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EL CAMINO A CRISTO -EL PRINCIPE DEL CIELO- parte 44-

LA FUENTE DEL REGOCIJO Y FELICIDAD   

LA FUENTE DEL REGOCIJO Y FELICIDAD-parte 3-

Hay muchos que tienen ideas muy erróneas sobre la vida y el carácter de Cristo.  Piensan que carecía de calor y alegría, que era austero, severo y triste.  Para muchos toda la vida religiosa se presenta bajo este aspecto sombrío. Se dice a menudo que Jesús lloraba, pero nunca se supo que haya sonreído. 

Nuestro Salvador fue a la verdad un varón de tristezas y dolores, porque abrió su corazón a todas las miserias de los hombres.  Pero aunque su vida era abnegada y llena de dolores y cuidados, su espíritu no quedaba abrumado por ellos.  En su rostro no se veía una expresión de amargura o dolor, sino siempre de paz y serenidad.  Su corazón era un manantial de vida.  Y dondequiera iba, llevaba descanso y paz, gozo y alegría.

Nuestro Salvador fue profunda e intensamente serio, pero nunca sombrío o huraño. La vida de los que lo imitan estará por cierto llena de propósitos  serios; tendrán un profundo sentido de su responsabilidad personal. Reprimirán la inconsiderada liviandad; entre ellos no habrá júbilo tumultuoso, ni bromas groseras; pues la religión de Jesús da paz. No extingue la luz del gozo, ni impide la jovialidad, ni oscurece el rostro alegre y sonriente.  Cristo no vino para ser servido sino para servir, y cuando su amor reine en nuestro corazón, seguiremos su ejemplo.

Si tenemos siempre presentes las acciones egoístas e injustas de otros, encontraremos que es imposible amarlos como Cristo nos ha amado; pero si nuestros pensamientos se espacían continuamente en el maravilloso amor y piedad de Cristo por nosotros, manifestaremos el mismo espíritu para con los demás.  Debemos amarnos y respetarnos mutuamente, no obstante las faltas e imperfecciones que no podemos menos que observar. Debemos cultivar la humildad y la desconfianza en nosotros mismos y una paciencia llena de ternura para con las faltas ajenas.  Esto destruye toda clase de egoísmo y nos hace de corazón grande y generoso.

El salmista dice: “Confía en Jehová y obra el bien; habita tranquilo en la tierra, y apaciéntate de la verdad” (Sal.37:3). “Confía en Jehová”. Cada día trae sus aflicciones, sus cuidados y perplejidades; y cuando los encontramos, ¡cuán pronto estamos para hablar de ellos! Tantas penas imaginarias intervienen, tantos temores se abrigan, tal peso de ansiedades se manifiesta que cualquiera podría suponer que no tenemos un Salvador poderoso y misericordioso, dispuesto a oír todas nuestras peticiones y a ser nuestro protector constante en cada hora de necesidad.

Algunos temen siempre y toman cuitas prestadas.  Todos los días están rodeados del amor de Dios, gozan de las bondades de su providencia, pero pasan por alto estas bendiciones presentes.  Sus mentes están siempre espaciándose en algo desagradable que temen que venga.  Puede ser que realmente existan algunas dificultades que, aunque pequeñas, ciegan sus ojos a las muchas bendiciones que demandan gratitud.  Las dificultades con que tropiezan, en vez de guiarlos a Dios, única fuente de todo bien, los alejan de El, porque despiertan desasosiego y pesar.

¿Por qué ser incrédulos, ingratos y desconfiados? Jesús es nuestro amigo; todo el cielo está interesado en nuestro bienestar.  No debemos permitir que las perplejidades y cuidados cotidianos gasten las fuerzas de nuestro espíritu y oscurezcan nuestro semblante.  No debemos dar entrada a los cuidados que sólo nos gastan y destruyen, más no nos ayudan a soportar las pruebas.  (Elena White).

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MENTE, CARÁCTER Y PERSONALIDAD-parte 105-

 

 

LA CRÍTICA- Nuestros cuerpos están hechos de lo que comemos y bebemos, y el carácter de nuestra experiencia espiritual depende de lo que sirve de alimento a nuestras mentes y de lo que ellas asimilan.-parte 1-

LOS RESULTADOS DE LA CRITICA: Nuestros cuerpos están hechos de lo que comemos y bebemos, y el carácter de nuestra experiencia espiritual depende de lo que sirve de alimento a nuestras mentes y de lo que ellas asimilan. Al referirse constantemente a los errores y defectos de los demás, muchos se han convertido en dispépticos religiosos.  El Señor nos ha intimado de la siguiente manera:

“Todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en ésto pensad”  (Filip.4:8)

Pero los que están tan ocupados en disecar las palabras y los actos de los demás para descubrir todo lo que resulte objetable, no logran discernir ni lo bueno ni lo agradable. No consumen el alimento apropiado para promover la vitalidad espiritual y un saludable crecimiento.

RESPETENSE Y AMENSE MUTUAMENTE: Si tenemos siempre presente las acciones egoístas e injustas de otros, encontraremos que es imposible amarlos como Cristo nos ha amado; pero si nuestros pensamientos se espacian continuamente en el maravilloso amor y piedad de Cristo por nosotros manifestaremos el mismo espíritu para con los demás. 

Debemos amarnos y respetarnos mutuamente, no obstante las faltas e imperfecciones que no podemos menos que observar.  Debemos cultivar la humildad y la desconfianza en nosotros mismos, y una paciencia llena de ternura para con las faltas ajenas.  Esto destruye toda clase de egoísmo y nos hace de corazón grande y generoso.

NO NOS CREEMOS UN MUNDO IRREAL: Podemos crear un mundo irreal en nuestra propia mente y pintar una iglesia ideal  en la que las tentaciones de Satanás  ya no induzcan a nadie al mal, pero esa perfección existe solamente en la imaginación.  El mundo es un mundo caído, y se representa a la iglesia como un campo en el cual crecen cizaña y trigo.  Tenemos que crecer juntos hasta la cosecha.

No nos compete desarraigar la cizaña de acuerdo con la sabiduría humana, no sea que como consecuencia de las sugerencias de Satanás saquemos el trigo suponiendo que es cizaña.  La sabiduría que proviene de lo alto descenderá sobre el manso y humilde de corazón, y esa sabiduría no lo inducirá a destruir sino a edificar al pueblo de Dios.

RESTAURAR Y CURAR: No debemos mirar las faltas de los demás para condenarlos, sino para restaurarlos y sanarlos.  Velemos en oración, sigamos hacia adelante y hacia arriba, obteniendo cada vez más del espíritu de Jesús, y sembrando lo mismo junto a todas las aguas.

SATANÁS FOMENTA LA CRÍTICA: El yo siempre albergará una gran estima por sí mismo.  Cuando los hombres abandonan su primer amor, dejan de guardar los mandatos de Dios, y comienzan a criticarse unos a otros.  Este espíritu seguirá luchando por la supremacía hasta el fin del tiempo.  Satanás está tratando de fomentarlo de manera que los hermanos en su ignorancia intenten devorarse mutuamente.

Esto no glorifica a Dios; por el contrario, lo deshonra muchísimo y contrista al Espíritu Santo.  Satanás se regocija porque sabe que si puede lograr que un hermano vigile a otro en la iglesia, algunos se desalentarán y se desanimarán, y abandonarán su puesto del deber.  Esta no es la obra del Espíritu Santo; un poder subalterno está obrando en las cámaras de la mente y en el templo del alma para colocar sus atributos donde deberían estar los de Cristo.

(Elena White)

Continúa en parte 106

 

 

 

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