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Archive for the ‘1.00-MEDITACIONES-REFLEJEMOS A JESÚS-. Dios desea que sus hijos se amen unos a otros como Jesús nos amó. Han de reflejar este amor en su propio carácter, y proyectarlo sobre el mundo.’ Category

 

MEDITACIONES-REFLEJEMOS A JESUS –parte 4-

CRISTO NOS DA EL AGUA VIVA

“En el último y gran día de la fiesta, Jesús se puso en pie y alzó la voz, diciendo: Si alguno tiene sed, venga a mí y beba. El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva”. (Juan 7:37, 38)

El sacerdote había cumplido esa mañana la ceremonia que conmemoraba la acción de golpear la roca en el desierto. Esa roca era símbolo de Aquel que por su muerte haría fluir raudales de salvación a todos los sedientos. Las palabras de Cristo eran el agua de vida. Allí en presencia de la congregada muchedumbre se puso aparte para ser herido, a fin de que el agua de la vida pudiese fluir al mundo. Al herir a Cristo, Satanás pensaba destruir al Príncipe de la vida; pero de la roca herida fluía agua viva. Mientras Jesús hablaba al pueblo, los corazones se conmovían con una extraña reverencia y muchos estaban dispuestos a exclamar, como la mujer de Samaria: “Dame esa agua, para que no tenga yo sed”. (Juan 4:15)

Jesús conocía las necesidades del alma. La pompa, las riquezas y los honores no pueden satisfacer el corazón. “Si alguno tiene sed, venga a mí y beba”. Los ricos, los pobres, los encumbrados y los humildes son igualmente bienvenidos. El promete aliviar el ánimo cargado, consolar a los tristes, dar esperanza a los abatidos. Muchos de los que oyeron a Jesús lloraban esperanzas frustradas; muchos alimentaban un agravio secreto; muchos estaban tratando de satisfacer su inquieto anhelo con las cosas del mundo y la alabanza de los hombres; pero cuando habían ganado todo encontraban que habían trabajado tan sólo para llegar a una cisterna rota en la cual no podían aplacar su sed. Allí estaban en medio del resplandor de la gozosa escena, descontentos y tristes.

Este clamor repentino: Si alguno tiene sed”, los arrancó de su pesarosa meditación, y mientras escuchaban las palabras que siguieron, su mente se reanimó con una nueva esperanza. El Espíritu Santo presentó delante de ellos el símbolo hasta que vieron en El el inestimable don de la salvación.

El clamor que Cristo dirige al alma sedienta sigue repercutiendo, y llega a nosotros con más fuerza que aquellos que lo oyeron en el templo en aquel último día de fiesta. El manantial está abierto para todos. A los cansados y exhaustos se ofrece la refrigerante bebida de la vida eterna. Jesús sigue clamando:

“Si alguno tiene sed, venga a mí y beba”. “Y el que tiene sed, venga; y el que quiera, tome del agua de la vida gratuitamente”. “Más el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna” (Apocalipsis 22:17; Juan 4:14).  (El Deseado de Todas las Gentes)

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MEDITACIONES-REFLEJEMOS A JESÚS-parte 3-

CRISTO SE SACRIFICO POR NOSOTROS

“Pero vemos a aquel que fue hecho un poco menor que los ángeles, a Jesús, coronado de gloria y de honra, a causa del padecimiento de la muerte, para que por la gracia de Dios gustase la muerte por todos”. (Hebreos 2:9)

El Señor creó al hombre puro y santo. Pero Satanás lo descarrió, pervirtiendo sus principios y corrompiendo su mente, encaminando sus pensamientos por senderos errados. Su propósito era corromper al mundo.

Cristo vio el terrible peligro del hombre, y determinó salvarlo por medio de su sacrificio. Para cumplir su propósito de amor por la raza caída se hizo hueso de nuestros huesos y carne de nuestra carne.

“Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, el también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, ésto es, al diablo, y librar a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre…Por lo cual debía ser en todo semejante a sus hermanos, para venir a ser misericordioso y fiel sumo sacerdote en lo que a Dios se refiere, para expiar los pecados del pueblo. Pues en cuanto el mismo padeció siendo tentado, es poderoso para socorrer a los que son tentados”. (Hebreos 2:14-18)

Por medio de la acción del Espíritu Santo, un nuevo principio de poder mental y espiritual debía alcanzar al hombre, quien, por su asociación con la Divinidad, habría de ser uno con Dios. Cristo, el redentor y restaurador, habría de santificar y purificar la mente del hombre, haciéndola un poder para atraer a otras mentes hacia El. Por medio del poder santificador y elevador de la verdad, es su propósito dar al hombre nobleza y dignidad. Desea que sus hijos revelen su carácter, ejerzan su influencia, para que otras mentes puedan ser atraídas a la armonía con la mente divina.

Por causa de nuestra culpa, Cristo podría haberse alejado de nosotros. Pero en lugar de hacerlo, vino a morir entre nosotros, lleno de la plenitud de la Divinidad, para ser uno con nosotros, para que por medio de su gracia alcanzáramos la perfección. Por una muerte de vergüenza y sufrimiento pagó nuestro rescate. Descendió de las alturas, su divinidad vestida de humanidad, bajando escalón tras escalón hasta las más bajas profundidades de la humillación. Ninguna medida puede sondear la profundidad de su amor.

Cómo los profesos cristianos no pueden captar los recursos divinos, no pueden ver más claramente la cruz como medio del perdón, como medio de poner el orgulloso y egoísta corazón del hombre en contacto directo con el Espíritu Santo, para que las riquezas de Cristo puedan ser derramadas en su mente, y que el agente humano esté adornado con las gracias del Espíritu, para que Cristo pueda ser recomendado a los que no le conocen.   (Signs of the Times)

 

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MEDITACIONES-REFLEJEMOS A JESÚS-parte 2-

UN MAESTRO ENVIADO DE DIOS

“Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo…para que redimiese a los que estaban bajo la ley, a fin de que recibiésemos la adopción de hijos”. (Gálatas 4:4, 5)

En ocasión de la primera venida de Cristo, tinieblas cubrían la tierra y oscuridad las naciones. La verdad miraba desde los cielos y ninguna parte podía discernir el reflejo de su imagen. La oscuridad espiritual había cubierto el mundo religioso, y esta oscuridad era casi universal y completa.

Todo proclamaba la urgente necesidad que tenía la tierra de un Maestro enviado de Dios, un Maestro en quien se hubieran unido la divinidad y la humanidad. Era esencial que Cristo apareciera en forma humana, y estuviera a la cabeza de la raza humana, para elevar a los caídos seres humanos.

Cristo se ofreció para poner a un lado su manto real y su corona regia, y venir a esta tierra para mostrar a los seres humanos lo que pueden llegar a ser si cooperan con Dios. Vino para brillar en medio de la oscuridad, para disipar las tinieblas con el resplandor de su presencia.

En consulta, el Padre y el Hijo decidieron que Cristo debía venir al mundo como un niño, y vivir la vida de los seres humanos desde la niñez hasta la madurez, soportar las pruebas que ellos deben soportar, y al mismo tiempo vivir una vida sin pecado, como para que los hombres pudieran ver en El un ejemplo de lo que podrían llegar a ser, y para que El supiera por experiencia como ayudarles en sus luchas con el pecado. Fue probado como es probado el hombre, tentado como es tentado el hombre. La vida que vivió en este mundo la pueden vivir los hombres por medio de su poder y bajo sus instrucciones.

Los patriarcas y los profetas habían predicho la venida de un distinguido Maestro, cuyas palabras estarían revestidas con poder y autoridad invencibles. Habría de predicar el Evangelio a los pobres, y proclamar el año aceptable del Señor. Habría de traer juicio a la tierra; las costas debían esperar su ley; las naciones andarían a su luz, y los reyes al resplandor de su nacimiento. El era el “ángel del pacto” y el “Sol de justicia”.

