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DOCTRINA DE LOS ACONTECIMIENTOS FINALES

EL MILENIO Y EL FIN DEL PECADO…. De ese modo el universo será librado del pecado y de los pecadores para siempre.-CONCEPTO-

El milenio es el reino de mil años de Cristo con sus santos en el cielo que se extiende entre la primera resurrección y la segunda.  Durante ese tiempo serán juzgados los impíos.  La tierra estará completamente desolada, sin habitantes humanos,  pero  sí ocupada por Satanás y sus ángeles. 

Al terminar ese período, Cristo y sus santos, junto con la Santa Ciudad, descenderán del cielo a la tierra.  Los impíos muertos resucitarán entonces, y junto con Satanás y sus ángeles rodearán la ciudad; pero el fuego de Dios los consumirá y purificará la tierra.  De ese modo el universo será librado del pecado y de los pecadores para siempre.

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CRISTO EN SU SANTUARIO-parte 28-

EL MINISTERIO FINAL DE CRISTO EN EL SANTUARIO CELESTIAL-parte 6-

JUZGADOS POR REGISTROS INFALIBLES-parte 2

Así como los rasgos de la fisonomía se reproducen con  minuciosa exactitud sobre la pulida placa del artista, así también está el carácter fielmente delineado en los libros del cielo. No obstante, ¡cuán poca preocupación se siente respecto del registro que debe ser examinado por los seres celestiales! Si se pudiera descorrer el velo que separa el mundo visible del invisible, y los hijos de los hombres pudiesen ver a un ángel apuntar cada palabra y cada acto que volverán a encontrar en el día del juicio, ¡cuántas palabras de las que se pronuncian cada día se dejarían sin pronunciar; cuantos actos no se dejarían de realizar!

En el juicio se examinará el uso que se haya hecho de cada talento. ¿Cómo hemos empleado el capital que el Cielo nos concedió? En ocasión de su venida, ¿recibirá el Señor lo que es suyo con interés? ¿Hemos perfeccionado las facultades que fueran confiadas a nuestras manos, a nuestros corazones y a nuestros cerebros para la gloria de Dios y provecho del mundo? ¿Cómo hemos empleado nuestro tiempo, nuestra voz, nuestro dinero, nuestra influencia? ¿Qué hemos hecho por Cristo en la persona de los pobres, de los afligidos, de los huérfanos o de las viudas? Dios nos hizo depositarios de su santa Palabra, ¿Qué hemos hecho con la luz de la verdad que se nos confió a fin de que los hombres sean sabios para la salvación? No se da ningún valor a una mera profesión de fe en Cristo; sólo se tiene por genuino el amor que se muestra en las obras.  Con todo, el amor es el único que ante los ojos del Cielo da valor a un acto cualquiera.  Todo lo que se hace por amor, por insignificante que parezca en opinión de los hombres, es aceptado y recompensado por Dios.

El egoísmo escondido de los hombres aparece en los libros del cielo.  Allí está el registro de los deberes que no cumplieron para con el prójimo, el de su olvido de las exigencias del Señor. Allí se verá cuán a menudo se dieron a Satanás el tiempo, los pensamientos y las energías que pertenecían a Cristo. Seres inteligentes que profesan ser discípulos de Cristo están absorbidos por la adquisición de bienes mundanos, o por el goce de los placeres terrenales.  El dinero, el tiempo y las energías son sacrificados a la ostentación y el egoísmo; pero pocos son los momentos dedicados a orar, a estudiar las Sagradas Escrituras, a humillar el alma y confesar los pecados.

Satanás inventa innumerables medios para distraer nuestras mentes de la obra en que precisamente deberíamos estar más ocupados. El archiseductor  aborrece las grandes verdades que hacen resaltar la importancia de un sacrificio expiatorio de un Mediador  todopoderoso.  Sabe que su éxito estriba en distraer las mentes de Jesús y de su obra.

