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Posts Tagged ‘pueblo de israel’

ESPERANZA PARA EL PLANETA TIERRA – EL FUTURO BRILLANTE DE UNA RAZA CAIDA –parte 46-

COMO SOMOS SALVOS –parte 13-

DEBEMOS PASAR TIEMPO CON CRISTO-parte 1-

Hemos estudiado brevemente los tres secretos de una vida santificada.  En el estudio de su Palabra, Cristo nos habla a nosotros. En la oración nosotros hablamos con Cristo, y en la testificación hablamos a otros de Cristo. Esto es lo que llamamos el “triángulo de la santificación”.

El fundamento de este triángulo es la comunicación. Mientras más tiempo paso hablando con Jesús, más fuerte será mi relación con El y más victorias ganaré.  En 2 Corintios 3:18 el apóstol Pablo expresó este principio: “por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor”.

La palabra “transformados” que aparece en este versículo procede del vocablo metamorfoeo, de donde viene nuestra palabra “metamorfosis”. Somos transformados a la imagen y semejanza de lo que vemos y oímos. Si nuestra mente se concentra en Cristo, seremos como El, pero si se explaya en las cosas del mundo, seremos como el mundo.

La gran batalla contra el pecado se gana o se pierde en la mente.  Por eso debemos constantemente concentrar nuestra mente en Cristo y en las cosas espirituales, y no en nosotros mismos y en las cosas del mundo. Veamos la importancia de la mente en la historia de Acán que se halla registrada en Josué 7.

Cuando el pueblo de Israel destruyó Jericó, Dios les prohibió terminantemente que tomaran alguna cosa que estaba en la ciudad.  Pero Acán desobedeció a Dios. Es interesante ver los cuatro pasos que dio Acán en su transgresión.  Los encontramos registrados en el versículo 21: “Vi entre los despojos un manto babilónico muy bueno, y doscientos siclos de plata, y un lingote de oro de peso de cincuenta siclos, lo cual codicié y tomé; y he aquí que está escondido bajo tierra…”.

A veces pensamos que el pecado es actuar mal, pero en realidad es pensar mal.  Acán pecó antes de tomar estas cosas, pues permitió que su mente codiciara lo que sus ojos habían contemplado. Hay que vencer el pecado en la mente antes que podamos vencerlo en la acción.

Si mantenemos una íntima comunión con Cristo por medio  de la oración, el estudio de la Biblia y la testificación a otros, podremos vencer la tentación en el momento que nos llega; pero si nuestra mente se explaya sobre aquello que es vil, sufriremos una derrota tras otra en nuestra vida espiritual. 

Por eso el apóstol Pablo dice: “Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en ésto pensad” (Filipenses 4:8). El mismo apóstol nos insta a no conformarnos a este mundo, sino a ser reformados por la renovación de nuestra mente, para que así podamos saber cuál es “la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta” (Romanos 12:2).

Continúa en parte 47

 

 

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ESPERANZA PARA EL PLANETA TIERRA – EL FUTURO BRILLANTE DE UNA RAZA CAIDA –parte 24-

EL TIERNO CUIDADO DE DIOS-parte 3-

EL PODER DE LA ORACIÓN-parte 2-

Es increíble que Dios nos permita hablar con El. Sería imposible que Ud. consiguiera una audiencia  para hablar con el presidente de los Estados Unidos, pues él es prácticamente inaccesible, excepto para sus amigos personales y aquellos que están  a un nivel de importancia semejante al de él.

Pero en el caso de Dios, el gran Gobernante del universo, no hay que pedir audiencia pues tenemos acceso directo e inmediato a El, cuantas veces queramos. ¡Imagínese al gran Dios inclinando su oído omnisciente para escuchar nuestras quejas, peticiones y expresiones de gratitud!

Hay varios personajes en la Biblia que dialogaron con Dios. Tenemos a Moisés. Mientras estaba en comunión con Dios en el monte Sinaí, el pueblo de Israel adoraba un becerro de oro.  Dios le sugirió a Moisés que sería bueno destruir a Israel y escoger a otro pueblo que cumpliera mejor sus designios.

Moisés  razonó  con Dios. “¿Qué pensarán los pueblos de ti si después de sacarlos de la servidumbre en Egipto luego los destruyes en el desierto?” Moisés no le estaba diciendo nada nuevo a Dios. El Señor ya sabía lo que Moisés iba a decir y sin embargo permitió que Moisés razonara con El. ¡Imagínese, el omnipotente Dios permitiendo que una de sus criaturas le hiciera sugerencias!

Lo mismo sucedió con Abrahán cuando intercedió con Dios a favor de Sodoma y Gomorra (ver Génesis 18). El Señor permitió que Abrahán dialogara con El sobre el destino de las malvadas ciudades.

El caso de Jonás es particularmente interesante. Dios había mandado al profeta a Nínive para anunciar su pronta destrucción. “De aquí a cuarenta días Nínive será destruida”, era el mensaje de Jonás. Cuando los ninivitas escucharon el mensaje, se arrepintieron de sus pecados y cambiaron su mala conducta.  Al ver Dios la reacción positiva de Nínive decidió no destruirla. Esto enojó a Jonás quien fue y se sentó fuera de la ciudad para ver si Dios en verdad la iba a perdonar.

 La conversación que sigue es increíble. Jonás se portó como un niño malcriado y Dios como un padre tierno, cariñoso y paciente.  El profeta le dijo a Dios: “¿No es ésto lo que yo decía estando aún en mi tierra?… Porque sabía yo que tu eres Dios clemente y piadoso, tardo en enojarte, y de grande misericordia” (Jonás 4:2). Luego Jonás le pidió a Dios: “Te ruego que me quites la vida; porque mejor me es la muerte que la vida” (Jonás 4:3).  Pero Dios trató de razonar con él diciéndole: “¿Haces tú bien en enojarte tanto?” Imagínese, el gran Dios del universo, tratando de razonar con un profeta amargado.

Pero hay más.  Mientras Jonás esperaba fuera de la ciudad, Dios hizo crecer una calabacera para darle sombra sobre su cabeza.  Jonás se alegró de la calabacera, pero luego Dios preparó un gusano que hirió la calabacera, y se seco, e hizo soplar un recio viento solano que azotó a Jonás.  Si antes Jonás estaba enojado, ahora estaba furioso… 

Le dijo a Dios: “Mejor sería para mí la muerte que la vida” (Jonás 4:8).Cuando Dios procuró razonar pacientemente de nuevo con su profeta y le preguntó si estaba bien que se enojara tanto, Jonás le contestó aún muy enojado: “Mucho me enojo, hasta la muerte”. ¿Cómo Dios permitió que Jonás le hablara así? ¡Qué falta de respeto! Dios podría haberlo borrado de la existencia en un instante, pero nuestro Padre celestial no es así.  El permite que le hablemos, que nos quejemos, que roguemos y aún que discutamos con El.  Nos escucha y procura razonar con nosotros.

Veamos otros aspectos de la oración y de nuestra comunicación con Dios, que se encuentra en el cielo más distante. Aclaremos que la Biblia menciona tres cielos.

Continúa en parte 25

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