Y “cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo”. El Maestro celestial había venido. ¿Quién era? Nada menos que el Hijo de Dios mismo. Apareció como Dios y al mismo tiempo como el Hermano mayor de la raza humana. (Signs of the Times)

Practicaba lo que enseñaba. El era lo que enseñaba. Sus palabras no sólo eran la expresión de la experiencia de su propia vida, sino de su propio carácter. No sólo enseñó la verdad; El era la verdad. Eso fue lo que dio poder a su enseñanza.   (La Educación)

 

 

 

 

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MEDITACIONES-REFLEJEMOS A JESÚS-parte 1-

CRISTO se ofreció para venir a esta tierra para mostrar a los seres humanos lo que pueden llegar a ser si cooperan con Dios. Continuamente deberíamos mirar a Jesús, pues contemplándolo seremos transformados a su imagen, nuestro carácter será hecho semejante al de El. Dios desea que sus hijos se amen unos a otros como Jesús nos amó. Han de educar y adiestrar el alma para este amor. Han de reflejar este amor en su propio carácter, y proyectarlo sobre el mundo.

EL ES NUESTRO EJEMPLO PERFECTO

CRISTO: UNO CON EL PADRE DESDE LA ETERNIDAD.

“…una virgen concebirá y dará a luz un hijo, Y llamarás su nombre Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros”. (Mateo 1:23)

“La luz del conocimiento de la gloria de Dios”, se ve “en el rostro de Jesucristo”. Desde los días de la eternidad, el Señor Jesucristo era uno con el Padre; era “la imagen de Dios”, la imagen de su grandeza y majestad, “el resplandor de su gloria”.

Vino a nuestro mundo para manifestar esta gloria. Vino a esta tierra oscurecida por el pecado para revelar la luz del amor de Dios, para ser “Dios con nosotros” Por lo tanto, fue profetizado de El: “Y será llamado su nombre Emanuel”.

Al venir a morar con nosotros, Jesús iba a revelar a Dios tanto a los hombres como a los ángeles. El era la Palabra de Dios: el pensamiento de Dios hecho audible. En su oración por sus discípulos, dice: Yo les he manifestado tu nombre”-“misericordioso y piadoso; tardo para la ira, y grande en benignidad y verdad”-“para que el amor con que me has amado, esté en ellos, y yo en ellos”.

Pero no sólo para sus hijos nacidos en la tierra fue dada esta revelación. Nuestro pequeño mundo es un libro de texto para el universo. El maravilloso y misericordioso propósito de Dios, el misterio del amor redentor, es el tema en el cual “desean mirar los ángeles”. Tanto los redimidos como los seres que nunca cayeron hallarán en la cruz de Cristo su ciencia y su canción.

A la luz del Calvario, se verá que la ley del renunciamiento por amor es la ley de la vida para la tierra y el cielo; que el amor que “no busca lo suyo” tiene su fuente en el corazón de Dios; y que en el Manso y Humilde se manifiesta el carácter de Aquel que mora en la luz inaccesible al hombre. Contemplamos a Dios en Jesús, vemos que la gloria de nuestro Dios consiste en dar.

Nada hago por mí mismo” dijo Cristo; “me envió el Padre viviente, y yo vivo por el Padre”, “no busco mi gloria”, sino la gloria del que me envió. (Juan 8:28; 6:57; 8:50; 7:18). En estas palabras se presenta el gran principio que es la ley de la vida para el universo. Cristo recibió todas las cosas de Dios, pero las recibió para darlas. Así también en los atrios celestiales, en su ministerio a favor de todos los seres creados, por medio del Hijo amado fluye a todos la vida de Padre; por medio del Hijo vuelve, en alabanza y gozoso servicio, como una marea de amor, a la gran Fuente de todo. Y así, por medio de Cristo, se completa el circuito de beneficencia, que representa el carácter del gran Dador, la ley de la vida. (El Deseado de Todas las Gentes-págs. 11-13)

 

 

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