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RESCATE DESDE EL ORION – LA ESPERANZA DE LA SEGUNDA VENIDA DE CRISTO-parte 15-

SEÑALES DE LA SEGUNDA VENIDA-parte 11-

¿PARA QUE VENDRÁ JESÚS?-parte 4-

4. JESÚS VIENE PARA REUNIRNOS NUEVAMENTE CON NUESTRO PADRE

La mayor parte de nuestra vida la pasamos esperando algo: Que llegue la hora de irnos al trabajo, que nos llegue el turno en el consultorio, esperamos la llegada del día de la boda o el nacimiento de una criatura. Esperamos eventos buenos y malos.

A veces lo que hemos esperado con ahínco durante mucho tiempo nos desilusiona.  Otras veces el evento esperado se torna en una desgracia o una tragedia.  Vivimos frustrados, incapaces de cambiar nuestro destino de dolor y sufrimiento. Pero seguimos esperando.  La Biblia nos asegura que esa espera será contestada: no la espera por lo trivial o pasajero, sino esa esperanza trascendente que nos hace aferrarnos a la vida y soñar con la redención.

Dios siempre nos ha amado.  Ese poderoso monarca del universo estrellado y de las galaxias inconmensurables siente un afecto infinito por los habitantes de este planeta desde que un día formó la figura de Adán y le impartió vida. Lo probó en forma inequívoca en la encarnación.

“Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros” (Juan 1:14). Emanuel, “Dios con nosotros”. Un planeta rebelde y solitario recibió la visita del Altísimo. Y aquí – en un país del Cercano Oriente- vivió el Hijo de Dios. El Dios que dejó que lo abrazáramos.  Y Jesús aprendió a usar los procesos mentales de los hombre, a hablar formando palabras  y oraciones.  Caminó,  aprendió a cansarse y a tener sed. Ensució sus sandalias con el polvo de esta tierra mientras sanaba a enfermos, enseñaba los principios de su reino, y libraba a los cautivos del pecado y la maldad.

La última vez que lo vieron –otros que no fuesen sus discípulos- estaba clavado en una cruz, entre dos malhechores.  Luego sus discípulos aseguraron verlo varias veces por un período de 40 días, y quedaron convencidos de que algún día regresaría en gloria.  Esa esperanza ha inspirado a la humanidad desde entonces.

Un joven universitario a quien se le preguntó acerca de sus planes después de la graduación respondió sorprendentemente “Quiero encontrar a mi padre”. Su padre lo había abandonado hacia ya varios años y este joven -aunque abrumado por el sufrimiento de la injusta separación- deseaba encontrarlo más que ninguna otra cosa.

Todos los seres humanos tenemos un problema espiritual similar. Tenemos sed de un Padre.  Vivimos en un planeta pródigo, que abandonó a su  Creador y colocó su lealtad en un extraño. Pero Dios no nos abandonó.  Desde el espacio nos envió mensajes de amor.  Hombres, profetas, han escuchado la voz del Todopoderoso.

“Con amor eterno te he amado-nos susurra desde las páginas de la Biblia-; por tanto te prolongué mi misericordia” (Jeremías 31:3).  “Somos hijos de Dios.  Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo” (Romanos 8: 16-17).

Podemos creer en sus promesas. “Este mismo Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo” (Hechos 1:11), dijeron los ángeles. “Vendré otra vez” (Juan 14:3) prometió el mismo Jesús. Es a ese Jesús a quien esperamos.

No sabemos cuando venga Jesús: cuando el cielo se llene de ángeles y suene la trompeta de Dios. Pero  los seres humanos habremos de separarnos en dos grandes grupos: los fieles y los infieles, y que según a que grupo pertenezcamos, reaccionaremos con alegría o con tristeza ante el evento.

Aunque no lo querramos o ni siquiera lo creamos, el Señor vendrá.  Todo lo que está sucediendo a nuestro alrededor lo confirma. Recuerde lo que hemos expuesto en esta serie: las señales, la manera en que vendrá el Señor y el propósito de su venida; pero más importante aún es prepararnos para encontrarnos con El. Conozcamos a Jesús por medio de su Palabra y la oración.  Contemplémoslo, busquémoslo. Aceptémoslo como nuestro Salvador.

Y sigamos mirando al cielo, más allá del Orión.  Un día, quizá a la medianoche, se abrirá un extraño espacio entre las estrellas, y lo que parecerá una nueva constelación con destellos multicolores comenzará un vertiginoso viaje hacia la Tierra.  El firmamento se llenará de ángeles que rodearán la figura majestuosa de Cristo el Rey. Sonará la trompeta y resucitarán los muertos. Voces agradecidas darán la bienvenida al Señor. Nuestra espera habrá concluido.

“CIERTAMENTE VENGO EN BREVE. AMÉN; SI, VEN, SEÑOR JESÚS” (APOC.22: 20).

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