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Lo que la Biblia enseña acerca del don de profecía-lección 15-

 

15-Lo que la Biblia enseña acerca del don de profecía-15-

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LA VERDAD ACERCA DE LOS ANGELES-RESPUESTAS FIRMEMENTE BASADAS EN LA PALABRA DE DIOS—parte 67-

LOS ÁNGELES Y LOS DEMONIOS DURANTE EL MINISTERIO DE CRISTO-parte 2

RECHAZO EN NAZARET

Durante su niñez y juventud, Jesús había adorado entre sus hermanos en la sinagoga de Nazaret.  Desde que iniciara su ministerio, había estado ausente, pero ellos ignoraban lo que le había acontecido.  Cuando volvió a aparecer entre ellos, su interés y expectativa se avivaron en sumo grado.

Cuando un rabino estaba presente en la sinagoga, se esperaba que diese el sermón, y cualquier israelita podía hacer la lectura de los profetas.  En ese sábado, se pidió a Jesús que tomase parte en el culto.  “Se levantó a leer.  Y se le dio el libro del profeta Isaías” (Lucas 4:16-17).

Jesús estaba delante de la gente como exponente vivo de las profecías concernientes a El mismo. Explicando las palabras que había leído, habló del Mesías como del que había de aliviar a los oprimidos, libertar a los cautivos, sanar a los afligidos, devolver la vista a los ciegos y revelar al mundo la luz de la verdad.  Mientras sus corazones estaban movidos por el Espíritu Santo, respondieron con ferviente amenes y alabaron al Señor. (DTG-203-204)

Tras las  palabras de Cristo, el Espíritu obró tan poderosamente en los corazones de los que estaban presentes en la sinagoga, que respondieron en forma positiva a las palabras que procedían de sus labios.  Se produjo un cambio en esa congregación.  Cuando la divinidad de Cristo apareció a través de su humanidad, el discernimiento espiritual de los presentes fue reavivado. Pero allí estaba Satanás para despertar dudas, orgullo e incredulidad. (ST)

Cuando Jesús anunció: “Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de vosotros”, se sintieron inducidos a pensar en sí mismos y en los asertos de quien les dirigía la palabra.

¿Quién es este Jesús?,  preguntaron. Aunque su vida había sido intachable, no querían creer que fuese el Prometido.

Al abrir la puerta a la duda, sus corazones se fueron endureciendo tanto más.  Satanás estaba decidido a que los ojos ciegos no fuesen abiertos, ni libertadas las almas de la esclavitud. Ahora despreciaban la fe que al principio les inspiraba.  No querían admitir que Aquel que había surgido de la pobreza y la humildad fuese otra cosa que un hombre común.  (DTG-204-206)

Ángeles de luz estaban en aquella asamblea, mirando con intenso interés la hora de la decisión.  También estaban allí los ángeles de Satanás para sugerir dudas y despertar el prejuicio…

La incredulidad produce malicia.  Que un hombre de baja estirpe y nacido de la pobreza se atreviera a reprobarlos, llenó los corazones de los nazarenos de odio y locura.  Se produjo una gran confusión; la gente tomó a Jesús y lo echó de la sinagoga y de su ciudad. (ST)

Todos parecían estar decididos a destruirlo.  Lo llevaron hasta el  borde de un precipicio con el fin de despeñarlo. Las maldiciones y los gritos llenaban el aire, y algunos le arrojaban polvo y piedras.  Ángeles de Dios lo tomaron de en medio de la multitud y preservaron su vida. 

Estos mensajeros celestiales habían estado presentes en la sinagoga mientras les hablaba, y lo acompañaron mientras era empujado y maltratado por los incrédulos y furiosos judíos.  Los ángeles cegaron los ojos de la multitud enloquecida y llevaron a Jesús a un lugar seguro. (SP)

EL ENDEMONIADO EN LA SINAGOGA DE CAPERNAUN

Continúa en parte 68

 

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DIOS EL HIJO -novena parte-

LOS OFICIOS DE CRISTO JESUS: Los oficios de profeta, sacerdote y rey eran exclusivos, y requerían en general un servicio de consagración por medio de la unción (1 Rey. 19:16; Exo.30:30; 2Sam. 5:3). El Mesías venidero, el Ungido – según apuntaban las profecías -, debía cumplir estos tres cargos. Cristo realiza su obra como Mediador entre Dios y nosotros por medio de su actuación en calidad de Profeta, Sacerdote y Rey. Cristo el Profeta proclama ante nosotros la voluntad de Dios; Cristo el Sacerdote nos representa ante Dios y viceversa y Cristo el Rey ejerce la benévola autoridad de Dios sobre su pueblo.

CRISTO EL PROFETA: Dios reveló a Moisés el cargo profético de Cristo: Profeta les levantaré de en medio de sus hermanos, como tú; y pondré mis palabras en su boca, y el les hablará todo lo que yo le mandaré” (Deut.18:18). Los contemporáneos de Cristo reconocieron el cumplimiento de esta predicción  (Juan 6:14; 7:40; Hech.3:22,23)

CRISTO EL SACERDOTE: El sacerdocio del Mesías fue establecido firmemente por el juramento divino: Juró Jehová, y no se arrepentirá: t ú eres sacerdote para siempre según el orden de Melquisedec” (Sal.110:4). Cristo no era descendiente de Aarón. Como Melquisedec, su derecho al sacerdocio fue establecido por decisión divina (Heb.5:6,10). Su sacerdocio mediador tenía dos fases: Una terrenal y una celestial.

EL SACERDOCIO TERRENAL DE CRISTO: El oficio del sacerdote junto al altar de los holocaustos simbolizaba el ministerio terrenal de Jesús. El Salvador cumplía perfectamente todos los requisitos necesarios para el oficio de sacerdote: Era verdaderamente hombre, y había sidollamado por Dios actuando en lo que a Dios se refiere al cumplir la tarea especial de ofrecer ofrendas y sacrificios por los pecados” (Heb.5:1, 4, 10). La tarea del sacerdote consistía en reconciliar con Dios a los penitentes por medio del sistema de sacrificios, el cuál representaba  la provisión de una expiación por el pecado (Lev.1:4; 4:29, 31, 35; 5:10; 16:6; 17:11). De este  modo, los sacrificios continuos que ardían sobre el altar de los holocaustos simbolizaban la continua disponibilidad de la expiación. Estos sacrificios no podían perfeccionar  al penitente, quitar los pecados, ni producir una conciencia clara (Heb.10:1-4; 9:9). Eran una sombra de la cosas mejores que estaban por venir (Heb.10:1; 9:9, 23, 24). El Antiguo Testamento decía que el Mesías mismo habría de tomar el lugar de esos sacrificios de animales (Sal.40:6-8; Heb.10: 5-9). Estos sacrificios, entonces señalaban a los sufrimientos vicarios y la muerte expiatoria de Cristo el Salvador. El, el Cordero de Dios, se convirtió por nosotros en pecado, llegando a ser maldición, su sangre nos limpia de todo pecado (2 Cor.5:21; Gal.3:13; 1Juan 1:7; 1Cor.15:3). Así pues, durante su ministerio terrenal, Cristo fue ambas cosas: Sacerdote y Ofrenda. Su muerte en la cruz fue parte de su obra sacerdotal. Después de su sacrificio en el Gólgota, su intercesión sacerdotal se centro en el Santuario Celestial.

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