura o la mecánica.  A algunos  les resulta más fácil hacer amigos y actuar en sociedad con otros, mientras que otras personas pueden mostrar una tendencia natural hacia actividades más independientes del grupo.

Cada talento puede ser usado para glorificar, ya sea al que lo posee o a su Dador original.  Debiéramos cultivar los dones que el Espíritu Santo le concede a cada uno de nosotros, con el fin de multiplicarlos (Mat.25). 

LA MAYORDOMÍA DEL TIEMPOComo fieles mayordomos, glorificamos a Dios al usar sabiamente nuestro tiempo. Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres; sabiendo que del Señor recibiréis la recompensa de la herencia, porque a Cristo el Señor servís” (Col.3:23, 24).

La Biblia  nos amonesta a no portarnos como necios, sino como sabios, aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos” (Efe. 5:15, 16). Como Jesús debemos ocuparnos en los negocios de nuestro Padre (Luc.2:49). Por cuanto el tiempo es el don de Dios, cada momento es precioso.

LA MAYORDOMÍA DE LAS POSESIONES MATERIALESDios les concedió a nuestros primeros padres la responsabilidad de sojuzgar la tierra, gobernar el reino animal, y cuidar del jardín del Edén (Gen.1:28;  2:15). Todo eso les pertenecía no sólo para que gozaran de ello, sino para que lo administraran.

Sobre ellos se colocó una sola restricción.  No debían comer del árbol del conocimiento del bien y del mal. Este árbol proveía un recuerdo constante de que Dios era el dueño y la autoridad final sobre la tierra.  Al respetar esta restricción, la primera pareja demostraría su fe y lealtad a El.

Después de la caída, Dios ya no pudo seguir probando a la humanidad por medio del árbol del conocimiento.  Pero los seres humanos todavía necesitaban un recordativo constante de que Dios es la fuente de todo don bueno y perfecto (Sant.1:17) y que El es quien nos provee con el poder para obtener riquezas (Deut.8:18). Con el fin de recordarnos que El es la fuente de toda bendición, Dios instituyó un sistema de diezmos y ofrendas.  Este sistema provee los medios financieros que permite convertirse en colaboradores para la proclamación del Evangelio.  Dios ha ordenado que la tarea de compartir las buenas nuevas de salvación deben depender de los esfuerzos y ofrendas de su pueblo.El diezmo de la tierra, así de la simiente de la tierra como el fruto de los árboles, de Jehová es; es cosa dedicada a Jehová” (Lev.27:30-32).

    

    

    

    

DOCTRINA DE LA VIDA CRISTIANA

Más que cualquier otra cosa, la vida cristiana significa la entrega de nosotros mismos y la aceptación de Cristo.  Cuando vemos como Jesús se entregó a sí mismo por nosotros, clamamos:   “¿Qué puedo hacer yo por ti?”.

Pero justamente cuando pensamos que hemos entrado en un compromiso absoluto, una entrega total, algo sucede que demuestra cuán superficial fue nuestra decisión.  A medida que descubrimos nuevos aspectos de nuestras vidas que necesitamos entregar a Dios, nuestro sometimiento se profundiza. Entonces el Espíritu lleva nuestra atención a otra zona donde el yo necesita entregarse. Y así continúa la vida a través de una serie de repetidas entregas a Cristo, las cuáles se profundizan cada vez más en nuestro ser, nuestro estilo de vida, la manera como actuamos y reaccionamos. 

¿QUÉ ES LA MAYORDOMÍA?   “¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo…. y que no sois vuestros? Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro Espíritu, los cuales son de Dios” (1Cor.6:19, 20)”.  Fuimos comprados, redimidos, a un costo muy alto.  Pertenecemos a Dios.  Pero esa acción divina fue tan sólo una reclamación,  porque El nos hizo; hemos pertenecido a El desde el comienzo, porque “en el principio creó Dios……… (Gen.1:1). Las Sagradas Escrituras especifican  claramente que “de Jehová es la tierra y su plenitud, el mundo, y los que  en él habitan”  (Sal.24:1).

