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RECIBIREIS PODER-Persona, Presencia y  Obra del Espíritu  Santo-parte 47-

FRUCTIFEROS EN  EL ESPÍRITU

FE

“Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve”.  (Hebreos 11:1)

 

Ir a Cristo debe ser un ejercicio de la fe. Si lo incorporamos a los quehaceres diarios, tendremos paz, gozo y por experiencia, conoceremos el significado de sus palabras:

“Si guardareis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; así como yo he guardado lo mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor” (Juan 15:10) 

Nuestra fe debe aferrarse a la promesas para que podamos permanecer en el amor de Jesús. Cristo dijo:

“Estas cosas os he hablado, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea cumplido” (Juan 15:11)

La fe obra por amor y purifica al creyente.  Mediante la fe el Espíritu Santo tiene acceso al corazón y desarrolla la santidad interior.  A menos que esté en comunión con Dios mediante el Espíritu, el hombre no puede llegar a ser un agente que haga las obras de Cristo.  Seremos preparados para el cielo únicamente mediante la transformación del carácter. Si deseamos tener acceso al Padre, debemos exhibir las credenciales de la justicia de Cristo.

Participaremos de la naturaleza divina cuando huyamos de la corrupción que hay en el mundo por causa de la concupiscencia.  Diariamente necesitamos ser transformados por el Espíritu Santo, cuya misión es elevar el gusto, santificar el corazón y ennoblecer el ser entero para que podamos representar la incomparable hermosura de Jesús.

Debemos mirar a Cristo y por la contemplación seremos transformados.  Tenemos que ir al El como una fuente abierta e inagotable de la que podemos beber una y otra vez, y de la cual disfrutaremos siempre del fresco suministro.  Necesitamos responder a la atracción de su amor para poder alimentarnos del Pan de vida que descendió del cielo, y beber del Agua de la vida que mana del trono de Dios. 

Si deseamos que la fe nos una a su solio, mantengámonos mirando hacia arriba.  Si miramos hacia abajo, quedaremos atados a la tierra.  No examine su fe como si fuera una flor para saber si tiene raíces.  La fe crece imperceptiblemente.

 

 

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RECIBIREIS PODER-Persona, Presencia y  Obra del Espíritu  Santo-parte 30-

EL ESPÍRITU ESPERA PACIENTEMENTE

“He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo”. (Apocalipsis 3:20)

 

Todos, desde el mayor hasta el menor, deben ser enseñados por Dios.  Podemos ser instruidos por el hombre para ver claramente la verdad, pero solo Dios puede enseñar para recibir la verdad salvadora, y para que las palabras de vida eterna sean atesoradas en corazones honestos y buenos.  Pacientemente el Señor está esperando instruir a cada creyente sincero que desea ser enseñado

La dificultad no reside en el instructor, el mayor de todos los Maestros, sino en el aprendiz que, aferrándose a sus propias impresiones e ideas, no renuncia a las teorías humanas y tampoco está dispuesto a aprender con humildad.  No permiten que sus conciencias y sus corazones sean educados, disciplinados y adiestrados: como el granjero para labrar la tierra y el arquitecto para construir un edificio.

“Somos colaboradores de Dios, y vosotros sois labranza de Dios, edificio de Dios”.  (1Cor.3:9)

Cada uno debe ser labrado, moldeado y adaptado a la semejanza divina. Amigo, joven o anciano, Cristo dice: “Si no coméis la carne del Hijo de hombre, y bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros”; si no aceptamos  las palabras de Cristo como las de un consejero nuestro, no podremos dar a conocer su sabiduría ni su vida espiritual.

“El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna…Porque mi carne es verdadera comida, y mi sangre verdadera bebida.  El que come mi carne y bebe mi sangre, en mi permanece, y yo en él” (Juan 6:53-56). Cristo dijo: “El espíritu es el que da vida, la carne para nada aprovecha; las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida”. (v.63)

Gracias al Espíritu, y al obrar por amor, los que investigan las Escrituras y con fervor buscan entenderla y aceptarla, además de experimentar la santificación que conduce al corazón de la verdad, también serán ayudados a tener la fe que purifica al creyente. Al alimentarse del Pan de la vida nutrirán todos los nervios y músculos espirituales.

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