PERFECCIONEMOS LA SANTIDAD EN EL TEMOR DE DIOS-parte 1-

Los que desean participar de los beneficios de la mediación del Salvador no deben permitir que cosa alguna les impida cumplir su deber de perfeccionarse en la santificación en el temor de Dios.  En vez de dedicar horas preciosas a los placeres, la ostentación o a la búsqueda de ganancias, las consagrarán a estudiar con seriedad y oración la Palabra de verdad.

El pueblo de Dios debería comprender claramente el asunto del santuario y del juicio investigador.  Todos necesitan conocer por sí mismos el ministerio y la obra de su gran Sumo Sacerdote.

-Continúa en parte 29-

 

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CRISTO EN SU SANTUARIO-parte 27-

EL MINISTERIO FINAL DE CRISTO EN EL SANTUARIO CELESTIAL-parte 5-

LAS ESCENAS FINALES DEL SERVICIO REAL

En el ritual simbólico el sumo sacerdote, hecha la propiciación por Israel, salía y bendecía a la congregación.  Así también Cristo, una vez terminada su obra de mediador aparecerá “sin pecado…para…salvación” (Hebreos 9:28), para bendecir con el don de la vida eterna a su pueblo que lo esperará. Así como al eliminar los pecados del santuario, el sacerdote los confesaba sobre la cabeza del macho cabrío emisario, así también Cristo pondrá todos estos pecados sobre Satanás, autor e instigador del pecado.  El macho cabrío emisario, que cargaba con los pecados de Israel, era enviado “a tierra inhabitada” (Lev. 16:22); así también Satanás, cargado con la responsabilidad de todos los pecados que ha hecho cometer al pueblo de Dios, será confinado durante mil años en la tierra entonces desolada y sin habitantes, y sufrirá finalmente el pleno castigo del pecado en el fuego que destruirá a todos los impíos. Así el gran plan de redención alcanzará su cumplimiento en la extirpación final del pecado y la liberación de todos los que estuvieron dispuestos a renunciar al mal.

JUZGADOS POR REGISTROS INFALIBLES-parte 1-

En el tiempo señalado para el juicio –al fin de los 2300 días, en 1844 según la profecía- empezó la obra de investigación y el acto de borrar los pecados.  Todos los que hayan profesado el nombre de Cristo deben pasar por ese riguroso examen. Tanto los vivos como los muertos deben ser juzgados “de acuerdo con las cosas escritas en los libros, según sus obras”.

Los pecados que no hayan inspirado arrepentimiento y que no hayan sido abandonados no serán perdonados ni borrados de los libros de memoria, sino que permanecerán como testimonio contra el pecador en el día de Dios.  Puede el pecador haber cometido sus malas acciones a la luz del día o en la oscuridad de la noche; son conocidas y manifiestas para Aquel a quien tenemos que dar cuenta.  Hubo siempre ángeles de Dios que fueron testigos de cada pecado, y lo registraron en los libros infalibles. El pecado puede ser ocultado, negado, encubierto para un padre, una madre, una esposa, o para los hijos y los amigos; nadie, fuera de los mismos culpables tendrá tal vez la más mínima sospecha del mal, no deja por eso de quedar al descubierto ante los seres celestiales.  La oscuridad de la noche más sombría, el misterio de todas las artes engañosas, no alcanzan a velar un solo pensamiento para el conocimiento del Eterno. Dios lleva un registro exacto de todo acto injusto e ilícito. No se deja engañar por una apariencia de piedad.  No se equivoca en su apreciación acerca del carácter.  Los hombres pueden ser engañados por los que tienen el corazón corrompido, pero Dios desenmascara todos los disfraces y lee la vida interior.

