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Posts Tagged ‘el mar rojo’

LA VERDAD ACERCA DE LOS ANGELES-RESPUESTAS FIRMEMENTE BASADAS EN LA PALABRA DE DIOS—parte 38-

LOS ÁNGELES EN EL TIEMPO DEL ÉXODO-parte 4-

LAS PLAGAS DE EGIPTO-parte 3-

CRISTO, EL DIRIGENTE INVISIBLE DE ISRAEL

En Egipto se esparció la noticia de que los hijos de Israel iban hacia el mar Rojo.  Faraón reunió todas sus fuerzas y rodeado por los grandes de su reino encabezaba el ejército.

Los hebreos estaban acampados junto al mar…De pronto, divisaron a lo lejos las relucientes armaduras y el movimiento de los carros, que anunciaban la vanguardia de un gran ejército.  El terror se apoderó del corazón de los israelitas. 

Algunos clamaron al Señor pero la mayor parte de ellos se apresuraron a presentar sus quejas a Moisés.  Su serena y confortadora respuesta al pueblo fue: “No temáis; estad firmes, y ved la salvación que Jehová hará hoy con vosotros…Jehová peleará por vosotros, y vosotros estaréis tranquilos.” (Exo.14:13-14)

Habían seguido a la maravillosa columna de nube como a la señal de Dios que les ordenaba avanzar; pero ahora se preguntaban unos a otros si esa columna no presagiaría alguna calamidad; porque ¿no los había dirigido al lado equivocado de la montaña, hacia un desfiladero insalvable? Así, de acuerdo con su errada manera de pensar, el ángel del Señor parecía como el precursor de un desastre.

Pero entonces he aquí que al acercarse las huestes egipcias creyéndolos presa fácil, la columna de nube se levantó majestuosa hacia el cielo, y pasó sobre los israelitas, y descendió entre ellos y los ejércitos egipcios. Se interpuso como muralla de tinieblas.

Los egipcios ya no pudieron localizar el campamento de los hebreos, y se vieron obligados a detenerse.  Pero a medida que la oscuridad de la noche se espesaba, la muralla de nube se convirtió en una gran luz para los hebreos, inundando todo el campamento con un resplandor semejante a la luz de día.

Entonces volvió la esperanza a los corazones de los israelitas. Moisés levantó su voz a Dios.  Y el Señor le dijo: “¿Por qué clamas a mi? Di a los hijos de Israel que marchen. Y tu alza tu vara, y extiende tu mano sobre el mar, y divídelo, y entren los hijos de Israel por me medio del mar, en seco…

“Y siguiéndolos los egipcios, entraron tras ellos, hasta la mitad del mar, toda la caballería de Faraón, sus carros y su gente de a caballo.  Aconteció a la vigilia de la mañana, que Jehová miró el campamento de los egipcios desde la columna de fuego y nube, y trastornó el campamento de los egipcios” (Exo.14:15-24). 

Moisés extendió su vara, y las aguas amontonadas, y bramando, se precipitaron sobre ellos y tragaron al ejército egipcio. (PP-288-292-)

El Dirigente de los israelitas era el poderoso General de los ejércitos celestiales.  Sus ángeles que hacen su voluntad, caminaban a los lados de las huestes de Israel, y nadie podía hacerles daño.  Israel estaba seguro.

Jesús era el Ángel envuelto en el pilar de nube durante el día, y el pilar de fuego durante la noche. (Review and Herald)

LOS ÁNGELES DESDE EL SINAÍ HASTA LA TOMA DE JERICÓ

Continúa en parte 39

 

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ESPERANZA PARA EL PLANETA TIERRA – EL FUTURO BRILLANTE DE UNA RAZA CAIDA –parte 49-

COMO SOMOS SALVOS –parte 16-

LA FE Y LAS OBRAS –parte 3-

En el capítulo 11 de Hebreos hallamos una descripción vívida de lo que es la fe genuina.  Los héroes se describen como poderosos en obras. No menos de veinte veces se emplea la expresión “por la fe”, seguida por una descripción del fruto que siguió a la fe. 

Abel ofreció el sacrificio, Enoc caminó con Dios, Noé construyó el arca, Abrahán obedeció a Dios al salir de Ur, Jacob bendijo a sus hijos, Moisés rehusó ser llamado el hijo de la hija de Faraón y escogió el vituperio de Cristo antes que las riquezas de Egipto, Israel pasó el mar Rojo, Rahab recibió a los espías. ¡Qué gran descripción de la fe en acción!

La fe no es algo que existe en la mente sino en el corazón, no tiene que ver tanto con creer en algo sino en alguien, y ese alguien es Cristo.  Santiago dice que aún los demonios creen que Dios es uno y tiemblan.  No es suficiente creer que Cristo murió y resucitó, hay que confiar en El como Salvador y Señor.  Si la fe no transforma nuestra forma de pensar y actuar, tendremos meramente la apariencia de piedad sin la eficacia de ella (2 Timoteo 3:5).

En un tema anterior hablamos de un policía que pagó la multa de alguien que había excedido en gran medida el límite de velocidad.  Estaba bajo la pena de la ley hasta que la gracia del policía pagó su deuda.  Pero la gracia no le dio libertad de exceder el límite de velocidad cuando quisiera. La gracia no nos da licencia para desobedecer a Dios.

Cuando nos entregamos de verdad a Cristo y nacemos de nuevo, todo cambia. Lo que antes nos gustaba, ya no nos gusta; y lo que antes no nos gustaba, ahora nos gusta.  El que se ha entregado a Cristo experimenta un cambio radical.  Su forma de vestir cambia.  Ya no come ni bebe aquello que le daña el cuerpo, que es el templo del Espíritu Santo.  Lo que antes veía y leía, ahora le resulta repulsivo. 

La música mundana que antes le agradaba, le resulta aborrecible.  La lengua que antes era ociosa y liviana, ahora le tributa gloria a Dios.  Los talentos, el dinero, el tiempo y las fuerzas que se empleaban para el reino de Satanás, se consagran al servicio de Dios.  Ahora nos agrada orar, estudiar la Biblia y hablar a  otros de Cristo. Las cosas viejas pasaron y todas son hechas nuevas.  Donde antes éramos siervos del pecado, ahora somos siervos de la justicia (Romanos 6:18). ¡Maravillosa transformación!

Esto no significa que la vida cristiana va a ser fácil o que todas las tareas van a ser agradables. La evidencia de la fe genuina y el amor sincero está en la obediencia.  Jesús dijo:

“Si me amáis, guardad mis mandamientos…El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama” (Juan 14:15, 21). 

“Y en esto sabemos que nosotros le conocemos, si guardamos sus mandamientos. [Éxodo 20:3-17]. El que dice: Yo le conozco, y no guarda sus mandamientos, el tal es mentiroso, y la verdad no está en él” (1 Juan 2:3-4).

“Hijitos míos, no amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y en verdad” (1 Juan 3:18).  “Pues éste es el amor a Dios, que guardemos sus mandamientos; y sus mandamientos no son gravosos” (1 Juan 5:3).

LA CRUZ Y LA LEY

Continúa en parte 50

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