En la creación Dios compartió con la humanidad sus posesiones, y continúa siendo el verdadero dueño del mundo, sus habitantes y lo que contiene (Sal.24:1).  En la cruz  confirmó su posesión de lo que el hombre había perdido a manos de Satanás en la caída (1 Cor.6: 19, 20).  Ahora,  le encarga a su pueblo que sirvan como mayordomos de sus posesiones.

Un mayordomo es una persona a la cuál “se le encarga el manejo de la casa o la propiedad de otro”.  Mayordomía es “la posición, deberes o servicio de un mayordomo”.

Para el cristiano, la mayordomía significa “la responsabilidad que le cabe al hombre por todo lo que Dios le ha confiado, y el uso que de ello hace: La vida, el ser físico, el tiempo, los talentos y capacidades, las posesiones materiales, las oportunidades de servir a otros, y su conocimiento de la verdad”.

Los cristianos sirven como  mayordomos de las posesiones de Dios, y consideran que la vida es una oportunidad divinamente concedida “para que aprendan a ser fieles mayordomos, preparándose de ese modo para la mayordomía superior de las cosas eternas en la vida futura.  En sus dimensiones más amplias, por lo tanto, LA MAYORDOMÍA “ABARCA EL USO SABIO Y ABNEGADO DE LA VIDA”.

    

    

DOCTRINA DE LA VIDA CRISTIANA

LA MAYORDOMÍA-CONCEPTO

Somos mayordomos de Dios, a quienes El ha confiado tiempo y oportunidades, capacidades y posesiones, y las bendiciones de la tierra y sus recursos.  Somos responsables ante El por su empleo adecuado. Reconocemos que Dios es dueño de todo mediante nuestro fiel servicio a El y a nuestros semejantes, y al devolver los diezmos y dar ofrendas para la proclamación de su Evangelio y para el sostén y desarrollo de su iglesia. 

La mayordomía es un privilegio que Dios nos ha concedido para que crezcamos en amor y para que logremos la victoria sobre el egoísmo y la codicia. El mayordomo fiel se regocija por las bendiciones que reciben los demás como fruto de su fidelidad.

RECIBIREIS PODER-Persona, Presencia y  Obra del  Espíritu  Santo- parte 15-

LENGUAS DE FUEGO

Y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos. Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen” (Hechos 2:3, 4)

 

Si se investiga las Escrituras con espíritu dócil y deseoso de aprender sus esfuerzos serán bien recompensados. “Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y nos las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente” (1Cor.2:14). La Biblia debe estudiarse con oracion. Haríamos bien en imitar a David, que imploró:

“Abre mis ojos, y miraré las maravilllas de tu ley” (Sal.119:18). Ningún hombre puede comprender la Escrituras sin la iluminación del Espíritu Santo. Si deseamos estar en la debida posición delante de Dios, su luz nos alumbrará con rayos claros y potentes.

Esta fue la experiencia de los primeros discípulos:”Cuando llegó el día de Pentescostés, estaban todos unanimes juntos. Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados; y se le aparecieron lenguas repartidas como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos. Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu le daba que hablasen” (Hechos 2:1-4).

Dios también está dispuesto a darnos la misma bendición, siempre que tengamos real interés en ella.

El Señor no cerró los depósitos celestiales después de haber derramado su Espíritu sobre los primeros discípulos. También nosotros podemos recibir la plenirtud de su bendición. El cielo está lleno de los tesoros de su gracia, y los que con fe se acercan a Dios pueden reclamar todo lo que El ha prometido. Si no contamos con su poder es por la indiferencia, el letargo espiritual y nuestra indolencia. Abandonemos la mortal formalidad.

Hay una gran tarea que debe realizarse en nuestros dias, y no hemos hecho ni siquiera la mitad de la obra que el Maestro espera que hagamos. Hablamos acerca del mensaje del primero y segundo ángel, y ya creemos comprender algo referente al mensaje del tercero. Sin embargo, no deberíamos sentirnos satisfechos con el conocimiento que tenemos actualmente. Nuestras peticiones deberían ascender a Dios mezclados con fe y contrición, para que podamos comprender los misterios que el Señor desea dar a conocer a sus santos.