¡Qué pensamiento tan solemne! Cada día que transcurre lleva consigo  su caudal de apuntes para los libros del cielo.  Una palabra pronunciada, un acto cometido, no pueden ser retirados jamás.  Los ángeles tomaron nota tanto de lo bueno como de lo malo. El más poderoso conquistador de este mundo no puede revocar el registro de un solo día siquiera.  Nuestros actos, nuestras palabras, hasta nuestros más secretos motivos, todo tiene su peso en la decisión de nuestro destino para dicha o desdicha.  Podremos olvidarlos, pero no por eso dejarán de testificar en nuestro favor o en contra de nosotros.

-Continúa en parte 28-

 

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CRISTO EN SU SANTUARIO-parte 24-

EL MINISTERIO FINAL DE CRISTO EN EL SANTUARIO CELESTIAL-parte 2-

¿QUE CASOS SE CONSIDERAN?-parte 2-

Los libros del cielo, en los cuales están consignados los nombres y los actos de los hombres determinarán los fallos del juicio. El profeta Daniel dice: “el Juez se sentó, y los libros se abrieron”. Juan, al describir la misma escena en el Apocalipsis, agrega: “Y otro libro fue abierto, el cual es el libro de la vida; y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros, según sus obras” (Apoc.20:12).

El libro de la vida contiene los nombres de todos los que entraron alguna vez en el servicio de Dios.  Jesús dijo a sus discípulos:  “Regocijaos de que vuestros nombres están escritos en los cielos” (Lucas 10:20). Pablo habla de sus fieles compañeros de trabajo, “cuyos nombres están en el libro de la vida” (Filip.4:3).  Daniel, al vislumbrar un  “tiempo de angustia, cual nunca fue”, declara que el pueblo de Dios será librado, es decir, “todos los que se hallen escritos en el libro” (Dan.12:1). Y Juan dice en el Apocalipsis que sólo entrarán en la ciudad de Dios aquellos cuyos nombres “están inscritos en el libro de la vida del Cordero” (Apoc.21:27).

Delante de Dios está escrito “un libro de memoria”, en el cual quedan consignadas las buenas obras de “los que temen a Jehová, y de los que piensan en su nombre” (Mal.3:16).  Sus palabras de fe, sus actos de amor, están registrados en el cielo.  A ésto se refiere Nehemías cuando dice: “Acuérdate de mí, Oh Dios…y no borres mis misericordias que hice en la casa de mi Dios” (Neh.13:14).  En el “libro de memoria” de Dios, todo acto de justicia está inmortalizado.  Toda tentación resistida, todo pecado vencido, toda palabra de tierna compasión, están fielmente consignados, y apuntados también todo acto de sacrificio, todo padecimiento y todo pesar sufrido por causa de Cristo.  El salmista dice: “Mis huidas tú has contado; pon mis lágrimas en tu redoma: ¿no están en tu libro?” (Sal.56:8).

Hay además un registro en el cual figuran los pecados de los hombres.  “Porque Dios traerá toda obra a juicio juntamente con toda cosa encubierta, sea buena o sea mala” (Ecles.12:14).  “De toda palabra ociosa que hablen los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio”. Dice el Salvador: “Por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado” (Mateo 12:36, 37). Los propósitos y motivos secretos aparecen en el registro infalible, pues Dios “aclarará también lo oculto de las tinieblas, y manifestará las intenciones de los corazones” (1 Corintios 4:5). “He aquí que escrito está delante de mí…vuestras iniquidades, dice Jehová,  y por las iniquidades de vuestros padres juntamente…” (Isaías 65:6, 7).

La obra de cada uno pasa bajo la mirada de Dios, y es registrada, e imputada, ya como señal de fidelidad, ya de infidelidad.  Frente a cada nombre, en los libros del cielo, aparecen con terrible exactitud cada mala palabra, cada acto egoísta, cada deber descuidado, y cada pecado secreto, con toda su artera hipocresía.  Las abominaciones o reconvenciones divinas despreciadas, la influencia ejercida para bien o para mal, con sus abarcantes resultados, todo es registrado por el ángel anotador.

LA LEY DE DIOS ES LA NORMA

-Continúa en parte 25-

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